Ya era noche cerrada cuándo salí de la habitación de Marian y pude ducharme y acostarme. Pero no pude dormir. Encendí el televisor de pared que había en mi cuarto y comenzé a ver las otras cosechas.
Los tributos del distrito 1 eran hermanos y se presentaron voluntarios. De aspecto feroz, debían tener la misma edad.
El chico del 2 era muy pequeño, aunque se habia presentado voluntario.
La chica era mucho mas alta que él y tenía cara de asesina.
El chico del 3 era pequeño y le faltaba un brazo. Seguramente morirá el primer día.
La chica era muy parecida a Marian y subió llorando cuando la llamaron.
Los del 4 medían más de 1.90m y ambos eran el doble de anchos que yo.
El chico del 5 era hijo de dos antiguos ganadores de los juegos, aunque parecía un enclenque.
La chica debía de tener 12 años, y subió con mucho miedo.
Luego apareció la cosecha de Marian, e inmediatamente después, sin explicaciones, ocupó la pantalla la chica del 7.
Debía tener 12 años porque la gente comenzó a gritar, y tuvieron que disparar al aire para callarlos.
El chico era alto y tenía cara de inteligente, aunque no parecía tener mucha fuerza.
De los del 8 y los del 9 no hay nada que decir, sólo que seguramente serían de los primeros en morir.
La chica del 10 era alta y robusta, no sería una presa facil.
El chico era bajo, pero parecía tener una agilidad considerable.
Los del 11 no tenían ninguna oportunidad y los del 12, bueno, solo puedo decir que eran muy atractivos.
Entonces suena el himno de Panem y se corta la transmisión.
Me quedo acostado, reflexionando sobre lo que acabo de ver, pensando cuáles son los tributos por los que tendría que preocuparme en unos pocos días, y por cuáles no.
Luego, apenas iluminado por el blanquecino resplandor del televisor, busco a tientas el botón de la luz. Cuándo lo encuentro lo presiono, y una brillante luz me enceguece. Cierro los ojos por reflejo, y al mirar por la ventana noto a lo lejos un resplandor anaranjado apenas visible, que cada vez se hace más y más intenso...
¡EL CAPITOLIO!
