¡Hola a todos! Ya estoy aquí. Gracias a todos los que me habeis leido. ¡Gracias por los reviews! Y especialmente gracias a Selkis1701 por el story alert. Espero no decepcionaros.

2º capítulo. Que lo disfrutéis.


Aerith abrió los ojos. Se hallaba al abrigo de una pared rocosa, ¿Como había llegado hasta allí? Lo último que recordaba era haberse desmayado en el desierto. Oyó el crepitar del fuego a su lado, se dió la vuelta y se encontro con una hoguera. ¿Una hoguera en el desierto? Pensó, pero entonces se dio cuenta que era de noche. Las otras noches había pasado frio así que el fuego le resultó agradable. Se arrebujó en la manta, mirando las estrellas-¿Manta?¿Qué hago yo con una manta?¡OH!¡¿Quien?!.

-¡¿Quien?!- Entonces le vió.

Al otro lado de la fogata se encontraba un hombre, parecía dormido, sentado sobre una piedra. Su cabello era negro, llevaba una especie de manto o capa sobre los hombros y observó que entre sus manos sostenia una espada enorme, tan alta como ella. Inevitablemente el miedo fue su primera reacción, se sentó y trató de alejarse del hombre, pero este giró la cabeza y la vió. Aerith se quedó paralizada, en parte por el terror-seguramente el hombre la había tomado como prisionera o algo- en parte por algo más. Por atemorizador y extraño que pudiera parecer el hombre sus ojos la absorbieron. Eran azules, del más intenso azul que hubiera visto jamás. ¡Y brillaban! La asustaba y al mismo tiempo la atraia. Entonces el hombre hizo algo inesperado. Dejó-con gran delicadeza- la espada en el suelo, agarró una cantimplora que tenía a sus pies y se la ofreció, mientras hablaba.

-¿Estas bien?- su voz era grave y fuerte, aunque más suave de lo que Aerith esperaba.-No te asustes, te encontré esta mañana, en el desierto. Te habias desmayado, deshidratación ¿Sabes? Necesitas beber, así que toma y bebe.- Aerith seguia sin moverse- De acuerdo, ya te la lanzo.

El hombre le arrojó la cantimplora, Aerith la cogió instintivamente y se quedó estupefacta. Aquello era inesperado, no había esperado encontrarse con alguien tan, aparentemente, amable. Con lentitud quitó el tapón de la cantimplora y dió un trago. Era agua, algo caliente, pero agua al fin y al cabo. Entonces se dió cuenta de la sed que tenía y empezó a beber y beber hasta saciarse. Bajó la cantimplora mientras soltaba un suspiro, de repente el hombre estaba delante de ella ofreciendole un pedazo de algo que parecia una especie de pan oscuro.

-¿Que és esto?- Aerith no pudo evitar que un eje de sospecha asomara a su voz.

-Raciones de viaje, básicamente se trata de miel, migas y frutos secos. Comida rápida para un apuro. Anda, cógelo.

Aun algo reacia Aerith tomó el pedazo y se lo llevó a la boca. Para su sorpresa sabía muy bien, aunque resultaba bastante espeso.

-¡Vaya! Sabe muy bien.-Aerith no pudo evitar dirigirle una sonrisa al hombre.- Muchas gracias.

-No hay de qué. Me alegro de que te guste.- Respondió el, sonriendole. Aerith no pudo evitar pensar que el desconocido tenía una sonrisa cautivadora. Siguió comiendo en silencio. Al terminar se hizo un momento de silencio, que se alargó hasta resultar incómodo, a decir de Aerith. Al poco el hombre empezó a hablar.

-Perdona, ¿Te molesta que te pregunte qué hacías en mitad del desierto?

-¿Porqué quieres saberlo?

-Bueno, pensé que si ibas hacia algún lugar en concreto, podia ayudarte a llegar hasta allí.

-¿En serio?

-No. En realidad tan solo quiero sacarte del desierto, y la población más cercana és Nueva Corel, a los pies del Golden Saucer.- Aerith se estremeció.

-No puedo ir allí. No puedo regresar con los Cetr... Quiero decir, con mi gente.

-¿Cetra?¿Eres una Cetra?- El hombre la observó con una expresión de curiosidad y ladeó la cabeza. Aerith no pudo evitar pensar que parecia un cachorro.- No te ofendas, pero la verdad, me imaginaba a los Cetra, no sé, distintos.

-¿Qué quieres decir con eso?- Aerith no logró ocultar una pizca de indignación.

-Creia... Me habian dicho que los Cetra son arrogantes, altivos y superficiales.

-¿Eso crees?- Aerith no sabia si sentirse ofendida o sorprendida.

-No lo sé. De Cetras sólo te conozco a tí- el desconocido volvió a sonreir-. La verdad es que no pareces nada de eso.

-Gracias, supongo.

-A todo esto, todavía no has respondido a mi pregunta.

-Lo siento, pero... Me resulta doloroso hablar de ello.

-Vaya... Lamento haber preguntado.

-No importa. No lo sabías.

-Ya. Bueno, si no puedes ir a una población Cetra, ¿Qué vas a hacer?

-La verdad no lo sé.

-Si quieres puedes venir conmigo a Gongaga.

-¿Gongaga?- Aerith soltó una risita.

-Sí. Tengo que llevar un paquete a un conocido.

-¿Entonces eres mensajero?

-No. Soy un nómada.- Aerith abrió los ojos, asustada. Un nómada. Las histórias que habia oido sobre ellos volvieron a su cabeza. Aunque la lógica y el comportamiento del hombre habían atenuado su temor, no podia evitar cierta inquietud. El nómada debió percatarse de ello ya que la dirigió una mirada preocupada- ¿Ocurre algo? Te has puesto un poco pálida.

-N...No. Es...estoy bien. Sólo...-bajó la vista un poco avergonzada.- Es que oí historias sobre los nómadas y, bueno... Son solo estupideces, supongo, pero... Me he asustado un poco.

-¿De veras?¿Y qué clase de histórias cuentan sobre nosotros?

-Absurdidades sobre matar por una gota de agua. O afirmar que sois incultos, ignorantes, barbáros, salvajes, incivilizados y la lista sigue.

-¡Menudo panorama! Creo que nómadas y Cetras deberíamos cambiar la imagen que tenemos los unos de los otros.

-Oye, dejando a un lado esas tonterias, ¿Cómo sois los nómadas?

-Je. No somos muchos. Básicamente nos movemos de un asentamiento a otro, llevando mensajes o paquetes. A veces una caravana tiene que atravesar territorio peligroso, entonces nos contratan como guías. Aunque esas tonterias tienen algo de razón, no sabemos más que leyendas y mitos sobre el pasado, supersticiones casi. Sin embargo en lo que se refiere a sobrevivir en la naturaleza, en eso somos los más listos del planeta.- De repente frunció el ceño.- Oye, ¿Te importaria vigilar un poco mientras echo una cabezadita?

-¿Vigilar?

-Sí. Si oyes algun monstruo, o si sientes que te vas a dormir dame un grito y te relevaré. ¿Podrias hacerlo?

-Supongo que si.

-Muchas gracias.- El hombre se retiró al otro lado del fuego.

-Por cierto, señor nómada, ¿Tienes nombre?

-Claro. Soy Zack. ¿Y tu nombre? No lo he pillado.

-Es que no te lo he dicho.

-Pues a que esperas.

-No sé, no sé...

-¡Jooo!¡Venga ya! Yo te he dicho el mío.-Aerith se quedó anonadada. Nunca imaginó que veria a un nómada quejandose casi como un crio.

-Esta bien... Me llamo Aerith.

-Aerith... Bonito nombre.

-Gracias-Aerith se sonrojó. Entonces lanzó una mirada traviesa en dirección a Zack-. Zack tampoco está del todo mal.

Entonces Zack empezó a reir, era una risa desbordante de alegria y sin darse cuenta Aerith empezó a reirse con él. Entre risotadas se desearon buenas noches y Aerith se quedó de guardia. Tardó bastante rato en empezar a rendirse al sueño, estaba demasiado ocupada pensando. Zack estaba dormido, podria irse sin despertarle. Sin embargo esa idea la molestaba, Zack había confiado en ella. Aunque con esa espada Zack podia ser peligroso, sin duda, Aerith tenía la extraña sensación que podia confiar en él.


Amanecía. Zack preparó un par de raciones y comprobó cuanta agua les quedaba, no era mucha, pero suficiente para lo que se proponía. Con las provisiones actuales no podrian salir del desierto, desde luego Aerith no lo lograría. Por fortuna se hallaban a medio dia de marcha de un afloramiento rocoso donde solia encontrarse agua, si uno sabía donde buscar. Apagó el fuego con algo de arena y despertó a Aerith.

-En pie, dormilona. Tenemos que movernos.

-Oh, vamos... Si ni siquiera ha amanecido.

-Precisamente por eso, si queremos llegar a donde debemos ir tenemos que marcharnos ya. ¿O quieres hacer el camino a pleno sol?

-¡No! Claro que no.

Aerith se levantó y empezó a comer su ración mientras andaban. Al terminar la suya Zack tomó un trago largo de agua y le alcanzó la cantimplora a la chica.

-Toma. Puedes acabartela.

-Gracias, pero... ¿No deberiamos racionarla?

-No. És más importante estar bien hidratado, además en el sitio al que vamos ya encontraremos agua.

-¿Y donde vamos?

-A unas rocas a medio dia de aquí. Hay un rio subterráneo que corre por debajo. Sólo debemos tener cuidado con los barrancos.

-¿Como ese de ahí enfrente?

-Exacto.

-Pues tendremos que rodearlo. Vaya fastido.

-¿Quien ha hablado de rodearlo?- Dijo Zack sonriendo.- ¡Agárrate bien!-De repente y sin previo aviso Zack la tomó en brazos y saltó hacia el fondo del barranco. Aerith se aferró a él y gritó tan fuerte que por un momento Zack temió que se le rebentaran los tímpanos. Aterrizaron con un golpe sordo, Zack había caido de pie y notó que Aerith aún estaba agarrada a él, temblando. La depositó en el suelo, sujetándola para que no cayera. Ella dió un paso atrás y antes que Zack se diera cuenta de lo que ocurria le abofeteó.

-¡Au!¿Y eso?¡¿A qué ha venido?!

-¡¡Te has vuelto loco!! ¡¡Tú no sabes el susto que me has dado, imbécil!! ¡¡Podriamos habernos matado!!-y añadió por lo bajini- Y se hace llamar guía...

-Lo siento si te he asustado, pero no podíamos dar ningún rodeo, ¡Habríamos tardado demasiado!- Se quejó Zack.

-¡Me da igual! Podrias haberme avisado.- Y con eso se puso a andar, manoseando el manto que le había dado Zack. Este pensaba que al estar menos acostumbrada que él al sol agradeceria algo para cubrirse la cabeza. Vaya, hombre... pensó Zack, ahora la he echo enfadar. La mayoria de las personas no cuestionaban las decisiones de un nómada, y menos en un desierto, aunque Aerith no se parecia a ninguna persona que él hubiera conocido. Siguieron andando un rato en silencio, cuando súbitamente la tierra a sus pies comenzó a temblar. Aquello, en aquel lugar, sólo podia significar una cosa. Cogió la mano de Aerith.

-¡Vamos!¡Tenemos que llegar a esas rocas!- Empezó a correr sin dar tiempo a Aerith de responderle.

Mientras corrian Zack se arriesgó a echar una mirada hacia atrás, sus temores se confirmaron. Una serie de explosiones en la arena dirigiendose hacia ellos. Corrieron durante aproximadamente un cuarto de hora, Aerith empezaba a flaquera cuando Zack avistó unas rocas no muy lejos de donde estaban. Apenas les quedaba tiempo. Siguieron corriendo hasta alcanzar las rocas. Justo a tiempo, nada más poner los pies encima el monstruo salió de la arena y se alzó sobre ellos, irguiendose como una torre, era un gusano, aunque mucho más grande que cualquier gusano. A pesar del imponente tamaño del monstruo Zack no pudo evitar sonreir, si les hubiera alcanzado en la arena seguramente ya estarian muertos, en las rocas, sin embargo, la ventaja era para Zack. Descolgó la espada y de un salto se abalanzó sobre el gusano. Moviendose más rapido que cualquier otro hombre descargó una serie de cortes consecutivos, a causa del dolor el monstruo soltó un bramido ensordecedor. Zack, aprovechandose de la pausa, trepó encima del bicho hasta llegar a la cabeza y allí, con todas sus fuerzas, clavó la espada a través del cráneo, causando la muerte del monstruo. Se bajó del monstruo con una acrobacia y comprobó que Aerith estuviera bien, se la veía un poco agitada, algo comprensible dadas las circunstancias.

-¿Hay muchos monstruos de esos por aquí?- Zack notó el nerviosismo que ella no podía ocultar, de modo que procuró tranquilizarla.

-¡Nah! Són bichos solitarios, además, ya casi hemos llegado a nuestro destino. De ahora en adelante casi no hay arena.

-Me alegro. ¿Y una vez lleguemos allí?

-Buscaremos agua, beberemos hasta saciarnos y descansaremos hasta que anochezca.

-¿Quieres moverte de noche?

-Claro. De hecho se trata de la mejor forma de desplazarse por este desierto.

En cuando llegaron al rio subterráneo Zack empezó a cavar a la sombra de una roca enorme. Al cabo de diez minutos se había formado una pequeña charca. Aerith iba a beber pero Zack la detuvo, la quitó el manto y lo sumergió en la charca. Al retirarlo estaba empapado.

-Bueno, Aerith, ¿Podrias sujetar la cantimplora debajo?

-Desde luego.- Y así, mientras Zack retorcía el manto, el agua caía en el recipiente. Tras llenarlo una vez se repartieron el agua. Aerith le preguntó el porqué usar el manto.

-Así filtramos el agua. De este modo resulta más difícil enfermar.- Aerith asintió. A continuación descansaron a la sombra, Aerith medio adormilada y Zack perdido en sus pensamientos. A media tarde Zack se levantó y volvió a empapar el manto, una vez tuvieron llena la cantimplora se prepararon para partir al caer la noche. Al poco rato de empezar el camino Zack no pudo aguantar más.

-Oye, Aerith...

-¿Si?

-Respecto a lo de esta mañana,-entonces Zack juntó las manos, ladeó la cabeza y puso ojillos de cachorro- ¿Me perdonas?- Aerith no pudo contener la risa.

-Está bien, te perdono. Pero la próxima vez avísame, ¿Vale, Zack?

-¡Lo que tú digas, Aerith!


Bueno. ¿Os ha gustado?

Por favor, dejad reviews, no os imaginais lo mucho que significan para mí.

Por cierto. Ahora estaba de vacaciones pero dentro de nada vuelvo al trabajo :( Me temo que voy a tardar un poco más en subir los demás capítulos. Pero no temáis, esta história voy a terminarla.

Hasta la próxima.