Admiración

La admiración no interroga nunca; con admirar comprende — Jacinto Benavente


1996, marzo. Después de una pelea entre Dean Thomas y Ginny Weasley.

Greg lleva falda. No es como si él disfrutara haciéndolo, no, no es de esa clase. Pero la lleva. Y también lleva calcetines largos y coletas. Incluso pensó en echarse un poco de cacao, para ver a que sabía más que nada, pero una mirada de Crabbe le hizo cambiar de opinión.

Greg lleva falda y no es la primera vez que lo hace. Y aunque el asunto le avergüenza hasta un punto en el que se le traba la lengua y no puede decir más de dos palabras seguidas, lo hará de nuevo. Todas las veces que haga falta, en realidad. Todas las veces que se lo pida. Cogerá su vieja balanza de pociones, subirá con Draco hasta la séptima planta y se pasará las horas viendo el tonto tapiz de unos trols con tutú.

Y es que, por primera vez, se siente útil. Está ayudando a Draco, siendo realmente útil. Y Draco tiene un asunto importante entre manos. Cuando Greg se anima a preguntarle –que son pocas veces, porque preguntar suele ir de la mano de comprender y esa parte ya no le gusta tanto- solo recibe respuestas vagas, pero Greg lo sabe.

Greg siempre supo que Draco haría algo grande. Él es listo, no como Crabbe o él mismo, y rápido. Greg siempre se pregunta por qué prefiere su compañía a la de Zabini o Nott. Se pregunta, que no es lo mismo que se lo pregunta, claro.

— ¿Por qué se han peleado?— dice una voz que Greg reconoce en el acto. De entre todos los alumnos que se podía encontrar… allí está Potter. Potter y sus amigos.

Tal y como le pidió Draco deja caer la balanza que tiene entre sus manos e intenta controlar un poco su expresión. Sabe que Potter y sus amigos son unos entrometidos y que si se enteran de que Draco está dentro de la Sala que Desaparece lo estropearán todo.

— ¡No pasa nada!— dice la sangre sucia acercándose a él de manera amigable. Greg no siente especial animosidad contra ella. Sabe que es la amiga de Potter y que Draco la odia y con eso debería bastarle. Así que intenta mantenerse firme mientras ella le repara la balanza para no meter la pata.

Tampoco dice nada. Solo por si acaso. Draco no le perdonaría haber hablado con ella, aunque la respuesta indicada parece ser "gracias".

— Os juro que cada vez son más pequeños— comenta la Comadreja mientras se alejan.

Greg no sabe qué hace vestido con una falda, calcetines largos y coletas. No sabe por qué tiene que quedarse horas y horas de pie frente a un tapiz de la séptima planta. Pero sí sabe una cosa.

Draco tiene algo importante qué hacer. Ojalá él pudiera tener algo importante que hacer, como él. Pero hasta que llegara su turno tendrá que aguantar y sostener la balanza. Porque Draco sí tenía algo importante que hacer.

Y él le ayudaría.

Continuará.