¡¡Hola!! ¡He vuelto! Muchísimas gracias a todos los que me leeis, los que habéis dejado reviews, y especialmente a tamborilero por las alertas. ¡Eres un crak nen!

Capítulo tres, llega el primer personaje de cosecha própia(tranquilos, ningún OC va a ser un/a Mary Sue[entiendase Mary Sue como el típico personaje mato-a-Sephirot-de-un-solo-golpe y cosas así]).

¡Que lo disfrutéis!


-Fijate. Allí está.

-¡Por fin!- Exclamó Aerith.- No pensaba que quedara tan lejos.

Habían tardado más de una semana en alcanzar Gongaga. Cuando Zack la sacó del desierto lo hizo por el camino más corto, lo que supuso que debieran rodear el desierto para llegar hasta su destino. Según le contó Zack él solia acortar el camino atravesando el desierto, sin embargo se trataba de un atajo no apto para cualquiera, había menos monstruos, cierto, pero el sol y la deshidratación resultaban enemigos peores. Rodeándolo se aseguraban un fácil acceso al agua-de las montañas bajaban varios riachuelos-, aunque los monstruos eran más numerosos. Zack debía haber acabado con, por lo mínimo, cuatro veintenas de monstruos. Aun así el viaje no había sido demasiado difícil. De hecho resultó bastante instructivo, ya que Zack la contó como vivian los no cetras: a diferencia de ellos, en cuya sociedad regia un sistema de castas donde los más nobles, como ella, ocupaban los cargos de gobierno y de sabiduria, la gente de poblaciones como Gongaga otorgaban los cargos en función de las capacidades de cada uno. Parecía un sistema más razonable, pero Zack la advirtió que se habian dado casos en los que alguien podía, mediante la intimidación conseguir el poder.

-Lo que tiene mandar sobre alguien-dijo Zack-, és que puedes cogerle gusto, y llegar a hacer cualquier cosa por seguir poseyendo el mando.

-Entonces...¿Porqué haces de guía si una caravana te contrata? Me contaste que en una caravana el guía tiene el mando.

-Eso és distinto. El mando de un guía se limita al viaje y a la supervivencia. Por ejemplo, ahora yo estoy dando las ordenes y tu obedeces, ¿significa esto que yo tengo el mando? No. Significa que tanto tú como yo sabemos que el experto en viajes y supervivencia soy yo. Por eso me haces caso cuando decido la ruta a seguir, si estuviéramos en una cena oficial con altos dirigentes Cetras, tú me dirias como debo comportarme para no hacer el ridículo y yo te haria caso.

-Una...-Aerith no podía parar de reir- Perdona, pero te advierto que si fueras a una de esas cenas te morirías de aburrimiento antes de que te pudiera hacer ninguna recomendación.

Aerith recordaba todo eso mientras entraban en Gongaga. No era muy grande, apenas dos docenas de casas, chozas casi, hechas de barro-o eso parecia- y con una curiosa planta circular. Había bastante gente en la calle, charlando, durmiendo o simplemente tomando el sol. En cuanto les vieron observó que la gente empezaba a mirarles fijamente, un grupo de niños que salian de entre dos casas se dieron de bruces con ellos. A Aerith la pareció que el mundo se hubiera quedado en silencio y comprendió que la gente se había callado, los niños miraban fijamente a Zack, temblando de miedo. Zack se puso en cuclillas, les miró fijamente, sonrió y les dijo:

-La próxima vez...-Aerith vio que la pausa provocava que los niños se pusieran blancos como el papel- Procurad ir con más cuidado, por favor.

Los pequeños soltaron algunas risitas nerviosas, asintieron y se largaron de allí apresuradamente.

-Cualquiera diría que te tienen miedo.

-No me extrañaría, los nómadas somos extranjeros dondequiera que vamos. Aunque me conocen de toda la vida no terminan de fiarse de mí.

-¿Y eso?

-Los sedentarios como ellos creen que una persona solo és de fiar si tiene un sitio al que puedan considerar un hogar, y para ellos eso quere decir una casa, un compañero o compañera y quizás algunos crios.

-¿Y tú, no has pensado nunca en ello?- dijo Aerith con una sonrisa irónica.

-¡Nah! Ya habrá tiempo para eso, de momento aún tengo sed de aventuras- Al llegar e este punto Zack la lanzó una mirada pícara y le guiñó un ojo-. ¿Y tú?

-¿Yo? Aún estoy buscando al hombre perfecto- contestó Aerith mientras reía. De repente le lanzó una mirada timidamente seductora y le guiñó un ojo- ¿Te interesaría probar suerte?

-Ohhh... ¿Me estás echando un guante?

-Digamos que podrías tener alguna posibilidad.

-¿Podría?

-Mmh...

-Ya. ¿Que tal si entrego el paquete, vamos a la posada y seguimos discutiendo el tema mientras cenamos?

-Me parece buena idea.

-Perfecto, pues. La posada és ese edificio grande de allí, puedes reservar habitaciones y pedir la cena, yo vuelvo enseguida.

-¿Cómo, y me dejas pagar a mí? Eso va a bajar mucho tu valoración.-Aerith dijo esto último entre risitas al ver la expresión de la cara de Zack.

-¡Por supuesto que no!¡Los gastos corren de mi cuenta! Además-añadió con voz seductora- no te he sacado del desierto sólo para dejarte abandonada a tu suerte en cualquier sito.


Mientras se dirigia a su destino Zack no pudo evitar sentirse un poco asombrado, debía admitir que nunca se había encontrado con una mujer capaz de flirtear con él. Acostumbrado como estaba a llevar la voz cantante el cambio le resultaba estimulante. Al llegar a la puerta llamó, y al cabo de unos segundos le abrieron. El hombre era alto, aunque no tanto como Zack, con un espeso cabello de color castaño claro y un ojo azul hielo.

-¿Que hay Harlan? Pensaba que ya habrías acumulado bastante dinero como para comprar un ojo de cristal.

-Muy gracioso, Zack, muy gracioso.

-¡Vamos, tienes que reir más!

-Dame el paquete y lo intentare.

-De acuerdo, aquí lo tienes.

-Gracias.

Cuando ya se iba Zack oyó que Harlan lo llamaba y se dió la vuelta.

-Zack, ¿Estarás algunos dias por aquí?

-No lo sé. Supongo... ¿Por?

-Hay algo de lo que quiero hablarte. Con cierta urgéncia.

-Bueno, ahora voy a cenar en la posada, si queres te puedes pasar dentro de un rato.

-Me parece bien. Hasta luego.

Zack se quedó intrigado, Harlan no se comportaba así. Usualmente sólo le pedia que llevara esto allí, que diera eso a aquel, cosas por el estilo, pero nunca queria entablar una conversación mínimamente duradera, de modo que aquello lo desconcertó. De todos modos quizás queria decir que finalmente iba a intentar ser más sociable.


Terminaron de cenar y Aerith oyó a Zack soltar un suspiro de alivio, habían comido tanto que le parecía un milagro que su vestido aún no hubiera rebentado. La cena había transcurrido entre las risas provocadas por el mutuo flirteo que practicaban ambos y los relatos que hacía Zack de lo más gracioso que le había ocurrido en sus viajes. Aerith en contrapartida le contaba algunas costumbres de los Cetras que hacían abrirle los ojos como platos y reir sin descanso. En eso estaban cuando un hombre se les acercó, Aerith sólo pudo fijarse en que levaba un parche en el ojo izquierdo. El hombre se sentó al lado de Zack y tras mirarla fijamente le dirigió a este una mirada inquisitiva.

-No voy a decirla que se largue, así que me temo que va a oír tu chirriante voz.-Dijo Zack en un tono burlón.

-Lo que tú digas.

-Aerith, te presento a Harlan, un viejo amigo. Harlan, ella és Aerith.

-Encantada.

-Mucho gusto.- Aerith no pudo sino advertir el tono glacial en la voz de tenor de Harlan, signo inequívoco de que le costaba confiar en desconocidos.

-Bien, ahora que nos conocemos todos dime, ¿De qué querias hablar?

-El paquete que me has entregado contenía información. Una información importante. Peligrosa.

-¿Peligrosa?

-Imagino que muchos matarían para evitar que saliera a la luz.

-Estamos hablando de algo ilegal.

-No, Zack. Hablamos de reactores.

Los ojos de Aerith se abrieron como platos. Hacía más de quinientos años que se cerraron los últimos reactores. ¿Que significaba esa información sobre ellos?

-¿Reactores?

-Energía mako.-La voz de Harlan se había convertido en poco más que un susurro- En los informes no hay pruebas ni nada cierto, pero la fuente és fiable. Esos malnacidos Cetras quieren volver a activar los viejos reactores.

-¡Eso és imposible!¡Ninguno de nosotros sería tan estúpido como para hacer eso!- Gritó Aerith.

Los pocos ocupantes del comedor se volvieron a mirarles, pero enseguida giraron las cabezas y se olvidaron de ellos.

-¿Le importa si le pregunto qué quiere decir con "nosotros", señorita?

-Yo soy Cetra.

-Entonces asumo que no debe ser una espia.

-¿Que?

-Ningún espia sería tan torpe como para delatarse así. ¿Qué hace una Cetra aquí?-Harlan parecia enfadado.

-¡Ya basta! Harlan, dejalo. Y tú Aerith, no hace falta que le contestes. -Aerith sin embargo estaba furiosa. Puede que su gente fueran unos arrogantes insensibilizados, posiblemente muchos de ellos, pero de ahí a cometer una locura como la que decía Harlan había un largo trecho.

-No, Zack. En algun momento tendré que decirlo en voz alta, y si sirve para ponerle las cosas en claro a este tipo lo haré ahora. -Dirigió su mirada hacia Harlan y frunció el ceño- ¿Quieres saber porque estoy aquí?

-Sí.

-Me exiliaron. Me abandonaron al desierto para que muriera por decir en voz alta que el modo en que tratamos a la gente como tú és injusto. Por defenderte. Así que recuerda que no todo Cetra és un "malnacido".

-Puede que me haya excedido, pero dudo mucho que tengan algun reparo en hacer qualquier cosa para acrecentar su poder. La población no Cetra ha aumentado y hay muchos descontentos con vuestro dominio.

-Seguramente tengas razón. Són arrogantes, el modo en que os tratan no ayuda a acrecentar vuestro aprecio y, sin embargo, no creo que ni el más estúpido de los Cetras sea capaz de atreverse a hacer algo así.- Lo que más la molestaba era el hecho que Harlan ni se había molestado en disculparse. ¿Cómo podia alguien ser tan frio?-Todo el mundo sabe que la energía mako es extremadamente peligrosa.

-Cierto. Pero los informes no hablan de volver a usarla como fuente de energía, sino tan sólo se extraerla.- Harlan miró a Zack.-Quiero ir a hablar con Nanaki y saber qué piensa de esto.

-¿Quieres que vaya contigo a Cañón Cosmo?

-Sí. Hay que atravesar la jungla y yo no estoy capacitado para hacerlo solo.

-Por mí no hay problema, pero antes Aerith debe decidir que hace.

-Nunca te había visto preocuparte tanto por una mujer. ¿Estás enamorado?

Aerith quedó estupefacta con la reacción de Zack. Apretó los nudillos hasta tenerlos blancos y lanzó una mirada a Harlan. Aerith se asustó, nunca había visto tal cantidad de ira en una mirada, y sin embargo en el fondo de sus ojos vio algo más. ¿Tristeza? Zack se levantó de golpe y salió fuera de la posada sin decir palabra. Sorprendida, Aerith miró a Harlan y para su asombro, el frio Harlan parecía estar apesadumbrado.

-¿Qué ha ocurrido, Harlan? Nunca había visto a Zack así...

-És culpa mia. A Zack no le gusta que le recuerden el pasado, creo. Diría que la única persona a quien le ha contado su história es el própio Nanaki... No se preocupe, se le pasará en un par de horas.- Harlan había recuperado su frialdad característica.-¿Sabe ya que va a hacer?

-Aun no...

-Entonces volveré mañana por la mañana. Hasta la vista, señorita Aerith.

-Llamame Aerith.-Dijo distraidamente.

-Sólo lo haré cuando confie en usted, señorita.

Se marchó dejando sola a Aerith. Mientras subía a su habitación no podía evitar hacerse preguntas, ¿Qué le provoca tanta ira?¿Le rompieron el corazón?¿Quien?¿Cuando? Sin ninguna respuesta Aerith esperó a que viniera el sueño.


Zack estaba furioso. No era culpa de Harlan por supuesto, él no sabía nada del pasado de Zack. La ira que le embargaba era la misma que sintió aquel dia, hacía ya tanto. Por mucho que lo intentara no podía quitarse de encima ese peso. Ni siquiera las sabias palabras que le había dicho Nanaki tiempo atrás pudieron aliviar su pesar. Sólo conocia un modo de desahogarse. Descargó otro puñetazo contra el árbol, sólo cuando este quedara reducido a astillas se calmaría.

Tardó una hora en destrozar el pobre árbol. Después de eso se sentó sobre una piedra y dejo que la brisa nocturna le acariciara el rostro. Las estrellas, el viento, la luna, todo le recordaba...

A ella. Y los momentos que habían pasado juntos.

Parecía que hiciera ya una eternidad, aunque no habían transcurrido ni diez años. Zack suspiró, aún a pesar del tiempo, dudaba que algun dia llegara a superar esa pérdida. No pudo evitar que las lágrimas bajaran por sus mejillas, antes de secarlas con el dorso de la mano y dirigirse a su habitación.


Harlan llegó a la posada y encontró a Zack y Aerith esperándole. Dirigió a la Cetra una mirada inquisitiva, Zack también la observaba.

-¿Ese Nanaki del que hablaste, és el mismo Nanaki que ayudó al gran héroe Strife?

-Así és, señorita. ¿Eso va a influir en su decisión?

-Desde luego. Zack, yo vengo.

Zack asintió y se dirigió a él.

-Saldremos mañana a primera hora, ¿Te parece bien?

-Perfecto.

-Muy bien. Tú contratas, tú pagas. Víveres, equipo de supervivencia y una arma para Aerith.

-No quiero ningún arma.

-Tranquila. Estaba pensando en una vara, te servirá como bastón al andar y si te atacan podrás defenderte.

-¿Defenderme?

-Imagina que nos atacan y mientras Harlan y yo defendemos el frente un monstruo da un rodeo por detrás y va a por tí.

-Bueno... visto así, ¡De acuerdo! Aunque no se como usar un arma.

-No te preocupes, yo te puedo dar algunas clases.

-Eso estaria bien. -Dijo la Cetra sonriendo, luego extendió la mano hacia Harlan y este la dió el dinero.- Hasta luego.

Mientras Aerith se dirigía a comprar el equipaje Harlan retuvo a Zack.

-Oye... Siento lo que dije anoche.

-Dejalo, no és nada.

-Sería más fácil si me dijeras de qué no debo hablar.

-En serio, Harlan no importa. Soy yo, no debería afectarme tanto.

-No debería pero lo hace. -Harlan se impacientaba, confiaba en Zack más que en nadie, porqué diablos le costaba tanto admitirlo.- Zack, nos conocemos desde hace tiempo, y puedo decir que... que...

-¿Que...?

-¡Mierda! Que eres lo más parecido a un amigo que tengo. Tú y Nanaki sois los únicos a quienes no les importa mi apellido. Por eso me molesta enojarte. Zack, al menos dime que temas debo evitar.

-Está bien... No me hables de família, pérdidas o... o de amor.

Ambos se quedaron en silencio, pensativos.


Hasta aquí el tercer capítulo. Por favor, dejad reviews. Y me gustaría que me dijérais que os parece Harlan.

Hasta la próxima.