Despierto a Marian en el momento que pasamos el cartel que reza: "Bienvenidos al Capitolio".
De pronto comenzamos a observar las edificaciones más extrañas que uno pueda imaginar. Entonces vemos siluetas borrosas de gente, que al igual que Erk y Laka, visten ropa extravagante y colores en la piel y pelo diferentes a cualquiera que haya visto en mi vida.
Y, de repente, nuestro tren se ve arrojado al corazón de un edificio idéntico al Edificio de Justicia en el exterior, pero infinitamente más lujoso en su interior.
Cuando frenamos, media docena de agentes de paz nos escoltaron hacia nuestros dormitorios, donde dormiríamos mientras nos entrenamos para los Juegos. Una vez allí, mientras me desvestía para ducharme, se encendió automáticamente el televisor y apareció un anuncio del presidente Snow informando que tendremos cuatro días para entrenarnos y alimentarnos, y que luego serían los Juegos.
Tomé esta noticia con calma. Me duché, apretando todos los botones de la pared, con lo que sólo logré salir del baño quemado y con olor a lavanda. Me entretuve un tiempo eligiendo mi ropa y luego fui a reunirme con mi mentor. Estaba sentado en una mesa rectangular, junto con Marian y mis estilistas. Ellos estaban ahí para hablarnos sobre las entrevistas y los entrenamientos.
Apenas me senté a la mesa llegaron cinco avox trayendo bandejas con las comidas más exquisitas que me haya podido imaginar. Opté por un ala de pollo rellena con verduras y bañado en una salsa de setas silvestres y me dispuse a comer.
Comimos en silencio, y en cuanto nos retiraron las sobras, nos centramos en el tema de la reunión.
- ¿Quieren entrenarse juntos o por separado? - Nos preguntó Matt, pues ese es el nombre de nuestro mentor.
- ¡Juntos! - Ésa es nuestra repuesta. No lo dudamos ni por un segundo
- Muy bien. El día de mañana será muy largo. Van a estar cuatro horas conmigo para preparar lo que dirán en la entrevista, y cuatro horas con Trace, que los vestirá y enseñará que hacer cuándo estén al aire. Luego se ducharán y tendrán una hora con sus estilistas, que los terminarán de vestir y arreglar. Ahora vayan a descansar.
Y sin decir ni una palabra más nos levantamos y nos dirigimos a nuestras habitaciones, y al igual que en el tren Marian me pide que me quede con ella. Nos quedamos hablando en su cuarto sobre nuestra antigua vida en el distrito, sobre nuestra escuela y amigos. Luego comenzamos a pensar que pasará en la Arena, si nos matarán el primer día o si tendremos alguna oportunidad. Entonces noto que ésto afecta muchísimo a Marian y me veo obligado a cambiar de tema.
En ese momento entra nuestro mentor y me insiste en que me vaya a dormir, así que saludo a Marian y salgo de su habitación.
Al llegar a mi pieza, y ponerme el blanco y sedoso pijama que me dejo la gente del Capitolio, caigo inmediatamente en una horrible pesadilla.
En ella me veo perseguido por dos gigantes que portan hachas de aspecto mortífero, yo corro, pero ellos son más veloces, y luego mi espalda choca contra una pared. De pronto me doy cuenta de que estoy en un callejón sin salida, y cuándo estoy por ser aplastado por sus armas pegué un grito y... me desperté.
Todavía era de noche. Me estiré y apreté el botón que había junto a mi cama para pedir una bebida. Elegí un jugo de frutas, y unos segundos más tarde apareció a través de una abertura en la pared una copa de cristal rellena con dicha bebida.
Entonces lo bebí y devolví la copa vacía. Acomodé las sabanas y esta vez me dormí, pero no soñé.
