Bueno, he regresado. Siento el retraso, pero últimamente había estado más ocupado con mis fics en inglés y con uno de zombis, además de echar una mano a una amiga con un flamer. Llega el sexto capítulo, espero que os guste.
Muchas gracias a todos los lectores. Muchísimas gracias a todos los que dejáis reviews. Y gracias especialmente a Kmy42, GrissiZero22, Rina Uchiha y Jessica Winchester, ya sabéis por que ;3.
Aviso: No poseo el Final Fantasy VII ni ninguno de sus personajes o derivados.
Aerith no lograba despegar sus ojos del nuevo miembro del grupo. Ofrecía una estampa magnífica, montado en un chocobo de color negro. El aura de misterio y peligro que le rodeaba resultaba casi palpable. Lo más inquietante para Aerith era que él no dejaba de contemplarla.
Se sentia como si alguien estuviera escudriñando su alma, casi. Hubiera resultado insoportable de no ser porque dicha contemplación no la abarcaba sólo a ella. Aunque en menor grado, también iba dirigida hacia los otros dos miembros del grupo, en especial a Zack. Este estaba burlándose de Harlan debido a su escaso dominio del chocobo que le había tocado. Harlan no se dignaba a responder más que con algún que otro gruñido. Sin embargo Aerith veía relumbrar una pequeña chispa en su ojo y comprendió que las incesantes burlas de Zack, más de las habituales, y el supuesto malhumor de Harlan no eran más que una manera de sobrellevar el constante escrutinio del jinete del chocobo negro.
Puede que Vincent Valentine fuera uno de los Héroes de Meteorito, pero no causaba ni de lejos la misma impresión que Nanaki.
Vincent no lograba salir de su asombro. La muchacha era exactamente igual que su vieja amiga. No sólo en el aspecto físico, lo cual ya sería sorprendente de por sí, sino también en el aura que irradiaba. Mientras estaba absorto en sus cavilaciones oyó el ruido de un vehículo. Advirtió que Zack también lo había oido. Ambos se miraron un momento y Vincent señalo un pequeño bosquecillo a un quilómetro hacia el norte. Zack asintió y transmitió la decisión a los otros dos. Los cuatro chocobos salieron disparados hacia la cobertura. Al llegar allí se adentraron varios metros en la espesura, desmontaron y Zack empezó a alimentar a las aves con el fin de mantenerlas en silencio. Los demás esperaban agazapados entre los arbustos. De repente un transporte de tropas Cetra apareció en la distancia. El camión descubierto avanzaba a una velocidad suficientemente lenta para inspeccionar el terreno, aunque no lo demasiado como para reparar en el rastro que podian dejar los cuatro chocobos.
-Una patrulla rutinaria. -Oyó que decía Zack.
Vincent contó a los enemigos. Diez soldados en la caja. Dos más en la cabina. Sus demonios interiores aullaban. Tras más de trescientos años de retiro casi deseaba ceder. El enemigo no tendría ni una opción. Pero mientras desenfundaba a Cerberus el consejo que Red les había dado a su partida de Cañon Cosmo regresó a su mente.
-Recordadlo, oponeros a los Cetras no significa luchar contra ellos a la mínima provocación. Usad la cabeza. Vuestro objetivo debe ser averiguar la verdad sobre esos rumores de extracción. Por favor, evitad riesgos innecesarios.
Vincent vió que Harlan también empuñaba su hacha pistola. Un arma ingeniosa en su opinión. Aunque él no necesitaba nada semejante para defenderse en un combate cuerpo a cuerpo. Miró su garra. La maldita locura de Hojo se había encargado de ello. La locura de Hojo y los remordimientos de Lucrecia. Sacudió la cabeza. No era momento de recordar el pasado, ni de derramar sangre. Un combate ahora sólo les expondría antes que pudieran averiguar nada útil. Levantó la mano, indicando a Harlan que bajara su arma. Mientras el camión se alejaba Vincent notó como las presencias de su interior iban retrayéndose. Tras ver desaparecer el vehículo miró a Zack.
-Esperaremos cinco minutos más. -Vincent asintió. El joven sabía más que él acerca del comportamiento de sus enemigos. Al cabo de los cinco minutos, y mientras se preparaban para volver a ponerse en marcha, Zack se detuvo y se arrodilló al pie de un arbol. Vincent vio cómo removía la tierra, cogía un puñado y se lo llevaba hasta la nariz. Tras oler la tierra frunció el ceño.
-Bandidos. Tendremos que ir con cuidado.
-¿Bandidos? -Preguntó Aerith. Al parecer Vincent no era el único que había advertido una corriente de animosidad en la voz del joven.
-Psí... Suelen viajar en grupos. No són más que escoria, pero pueden suponer algún problema.
-¿Por qué? -Vincent no pudo evitar mostrar un leve atisbo de sonrisa. Esta Aerith era tan curiosa como la anterior. Vincent había llegado a la conclusión que a pesar de ser una persona distinta y diferente, la joven era, sin dudarlo, dipositaria de la eséncia de Aerith Gainsborough. Si Aerith Strife era tal cosa... ¿Qué sería Zack? Vincent tambien percibia algo extraño en él, y no se trataba sólo de los ojos brillantes. Entonces un pensamiento vino a su cabeza. Ojos brillantes... ojos de mako... ojos de SOLDADO. ¡Maldita sea! ¡¿Cómo no había reparado en ello?! Mientras Vincent cavilaba Zack respondía a la pregunta de Aerith.
-Són peligrosos. Deshauciados de los asentamientos con razón.
-¿Por qué? ¿Qué han hecho? ¿Quienes són?
-Delincuentes. Gente que por sus crimenes ha sido expulsada de los asentamientos. Ladrones, asesinos, violadores, gentuza de esa calaña... Suelen vigilar los caminos y asaltar grupos poco preparados. Si los nómadas tenemos mala fama sólo se debe a ellos.
-¿Tan malos són? -Zack encogió los hombros antes de responder.
-Supongo que algunos no eran mala gente, al principio. Sin embargo el hecho de tener que sobrevivir en solitario o verse obligados a agruparse con los que sí lo eran han provocado que perdieran casi cualquier atisbo de bondad que pudieran tener. Deberíamos irnos de aquí cuanto antes. Así habrá menos probabilidades de encontrarnos con ellos.
-Entonces, ¿Ya os habéis encargado de ello?
-Sí, señor. El traidor habló lo suficiente. Ya no volverá a hacerlo.
Aldous Strife-Lockhart no pudo evitar que una sonrisa arrogante asomara a sus labios. El rio volvía a su cauce y tan sólo quedaban algunos flecos por arreglar.
-Por curiosidad... ¿A quién dió la información? -Jorran Wallace levantó una ceja antes de responder.
-Le parecerá irónico. El receptor és Harlan Shinra.
-Ah, ya veo... Harlan Shinra, mercader y el último descendiente de esa maldita família. -Aldous no pudo sino soltar una ligera carcajada. -Irónico, sin duda. Bueno, Capitán. Ahora necesito que forme un equipo para cazar a esa alimaña y todo estará arreglado. -De pronto Aldous advirtió que Jorran parecía nervioso. Sonrió cálidamente intentando tranquilizar a su subordinado. -¿Ocurre algo, Capitán?
-Señor... Tenemos otros nombres. Alguien que dio la "orden" de filtrar la información. Alguien de alto rango.
Todo rastro de calidez abandonó la cara de Aldous. ¿Un traidor de alto rango? Eso era inesperado. Añadia más complicaciones a un asunto ya de por sí difícil de resolver. Una cosa era silenciar a un cerebrito de bajo rango al que nadie echaría en falta, y otra muy distinta era hacer desaparecer a alguien que posiblemente tuviera influencias o simpatizantes. Estaba el destierro, cierto, pero a diferencia de su prima, quien no sabía nada acerca de los secretos que ocultaban los jerarcas, los traidores sin duda tendrían acceso a información privilegiada. Era difícil pero ya se habian dado casos con anterioridad. Si lograban sobrevivir... No, el destierro no era viable. Se necesitaba una acción punitiva de inmediato. Y Jorran no era el hombre indicado.
-Capitán, transmita esos nombres, junto con la información pertinente, al General Wallace y mándemelo aquí. Después reuna un equipo para buscar a Harlan. Le quiero vivo, a poder ser. A él y a cualquiera que le acompañe, ¿Lo ha entendido, Capitán Wallace?
-¡Sí, señor!
Al cerrarse la puerta del despacho, Aldous se levantó para servirse una copa de coñac y esperar a que su más leal subordinado llegara.
Al cabo de diez minutos la puerta se abrió. Por ella entró una montaña de músculos, cuya piel morena parecía querer destriparse en la zona de los bíceps cada vez que los brazos se flexionaban. El General Marcel Wallace era la viva imagen de su antecesor, salvo por la cicatriz que le torcia la boca en una sonrisa cruel y un destello de malicia en sus ojos. Avanzó a grandes zancadas hacia el mueble bar y se sirvió un vaso de bourbon. La delicadeza del implante prostético del antebrazo izquierdo de Marcel nunca dejaba de sorprender a Aldous.
-¿Has leído la información que te ha pasado tu primo?
-Psí. Joseph Tuesti, descendiente de bla, bla, bla. Su esposa Sura, consejera de bla, bla, bla. Dos hijos, bla, bla, Nibelheim, bla, bla. -Marcel bebió el vaso de un trago antes de servirse otro. -¿Esos són los capullos que nos la han estado pegando?
-Eso parece. ¿Que solución sugieres, viejo amigo?
-El destierro está descartado, ¿No? -Aldous asintió. -Entonces debemos destacar a un escuadron de asalto y detenerlos cuanto antes. Juicio sumarísimo y ejecución. Luego podemos inventar cualquier excusa o incluso falsear pruebas y redondear los detalles.
-Mis pensamientos exactos, Marcel... Dime, ¿Hay alguien destacado en Nibelheim? -Marcel no logró ocultar una mueca de disgusto.
-Mi hermanito, Bill.
-Mal asunto... No tiene el estomago necesario para esto.
-¿Estomago? ¡Sería capaz de negarse a cumplir la orden! ¡Incluso de avisarles! Deberías echarlo del ejercito. Es un blando.
-No. El Teniente Wallace és un buen soldado. Su único defecto és anteponer la ética por encima de las órdenes. Creo que deberías ocuparte personalmente de ello.
-Por mí no hay problema, pero Bill podría enterarse y armar un escándalo.
-Entonces tendremos que asegurarnos que no está en Nibelheim, ¿No? Veamos... El supervisor de las instalaciones de Junon, ¿No había pedido la baja? -Aldous sonrió, mientras Marcel echaba a reir.
-Espero que a mi hermanito no le moleste la humedad... -Contestó Marcel entre carcajadas.
Aerith se levantó y empezó a regresar al campamento. Se juró a si misma no volver a beber tanta agua.
Mientras alargaba la mano para coger su vara sintió como unos brazos la tapaban la boca y la retenían por la cintura. Antes que pudiera reaccionar se encontró apretada contra un arbol. Sus ojos se abrieron al oír una risita desconocida y notar que la mano que apresaba su cintura se desplazaba hacia abajo, entre sus muslos. Comprendió lo que iba a sucederle si no hacía algo. Aerith empezó a forcejear desesperadamente, moviendo los brazos frenéticamente y pataleando. Pero el desconocido era muy fuerte y la muchacha no lograba desacirse de la presa. El miedo hacía que su corazón latiera desbocado y las lágrimas amenazaron con acudir a sus ojos cuando la mano del asaltante alcanzó su objetivo. Aterrorizada, mordió la mano que la tapaba la boca por puro instinto. El hombre solto un quejido ahogado y aflojó la presa sobre Aerith, quien aprovechó para empujar al asaltante hacia atrás al tiempo que le soltaba una patada en la entrepierna. El hombre, dejando escapar un grito de dolor, la soltó completamente y se sujetó la parte dañada. Aerith, temblando y furiosa agarró la vara. Sin pensarlo dió media vuelta y descargó el extremo del arma contra la cabeza de su agresor, con toda la fuerza que fue capaz de reunir. A oidos de Aerith el sonido del cráneo al partirse resultó enfermizo. El hombre cayó al suelo, inconsciente. Muerto, si Aerith debía hacer caso al charco de sangre que empezaba a extenderse.
Durante lo que la pareció una eternidad se quedó absorta, mirando la sangre. De repente, sus rodillas flaquearon y la muchacha tuvo que sentarse en el suelo. Entre profundas respiraciones, mientras múltiples pensamientos acudían a su cabeza, Aerith intentó comprender lo que había sucedido. Advirtió que su cuerpo empezaba a temblar, como sucedió camino de Cañón Cosmo, y deseó que Zack estuviera allí para confortarla. De pronto oyó una conmoción en el bosque, el ruido venía en la dirección opuesta a la hoguera donde acampaban. Un escalofrío recorrió su espalda mientras, asustada se levantaba de un salto y echaba a correr hacia sus compañeros. A pesar de hallarse a poco más de veinte metros de ellos, el trayecto se le hizo interminable. Las ramas golpeaban sus brazos y cara mientras corría. Su corazón, que aún no se abía recuperado del susto, latía con tanta fuerza que amenazaba con dejarla sorda. Tan pronto como alcanzó el campamento se echó en brazos de Zack mientras intentaba hablar y explicarle lo sucedido.
-¡Zack! Él... Intentó... Yo... Él...
-¡Eh! ¡Aerith! Calmate, cielo. ¿Qué ha ocurrido?- Aerith vió que los ojos de Zack reflejaban su preocupación.
-Él, me agarró por detrás. Iba a...
No pudo acabar la frase. Súbitamente se oyeron gritos desde el bosque. Harlan y Vincent miraron hacia la espesura. Aerith, instintivamente se situó detrás de Zack, agarrando con fuerza su arma. Los demás se pusieron en guardia y desenfundaron las armas al oír unas voces.
-¡Está muerto, jefe!
-¡Allí hay luz!
-¿¡A qué esperáis!? ¡Disparad, hatajo de inútiles!
Las balas empezaron a silbar alrededor suyo. Zack la cogió en brazos y se lanzó al suelo, mientras Harlan y Vincent se arrodillaban e intentaban disparar a sus enemigos.
-¡Deprisa! ¡Cubríos tras esas rocas!- Aerith y Harlan siguieron las instrucciones de Zack y los tres se protegieron de los disparos detrás de un afloramiento rocoso cercano a donde habían acampado.
-¡Zack! ¿Quénes són?
-¡Bandidos, Aerith! ¡La chusma de la que te hablé!
Harlan seguía intentando devolver los disparos y Zack calcular a cuántos se enfrentaban cuando Aerith se dió cuenta que faltaba alguien.
-¿Donde está Vincent?
De repente oyeron a Vincent soltar un alarido. Alarmados, miraron en dirección al tirador y vieron que este se doblaba sobre sí mismo, como si le hubieran herido. La sorpresa y el temor de ver caer a uno de los legendarios Héroes de Meteorito se adueñaron de ellos. Pero antes que pudieran siquiera gritar, el alarido de Vincent se tornó en un rugido bestial, un aullido grave, incesante, más allá del alcance humano. Los tres contemplaron atónitos cómo el cuerpo del viejo héroe empezaba a emitir un resplandor violáceo. Un aura negra rodeó su cuerpo y en un destello el alto y fibrado cuerpo de Vincent había sido reemplazado por una enorme bestia. Parecía un monstruoso perro, erguido sobre las patas traseras, con una crin blanca, la piel azulada y unos feroces ojos amarillos. El cuerpo estaba recubierto por líneas blancas y negras y la criatura lucía un taparrabos rojo. Mientras gritos de terror procedentes de los bandidos se oían, el ser flexionó las garras y se abalanzó hacia la línea de árboles.
Aerith, Zack y Harlan se quedaron boquiabiertos, oyendo el espantoso ruido de la carnicería que tenía lugar más allá de la roca donde se encontraban. Los disparos se fueron reduciendo, siendo reemplazados por tremendos rugidos hasta cesar ambos por completo. Mientras esperaban de pie, demasiado sorprendidos para reaccionar, la criatura regresó a grandes zancadas. Al llegar a poca distancia de ellos se detuvo y olfateó sonoramente. Entonces vieron a un bandido, corriendo hacia fuera del bosque. El ser se dió la vuelta y extendió el brazo. Una bola de fuego apareció en la zarpa y salió disparada hacia el hombre, que fue alcanzado. Mientras los gritos del último bandido se iban apagando a medida que el fuego iba chamuscando su carne, la criatura les miró fijamente, causandoles un escalofrio. Entonces, tan repentinamente como había aparecido el brillo regresó y tuvieron que cerrar los ojos para que no les deslumbrara. Cuando volvieron a abrirlos era Vincent quien se hallaba ante ellos. Durante unos momentos nadie articuló una palabra, hasta que Aerith vió una herida de bala en el hombro del tirador.
-¡Vincent! ¡Estás herido!
Por toda respuesta este se limitó a encogerse de hombros.
-No te preocupes, se curará sola.
Pero Aerith ya no lo veía. Su mirada se perdió en uno de esos recuerdos ajenos, un recuerdo de Aerith Gainsborough...
El monstruo había caído. Mientras los demás recuperaban el aliento, Aerith avanzó hacia la otra chica.
-¿Estás bien, Tifa?
-No te preocupes, Aerith. Sólo és un rasguño.
Aerith no se creyó la excusa y a pesar de la oposición de Tifa aparto las manos de la camarera de su própio estomago. Eso la alarmó. Tifa era mucho más fuerte que ella y si había logrado apartarle las manos la otra mujer debía estar muy débil. Los ojos de la Cetra se abrieron como platos al ver un feo corte en el abdomen de Tifa, sangraba con lentitud aunque copiosamente.
-¡Tifa!
Mientras los otros se volvían hacia las dos amigas, Aerith cerró los ojos y juntó las manos, llamando a la energía que se ocultaba en su interior. Mientras murmuraba una salmodia una cálida sensación de fescor se adueñó de ella. Aerith envió la sensación hacia el exterior de su cuerpo, especialmente hacia el estomago de Tifa. Al volver a abrir los ojos la herida estaba cerrada y apenas si quedaba una cicatriz. Sonrió.
-Ahora sí que sólo és un rasguño.
Aerith volvió a la realidad y se fijó en la herida de Vincent. Sin hacer caso de las miradas preocupadas que la dirigían Zack y los demás, tomó el hombro de Vincent en sus manos, cerró los ojos y empezó a murmurar. Las palabras no pertenecían a ningun lenguaje que ella conociera y sin embargo acudían a su boca como si las hubiera conocido desde pequeña. La sensación de calidez refrescante apareció y al igual que había hecho su 'antecesora' la envió hacia la herida. Al abrir los ojos advirtió que la herida del pistolero se había cerrado.
Habían decidido trasladar el campamento para evitar que los carroñeros fueran a merodear por los alrededores. La tensión y las preguntas se agolpaban en torno a la cabeza de Zack hasta que no pudo más.
-Muy bien. ¿Alguien puede decirme qué ha ocurrido allí atrás?
Silencio.
-¿Vincent?
-La Bestia Galian.
-¿¡Y qué significa eso!?
-Hace mucho tiempo... El hombre más despreciable que podáis imaginar me sometió a terribles experimentos. Entre otras cosas me dio la "habilidad" de transformarme en Galian.
Aerith frunció el ceño. Parecía intrigada.
-¿Porque hablas de ello cómo si fuera un ser independiente?
Silencio otra vez.
-¿Vincent?
-En cierto modo lo és.
Vincent se quedó callado después de eso. Viendo que el viejo héroe no iba a decir nada más, Zack dirigió su atención hacia Aerith.
Sospechaba lo que había estado a punto de sucederle a la mujer. Los balbuceos de la propia Aerith al lanzarse a sus brazos eran suficiente para adivinarlo. Zack no pudo sino sentirse aliviado. Odiaba que se abusara de las mujeres, pero el sólo hecho de pensar que algo así le hubiera podido ocurrir a Aerith le hacía hervir la sangre. Y luego estaba el hecho de que ella había curado la herida de Vincent. Sin vendajes ni nada. Tan sólo había cerrado los ojos y había sido rodeada por una luz verde, acompañada de una brisa que calmó sus ánimos y le hizo cerrar los ojos, recordando buenos momentos. Al volver a abrirlos contempló como, inexplicablemente, la herida del pistolero se había desvanecido. Aún lo tenía enormemente preocupado.
Según Nanaki, Aerith era una espécie de heredera de una heroína del pasado. Aerith Gainsborough se había convertido en heroína al sacrificar su própia vida para salvar al planeta. El mero hecho de que algo semejante estuviera aguardando a Aerith Strife lo tenía de los nervios.
-Aerith, ¿Qué era eso que hiciste antes, cuando curaste la herida de Vincent? -Aerith lo miró y se mordió el labio inferior, como si no supiera cómo explicarse.
-Usé algo... Llámalo poder Cetra o lo que quieras, pero al ver la herida recordé algo... Bueno, mejor digamos que me vino otro de los recuerdos de Aerith.
-¿Qué clase de recuerdo?
-Uno donde Aerith curaba a otra mujer después de un combate. Aerith usaba esa especie de brisa y la luz ¿Había una luz, verdad? -Zack asintió- Lo usaba para curar. Creo que ella lo llamaba "Viento Sanador".
-¿Qué mujer? -Vincent se sumó a la conversa. Zack vió que Aerith no comprendía. Vincent insistió- La mujer a la que Aerith Gainsborough curó... ¿Cómo se llamaba?
-Tifa. -El héroe asintió.
-Tifa Lockhart. La amada de Cloud Strife. La mejor amiga de Aerith Gainsborough. Una mujer admirable...
Mientras Harlan se sumaba a la conversa, Zack, que había elegido la última guardia, se echó para dormir. Se fijó en los pensativos ojos verdes de Aerith una última vez, recordando la suave brisa y los recuerdos que le inspiró... Los momenos más plácidos y alegres de su vida: su padre, contándole las leyendas del Gran Héroe Strife antes de acostarle; aquella vez que junto a su mejor amigo se habían quedado dormidos mientras esperaban para hacer una de sus travesuras; la primera vez que contempló la luna abrazado a su amor, inspirando el aroma de su rubio cabello; cada vez que se perdía en sus hermosos ojos de color miel; cuando recuperaba fuerzas abrazado a ella, ambos desnudos y sudados... Camille...
Cerró los ojos. En sueños se vió a si mismo, abrazando a su joven amada, besándola, acariciando su espalda a través del vestido blanco que llevaba y jugeteando con su larga y espesa cabellera. Siempre el mismo sueño durante años. Y siempre, al terminar el beso, Camille se desvanecía entre sus brazos. Sin embargo esta vez fue distinto. Al terminar el beso ya no estaba abrazado a la adolescente que fue Camille, sino a una mujer. La mujer en sus brazos, a la que tan tiernamente había besado, tenía el cabello castaño, los ojos verdes e iba vestida de rosa. Aerith. Y al igual que Camille, también ella se desvaneció.
Abrió los ojos, despertándose asustado.
Marcel supervisaba el despliegue del escuadrón. Hombres de confianza, traídos directamente desde Kalm. Sonrió al recordar la cara de su hermano pequeño. Bill no se había mostrado demasiado contento cuando le mostró las órdenes de traslado. Volvió sus pensamientos a la operación que tenía entre manos. La mansión estaba aislada del pueblo viejo, eso le venía de fábula, menores posibilidades de testigos, más espacio para maniobrar...
Los veinte hombres bajo su mando se dividieron en dos grupos, cinco prepararon los lanzagranadas mientas el resto avanzaba y ocupaba sus posiciones en los puntos de acceso. Marcel y dos hombres se quedaron un poco rezagados, con línea de visión suficiente para intervenir en caso de que alguien saltara por la segunda planta e intentara huír.
Empezó la cuenta atrás. Pronto los traidores recibirían su merecido.
Bueeno... Ya conoceis la cantinela, ¿No? Gracias por leer. Por favor, dejad reviews...
¡Oh! Y montones de gracias a LadyTeefStrife. Tenía algunos problemas para visualizar a Camille y ella me ha ayudado mucho. (Si sabeis inglés leed su "Normal Life in Nibelheim"-y dejadle reviews, que se los merece- és buenísimo)
