¡Hola a todos! Lamento profundamente el retraso. Un virus borró los archivos y tuve que empezar de nuevo. Encima coincidió con la cabalgada de reyes(colaboro en ella) y la fiesta mayor de mi pueblo(soy de la comisión organizadora). Total: stress, stress y más stress... ¡Basta de quejarse! Aquí está el quinto capítulo. Muchas gracias a todos los que leéis esto(por favor, dejad reviews, con ojillos de cachorro os lo digo); a todos los que dejáis reviews(¡Seguid así!); y especialmente muchas gracias a aquilesfair y a Dafne SchlossHerz, vosotros ya sabeis porqué lo digo.
En fin...
Aviso: No poseo el FFVII ni ninguno de etc, etc, etc...
-¿Que es lo que querías que viéramos, Nanaki?
Al terminar de desayunar, y tal como les había pedido éste Zack y Aerith habían subido al observatorio. Sin decir una palabra Nanaki les condujo por un pasadizo hasta una habitación privada en el centro de la cual se hallaba una extraña plataforma, conectada a una máquina en el otro extremo de la habitación. Nanaki les hizo señas para que subieran a la plataforma y sin mediar palabra pulsó un botón. Con un suave zumbido la plataforma empezó a ascender y Nanaki se unió a ellos de un salto. La plataforma siguió subiendo hasta detenerse. Estaban en la cúpula del observatorio. Aguardaron en silencio. Poco a poco la cúpula fue oscureciéndose y antes de que pudieran comprender lo que ocurría aparecieron estrellas y planetas flotando alrededor suyo, creando un espectáculo de luces bellísimo y sobrecogedor.
-Nanaki... ¡Esto es precioso! -Aerith no podía contener la excitación y se puso a dar vueltas sobre si misma, bailando con las estrellas.
-Me alegro que te guste. Mi abuelo construyó esta máquina. -Nanaki no pudo evitar sonreír al ver la maravilla que irradiaba Aerith. En esos momentos la muchacha le recordaba tanto a su vieja amiga… Sin embargo Nanaki se puso serio. -Él solía usarla para estudiar el movimiento de los planetas. Pero con el tiempo, yo he descubierto otras propiedades… En este espacio, a veces, sólo a veces, soy capaz de escuchar al planeta. -Dicho esto les miró de reojo.
Las palabras del viejo héroe quedaron flotando en el aire, Zack y Aerith intercambiaron miradas de incomprensión.
-¿Escuchar al planeta?- ambos preguntaron a la vez. Nanaki asintió.
-Tal y como podía hacer Aerith Gainsborough. Por eso os he pedido que vinierais. Sinceramente, no puedo evitar creer que tu apariencia y tu nombre son más que una coincidencia. –Nanaki vió a Aerith abrir sus ojos esmeraldas con asombro.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Con franqueza, no lo sé. Tan solo tengo esa sensación. Por favor, ¿Podrías intentar escuchar conmigo?
-Pero, Nanaki… yo… no sé como hacerlo…
-Shhh… Tan sólo cierra tus ojos y deja la mente en blanco.
Aerith hizo lo que Nanaki le pedía. Durante un buen rato sólo escuchó el leve zumbido que hacía la máquina. El zumbido fue reemplazado poco a poco por una leve música que Aerith identificó con las imágenes de las estrellas y los planetas desplazándose.
De repente, cuando ya creía que no iba a suceder nada, Aerith oyó un leve murmullo, casi en el límite de su oído. Intrigada se concentró más y más en el murmullo y este creció progresivamente hasta que, antes que Aerith se diera cuenta se había convertido en un atronador torrente de palabras que amenazaba con ensordecerla, con colapsar su mente y destripar su conciencia. Cerró los ojos con más fuerza y sacudió la cabeza, intentando infructuosamente e inútil librarse del estruendo.
Súbitamente el ruido desapareció y al abrir los ojos Aerith se halló en un espacio blanco, que se prolongaba hasta más allá del horizonte. Mientras observaba con estupefacción sintió, más que oyó, a alguien que se acercaba a su espalda. Se dio la vuelta y allí, frente a ella, como si hubiera salido de un espejo se hallaba ella misma, idéntica en todo salvo en dos pequeños detalles:
La larga trenza no estaba atada con una cinta elástica, sino con un delicado lazo rosa, que además sujetaba una esfera de cristal, de color verde pálido. Y los ojos. Unos profundos ojos verde esmeralda que eran exactamente iguales a los suyos, salvo que mostraban una sabiduría y una compasión que se encontraban muy lejos del alcance humano.
-Vaya, Aerith... ¡Como has crecido! –Oír una voz tan semejante a la suya fue demasiado para Aerith, que no pudo soportarlo y se desmayó.
No sabía cuanto tiempo había transcurrido desde que se desmayó. Al recuperar el conocimiento y abrir los ojos se encontró tumbada, con la cabeza recostada en la falda de su... doble... reflejo... lo que fuera. De repente lo que Nanaki les había contado la noche anterior acudió de golpe a su cabeza. Sus ojos se agrandaron con sorpresa.
-Tú… Eres Aerith Gainsborough, ¿No? - La mujer asintió, sonriendo.
-Veo que Red te ha hablado de mí.
-¿Red?
-Así era como llamábamos a Nanaki. Creo que terminó considerándolo una especie de mote de batalla, o algo así. – Aerith Gainsborough rió, y la risa envolvió a Aerith Strife, inundándola con una sensación de placidez.
-Es extraño…
-¿El qué?
-Estoy tan a gusto contigo… Me siento tan a salvo. Es como si te conociera de antes.
-Ya te dije que has crecido mucho desde la última vez que nos vimos. Entonces no tendrías más de diez años. –Estas palabras provocaron que Aerith Strife se conmocionara y se levantara de un salto.
-¡Fuiste tú! ¡Hace catorce años, en Mideel! ¡Tú me protegiste!
-Así es.
-Fuiste tú… tú hiciste que me diera cuenta de lo equivocada que está mi gente. ¿Por qué?
-Porque el planeta te ha elegido. –Mientras se levantaba todo rastro de risa abandonó su voz, y en ella se podía percibir una firmeza aplastante –Tú heredarás mis poderes, mis conocimientos, e incluso mis recuerdos. –Aerith Strife sintió que un escalofrío le recorría el espinazo.
-¿Recuerdos? ¿No iras a decirme que me voy a convertir en ti? – Aerith Gainsborough sonrió.
-¡Claro que no! No temas, podrás distinguir perfectamente entre tus recuerdos y los mios.
-Bueno, siendo así… Perdona, pero..., ¿Podrías decirme para que me ha elegido el planeta?
-No. Lo siento pero no puedo decírtelo. –Al ver la expresión de Aerith Strife, Aerith Gainsborough no pudo sino reir suavemente y siguió hablando. –Pero sí que puedo darte un consejo: sigue tu instinto Aerith, dejate guiar por tu intuición. –Dicho esto Aerith Gainsborough se quitó el lazo y la materia que coronaban su trenza y se los tendió a Aerith Strife mientras su propio cabello se convertía en una cascada de tonos castaños. –Toma. Esta materia se llama Materia Blanca, y aunque no tendrá un uso práctico para ti, te ayudará a despejar tu mente cuando lo necesites. Guardala bien, pertenecía a mi madre.
-¿Y el lazo?
-El lazo… -Aerith Gainsborough alargó una mano y acarició el tejido con sus dedos. Sus ojos mostraron una cantidad indescriptible de ternura, amor... y dolor. –Este lazo me lo regaló alguien. Alguien... alguien que llegó a significar más que el mundo para mí. Alguien tan bueno y honorable que... –aquí la voz de Aerith se quebró y unas lágrimas cayeron de sus ojos. Al volver a hablar su voz no pudo ocultar un leve tono de resentimiento y enojo. -Que no quiso evitar su injusto destino. -Se frotó los ojos con decisión y recuperó la sonrisa. –Ven, deja que te lo ponga todo. –Mientras colocaba el lazo y la materia en su sitio siguió hablando. –Por cierto, en lo que se refiere a los recuerdos: van a llegar a tí poco a poco, y algunos no llegarán hasta que llegue el momento adecuado. –Aerith Strife se preocupó.
-¿Por qué?
-Porque podrían afectar a algunas de tus decisiones. Y debes tener libertad para decidir como creas conveniente. ¡Bueno! Yo diría que el lazo te queda perfecto. -Aerith Gainsborough se alejó dos pasos, y contempló a su "heredera". –Creo que ya está todo arreglado. Cloud estaría orgulloso de tí. –Con estas palabras abrazó a Aerith Strife y la besó en la frente. –Buena suerte. Y dale recuerdos a Red.
Aerith Strife volvió a caer inconsciente.
La preocupación de Zack crecía por momentos. Aerith seguía inmóvil, yaciendo en el sofá. ¡Y estaba desenfocada! ¡Desenfocada! Incluso Nanaki parecía confundido por el hecho. Todo había empezado al llevarse ella las manos a la cabeza y empezar a sacudirse toda ella. De repente, antes que Zack o el viejo héroe pudieran hacer nada, se había detenido súbitamente y había empezado a caer de espaldas. Zack apenas si logró sujetarla a tiempo de evitar que se diera de cabeza contra el suelo. Mientras la estaban llevando al sofá advirtieron con inquietud que su cuerpo se hacia borroso, si bien seguía siendo igual de sólido. Llevaban casi una hora intentando averiguar lo que ocurría con Aerith, y aún no habían logrado nada. Reyaa y Harlan estaban en la biblioteca intentando encontrar algun volúmen que pudiera ser les de utilidad. De pronto el cuerpo de Aerith empezó a brillar, sobresaltando a ambos. El brillo fue incrementándose gradualmente hasta que tuvieron que cerrar los ojos. Al desaparecer el resplandor contemplaron como el cuerpo de Aerith recobraba la nitidez. Esta abrió los ojos. Parecía confundida. Nanaki fue el primero en hablar.
-¿Te encuentras bien?
-Si, creo. Yo... –Súbitamente miro fijamente a Nanaki, como si mirara a través de él. Al cabo de unos segundos se sonrojó levemente, sonrió y volvió a hablar. –Aerith te manda recuerdos, Red.
Zack vió cómo esas palabras provocaron que Nanaki empezara a boquear.
-¿Có... Cómo sabes tú eso? Hace casi cuatrocientos años que nadie me llama así.
-Ella me lo dijo.
-¿Ella? –Nanaki parecía entre temeroso y expectante.
-Aerith Gainsborough.
-¡¿Aerith?! ¡¿La has visto?! -Aerith asintió.
-Creo que me ha venido a ver. Dijo que te diera recuerdos.
Nanaki se quedo sumido en sus pensamientos un buen rato, y Zack aprovechó para hablar un poco con ella.
-¿Seguro que estás bien? Ahí dentro nos has dado un susto de muerte.
-Sí. De hecho me siento mejor de lo que me he sentido en años. Es como si hubiera estado durmiendo hasta ahora. Me siento como nueva.
-Lo que sí és nuevo són ese lazo y la bolita de cristal. ¿De donde los has sacado?
-¡Oh! Aerith me los ha dado. Dice que esto no tiene ninguna utilidad excepto ayudarme a despejar la cabeza o así. Y el lazo... La verdad es que no entiendo porque me lo ha dado.
-Sea por lo que sea, el caso es que te queda bien.
-¿En serio?
-Si. -Ambos estaban sonriendo. Antes que pudieran seguir Nanaki les interrumpió.
-Perdona pero... ¿Puedo ver esa materia?
Aerith se quitó la esfera de la trenza y la enseño al viejo héroe. Zack advirtió que Nanaki tragaba con cierta dificultad. La curiosidad pudo más que Zack y le empujó a preguntar.
-¿Sabes lo que és?
-És materia, Zack. Energía mako solidificada. Magia, por así decirlo.
-Pero Nanaki, hace siglos que no se encuentra materia. -Terció Aerith.
-Eso por si sólo ya sería extraño. Pero si tenemos en cuenta que la persona que te la ha dado murió hace más de cinco siglos... -Comentó Nanaki con ironía. -Además, no se trata de una materia cualquiera. Es la misma materia que Aerith Gainsborough utilizó para invocar a Sagrado y detener a Meteorito.
-Pero yo no sé usar materia. ¿Para qué me la daría?
-Qué te dijo exactamente? -Inquirió Nanaki.
-Dijo que el planeta me había elegido. Que heredaría sus poderes, conocimientos y... recuerdos. -Al decir esto Aerith miró de reojo a Nanaki y volvió a sonreír. Este lo advirtió y dirigió una mirada inquisitiva a la joven.
-¿Ocurre algo?
-No. Es que al verte creo que "recordé" algo.
-Ya veo. ¿Y de que se trataba?
-De Aerith y tú. Y de una especie de jaula de cristal y...
Zack observo a su viejo amigo y comprendió que de no tener el pelaje rojizo que le cubría el cuerpo estaría sonrojado hasta el punto de parecer un tomate. Nanaki miró hacia atrás, nervioso.
-Por favor, no le digas nada de esto a Reyaa, ¿Quieres?
-Si me explicas de que va el recuerdo... -Nanaki soltó un suspiro que sonó tanto a resignación como a alivio.
-De acuerdo. Para hacerlo más sencillo, un científico loco nos capturó. Aerith era la última de los Ancianos, yo era, o eso creía todo el mundo, el último de mi espécie. El desgraciado de Hojo intentó "ayudar" a la preservación de nuestras espécies. Yo no tenía previsto mostrarme tan agresivo, pero al ver aparecer a sus amigos ví una oportunidad para escapar, así que fingí estar... ejem... ¿Cómo lo diría?... interesado con la idea.
-Bueno, si todo era una farsa, ¿Por qué no quieres que lo sepa Reyaa? -Zack no lo acababa de entender.
-Primero, porque apenas era un adolescente, por aquel entonces; segundo, en esa ocasión pude acabar con Hojo, y para mi pesar no lo hice; y en tercer lugar, porque, y esto sí que debe quedar entre nosotros, si al cabo de unos meses más tarde nos hubiéramos hallado en una situación semejante y ella hubiera estado de acuerdo... Me lo habría planteado en serio. -Los tres se sonrojaron ante la admisión de Nanaki.
Nanaki trotaba hacia la figura pétrea de su padre. Harlan le había hablado de los rumores que había recogido. Ciertamente no tenía sentido. La infraestructura necesaria para transportar la energía mako había sido destruida hacía ya mucho. Esos supuestos informes sobre extracción de mako debían indicar algún otro propósito, aunque no alcanzara a verlo. Mientras estaba absorto en sus cavilaciones llegó al sitio exacto donde empezaba el casi inexistente sendero que descendía hacia el desfiladero oculto donde el guerrero Seto se había enfrentado en solitario a la tribu GI. Al llegar abajo recordó que no se hallaba en el sitio más seguro de Cañon Cosmo. No en vano, las últimas veces que había tratado de razonar con el ocupante del desfiladero había estado a punto de resultar herido. Sin embargo le había prometido a Harlan que le ayudaría en su empeño. Ya tenía varios chocobos a punto para que les llevaran un trecho. Sin embargo temía que sus dos protegidos y la "heredera" de Aerith pudieran topar con las intenciones hostiles de los Cetras. Un poco de ayuda en combate les vendría de maravilla. Nanaki sabía que era casi imposible convencer al morador de ese lugar que abandonara el retiro voluntario que le había llevado allí. Esta vez, sin embargo, Nanaki tenía un as en la manga. De repente percibió el olor que estaba buscando y se detuvo. Dejó que le observara y procedió a hablar.
-Se que no quieres verme por aquí. Pero debo pedirte un favor. -El silencio fue la única respuesta. -Unos amigos mios van a emprender un viaje. Parece que los Cetras planean algo que implica extraer energía mako. -A pesar de la ausencia de respuesta Nanaki sintió que su silente interlocutor se tensaba. -Si. És bastante grave. Mis amigos quieren averiguar si és cierto, y si lo fuera, evitar que se lleve a cabo. Son capaces y valientes, cierto, pero carecen de experiencia. Necesito que les ayudes. -Al fin Nanaki pudo oír un leve murmullo.
-Ayudarles, dices. Hace trescientos ochenta y dos años que me retiré a este lugar. Quiero seguir aquí, solo. No soportaria pasar otra vez por lo mismo.
-¿És tu última palabra?
-Sí.
-Si te dijera que uno de ellos és una Cetra, ¿Supondría algún cambio? -Silencio. - ¿Y si te dijera que esta chica tiene el cabello castaño claro con reflejos dorados? ¿Ojos verde esmeralda? ¿Piel clara? -Nanaki percibió cómo las dudas empezaban a asaltar a su interlocutor. -Además, solo voy a añadir que lleva un vestido rosa. Y que se llama Aerith.
-Aerith... ¡No te atrevas a burlarte de mí! -La voz parecía enfadada.
-Si me burlo o no deberás averiguarlo por tí mismo. Partirán mañana por la mañana. -Nanaki se dió la vuelta y empezó a subir por el sendero. De repente se detuvo y volvió la cabeza. -Tendré un chocobo listo para tí.
Mientras regresaba hacia Cañon Cosmo Nanaki no pudo evitar que una sonrisa asomara a su rostro. Cuatro iban a ser los que partirían mañana. Estaba seguro de ello.
Esa misma tarde Zack empezó a enseñar a Aerith a manejar la vara en combate. Al tratarse de una novata y de un arma que no era aquella a la que él estaba acostumbrado, empezaron con un par de bastones de madera. Uno de los habitantes de Cañon Cosmo se había ofrecido para ayudarles, de modo que Zack empezó combatiendo contra el hombre, instruyendo a Aerith para que esta observara los movimientos básicos. Al cabo de un rato dejó que fuera Aerith quien combatiera contra el hombre. Mientras Aerith atacaba o defendía Zack iba aconsejándola sobre la marcha.
-¡Cuidado! Recuerda Aerith: No detengas los ataques, limítate a desviarlos y contraatacar.
-¡Eso és lo que intento! ¡No és tan fácil!
A pesar de las quejas Aerith empezó a corregir sus movimientos, y la mejoría se notó enseguida. Al comprobar la poca poténcia de sus golpes, Zack la avisó otra vez.
-¡Aerith! Cuando golpees no te quedes con las manos en el mismo punto. Tienes que juntarlas para golpear con más fuerza.
Para mérito suyo, esta vez Aerith no se quejó. Tan solo se limitó a seguir el consejo de Zack. Al poco rato Aerith empezó a resultar una contrincante demasiado difícil para el hombre.
-¡Muy bien! Por ahora ya está bien. Terminaremos con un pequeño combate entre los dos. Así veré mejor que progresos has hecho. -Zack advirtió que Aerith palidecía ligeramente ante semejante idea. No podía reprocharselo, así que intentó tranquilizarla un poco. -¡Eh! No te apures, no voy a emplearme a fondo.
-¿Me lo prometes?
-¡Claro que sí! Vamos, atácame.
Aerith respiró hondo unas cuantas veces antes de lanzarse a la ofensiva. El primer ataque vino desde arriba y por la derecha, y Zack no tuvo ningún problema para esquivarlo. Aerith respondió con un golpe de retorno que volvió a errar, aunque instintivamente prosiguió el ataque con el otro extremo de la vara, tomando por sorpresa a Zack, quien apenas tuvo tiempo de bloquear el ataque. Los ojos de Aerith brillaron con una exitación apenas contenida.
-¿Que te ocurre, Zack? ¿No decías que siempre hay que desviar los golpes?
Zack tuvo que contener una carcajada. ¡Aerith se estaba burlando de él! Debía andarse con más cuidado si no quería que Aerith le diera una pequeña lección. Dirigiendo la atención hacia su adorable adversaria vió que esta daba la vuelta sobre sí misma para asestarle un golpe a la cabeza. La falta de práctica pesó en contra de Aerith y el golpe pasó por encima de Zack, que se había agachado. Siguieron de este modo durante un buen rato, hasta que Zack empezó a devolver algunos ataques. Al principio Aerith dejaba escapar algun pequeño gemido debido al sobresalto de verse atacada, aunque al cabo de poco empezó a rechinar los dientes en su lugar. Al cabo de una hora, Aerith, que estaba al límite de su resisténcia dió una vuelta sobre sí misma con todas sus fuerzas para intentar golpear a Zack en la cabeza. Zack, que esperaba un movimiento semejante golpeó la vara de Aerith, desequilibrándola. Mientras Aerith intentaba recuperar el equilibrio Zack la golpeó por detrás de las rodillas, haciéndola caer de espaldas en el suelo. Aerith intentó levantarse de nuevo, pero mientras se apoyaba en los codos se encontró con la vara que empuñaba Zack reposando en la base de su cuello. Mientras esperaba a que ella recobrase el aliento Zack no pudo evitar fijarse en el modo en que Aerith respiraba con los labios entreabiertos. Estuvieron así un rato hasta que Aerith recupero la voz.
-¿Zack? ¿Ocurre algo?
La voz despertó a Zack de sus cavilaciones. Apartó la vara y se pasó la mano por el cabello mientras sonreía, ligeramente avergonzado.
-¡Ah! No, nada. Me he distraído un poco.
-Ya. ¿Me ayudas a levantarme?
-¡Claro!
Zack alargó la mano hacia Aerith y la ayudó a ponerse de pie y a sacudirse el polvo. Aerith se pasó el brazo por la frente en un intento de secar el sudor. Viendo que aún estaba sofocada por el esfuerzo Zack pensó en sugerir que fuera a refrescarse. Sin embargo parecía que Aerith ya hubiera pensado en ello.
-Vaya... Creo que debería ir a ducharme. -Aerith sonrió. -¿Me sueltas la mano?
Sin que se hubiera dado cuenta, Zack aún tenía la mano de ella cogida.
-Si, claro...
-¡Bien! Nos vemos en la cena, pues.
Aerith se alejó de allí dejando a Zack sumido en sus pensamientos. Pensamientos que giraban en cómo se movía Aerith durante el entreno, pero sobre todo en la imágen que había ofrecido mientras estaba tumbada en el suelo: la cara sonrojada, el cabello que empezaba a soltarse, la respiración jadeante, el modo en que subía y bajaba su pecho... Y especialmente el modo en que al ponerse de pie el vestido se había abierto ligeramente, revelando un muslo firme, sedoso, vibrante...
De repente Zack notó una tensión en sus pantalones. Miró abajo y sacudió la cabeza.
-Tú si que necesitas una ducha... ¡Una ducha bien fría!
El agua corría sobre su piel, llevándose los últimos restos de espuma. Mientras se aclaraba el pelo Aerith no lograba quitarse de la cabeza el modo en que la miró Zack mientras estaba en el suelo. Anhelante, podría decirse. No podía negar que ese modo de mirar había logrado excitarla. Hacía casi un año que nadie la miraba de ese modo. De un modo inconsciente lo había echado de menos. Era natural que una mujer atractiva atrajera esas miradas ¿No? Además, si quien miraba así era alguien tan apuesto como Zack...
Aerith se mordió el labio y supo que antes de irse a dormir se preguntaría un par de veces si los pectorales y los abdominales que mostraba Zack eran tan definidos y suaves como aparentaban.
Bueno, la cosa se anima entre esos dos, ¿no? Ya sabeis, dejad reviews por favor(aunque solo sea un "me gusta/lo odio")
Y una vez más pido disculpas por el retraso. Trataré de que no vuelva a ocurrir, pero ya sabéis que a veces la vida nos derrota. ¡Hasta la próxima!
