Sesenta segundos. Ése es el tiempo que tengo hasta que suene el cañonazo y tome una decisión con la que decidiré entre la vida y la muerte. Aunque lo terrible es que no se cual elección es la que me conducirá al destino fatal.

Deben faltar cincuenta segundos porque comienza a bajar el vidrio que me rodea. Veo que algunos tributos ya están dados vuelta, dispuestos a escapar. Pero también veo a los profesionales y algunos otros tributos haciendo lo contrario. Miro a mi izquierda y veo a mi aliado. Luego él se da vuelta hacia mí, y me hace una seña que me indica que él correrá hacia la Cornucopia, y que luego se va a juntar con nosotros y escapará. Le devuelvo la seña con los pulgares arriba, y luego miro hacia mi derecha, y noto que la chica del distrito 10 está dispuesta a salir corriendo. Entonces cuándo se da vuelta le pregunto con la mirada si ve a Marian y al chico del distrito 7 y me responde que sí, y me explica que van a escapar. Le digo que no con la cabeza y le explico por señas el plan. Ella lo entiende, se da vuelta y les transmite a los demás lo que yo le dije. Vuelve a mirarme y afirma con la cabeza. Se prepara para correr y yo hago lo mismo. No faltan más de diez segundos. Miro hacia la Cornucopia y fijo mi mirada en un hacha, y en una gran mochila marrón. Me ubico en posición de correr.

¡PUM!

Corro y llego primero que todos a la Cornucopia. Veo que atrás mío viene más de una docena de personas dispuestas a sobrevivir.
Tomo el hacha, me cuelgo la mochila en la espalda y veo a mi izquierda a un corpulento tributo luchando contra mi aliado. Entonces agarro de la Cornucopia un largo y filoso cuchillo y se lo lanzo al enemigo, y veo por un segundo la horrorosa visión del cuchillo atravesando la garganta del chico.

- - Gracias - Me dice mi aliado

- - Me debes una. Corre. Rápido.

Me sigue hasta el otro lado de la Cornucopia, donde la chica del distrito 1 lucha contra Marian. Chuck, pues ese es el nombre del chico del 10, toma un arco y un carcaj, y le clava una flecha en el corazón a la chica del 1, y se da vuelta, y le lanza otra flecha a otro tributo profesional, pero falla.

Entonces nos juntamos con el resto de nuestros aliados, y ya estando los cinco juntos matamos a dos tributos más, y aprovechando que los profesionales están distraídos luchando con un grupo pequeño de tributos, nos proveemos de agua, y nos alejamos corriendo en dirección al bosque.

Corremos durante más de dos horas, y en un momento se empiezan a escuchar los cañonazos que indican la muerte de los tributos. Cada cañonazo que oigo equivale a un tributo muerto. Cuento doce. Tenemos suerte de no haber muerto, ya que este año la batalla en la Cornucopia fue especialmente sangrienta. Los del Capitolio deben estar fascinados.

Seguimos caminando. El bosque parece no acabarse nunca. En un momento, cuándo apenas se ve brillar el Sol al oeste, hacemos una parada, y mientras los otros dos chicos montan guardia, nos dedicamos a hacer un inventario de lo que logramos conseguir en la Cornucopia. Tenemos agua embotellada suficiente como para más de dos días, y también barras de cereales, carne y frutas para ese lapso de tiempo.
Estamos bien armados. Marian y yo logramos conseguir dos hachas y tres cuchillos cada uno. El chico del 7, Mark, consiguió una pesada espada que yo no pude ni levantar, pero que él la maneja con destreza, y también consiguió un escudo. Chuck consiguió el arco y un carcaj con una veintena de flechas, y su compañera, Stella, una buena armadura, una lanza, y una maza que lleva colgada al cinturón.
También tenemos dos mochilas en las que llevamos las bebidas y los alimentos.

Una vez hecho esto, determinamos dormir en éste sitio. Nos repartimos las provisiones y Chuck nos enseña a hacernos una cama en los árboles, Entonces nos subimos cada uno a un árbol formando un círculo, dejando un espacio en el centro, y mientras Marian y Mark se acomodan, escuchamos el himno de Panem, y luego, en orden del distrito correspondiente, primero y chico y después la chica, aparece proyectado en una pantalla gigante en el cielo, la cara de los tributos muertos, y debajo del rostro el número de su distrito.

Veo aparecer a los dos profesionales que matamos: la chica del distrito 1 y el chico del 2. Después aparece el chico del 3, y los dos del 5, luego la chica del 7 (con lo que Mark deja escapar un gemido). Entonces vemos a los dos del 9, asesinados por nuestras manos, y luego a los del 11 y 12.
Nuevamente suena el himno, y luego no oímos nada más.

- - Nosotros haremos guardia - dice Chuck.

- - Yo también - contesta Marian duramente.

- - Está bien. Nos quedaremos nosotros dos. Descansa Stella.

Nos acomodamos cada uno en su árbol lo mejor posible y me quedo dormido al instante.
Y me despierto un tiempo después, sólo porque escucho un golpe seco, seguido de un grito desgarrador.