Cap4

POV Renesmee

Llegué al instituto con tiempo de sobra y apunté una nota mental de no ser la pringada que llega tan pronto. Me senté en las mesas que había fuera y me dediqué a observar a cada alumno que llegaba. Habían chicos que no estaban nada mal, y había chicas de las cuales sabía que no sería amiga jamás.

Cuando sonó el timbre me dirigí a mi primera clase, no fue muy difícil de encontrar ya que el instituto no era muy grande. Cuando me disponía a tomar asiento una voz a mis espaldas me asustó. Es difícil asustarme, pero ella lo consiguió.

- Hola, debes ser la nueva. Mi nombre es Daniela, pero puedes llamarme Dani.- Se sentó a mi lado antes de darme tiempo a presentarme.

Estuvo a mi lado en todas las clases, parloteando sin parar, preguntándome cosas sobre mi vida, de las cuales tuve que omitir unas cuantas y mentir en otras pocas, y contándome cosas de la suya. La verdad era una chica muy simpática, me reía mucho con la manera que tenía de contarme cada historia.

Me comentó que en Forks casi nunca pasaba nada, yo sabía que eso es lo que los humanos creían por lo que me hacía bastante gracia cada vez que lo decía. Me dijo el revuelo que se formó cuando se enteraron de que venían alumnos nuevos. Yo me sorprendí pensando que era la única, pero me explicó que había dos chicos que venían de la reserva, cerca de la Push. No pregunté nada más.

Pasé el resto de la semana absorta con ella y ella conmigo, Daniela y yo parecíamos conocernos de toda la vida y habíamos tomado confianza muy pronto. Me presentó alguno de sus amigos, dos chicos y una chica, Ben, Alex y Adriana. Me acogieron encantados en su grupo de amigos, y me hicieron la estancia en Forks muy sencilla.

A decir verdad, temía un poco a los primeros día. A no saber abrirme a la gente o a no caerles bien pero, de manera sobrenatural, parecía encantarles a todos. Y por lo que había oído, los otros dos nuevos también parecían encandilar a todos, sobre todo al clan femenino.

Yo solo los había divisado en la cafetería. No me había parecido ver que compartiésemos ninguna clase. A la hora de comer se sentaban con un par de chicos mas, los cuales parecían jugar al fútbol americano, o por lo menos esos cuerpos aparentaban estar hechos para ese juego. Cada vez que llegaba la hora de comer no podía evitar buscarles con la mirada, lo hacía inconscientemente, y no tenía ni idea de que me llevaba a aquella situación, no es que no viese lo obvio, estaban buenísimos, pero algo me decía que no era esa la razón.

Pasaron los dos primeros meses demasiado rápido. Entre semana iba de clase a mi casa, hacía los deberes, leía, veía alguna película, lo que me apeteciese, hasta irme a casa de mi abuelo cuando él llegaba de trabajar. Cenábamos juntos y me iba dormir. La rutina del fin de semana cambiaba un poco, íbamos hasta Port Angeles, al cine, a cenar, incluso habíamos ido a algún Pub alguna vez.

Estábamos a Viernes y este fin de semana habíamos decidido ir a la playa de la Push. Me parecía una gran idea, entraba dentro de mis objetivos cuando me vine aquí. Haríamos una fogata, asaríamos la cena en las ascuas y si el tiempo estaba de nuestra parte nos quedaríamos a acampar. Lo pasaríamos bien.

Desde que llegué a Forks no había ido a cazar ni una sola vez, y aunque no lo necesitase para vivir sí que me gustaba y me hacía sentir mejor, afectaba algo a mi carácter el no beber sangre y mis sentidos también disminuían, así que esta misma tarde, cuando el Sol se ocultase, iría a cazar.

Era la hora de comer y nos encontrábamos en la cafetería. Mis pies muchas veces parecían desplazarse solos, como si una gran fuerza tirase de ellos hacía vete tú a saber dónde. El caso es que por primera vez en mi vida me sentía como un pato que no sabe andar, y tropezaba a menudo. Iba planeando mi salida privada en la mente, ultimando cada detalle para no ser pillada por nadie. Llevaba en las manos mi bandeja del almuerzo, sopa de fideos, una ensalada, un filete de carne con patatas, la bebida y para el postre natillas. Se comía casi tan bien como en casa.

- MIERDA.- Una voz masculina sonó a mi lado. Se me puso la piel de gallina. Enfoque mi mirada, que andaba perdida sumida en mis pensamientos, y vi a uno de los grandullones de la reserva. Parecía cabreado, pero aún no sabía por qué.- Imbéciles hay en todos lados Jacob, tranquilízate.- Parecía hablar para sí mismo, esperando que yo no lo escuchase, y no lo hubiese hecho de ser humana, pero no lo era.

Me disponía a defenderme cuando me di cuenta de que mi bandeja de comida ya no estaba en mis manos, no, estaba en su ropa, zapatos, y en el suelo. Pero la mayoría de mi comida estaba encima de él. Adiós a las tan ricas y famosas natillas de la cafetería.

- ¿En que momento me he vuelto tan patosa?Joder.- Murmuré lo suficientemente bajo para que él no pudiese oírme, pero pareció hacerlo.

- Yo creo que desde siempre. Por lo menos desde que estás aquí no haces más que tropezar y hacer parecer que tus extremidades no vayan con lo que tu cerebro manda. Eso o que tú cerebro no sea capaz de mandar nada.- Me hablaba sin mirarme, se seguía sacudiendo mi comida de su ropa. Por una parte tenía ganas de reírme, pero por otra parte que confianzas se estaba tomando, y encima para insultarme así.

- Eres bastante imbécil.- Solté cabreada. Vale, le había tirado la comida, pero había sido un accidente. IDIOTA, pensé bastante alto para desahogarme.

- Y tu bastante patosa. Y encima no te dignas ni a disculparte.- Me dijo entre dientes haciendo notar su cabreo. Levantó la vista y un chispazo me recorrió el cuerpo entero. No se si mi temblor fue visible, pero fue real. Vi en su mirada que había sentido lo mismo, o eso pareció el brillo en sus ojos. Tal vez solo fuera nuestra furia.

- No tendrás una disculpa por mi parte con ese carácter de capullo que tienes. IDIOTA.- Eso último lo solté con un tono de voz algo elevado, por lo que los más cercanos a nosotros se quedaron mirándonos. Me giré sobre mis talones y me dispuse a caminar hacia mi mesa. Tenía el estómago encogido, se me había quitado el hambre. Será tonto.

Quería echarle un vistazo y ver si él también se había marchado a su asiento, porque sinceramente yo aún sentía como me taladraba la nuca con su mirada.

Todos en la mesa me avasallaron a preguntas, Adriana sobre todo, estaba encandilada con él y con su amigo, como muchas otras. Le expliqué que era un gilipollas, por lo menos el tal Jacob. Cada vez que pronunciaba su nombre o alguien lo hacía me daba vueltas el estómago. La próxima vez le tiraría la comida encima a propósito.

Terminaron las clases y me fuí a cazar. Mis padres ya me habían comentado las zonas a las cuales podía ir, donde habría, además, suficientes animales. No se equivocaban. Cuando acabé fui andando a la comisaría donde trabajaba mi abuelo, ya que el coche lo había dejado aparcado delante de mi casa.

Volvimos juntos a casa, le hice la cena, un poco de conversación y a la cama. Mañana tocaba día con mis amigos.

Daniela y Adriana me irían a buscar a mi casa, así que tuve que madrugar bastante para estar allí. Fuimos las tres en la misma camioneta, la de Daniela. Los chicos se habían encargado el día anterior de hacer las compras necesarias de comida. Íbamos equipados para quedarnos a dormir y además habían recogido leña.

La mañana había sido divertida, estuvimos haciendo una excursión por los alrededores, no primero sin montar el chiringuito en la arena. Las casetas de campaña, sombrillas, sillas, mesa, y todo preparado para a la hora de comer encender el fuego. Comimos entre risas y yo me sentí feliz. Por fin pertenecía a algo real. No nos pudimos meter en el agua por lo fría que estaba, no para mi, pero hubiera sido raro y no tan divertido meterme yo sola.

Nos cayó la noche y habíamos sacado las cervezas. Jamás había bebido alcohol y no sabía si tenía la capacidad de emborracharme, 8 cervezas más tarde comprobé que sí. Necesitaba más que el resto, pero sí, era posible emborracharme. Vaya.

Las risas se hicieron murmullos cuando, casi a las 2 de la mañana, llegaron un grupo de chicos, enormes chicos, que pude diferenciar en la noche. Dos de ellos eran los del instituto, el capullo y su amigo. Estupendo. Encima estaba borracha, mi velocidad de reacción a respuestas ingeniosas y bordes quedarían amortiguadas por un pobre balbuceo causado por el alcohol.

- Más les vale no dejar toda vuestra basura en nuestra playa.- Ya empezábamos. Uso un tono de voz que pareció achantar a todos mis amigos, y esto no iba a permitirlo.

- A ver Mr. Simpatía, hay otras formas de decir que debemos dejar todo limpio, que por otro lado ya pensábamos hacerlo. Así que haznos un favor y lárgate por donde has venido, nos abruma demasiado tu amabilidad.- Para estar borracha no estaba nada mal.

Pareció que su gran amigo fue a decir algo, pero él no lo permitió. Con un solo gesto pareció cortarlo. ¿Eso era un amigo? Pues vaya mierda.

- No me pienso ir.- Su amigo le dió un codazo.- Ninguno de nosotros. Es nuestra playa.

- Es nuestra playa, es nuestra playa.- Mi mala imitación causó risa entre mis amigos y alguno de los suyos. A mi me pareció que Jacob también reprimió una sonrisa, pero supongo que solo me lo pareció.- Muy bien, adelante majestad, quédese donde le de la real gana.

- Patosa.- Murmuró. Pero esta vez en un nivel de decibelios que sí lograron captar nuestros amigos.

- Idiota.- Contraataqué yo.

Pasaron un par de horas y mis amigos fueron cayendo como moscas. Se quedaban dormidos mientras hablaban. A mi todavía no me llegaba la hora del sueño, ya no estaba segura si era porque estaba demasiado activa, por la energía que me daba la sangre, o porque el grupo de idiotas estaban a dos metros de nosotros riéndose a carcajadas bastantes sonoras.

Me levanté y me fui a dar un paseo. Cualquiera podía tener miedo, pero ahora mismo yo era lo más peligroso que había en este pueblo, y aún así no era nada peligrosa.

No había pasado mucho tiempo cuando llegué a una cala de la playa, algo más solitaria, más privada. Me dispuse a desnudarme para bañarme en el mar, quería sentir en cada parte de mi piel la suave marea. De pronto algo me puso alerta haciéndome detener y quedando en ropa interior.

Vi que de los árboles salía el amigo del imbécil con los brazos en alto.

- Vengo en son de paz.- Me hizo bastante gracia, y relajé mi postura de ataque. Me coloqué erguida y le di la espalda mirando de nuevo al mar.- Quería pedirte disculpas por la actitud de Jake.

Ahí está de nuevo ese nudo en el estómago al oir su nombre, así lo llamaban sus amigos, esta bien saberlo. Eso me enfurecía. Así que el tono de mi voz sonó de manera mas brusca de lo que la situación requería.

- No eres tú el que se tiene que disculpar. A no ser que seas igual de idiota y te quieras disculpar de ante mano.

- Bueno,- hablaba entre carcajadas, me gustaba el sonido de su risa, me hacía estar contenta a mi también- nadie es tan idiota como Jake, y más desde hace un tiempo.

¿Desde hace un tiempo? Vaya el idiota por lo visto tenía escusa para serlo. No debía ser tan malo si sus amigos lo querían tanto. Se notaba en como hablaban de él, en como él actuaba con ellos. Como no dije nada el chico prosiguió.

- Mi nombre es Seth. Tú eres Valeria, ¿verdad?- Dio unos cuantos largos pasos para acercarse a mi. Acercarse demasiado, pero me sentía extrañamente a gusto.

Me entristecía tener que mentir incluso en mi nombre. Ya me estaba haciendo a él pero no era el mío.

- Supongo que te ibas a bañar.- Genial, pensaría que la tonta aquí era yo. Entre que estaba en ropa interior y que no hablaba. ¿Qué le digo? Sí, aunque el agua está congelada para mí no lo está.- ¿Puedo acompañarte?.- Vaya, eso me sorprendió.

- Mmmm claro. Pensaba bañarme desnuda pero por hoy me dejaré algo de ropa.- Sí, mi picardía también me había sorprendido a mi, pero me transmitía ternura esa sonrisita tontorrona que había puesto.- Tú no tienes que quitarte mucho mas para estar como yo.

- Si bueno, creo que la gente exagera con esto del frío.

- Totalmente de acuerdo.- Sentencié.

Me dedicó una media sonrisa y se la respondí con otra y con una interrogación en mi cara, pues la suya quería decirme algo que no entendía. Así que lo que sigue me sorprendió, me cogió en brazos como si fuese un bebé, y sin ningún esfuerzo, corrió hasta que el agua nos bañó hasta el último pelo de la cabeza.

Estuvimos jugando, haciéndonos ahogadillas, en el agua hasta que el juego se transformó en algo más serie, en algo intenso. Y los juegos de manos se convirtieron en caricias. Era el chico más cariñoso que había conocido nunca. Me recordaba a alguien y no sabía a quién. Sentía como si lo conociese desde siempre, y él parecía sentir lo mismo.

Hasta que amaneció estuvimos juntos, abrazados, hablando de cosas sinsentido pero que nos hacían reír. Estuvo durante casi una hora haciéndome cosquillas. Lo adoraba. Además su calor corporal hacía contraste conmigo.

Volvimos a la playa cogidos de la mano, todo estaban durmiendo, todos menos el imbécil, al cual no pareció hacerle mucha gracia vernos así. Seth me soltó mi mano de una forma un poco torpe, era como sino quisiera hacerlo pero no podía evitarlo.


Atendiendo a sus opiniones espero que no les haya aburrido este cap, que no se les hiciese pesado. Además ya ha conocido a Jacob xD.

Opiniones opiniones, por favor. Siempre serán bien recibidas. Un beso a todas.