Al fín. Cuarto capítulo. Me he quedado encallado en algunos momentos pero al final lo he logrado. Antes de empezar con el capítulo quiero dar las gracias a todos los que leéis la história y a los que dejáis reviews. Y muchísimas gracias a Kmy42, ella sabe porqué.
¡Ah! Y no poseo el FFVII ni ninguno de bla, bla, bla...
¡Que lo disfrutéis!
Oyeron un ruido cerca. Inmediatamente Aerith agarró con más fuerza su vara y miró a Zack. Este había llevado una mano a la empuñadura de su espada, pero enseguida la bajó, indicando así que no había peligro. Llevaban dos días avanzando por la espesura sin padecer demasiados encuentros indeseados. Precisamente el segundo de ellos había supuesto el primer combate en la vida de Aerith. Como Zack había pronosticado en Gongaga un grupo de monstruos había aparecido y mientras Zack y Harlan se ocupaban de la mayoria uno de ellos había rodeado el grupo, aprestándose a atacarla. El monstruo era una especie de insecto reptante, que atacaba a saltos. Aerith logró esquivar el primer ataque y aprovechando que el monstruo le ofrecia su perfil le golpeó duramente con la vara de metal. Sintió un impacto que recorria sus brazos y oyó un ruido escalofriante, había abierto la cabeza del monstruo y le había desparramado los sesos. La imagen aterrorizó a Aerith, así como el hecho de ser consciente de que por primera vez en su vida había matado. El sólo pensamiento estuvo a punto de hacerla enfermar, dejandola aturdida e incapaz de moverse. Vió impotente como otro de los monstruos se abalanzaba sobre ella, pero en el último momento una certera bala disparada por el hacha-pistola de Harlan apartó la criatura y esta aterrizó tambaleandose, hecho que aprovechó Zack para acabar con ella de un preciso mandoble. Aerith entró en estado de shock y siguió así un buen rato mientras Zack intentaba calmarla.
-Sshh... Ya pasó, Aerith. Tranquila. Todo irá bien.
-¡Oh, Shiva!¡He matado, Zack!
-Así és. Calma, te entiendo. Sé cómo te sientes. Está bien.
-Pero... pero...
-No hay peros que valgan. Aerith... ese monstruo te hubiera matado, sólo te defendiste.
-¡Lo he matado sin dudarlo Zack! Yo... yo... me.. me... Oh Gaia... ¡Me siento como si fuera un monstruo!- Aerith sollozaba incontroladamente y Zack la abrazó, sujetándola con firmeza.
-¡No Aerith! ¡Tu no eres ningun monstruo! Los monstruos matan sin dudarlo y sin sentir ningún remordimiento. Tú estás llorando porque para evitar morir has debido tomar una vida. Yo diría que eso te hace más humana que la mayoría de gente que conozco.
-¿De verdad?
-Sí. Aerith... Aunque sea para salvar tu própia vida nunca és fácil matar. Menos aún si no eres consciente de que deberás hacerlo. Entiendo lo que estás sintiendo ahora. No te apures, puedes llorar sin problemas, lo comprendo. Yo lo hice la primera vez que maté.
Aerith había estado llorando sobre el hombro de Zack durante un buen rato, y durante todo ese tiempo Zack la mantuvo abrazada, confortándola.
Aerith había logrado hacerse a la idea, sin embargo no pudo demostrarlo ya que los demás ataques los habían perpetrado criaturas solitarias. En esos casos Zack y Harlan actuaban como un equipo, con el primero atacando en corto mientras el otro les disparaba, distrayéndoles. Aerith no podía evitar preguntarse cuanto haría que se conocían aquellos dos. Mientras avanzaban por la selva Harlan iba en cabeza, abriendo camino con su hacha-pistola si era necesario. El arma había sorprendido a Aerith, parecía una hacha de mano normal con un mango metálico hueco, pero con una empuñadura de pistola en la cabeza de la hoja. Harlan había demostrado ser capaz de cambiar el agarre en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo eso no era nada comparado con el modo en que luchaba Zack. ¡Oh, sí! Desde luego podía pasar sin la sangre y eso, pero Zack poseía una afinidad tal con esa enorme espada que parecía que fuera parte de su própio cuerpo. A ojos de ella le veía casi como un bailarín, moviendose con una gracia y una habilidad sobrehumanas, blandiendo la pesada hoja como si fuera una ramita. Era un poco inquietante, pero el control que ejercía sobre el arma atraía a Aerith. Ciertamente parecía menos impulsivo que en otros momentos.
Como si quisiera darle la razón, al llegar al borde de un gran rio de corriente tranquila, Zack, que se había quedado en retaguardia, echó a correr nada más divisarlo y, sin previo aviso empujó a Aerith y a Harlan al agua mientras gritaba.
-¡Sííí!¡És hora de un chapuzón!
Mientras intentaban secarse alrededor de un fuego Zack no podía evitar sonreir cada vez que Harlan intentaba echarle el moco por arrojarlos al rio.
-¡Pareces un crio de cinco años, Zack! Suerte que ya estabamos bastante empapados por la humedad...
-Vamos Harlan... No empieces otra vez, ya estábamos empapados, además, no hay ningún puente que cruce el rio, habríamos acabado nadando de todos modos.
Harlan suspiró.
-Si no recuerdo mal, las otras veces que he cruzado este rio, algunas de ellas contigo, he pasado por un vado.
-El vado está a dos dias al sur, como mínimo.- Harlan seguía mirandole de mala uva- ¡Venga ya! Si fuiste tú quien insistió en la prisa y el secretismo.-Dijo Zack entre risas.
-Puede, pero si nos hubieras avisado yo no me habría mojado tanto el pelo.-Aerith estaba quejandose.
-Pero Aerith... ¿Tu sabes lo sexy que estás con el cabello mojado?
-Ya... Espera a que coja un resfriado.- De repente Aerith empezó a hacer pucheros y a parpadear seductoramente- ¿Cuando esté tosiendo y sonándome la nariz todo el día también te pareceré sexy?
-Vale, tienes razón. Ire con más cuidado.- A pesar que no le gustaba la idea de causarle un resfriado, Zack no pudo dejar de sonreir. Aerith estaba tan mona cuando se enfadaba...
Al día siguiente volvió a atacarles un grupo de monstruos, esta vez Aerith no vaciló después de acabar con el bicho que la había atacado, y aunque aún no tenía demasiada destreza logró rechazar a otro antes que Harlan acabara con él. Zack no podía evitar admirarla, puede que no fuera la mejor luchadora del mundo, pero mientras luchaba sus ojos mostraban una ferrea voluntad y una decisión tal que amenazaban con hipnotizarle. Mientras se acercaba a ella para ver cómo se encontraba oyó un ruido. De repente un grifo apareció y derribó a Harlan. Mientras Zack volvia a coger la espada vió que la criatura se preparaba para atacarles con un máser ¡Y apuntaba a Aerith! Dando un grito, saltó y la apartó de la trayectoria del rayo. Mientras caían no percibió el sonido agudo que solía precedir a la descarga. En su lugar oyó cómo el grifo chillaba de dolor. Tras caer al suelo y asegurarse que Aerith estaba bien Zack levantó la vista y vió un cuadrúpedo rojizo que acababa con el grifo a base de partirle el cuello con las mandíbulas. Al caer muerto el grifo la criatura soltó un rugido atronador. Zack observó como Aerith abría los ojos como platos a la vista del extraño ser, así que decidió que sería mejor calmarla. Sin embargo antes de que pudiera decir nada se oyó una voz grave.
-Vaya, vaya... Zack necesita que le ayuden... Eso sí és una novedad.
Aerith soltó una exclamación al advertir que la criatura había hablado. Zack podía comprenderlo, no todos los dias se encontraba uno con una espécie de canino con el pelo anaranjado, la crin negra, una cola llameante y dos profundos ojos ambarinos. Respondió a la broma de su amigo.
-¿Ayuda? ¿Quien te ha dicho que necesite ayuda? Lo que pasa es que te mueres de ganas por hacer ver que sirves para algo, saco de pulgas.- A pesar de lo que pudiera parecer esa era una vieja broma que ambos compartían y que, como siempre, rieron a gusto- Ven, quiero presentarte a alguien.
Mientras se acercaban a ella, Zack notó que Aerith ya no parecia asustada, sinó más bien curiosa.
-Ella és Aerith. Aerith, te presento a Bugenhagen, hijo de Nanaki.
-¡Zack!- Gruñó Bugenhagen.
-¿Que?
-No me llames así.
-¿Y cómo quieres que te llame, si no?
-Te he dicho mil veces que me llames Bugen. Ya sabes que me hace parecer más joven.
-¿¡Más joven?!- Dijo Zack, incrédulo- ¡Pero si apenas tienes setenta años!
De repente Bugenhagen se abalanzó sobre Zack con un gruñido y ambos rodaron por el suelo, riendo y haciendo ver que se peleaban. Harlan, que se había recuperado de la embestida se les acercó.
-Puedo esperar este comportamiento de Zack, ¿Pero de tí? Apostaría lo que no tengo a que Nanaki era más serio que tú a tu misma edad.
-¡Pues claro que sí! Es lo que hacen los héroes, estar serios. Y ya que hablamos de mi padre... Creo que le gustaría saber que haceis aquí.
-La verdad es que precisamente veníamos a hablar con él.- Respondió Harlan.
Las ventanas estaban cerradas. Un solitario fluorescente iluminaba el ancho espacio. En el centro un hombre practicaba con una enorme espada. La sudor recubria su cuerpo. Llevaba dos horas entrenando. Al cabo de media hora se detuvo y dejó la espada sobre un soporte hecho a medida. Mientras tomaba una toalla se acercó a la mesa y al hombre que le estaba esperando.
Jorran Wallace era un noble cetra, capitán del ejercito y un hombre indudablemente corpulento. Sin embargo, el hombre que tenía enfrente suyo, secándose con una toalla poseía un aire extremadamente intimidador, no en vano se trataba de Aldous Strife-Lockhart, Primus inter Pares, el heredero del Gran Héroe Strife.
-¿Sabes porqué te he llamado, Jorran?
-No, señor.
-Se ha filtrado cierta información. Dicha información resultaría comprometedora de caer en las manos... inadecuadas. Deseo que averígües quién ha revelado esa información y a quién la ha revelado. Te recomiendo que hables con nuestros científicos. Una vez el que se ha ido de la lengua te haya dicho a quién debes buscar acaba con él. ¿Lo entiendes?
-Sí, señor. Averiguar quién és el soplón, hacerle cantar, una vez haya cantado lo elimino y me dedico a buscar al otro, ¿Es eso, no?
-Exacto. Puedes retirarte.
Mientras se iba Jorran no podía quitarse de la cabeza los ojos de su superior, había algo raro en ellos. Al cerrarse la puerta Aldous apagó la luz, y antes de cerrar los ojos para descansar, estos brillaron tenuemente.
Como cada mañana, Nanaki trotaba a paso vivo por los acantilados que rodeaban Cañon Cosmo. A sus casi seiscientos años aún se encontraba en la plenitud de sus fuerzas, y estas correrías matutinas le ayudaban a mantenerse en forma. Al llegar a donde reposaba el guerrero Seto se detuvo, bajó la cabeza y se mantuvo en silencio. Pasado un rato lanzó un poderoso aullido que retumbó por las paredes del cañon. Mientras se alejaba, su pecho se llenó de alegría, se había convertido en un digno hijo de su padre, en el protector de su gente... el Guardián de Cañon Cosmo. Aunque todo tenía su lado negativo. Sus consejos no habían sido escuchados y los autodenominados Cetras habían crecido en orgullo, quizás demasiado. Eran tan diferentes a sus ancestros. Al pensar en sus difuntos amigos no pudo evitar sentir una punzada de dolor, y fue invadido por una oleada de solitud. Por mucho que tuviera a su gente, a su compañera y a sus hijos aún echaba de menos a sus camaradas de armas. No tanto a ellos en sí mismos, sino el sentimiento de camaradería que compartía con ellos, un vínculo casi superior al de la sangre. Poco a poco regresó a su hogar y olió a Bugenhagen, que se acercaba con tres personas, de las cuales reconocía a Zack y a Harlan, el otro olor pertenecía a una mujer. Ansioso por volver a ver a sus dos protegidos e intrigado por la desconocida aceleró el paso. Al llegar a la ancha cornisa donde vivía la mayoria de su gente vió a su hijo charlando animadamente con Zack y Harlan. Al verle los tres salieron a su encuentro.
-Zack, Harlan, me alegro de veros.
-Lo mismo digo, Nanaki.- Dijo Zack mientras se arrodillaba y le daba un abrazo.
-Hacía bastante que no nos veíamos, Nanaki.- Harlan sonrió, lo que tratandose de él equivalia a la misma demostración de afecto que el abrazo de Zack.
-Así és, Harlan.- Nanaki observó cómo algo preocupaba a Harlan- ¿Ocurre algo?
-Hay algo de lo que queremos hablarte. En privado, a poder ser.
Nanaki intuyó que ese "algo" podía ser bastante grave, ya que la sola mención del tema hizo que Zack se pusiera a mirar hacia el horizonte. Algo que siempre hacía cuando estaba preocupado. De repente Nanaki vió como Zack giraba la cabeza hacia la posada y sonreía a alguien. Sus ojos tenían una chispa, una chispa que Nanaki sólo había visto en contadas ocasiones. No pudo evitar preguntarse quien podía ser capaz de causar eso en Zack. Éste se acercó a él.
-Ven, Nanaki. Hay alguien que quiero que conozcas. Aerith, te presento al Héroe Nanaki, Guardián de Cañon Cosmo. Nanaki, ella és Aerith.
-Estoy encantada de conocerle.
Nanaki no escuchaba. Su único ojo estaba abierto como un plato y amenazaba con salirsele de la órbita. Boqueaba, incapaz de articular una sola palabra. Era imposible. Ella estaba muerta. Recordaba como si fuera ayer aquel día fatídico. La vitalidad y la alegría de la que siempre hacía gala la joven florista de los suburbios destruida en un sólo instante por el cruel acero de un monstruo. El cuerpo sin vida de su amiga, reposando cual muñeca rota en los brazos de Cloud mientras éste lo depositaba en el lago de la Ciudad Olvidada. El ligero estremecimiento mientras la Corriente Vital rechazaba a Meteorito, cuando creyó oir una última vez su risa. Y sin embargo allí estaba, frente a él. Más de quinientos años después. Viva y bella cómo le gustaba recordarla. Sus cálidos ojos verdes, el cabello castaño con sus reflejos dorados y la voz... Dulce y fresca, alegre y vibrante.
-Esto és un sueño... Tengo que estar soñando... Te vi morir hace ya tanto tiempo, amiga mia...- Nanaki no pudo contener las lagrimas- Nunca imaginé que volvería a verte.
-¿Morir?
-¿Conoces a Aerith?- Zack no logró contener su asombro. Incluso Harlan parecía pasmado.
-¡Claro que si! Nunca podría olvidar a Aerith Gainsborough, la última descendiente de la raza de los Cetra.
-Perdone, pero... Yo no me llamo Aerith Gainsborough. Ni pertenezco a la raza de los Ancianos.
-¿Cómo?- Nanaki no pudo ocultar su estupefacción. De repente advirtió que esa joven no podía ser la florista. No sabía de que se trataba, pero algo en ella no encajaba con la joven que conoció hacía ya tanto tiempo.
-Me llamo Aerith.- La muchacha hizo una mueca- Aerith Strife de hecho, aunque prefiero que me llamen simplemente Aerith.
-Un momento, un momento...-Zack estaba sacudiendo la cabeza- ¿Me estás diciendo que desciendes del Gran Héroe Strife?
-Si.- Aerith bajó la cabeza, como si estuviera incomoda.
Nanaki no pudo contener la decepción que le asaltó. Por un momento pensó que ella había regresado. No obstante la decepción duró poco, lentamente fue reemplazada por la curiosidad: una descendiente de Cloud, llamada Aerith, que además era la viva imagen de la florista, incluso vestía igual salvo por la auséncia del lazo rosa en la trenza, además llegando hasta allí acompañada precisamente por Zack... Nanaki sospechaba que algo se había puesto en marcha.
Aerith no podía salir de su asombro. Estaban sentados en el salón del observatorio de Cañón Cosmo. Nanaki les había estado hablando de los Héroes de Meteorito. Había sido una commoción para ella enterarse que era exactamente igual a la última auténtica Cetra, la persona a la que había llegado a admirar tanto. Incluso se llamaba como ella. Mientras lo asimilaba y escuchaba a Nanaki volvió a contemplar a la pareja: Nanaki ofrecia una imagen imponente, su ojo rebosaba de sabiduría y con los recuerdos de las batallas era capaz de relumbrar con un fuego abrasador, las cicatrices, en lugar de afearlo le daban un aire endurecido, noble incluso. Y el porte... Sereno, audaz, regio, un porte digno de alguien capaz de salvar al planeta. Su compañera Reyaa era ligeramente más pequeña y su pelaje era más claro que el de su pareja, sin embargo poseía un aire de sabiduria similar y se las arreglaba para parecer menos severa que Nanaki. De pronto, mientras Nanaki, Reyaa, Harlan e incluso ella misma hablaban de lo que sabían de los Héroes de Meteorito, sus descendientes y sus rivales, Aerith advirtió que Zack había salido fuera. Disculpándose, se levantó y se acercó a él.
-¿Zack? ¿Qué ocurre?- Aerith vió que tenía el ceño fruncido.
-Todo esto. Me siento fuera de lugar.
-¿Esto?
-La conversación. Todas esas histórias del pasado. Me hacen sentir como un ignorante. No tengo la experiéncia y la sabiduría de Nanaki, ni tu cultura o la de Harlan. Todo lo que sé del pasado son cuatro leyendas...- Zack bajó la cabeza y se acerco a la barandilla. Suspiró y miró hacia las estrellas– Me hacen pensar que no sirvo para hacer nada importante.
-Zack... –Aerith le apoyó la mano en el hombro.- Sí, soy una persona muy instruida.- Le hizo darse la vuelta con delicadeza y le miró a los ojos, sin apartar la mano- Sin embargo, toda esa cultura no me sirvió de nada en el desierto.- Zack sonrió- Yo habría muerto de no ser por tí. Tú me salvaste. Eso és algo importante.- Aerith le devolvió la sonrisa.
-¿De veras?- Zack levanto una ceja.
-Para mí lo és.-Aerith había cogido su mano y se la apretó con afecto. Zack le devolvió el apretón.
-Gracias.
Ambos permanecieron en silencio un buen rato, mirando el cielo estrellado. Al cabo de un tiempo Nanaki se les acercó.
-Ya és tarde. Deberíais ir a dormir.-Se dió la vuelta para retirarse, pero detuvo el movimiento a la mitad y añadió -Mañana a primera hora venid aquí los dos. Hay algo que quiero mostraros.
Arf, arf... Bueno, este capítulo está hecho. En cuando pueda me pongo a por el siguiente.
¿Que os ha parecido? ¿Gusta? ¿No gusta? Por favor, dejad reviews (són mi carburante).
¡Hasta la próxima!
