Despierto nuevamente en una cama blanca, y creo hallarme en el hospital de mi distrito. De pronto veo de espaldas a mi una señora de cabellos oscuros:

- ¡Madre! - exclamo.

- ¿A quien llamas madre, muchachito? - me responde la enfermera, riéndose.

- Oh, disculpe..

Me giro y veo que estoy en una sala grande con varias camas idénticas a la mia, aunque todas absolutamente vacías.

Entonces se acerca la mujer y me coloca un paño frio y húmedo en mi frente. Siento un dolor agudo, y me viene a la mente la imagen del chico del distrito 8

- Idiota - murmuro entre dientes.

- No te preocupes por eso - me dice la enfermera - Para mañana estarás completamente curado y listo para los entrenamientos. Ahora dormirás y cuando despiertes estarás en tu habitación. ¿Está bien… hijo?

Asiento, con una sonrisa en la cara y cierro los ojos. Y entonces me sumerjo en el lago negro y profundo de los sueños.

Cuándo me despierto lo primero que veo es el enorme plato de cerdo con ciruelas a un lado de mi cama, y encuentro a mi mentor, Matt, del otro lado.

- Come tranquilo - me dice - Tenemos mucho tiempo para hablar y pocas cosas para decir. Hoy empiezan los entrenamientos. Quiero que vayan con Marian juntos a todos lados. No se separen en ningún momento. Les recomiendo ir primero a los puestos para aprender a diferenciar las plantas venenosas de las que no lo son. Luego vayan a aprender a manejar un arma que no sepan, y después a hacer nudos. Eso es todo por hoy. Al mediodía bajen al subsuelo. Allí esta el campo de entrenamiento. Que les vaya bien.

Me saludó con la mano y salió de la habitación. Dejé la comida a medias y fui a ver a Marian, y me dijo que la espere. Cuando estuvo lista se reunió conmigo y bajamos juntos a donde nos entrenaremos. Cuándo llegamos solo estaban allí los tributos de los distritos 5, 9, 11 y 12, y el chico del 1. Esperamos a que lleguen los demás y cuando estuvimos todos nos explicaron que para los entrenamientos cada uno tendrá un campo de fuerza propio, para evitar conflictos. Luego comenzó el entrenamiento.

Nos dirigimos inmediatamente al puesto de frutas comestibles. El instructor era un hombre anciano y pelado, que tenía mucha paciencia y en una hora ya habíamos aprendido de memoria las cincuenta plantas mas comunes en los Juegos.

Luego fuimos al espacio de tiro con arco. Esto se le dio especialmente bien a Marian, aunque yo no pude acertarle a la diana. Caso contrario fue cuando fuimos a las lanzas. Esto se me dio tan bien como lanzar cuchillos. Y eso que lo practico desde hace años.

Entonces fuimos al puesto de nudos, y nos topamos con los tributos del distrito 4. Ellos eran una maravilla haciendo redes, por lo que el instructor no tenía mucho que enseñarles. En cambio, nosotros nos fuimos del entrenamiento totalmente satisfechos.

Cuándo nos reunimos con Matt, nos informó que había llegado a la conclusión de que quería que tengamos por lo menos dos o tres aliados en la Arena. Luego comimos y nos fuimos a dormir.

Los siguientes entrenamientos fueron muy parecidos al primero. Logramos conseguir tres aliados que nos parecían de confianza: el chico del distrito 7, y los dos del 10.

Habíamos progresado mucho lanzando armas, y también con la espada, y Marian había hecho lo propio con el arco. Logramos también mejorar haciendo nudos y en distinguir plantas venenosas.

Ahora venía la sesión privada, la prueba final, donde los Vigilantes califican a los tributos según lo que saben hacer, y les dan a los patrocinadores un punto de partida para comenzar a hacer las apuestas.

Nos reunimos en un gran salón oval donde cada 15 minutos llamarían a un tributo y lo pondrían a prueba.

Empiezan por el chico del distrito 1. Luego la chica. Y luego los demás. La sala se vacía escandalosamente rápido, y de un momento a otro llaman a la chica del distrito 5, y de repente escucho:

- Tributo del distrito 6, adelante por favor.