Paso a una sala donde hay decenas de Vigilantes. Veo que varios están comiendo y riéndose, otros están durmiendo, pero observo que algunos muestran cierto interés. Entonces suena un pitido y pongo manos a la obra. Corro hasta el puesto de cuchillos y los lanzo, con una puntería perfecta. Luego voy al puesto de hachas y tengo bastantes fallos, aunque igualmente no queda muñeco sin cortar. Luego me dirijo al lugar de las lanzas, y por suerte me va tan bien como con los cuchillos. Y entonces me dedico a separar frutos, y mientras lo hago suena el pitido que indica el final de la prueba. Digo un simple "chau", me voy a duchar y luego bajo a comer.

En el comedor ya se encuentran Matt y mis estilistas, aunque Marian todavía no regresó. Esperamos a que vuelva, y cuando llega nos dedicamos a comer. Matt nos pregunta cómo nos fue, y ambos respondemos que creemos que salió bastante bien, y encendemos el televisor. La imagen muestra al presidente Snow hablando sobre la guerra que dio lugar a Panem. Esto nos aburre muchísimo, ya que la hemos escuchado cientos de veces, y solo prestamos atención cuando suenan las trompetas y aparece la imagen del chico del distrito 1 con su puntuación abajo. Un diez. Las puntuaciones van numeradas de 1 a 12, donde 1 es terriblemente malo, y el 12 inalcanzablemente bueno. Por lo general, los tributos de los distritos 1, 2 y 4 sacan más de nueve, por lo que se los denomina "profesionales". Ésta vez no es la excepción.

Los tributos del distrito 3 se sacan sendos sietes, lo que me sorprende muchísimo. Después el tributo del distrito 5 se saca ocho, y la chica se saca seis.

Y luego veo mi cara.
Y mi puntaje.
Un diez.

Respiro aliviado. No esperaba sacarme esa nota. Ni siquiera un siete. Me felicitan y aparece la cara de Marian. Nueve.

- - Nos van a tener miedo - digo sonriendo.

- - No creas eso, sino que también los van a querer eliminar más rápido - responde Matt duramente.

Me quedo sin habla.
Por suerte aparece la imagen de nuestro aliado, el chico del distrito siete. Le dan un 8. Bien.
Luego su compañera, y los tributos del distrit tienen puntajes entre cinco y siete. Luego nuestro compañero del 10 consigue un seis, y la chica un nueve. Y para terminar los tributos de los últimos dos distritos se sacan menos de cuatro.

Luego Matt nos dice:

- - Pueden ir a dormir. Descansen bien, eso es muy importante. Mañana hablamos.

Nos saludamos y nos dirigimos a nuestra habitación. Acompaño a Marian hasta su cuarto y espero a que se acueste. Me quedo hasta que se duerme, y luego me dirijo hacia mi cuarto, y en cuanto apoyo la cabeza en la almohada, las pesadillas vuelven a torturarme.
Me encuentro flotando en una especie de lago gigante, y al observar a mí alrededor veo miles de grandes ojos observándome. Entonces algo llama mi atención. Una gran bestia parecida a un gusano gigante saca su cabeza de la negra superficie del agua, me mira, y abre su gigantesca boca plagada de millares de grandes y filosos dientes, dispuesto a desgarrar mi carne centímetro a centímetro. De repente veo que se hunde en el agua, y un momento después, antes de haber entendido sus movimientos, siento algo que tira de mi hacia el fondo del lago y oigo el fuerte despertador que indica que podría estar muerto en menos de un par de horas.

Me ducho, esperando que esta no sea la última vez que lo hago en mi vida y bajo a desayunar. Como voy a necesitar estar fuerte en los días que siguen, ingiero varios tipos de frutas, y tomo varios litros de agua, esperando que esto me sirva de reserva por si no puedo beber nada en la Arena. Entonces llega Marian y nuestro mentor nos habla:

- - Bueno, la estrategia. Apenas puedan júntense con sus aliados. Les recomiendo agarrar algo de la Cornucopia y escapar. Pero si están todos y deciden luchar, háganlo. Ábranse paso hasta llegar al cuerno, agarren agua, armas y algo donde transportar las cosas, y váyanse. No es necesario quedarse más tiempo. Busquen un lugar donde puedan estar seguros por si los profesionales los buscan de noche. Cacen algo y busquen un rio. Y si se cruzan con un grupo que sean la mitad que ustedes peleen. Nada más. Luchen. Sean fuertes.

- - Matt, ayúdanos cuando estemos… dentro - le dice Marian a nuestro mentor.

- - Lo haré.

Me quedo intentando comprender todo lo que nos dijo Matt. Él y Marian se abrazan con lágrimas en los ojos. Después me tocó mi turno, y también llore.

Después saludo a Marian, y le prometo, por si no nos llegamos a ver más, que si vuelvo cuidaré de su familia como si fuese mía. Ella hizo lo mismo y nos despedimos.
Yo me dirijo a una sala donde me lavo y visto con un fresco y apretado traje. Después veo un aerodeslizador estacionarse frente a mí, baja una escalera del aparato, y cuando me subo a ella, quedo paralizado.

- - No te muevas - me dice uno de los ocupantes del vehículo, y entonces siento un pinchazo agudo en mi brazo izquierdo. - Es un dispositivo de seguimiento, así te podremos encontrar mientras estés dentro.

Cuando terminó de decir esto pude moverme y subí a la nave. Me llevaron a una habitación donde estaba Trace y un tubo circular de vidrio donde puede entrar fácilmente una persona parada. Me introduje en él y Trace me dice, con una voz que denota tristeza:

- - Tu… amuleto no pasó la revisión. Dicen que lo puedes usar como arma.- dijo refiriéndose a la piedra de mi madre.

- - Bueno, no importa, quédatelo tú, me encantaría que lo tuvieras de recuerdo.

- - Solo hasta que regreses.

- - ¿Y si muero?

- - Volverás.

Se cierra el vidrio que me envuelve, y no oigo nada más. Entonces la plataforma en la que estoy parado comienza a elevarse hasta que sale a un espacio abierto. La luz me enceguece. Tapo el Sol con una mano e intento observar a mi alrededor. Frente a mí se encuentra un gran cuerno de oro repleto de objetos que me podrían ayudar a subsistir. Hace calor. Más allá de la Cornucopia veo dos imponentes montañas. A mi derecha un bosque de extraños árboles. Al otro lado un río.
Los tributos estamos ubicados en un círculo perfecto rodeando la Cornucopia. Veo a mi izquierda al chico del distrito 10, que me saluda con la cabeza. El sexto tributo a mi derecha es el chico del 7, pero no logro ver a la chica del 10, ni a Marian. Deben estar tras la Cornucopia.

Entonces escucho una voz. Una voz que vengo imaginando hace mucho, mucho tiempo, y que hace que se me ponga la piel de gallina. La voz de Caesar Flickerman, el relator, que exclama:

- - Señoras y señores, niños y niñas de todos los rincones de Panem, ¡Que comiencen los Cuadragésimo octavos Juegos del Hambre!