Ya al pasar una semana después del incidente en su casa, Marceline se sentía segura en el Dulce Reino, hasta saludaba alegremente a los mismos ciudadanos que antes le temían y se apartaban de ella cuando la veían por los pasillos del Palacio. Sin lugar a dudas quería gobernar este Reino junto a su novia y le parecía cada vez más algo similar a un Paraíso, todo lo contrario a la horrible Nocheósfera.
- Bonnie amorcito, te puedo preguntar algo? - dijo Marceline peinando su oscuro cabello.
- Claro que si, dime. - afirmó la princesa mientras hacía la cama.
- Te importa si me mudo contigo? Te pregunto porque quizás n... - intentó explicar Marceline pero la chica corrió hacia ella y la abrazó con ternura.
- Por supuesto que si, mi hermosa Reina. Nada me gustaría más que eso. - dijo besando a la vampira. - Quieres que te ayude a traer las cosas, cariño? - preguntó la princesa mirándola directo a los ojos.
- No, no te preocupes. Tardaré uno o dos días en trasladar todo. - respondió la Reina.
Bubblegum no se lo podía creer: primero la vampira no se despegaba de ella, luego la indirecta de la propuesta de matrimonio, el hecho de que estuviese tratando bien a los habitantes del Reino y ahora esto? Estaba impaciente por ver que más vendría.
- Crees que tu papá estará de acuerdo con esto? - dudó un poco Bonnibel.
- No lo creo, pero no me interesa lo que piensa. Nunca le he importado de todas maneras. - replicó Marceline acordándose de Hunson y el incidente en las ruinas del restaurante.
- No pienses eso, sabes que él no demuestra mucho sus sentimientos, pero estoy segura que si te quiere. - dijo su novia mientras le acariciaba la mejilla.
- Espero que tengas razón. - dijo la vampiresa pensativa.
Marceline pretendía quedarse eternamente con Princess Bubblegum, aun así si debía convertirla en vampiro para lograr dicho sueño. Quizás al estar con Flame Princess se dio cuenta de que en verdad quería a Bonnibel y la relación con la otra chica había sido algo pasajero. Después de todo siempre pensó que aquella relación que se torna rutinaria y aburrida se llamaba matrimonio. Se había acostumbrado a la constante presencia de su novia, a ayudarla con sus experimentos, a escucharla con el corazón e intentar aprender de ella. Era hora de asentar cabeza y tomar una importante decisión, cuando sería? Ni ella misma lo sabía.

Flame Princess y Finn estuvieron esperando 3 días seguidos fuera de la casa de Marceline, pero esta no llegaba.
- Qué raro, se supone que esto no es normal. Siempre está en casa. - dijo la princesita.
- Quizás está con Bubblegum. - habló el héroe.
- Dudo que funcione, Finn. - declaró FP.
- Tranquila, la conozco muy bien. - dijo Finn sacando cosas de su mochila.
- Siempre me aterró este lugar! - confesó FP sintiendo escalofríos mientras miraba la lúgubre caverna.
- Ya llegará, no puede dejar a Schwabble sin comida. - dijo Finn preocupado por el perro que miraba tristemente por la ventana.
- Pero si está muerto...se supone que los muertos no comen o si? - preguntó FP.
- Shhh, ahí viene! - dijo Finn que se escondió con Flame Princess detrás de la casa.
Marceline entró volando a la cueva y se dirigía a la casa para empezar a sacar sus cosas, sacó las llaves y vio a Flame Princess en una esquina saludando alegremente. Finn por su parte estaba aguardando en el techo de la casa.
- Hey, que haces aquí? No deberías estar rogándole a tu estúpido noviecito que vuelva contigo? - preguntó cruelmente la demoníaca vampira.
- Yo? No, solo venía a visitarte y disculparme por lo tonta que fui la otra vez. - respondió la chica.
- Disculparte? De qué manera si es que se puede saber? - preguntó la vampiresa con mucho interés. - Creo que vienes por algo más, Flamita. - dijo.
- No lo sé, tú que crees? - dijo Flame Princess acercándosele.
- Sería interesante reconciliarse. - manifestó Marceline riendo.
- Lo mismo pienso yo. - confesó toda coqueta la princesa.
- Sabía que volverías a mí, Llamita ardiente. - dijo la Reina besando a la chica mientras se quemaba los labios.
- FINN! Ahora! - gritó Flame Princess mientras empujaba a Marceline.
- Qué demon...? - intentó preguntar la vampiresa mientras le cayó una enorme red encima que Finn lanzó con precisión.
- Creen que una simple red puede detenerme? Pero que niños son! - exclamó Marceline mientras se convertía en un horrible monstruo con tentáculos y rompía la red.
- Y ahora qué? - le gritó la princesa a Finn.
- No lo sé, se supone que en las películas siempre funciona...CORRE! - gritó Finn, pero fue alcanzado por la vampiresa que lo sujetó con uno de sus tentáculos. Flame Princess preocupada por lo que le pudiese hacer a Finn terminó por quemar a la vampira con sus llamaradas. Ésta rugió de dolor y lanzó al chico por los aires ,que se golpeó contra el techo pero pudo sostenerse de una roca que sobresalía.
- Finn, la luz! - gritó Flame Princess.
El chico sacó su espada e hizo un hoyo muy grande en el techo de la cueva provocando que los rayos del sol se asomaran por el agujero con dirección a la vampiresa. La Reina gritando se dolor volvió a su forma normal y comenzaba a quemarse, hasta que Finn la cubrió con una manta sacándola del peligro.
- Está muerta? - preguntó la princesa al ver que la Reina no despertaba.
- No, sigue respirando, solo está inconsciente. - dijo Finn mientras la recostaba en el sillón de la sala.
- Crees que nos matará cuando despierte? - preguntó tiritando de miedo FP, que conocía lo violenta y cruel que podía ser la vampira.
- No lo creo, está muy débil para atacarnos. - dijo el chico mirando fijamente a la vampira por si llegase a despertar.
- Estas seguro? Y si se está haciendo la dormida? Con Marceline nunca se sabe. - dijo tímidamente FP. Para haber salido poco tiempo con la vampiresa, daba la impresión de que Flame Princess conociera demasiado bien a Marceline y eso le extrañó un poco a Finn, así que se limitó a decir:
- Ya despertará, por ahora hay que dejarla descansar.
- Deberíamos lanzarle agua, pero podría derretirse. - dijo inocentemente la princesa.
- Qué? Por qué tendría que derretirse? - preguntó Finn muy asombrado.
- Sale en muchos libros que los vampiros se derriten con agua. - dijo Flame Princess.
- Los vampiros no, son las brujas o al menos eso dicen. - respondió Finn a punto de estallar de la risa por el comentario.
- Si, bueno son similares, no? - explicó la princesa de fuego que se sentía un poco tonta por la ignorancia.
- No lo sé, tú eres la experta en vampiros, sabes perfectamente la diferencia. - dijo Finn burlón
- Vas a empezar con eso otra vez? - preguntó la chica enfadada.
- Mmmm, mejor voy a hacer guardia afuera por si alguien viene. - se alejó de ella. - Avísame si se despierta, princesa. - dijo el héroe mientras salía de la casa. Flame Princess se sentía muy mal por haber engañado a Marceline para que cayera en la trampa que ambos planearon para la vampiresa. Odiaba jugar con los sentimientos de las personas, pero no era eso lo que Marceline había hecho con ella? Flame Princess también había hecho lo mismo con los sentimientos de Finn y pareciera que la verdadera victoriosa de todo este lío era la vampiresa, que fue la única que no perdió su relación anterior. Después de todo Marceline siempre ganaba, de una forma u otra.
- Por qué tienen que ser las cosas tan complicadas? - preguntó la princesa a Marceline que seguía en el sillón sin despertar.
Se sentó a su lado y miró muy detenidamente. Aún le gustaba y mucho, pero no podía seguir con esto, menos ahora que Finn y ella estaban haciendo las paces. Todos saben lo mucho que le gustan a Marceline las relaciones pasajeras. Flame Princess estaba convencida de que todo había sido un excitante desafío para la vampira y habría creado una burbuja de perfección donde solo había lugar para ambas. No era justo, pero desde cuando la vida había sido justa con ella? Su papá la había encerrado desde pequeña y nunca había visto el exterior. No tenía muchos amigos y los que tenía los acaba de perder por culpa de su aventura amorosa.
- No todo lo bueno dura para siempre. - pensó la joven mientras fue interrumpida por la vampiresa que comenzaba a murmurar algo.