Soberbia

Humilitas homines sanctis angelis similes facit, et superbia ex angelis demones facit — Agustín de Hipona

1997, septiembre. Entre una clase y clase.

Crabbe está allí, de pie, con expresión satisfecha: tiene una sonrisa grande en el rostro y enseña un poco los dientes. Greg pocas veces lo ha visto tan contento.

Bueno, quizá aquella vez que unos pastelitos llegaron volando hasta ellos. O aquella otra en la que se confundieron a darle la vuelta en Honeydukes y pudo comprar el doble de golosinas de las que esperaba. Y aquella vez que Pansy le regaló por Navidad una docena de plumas de azúcar. O, y…

Pero ahora no se trata de dulces, los dulces que siempre han encantado a Crabbe (y a Greg, por descontado). Ahora es algo más negro, más amargo. Algo que se atasca en su garganta y le llena el paladar. Algo que no se marcha.

Seamus Finnigan clava sus ojos en él y no grita. No grita cuando Crabbe le lanza una cruciatus tras otra.

Greg sabe que Finnigan es un mago un poco incompetente. Es mestizo, además, lo cual está muy mal visto –pero Millicent también lo es y le cae bien. Y, aunque les ha robado el entretenimiento de asustar a un chico de primero, no acaba de ver lo de torturarlo.

Una cosa son unos empujones y unas risas y otra muy diferente es torturar. Torturar a un compañero hasta que le saltan lágrimas de los ojos. Hasta que le sale sangre de la boca, porque se ha mordido el labio con tanta fuerza para no llorar que se ha hecho una herida.

Greg, que siempre ha admirado a Draco y le ha obedecido, sabe que éste tampoco lo acepta. Pero es Crabbe quién tiene la varita y quién la inclina una y otra vez contra Finnigan. No va a enfrentarse a su amigo por… por un incompetente y un mestizo.

Crabbe clava su mirada vidriosa en Greg y susurra, casi deleitándose: — ¿No queréis probarlo vosotros?

— No— dice firmemente Draco arrugando la nariz, sin un atisbo de duda.

Greg sí duda. A Crabbe y a él siempre les han gustado las mismas cosas. Los dulces. Meterse con el resto de compañeros, especialmente los de Hufflepuff y los de primero. Si a Crabbe le hace sonreír así, quizá…

Pero él nunca hace magia si puede evitarlo. Se le da mal, lo sabe. Sus TIMOS fueron un fracaso, exactamente cómo van a ser sus EXTASIS. De no ser por Draco que le pasó la lección una y otra vez no habría podido sacar ni uno. Ni siquiera medio. Pero… las maldiciones no se le dan mal. No del todo.

Así que aprieta firmemente la varita y la saca, sin pensárselo mucho más. Aunque le tiembla un poco entre los dedos, pero su voz le suena especialmente firme.

— ¡Crucio!

Esta vez Finnigan sí grita y Greg no puede evitar esbozar una sonrisa socarrona. Intercambia una mirada rápida con Crabbe, incrédulo. Las lanza una y otra vez, sin poder borrar la expresión de su rostro. Sin importarle que Draco haya retrocedido varios pasos o que luche por mantener su máscara. Porque esta vez es él el que está haciendo algo importante.

Porque por primera vez es capaz de hacer algo a la primera. Y no piensa dejar escapar la oportunidad de enseñárselo a todo el mundo.

No señor.

Fin.