CAP3:

POV Renesmee

Estábamos montados en el coche, ya era oficial. Sí, había llegado la hora de separarme de mi familia. Y aunque se que no debería pensar esto, me alegro. Y sí, soy un mounstro por ello. Pero, ¿sinceramente? Esto es lo que hay, así de claro papá ¿me has escuchado? Se que sí aunque no hagas movimientos. Ja! Ahí están asomando tus comisuras apuntando arriba. Te veo por el retrovisor, parece mentira. Rodé los ojos y sonreí sin querer evitarlo.

Estoy emocionada. Siento un cosquilleo en mi estómago, entre un revoloteo de mariposas y ganas de vomitar. ¡Mierda papá!, no metas esos frenazos. Era una forma de hablar, no voy a potar.

- Bien hecho mamá. Que sepas que eso también va de mi parte.- Hablé en voz alta para dirigirme a mi madre. Le había dado un golpe seco a mi padre, en toooda la nuca. No puedo dejar de reír, se me saltan hasta las lágrimas.

Sabía que estaba haciendo lo correcto en irme. Mi vida no estaba teniendo ningún sentido y puede que allí, el lugar en el que nací, pudiese encontrarlo. Mi deseo era vivir, así de simple. Evidentemente todo esto tenía condiciones.

Mi nombre cambiaría, según mis padres había no-humanos que no querían que me encontrasen, supongo que se refieren a los Vulturis. Ellos ya nos habían ido a buscar allí una vez, y no querían correr ningún riesgo.

Vivir con mi abuelo también lo es, eso expuse yo cuando hablamos sobre el tema, pero no coló. Aunque estaban de acuerdo a que nadie debía saber que vivía allí. Otra mentira más. Alquilaron una casa a un nombre falso, mis padres supuestamente, y yo a ojos de los demás viviría allí.

Debería dirigirme allí cada día, y luego sin que nadie me vea irme a casa de mi abuelo. Debía mentir con respecto a mi relación con él. Respecto a todo. Según me iban diciendo esto me miraban expectantes a la espera de que me echase atrás. Eso jamás.

No creo que nadie me reconociese. Según mi familia, solo unos pocos viejos amigos me vieron cuando vivíamos allí y algo de tiempo después, pero que desde entonces yo ya no parecía la misma. Y con mi corte de pelo parte de mi dulzura había desaparecido. Se notaba el cambio de niña a mujer y eso era de las pocas diferencias con mi familia que me gustaba, el que mi cuerpo cambiase, el tener esa posibilidad de crecer. ¿Hasta cuando? Aún no lo sabemos, hace años que el cambio físico no se nota demasiado.

Ya estamos entrando a Forks. El revoloteo de unas alas en mi estómago cada vez es mayor.

Primero me van a enseñar donde viviré a ojos de los demás. Estaba a las afueras del pueblo. La casa más cercana era la de mi abuelo y a trote humano calculo que habrá unos 15 minutos. Tampoco era tan lejos, pero lo suficiente par-ALERTA, CORTE DE PENSAMIENTO. Lector de mentes cerca. Me recompuse. Pero una fiestecita de bienvenida no estaría mal. La casita era lo suficientemente grande como que vinieran unos cuantos, y podría poner unas luces colgando de los árboles que había en la entrada. Además, la casa estaba totalmente equipada, y había un equipo de música que estoy segura que sonará genial.

Mi madre empezó hablar sacándome de mis pensamientos.

- Bueno cariño, puedes venir aquí siempre que quieras, es un buen lugar para venir a pensar. Elegí yo que fuese en este mismo lugar porque me parece perfecto para ti. Por aquella dirección- Señalo con su dedo a la ventana.- Estaba nuestra casa. Y por este lado de aquí- Ahora se dirigió al lado opuesto.- Está la playa. La Push.- Se me estrujó el corazón solo con el nombre. Pues sí que eran grandes las ganas que tenía de ir a la playa, algo exagerada mi reacción.

Vi por el rabillo del ojo como mi padre reprimía una sonrisa. No se que tan gracioso era la situación. Y se me encendió una lucecita en mi cerebro.

- Un momento mamá. ¿Elegiste que fuese aquí?- Ella no entendía mi pregunta.- ¡Mamá! Dime que no han levantado esta casa solo para mí.- Y, precisamente ella, no entendía a que venía mi disgusto.- Venga ya mamá, ¿tanto te han cambiado los Cullen? Sin ofender papá.- El levantó las palmas de las manos y con un gesto de hombros me hizo saber que ni por asomo era una ofensa. Esta vez no ocultó su sonrisa.

- Hija, por lo menos no es una casa de tres plantas como tu tía Rose queria. Ni amueblada de forma distinguida como tenía pensado tu abuela. El armario de Alice sí que lo tienes, no hemos podido hacer nada con ella. Ya la conoces. Pero mírala bien.

Me agarró de la mano y me sacó tirando de mí hasta estar las dos delante de la puerta. Mi padre en un abrir y cerrar de ojos estaba con nosotras. Me puso su mano en mi hombro y me besó la coronilla. Mi madre me apretó la mano como en gesto de cariño.

- Mírala mi amor. Es perfecta para ti. Encaja en el entorno y se que te gustará este lugar, créeme.

Tomé el aire por mi nariz y lo expulsé por mi boca de manera algo exagerada. Pero me relajé notablemente. Torcí mi cabeza un poco acercando mi oreja a mi hombro, observé bien la casa. Intentando dejar atrás el sentimiento de culpabilidad por la naturaleza al haber creado esto por mi.

La casa era de madera, aunque los cimientos parecían mas firmes y fuertes que el hormigón. Parecía una casa rural recién reformada, realmente parecía como si llevase aquí ciento de años. El color era anaranjado, rojizo en algunos lados, marrones en otros y divisaba algo de amarillo, pero predominaba el naranja. Parecía creada por lo mismo rayos de Sol. Era cálida, bellísima y, ya empezaba a amarla y a sentirla mía. Aunque fuese algo temporal, sentía algo como mío y eso me inundaba de paz.

- Es perfecta.- Conseguí apenas susurrar las palabras.- Gracias.- Esta vez elevé un poco más la voz, aunque no demasiado.

- Vamos, ya es hora de ir a ver a tu abuelo.- Mi madre pasó a convertirse en una niña pequeña, se notaba las ganas y ansias que tenía de ver a su padre y llenaba de ternura verla así, y a la vez, algo de pena. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos.

A pesar de que tanto mi abuelo y mi madre nunca fueron muy dados a mostrar sus sentimientos, ni en ser cariñosos entre ellos, según pasaba el tiempo mas se les notaba ese amor.

Dejamos el coche en la entrada de la casa y nos fuimos corriendo por el bosque hasta llegar a la parte trasera de la casa de mi abuelo. Nos acercamos los tres poco a poco a la puerta, asegurándonos de que nadie nos veía. Mis padres iban cogidos de la mano y yo iba un paso por detrás.

¿Llegaría yo alguna vez a tener algo así con alguien? Veía como sus manos entrelazadas encajaban a la perfección. Parecían hechas para estar así, unidas.

Debieron tocar a la puerta sin que yo me diese cuenta porque de repente tenía unos brazos a mi alrededor y una voz me hablaba cerca de la oreja.

- Nena, por fin están aquí. Te he echado mucho de menos. Me alegro de que quieras venirte aquí a este pueblo tan pequeño, sin lujos y con tu viejo abuelo.- Es tan tierno. Lo abracé con algo más de fuerza para que sintiera cuanto lo quería.

- A dónde mejor sitio que éste. Yo también te quiero Abuelo.- Se sorbió un poco la nariz, y me acarició el pelo de forma rápida y torpe. Realmente entrañable. Se apartó de mi y nos invitó a entrar.

Solo reconocía la casa de mi abuelo por alguna de las fotos que mi familia me sacó allí. No entendía como era posible que mi lado vampiro no se impusiera ante la mala memoria de mi lado humano. Me enfadaba muchísimo el hecho de no acordarme de todos esos momentos, los pocos que tengo nunca estoy cien por cien segura si son míos propios o mi mente los ha construido y puesto ahí por las historias que me cuenta mi familia.

Mi madre cocinó para mi abuelo y para mí, algo que no agradó a éste. Aunque sabía que no éramos normales no se terminaba de acostumbrar a ciertas cosas. Que mi madre ya nunca comiese era una de ellas. Siempre le decía que estaba cada vez más delgada. Nosotros siempre reíamos, pues sabíamos que eso no era posible.

Llegó la hora de acostarse. Mi abuelo trabajaba al día siguiente de buena mañana, y yo empezaría las clases. Me despedí del abuelo cuando éste fue a meterse a su dormitorio, y me despedí de mis padres antes de meterme a la cama. Se quedaron conmigo hasta que me dormí. Cuando desperté ya no estaban y en su lugar había dos notas.

La nota de mamá ponía:

Cielo, te echaré mucho de menos. No se como aguantaré tanto tiempo sin tenerte conmigo, no podré ser completamente feliz, lo sabes.

Aún así, se que estarás bien, estoy segura de que este pueblo, tu hogar, te hará feliz. Ya me llamarás contándome que no querrás volver. Ten cuidado mi pequeña. No busques lo que deseas encontrar porque puede que así el mundo gire en sentido contrario que tú y jamás lo encuentres, hazme caso cuando te digo que vendrá a ti sin ni si quiera saber por qué, así que simplemente, cariño, VIVE, porque todo llegará. Puede que ahora no entiendas de que te hablo, pero lo harás. Te quiero.

La verdad que no comprendía del todo si se refería a algo específico, pero me pareció un consejo bastante lógico. Ya se refiera a la felicidad, al amor, cualquier cosa encajaba en ese contexto. Iba a extrañar la compañía y charlas con mi madre. Una lágrima corrió por mi mejilla y, en ese mismo instante, solo me entraron ganas de salir corriendo y no parar hasta llegar a casa con ellos. Pero no lo haría. Yo no era una persona cobarde, pero sí, estaba acojonada.

La carta de mi padre me pareció igual de emotiva, a su manera, claro:

Mi niña, estoy de acuerdo en lo que tu madre ha dicho. Leer lo que te escribió me costó un par de golpes, ya no es tan fácil como cuando era humana pero eso lo hace más divertido. Pero ya que por lo visto le gusta hacer de poli bueno, a mi me toca ser el poli malo. No te adentres mucho en el bosque tu sola, ten siempre tus sentidos agudizados. Aléjate de los chicos, de todos, me da igual, se que no serán nunca lo demasiado buenos para ti. Tu madre me está obligando a que te diga que eso no ha salido de su boca, por lo visto quiere que te enamores y nos abandones. Eso tampoco lo ha dicho ella. Cuidate mucho mi amor. Te echaremos de mucho de menos.

Pdta: Estaré pendiente del teléfono para cuando quieras volver.

Otra lágrima. Estaban acompañadas de una sonrisa. Soy una contradicción en mi misma. Estaba partida en dos. Triste y Alegre. Siendo así de rara nadie hará amigos. Me quité las lágrimas con la yema de mi dedo y cogí en una mano la ropa y la toalla. Tenía tiempo suficiente para prepararme de forma relajada y de desayunar. Mi madre me había dejado su viejo coche. Por lo menos no iría andando a clase, aunque por otro lado tampoco me importaba mucho.

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POV Jacob

Era la hora de la cena y, una vez más, no me sentaba a la mesa con mi padre y mi hermana. Se que no debería comportarme como un completo imbécil pero, lo soy, no puedo hacer nada más.

Traspasé la puerta de mi casa y sentí un pinchazo de culpabilidad. Mi padre ya optaba por no decirme nada, ni si quiera ya intentaba retenerme y hacerme entrar en razón.

Una parte de mi cerebro sabía que debería haber aprendido ya a vivir con esto, y hacer una vida mas o menos normal, este era uno de los motivos que me había hecho volver al instituto. El cual, por cierto, empezaba mañana. Mi padre estaba bastante contento por eso.

Él me repetía cada vez que la conversación salía a la luz, o que simplemente no salía, que Nessie por el momento no volvería, y que quizás nunca vendría a mi, pero que aún así debía estar preparado tanto para esa situación como para si sucedía que sí volvía a por mi.

Ya estaba en mi forma de lobo corriendo por el bosque sin ningún destino. En estos momentos, en los que salía a pensar o no pensar, el resto de mi manada debían abandonar su forma d lobo. Por ellos y por mi.

Sabía que aunque yo me estuviera muriendo por dentro cada día, lejos de ella, un poco más, estaba haciendo lo correcto. Era por su bien, porque creciera sin tener que estar conmigo sí o sí, solo porque fuese creado para ella no tendría que sentir la obligación de estar conmigo.

Bella me prometió que algún día le hablaría de mi. Ella estaba en lo cierto, a pesar de lo que piense Edward, y si querían darle todas las opciones a su hija, yo también estaba dentro de todas esas opciones. Aún estoy esperando, a veces tengo miedo de que Edward la haya convencido. Pero esperaré todo el tiempo del mundo.

Sin saber por qué llegué hasta la parte trasera de una casa que no había visto en todo este tiempo. ¿Cuándo se había construido? Parecía bonita. Fui trotando a paso lento hasta la parte delantera, a lo mejor me enteraba de quién vivía ahí. El corazón me dio un pequeño pinchazo cuando vi ese cochazo ahí aparcado. Pues sí que me gustaban los coches, no me esperaba esta reacción.

Mi mente se vio interrumpida por la voz de Seth, así que no pude darle muchas vueltas al asunto y me fui de allí.

- ¡Jake!, es tarde y mañana tenemos clase por la mañana, ya te puedes estar pirando al sobre. Mañana a primera hora paso a recogerte a tu casa. No te quedes dormido que nos conocemos.

- Oído cocina.- Respondí.

No me había dado cuenta de lo pronto que habían pasado las horas, pero Seth estaba en lo cierto. Era hora de dormir que mañana había obligaciones con las que cumplir. Así que a trote suave llegué a mi casa, y caminando sobre dos patas me fui hasta mi cama sin decir ni una palabra a nadie. La sensación en mi hoy había cambiado, y me sentía mal por ello, sentía como si estuviera traicionando a Nessie solo por el hecho de sentirme algo más feliz. Cuando estuve delante de esa casa no estaba triste y ahora me sentía miserable por ello.

En fin, mañana será otro día.


Bueno, no he recibido demasiados Reviews por esta historia y me gustaría saber si es porque no les está gustando o por qué.

Espero opiniones, por favor. Un abrazo grande a todas.