Un amor en red.

Una noche de aburrimiento, una laptop, una conexión a Internet... ["Algún día... mis días vacíos serán complementados, yo lo sé"]["¡Vamos conéctate baka!. ¿¡Qué no ves que muero por saber de ti!"] [01x02]

Disclaimer: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, esta historia es sin fines lucrativos sino tan sólo de aficionados para aficionados.

Este FanFic tiene contexto yaoi, si eres intolerante y/o crees que no estás apto a leerlo, está bajo tu decisión; yo te advertí xD

Parejas: 01x02, leve mención de 03x04

Comillas: ' '.

Diálogos: - -

Pensamientos de Heero: " "

Pensamientos de Duo: "" ""

Capítulo 8 -~-~-~-

Nota: Este capítulo contiene un poco de Lime, sin llegar a Lemon.


Si hubo sonido, ellos no lo supieron en ese instante; si hubo alguien más allí, simplemente no importó. El sonido del palpitar de cada corazón era tan fuerte, el momento era tan inesperado, que nada más les dejaba la mente en blanco mientras los eternos segundos pasaban. Por fin, los labios del mayor hicieron contacto con los de aquel chico que, presa del beso al principio demasiado tímido, no pudo sino cerrar los ojos derritiéndose hasta casi quedar inconsciente. Increíble, demasiado impensable, pero real, el beso se profundizó lentamente cada vez más a medida que el pecho de ambos parecía latir con mayor fuerza, producto de los nervios. El sabor de ambos inundó pronto la boca del otro, con el tiempo detenido, sin siquiera poder reaccionar.

Ninguno vio aquella estrella fugaz que cruzó el cielo, justo en ese momento.

"No podía explicarme a mi mismo siquiera lo que estaba sucediendo, pero una parte de mi, tampoco tenía intenciones de intentarlo. Tarde o temprano entendía que el momento de hablar llegaría, no habría escapatoria; ambos tendríamos que enfrentar esto que sucedía sin rodeos, quizás hasta llegar a una conclusión sobre qué haríamos de ahora en más, pero ahora…. Ahora, era más que claro que a ninguno de los dos nos interesaba lo suficiente para detenernos. La mente me era un desastre, incluso para apartarla, pero no permití que interrumpiera ni la lógica ni la coherencia por muy fuera de mí que eso pareciera; estando con él era fácil no pensar, dejarse llevar, lo cual en parte me agradaba. A pesar de todo, simplemente no sé cómo llegamos a esto."

"Mis manos volvieron a bajar hasta la cintura del adolescente, acariciando con cierta presión el contorno de su cuerpo, sintiéndole temblar suavemente a pesar de no soltar mis labios. En aquel momento se me volvió a olvidar que Quatre quedó en la fiesta, o que Mariemaia esperaba que le pasara a buscar luego, o que no podía continuar sin decirle que yo era Zero. Se me olvidó todo, hasta cómo llegamos a mi casa. Duo parecía tan sumiso con sólo besarle… ¿Era porque era yo, porque habría tomado, o quizás porque simplemente él siempre se dejaba llevar?... ¿Era, más lejanamente, porque reaccionaba así con cualquiera que le tocase?."

"Aquel ligero picor de celos voló lejos, una vez más como todo lo demás, con únicamente sentirlo aferrarse a mi cuerpo. No podía estar sin que mi mente me preguntara qué estábamos haciendo, qué clase de herejía o pecado mortal íbamos a cometer, y lo más importante, qué tanto nos arrepentiríamos, aunque a pesar de ello mi cuerpo suplicara por no detenerme, por colarme completamente entre sus prendas. Era literalmente como tocar a un Dios de piel tersa, un Dios tan inmaculado que ante apenas el simple roce amenazaba con suspirar y curvarse en busca de más contacto, un Dios tan contradictorio como su mismo nombre y apariencia indicaban; qué irónico, la muerte, tenía más cara de ángel que de calavera…"

""En el preciso momento en que el calor de sus manos entraron en contacto con mi pecho, desnudo no sé desde qué instante como el de él, algo comenzó a removerse en mi pecho, inquieto. Algo estaba mal, algo que me impedía continuar o disfrutar. Luego un jadeo se escapó de mis labios todavía sintiéndolo a él, a mi profesor, a Heero, hundido en su tarea de besar mi cuello, lo que le dio paso a un dolor inmenso allí donde se ubicaba mi corazón. Abrí los ojos, con el calor sobre mis mejillas que indicaban un evidente sonrojo, los latidos de mi pecho desaforados, mi cuerpo temblando, y aquel sentimiento de angustia embarcándome. Fue entonces que me di cuenta: ¿Qué hacíamos?. Él me gustaba, qué decir…, me encantaba… pero aún así algo no andaba bien, y no era precisamente la existencia de Zero, la redundante existencia de un ser que probablemente mintió durante todo el momento en que hablamos.""

-… Detente –susurró el más chico, con la mirada perdida en el techo y aflojando el agarre que mantenía entorno a la nuca del otro-.

"Su voz resonando fue como un balde de agua helada, paralizó mis movimientos, mis pensamientos, e incluso el antiguo deseo. Pronto la lógica tomó todo el control de mi mente, perdí todo el impulso antes imposible de detener, pero por un lado lo agradecí profundamente. Me sostuve lentamente sobre él con la mirada fija en la suya, aunque no me correspondiera, me evadiera nerviosa, tanto como su rostro lo indicaba. Entendí lo que era obvio en aquel momento: ninguno, ni la situación, estaba listo para ir tan lejos. Probablemente yo tampoco. Lo sabía, pero pretendí mentirme, era más fácil mentirse y disfrutar."

""El calor sobre mis pómulos aumentó considerablemente cuando las orbes grisáceas se posaron sobre mi, y no pude sino girar mi rostro junto a mi mirada a cualquier parte lejos de aquel sobre mi. Los brazos que antes le sostenían por la nuca los bajé, hasta descansarlos sobre el acolchado de la cama, cómoda, ligeramente mullida, aunque ahora desordenada. Había cierta angustia dentro de mí que me asustaba, yo quería llorar, pero me negaba a hacerlo allí frente a otra persona, otra que no me conocía. Sí, dejarme llevar, incluso permitir que un adulto como él tomara mi cuerpo, era un tremendo error que no podía consentir, aún si me gustara.""

- Llévame a casa… -pidió en un hilo de voz, aunque lo suficientemente audible en el silencio del cuarto, sin atreverse a dar la cara o incluso a dar alguna razón-.

"Una mano se empuñó suavemente contra las sábanas, precedida por mi cuerpo descendiendo hasta ocultarme en la curvatura de su cuello. No quería, no quería llevarlo y alejarlo; quería que se quedara, conmigo, aún si no hacíamos más que estar en silencio. Sin embargo tenía qué, no podía negarme. Me di unos minutos, respirando lentamente su aroma, esperando porque éste se impregnara lo suficiente en mi cama hasta que pudiera dormir en ella. No podía culparlo de nada, nadie tenía culpa de algo exactamente, en realidad debería felicitarlo por lograr algo que yo no: detenerse, interpretar correctamente las responsabilidades y consecuencias a pesar de todo."

- … Heero… -llamó quedo, al no recibir respuesta o acción que indicara una afirmativa, sí en cambio un roce en forma de beso en su piel-.

-… Sólo un instante, quédate así –pidió en voz baja, casi en súplica, descansando ligeramente sobre el cuerpo del menor que no tuvo más alternativa que ceder. El tono era sincero-.

""Quería darle una explicación, pero simplemente no podía, no saldría de mi garganta jamás, como si fuera un nudo que se pegó a mis órganos internos. El mortal mutismo en el que permanecimos era eterno, insoportable, incómodo, aunque a pesar de ello fuera uno que deseaba no acabara. Me sentía cómodo entre sus brazos, con él cerca, aún en este momento en que necesitaba de soledad para poder pensar en mi, o nuestra, situación. Dios, ¡Me había besado, y no sólo eso!... Tan sólo unos minutos atrás yo creía que la persona que lograra conquistarle iba a ser especial, que esa persona incluso era ese rubio, y ahora… ¡Ahora simplemente no sabía por dónde comenzar a interpretar lo que pasaba!.""

- Duo… -comenzó lentamente, sin apartarse aún-.

- No digas nada –pidió casi cortándolo, subiendo solamente una mano hasta un brazo del mayor-.

- Duo –volvió a insistir, luego de negar suavemente-, no vayas a malinterpretarme…

- Te dije que no dijeras nada –protestó con tono molesto, aunque en realidad, encaprichado con no ser oído-.

- No puedes pedirme eso –respondió separándose, pero sin quitarse de sobre el otro-, no es tan fácil

- Sí lo es, puedes decir lo que quieras otro día.

- No puedo dejar que te vayas creyendo que es sólo sexo –aseveró enmudeciendo la protesta a punto de salir por parte de su contraparte, que además de quedar en blanco, volvió a sentir el nudo en su garganta-,… es más que eso… -prosiguió, acelerando el pulso del pelilargo, asustándolo hasta cierto punto-: tú me gustas.

- ¡Eso no es verdad, tú al igual que todos los demás lo único que buscas es acostarte conmigo, no nací ayer!

""Antes de intentar tan siquiera razonarlo, me dediqué a negar su afirmativa. Sencillamente nunca podría ser verdad, yo incluso podía entender que era sólo objeto de deseo, siempre había sido así ¿Qué podía ser diferente con él? Desde que tengo conciencia sólo saben desearme, lucirme, ¿Acaso no ve que no es el primero en querer eso conmigo, que yo no voy a creerle sus palabras de amor?... Heero especialmente, no puede enamorarse de mi, quererme, ¡Simplemente eso no puede suceder!. Admiraba su osadía por mirarme tan fijo luego de semejante mentira, ¡Con tanta calma, como si no entendiera, y mantenerla retándome aún siendo tan obvio mi enojo!""

"Quise negarle aquella afirmación suya, afirmación que estaba más que errada. Yo mejor que nadie sabía que esto no era solamente deseo, aunque admitía que sí lo había, y mucho. No era sólo la necesidad de verlo, tocarlo, abrazarlo, sino también el saber que está bien, el pensar en él; no era solamente deseo, estaba seguro de ello. ¿La mejor prueba no era haberme detenido cuando él me lo pidió?, ¿Acaso piensa que lo hice sólo para convencerlo?, ¿Qué podía hacer para que me creyera, para que entendiera tan bien como yo que esto era más que algo carnal?..."

- Llévame a mi casa –repitió más bajo, decidido, apurándolo-

"Probablemente era cuestión de tiempo, probablemente sólo necesitara relajarse y estar tranquilo para entender que yo no le mentía, ni exageraba. Bajé hasta besarle la frente, con calma, algo que por lo visto tomó desprevenido, y me levanté quitándome de sobre él. Realmente me hubiera encantado poder tenerlo esta noche aquí, aunque fuera sólo en silencio, no tenía por qué intimar conmigo ni yo por qué forzarlo, sólo quería tenerlo un momento a solas como pocos. Todavía era muy pronto, las cosas iban muy rápido para Duo seguramente, ¿Y, cómo enojarse, o no entenderlo, si en realidad él tiene más coherencia que yo?... quizás hace rato que me dejé cegar y no esté viendo la realidad, porque era obvio que una relación como la nuestra, era más que difícil de aceptar."

""Aquella silenciosa y sencilla demostración de cariño me dejó tan desconcertado como todo lo que venía pasando hasta ahora, pero me limité a acomodarme la camiseta, a quedar presentable para llegar a mi casa sin levantar las suficientes sospechas de lo que había sucedido. No podía decirle a nadie que me faltó poco para entregarme a un hombre, un hombre que resultaba ser mi profesor de matemáticas, un hombre que para colmo, tenía tanto poder en su empresa como sobre mí. Pero ese poco no era valentía, ni falta de sentimientos o deseo, era algo más: angustia, miedo. Y eso, era algo que no podía decirle a él, no importaba cuán sincero pareciera ser.""

""Me llevó hasta mi casa en un silencio que para mi fue demasiado eterno e incómodo. Él se veía perdido, únicamente concentrado en su tarea de conducir sin que existiera un entorno, y yo…. Yo solamente pude mirarle, creerle, prepararme y relajarme; de vuelta lentamente la figura de Heero tomaba aquel rigor que siempre había tenido para mi, aquel carácter estoico, serio, tranquilo, pero al mismo tiempo apasionado en cada hebra de cabello por cada cosa que le gustaba. Sí, él era absolutamente especial en todo, en su manera de hablar, en su manera de mirar, en su manera de demostrar, en su manera de querer… ¿Sería que podía aceptar que alguien así me quisiera sólo a mi? ¿Qué había de especial en mi para que él me besara, me llevara a su casa, y me confesara un sentimiento que hasta el momento nadie me hubiera demostrado ser real?""

"Prefería no pensarlo, no saberlo, dejar que todo pasara. Eso era tan difícil…. No podía no pensar que él no me creía; no podía no pensar en que él acababa de, a su manera, rechazarme; no podía no pensar en que estuvo en mi cama, y que ahora cada vez que yo estuviera allí lo recordaría irremediablemente; no podía no pensar qué hacer cuando me toque verlo de nuevo; no podía dejar de pensar en lo mucho que me gustaba y simplemente no podía demostrarle, puesto que no sabía cómo más que respetándolo. Quizás lo único que me quedara de Duo fuera Shinigami, y un contacto vía red de 'lo que alguna vez pudo ser'… ¿Tendría un final tan amargo?..."

"Por inercia, estacioné el auto frente a la casa de él y Hilde, apagando sin querer el motor como si esperara algo, aunque sabía era en vano. Quizás era mejor olvidarse de todo antes de que comience siquiera."

- Mejor olvida lo que dije –se animó al fin a articular, tras un eterno mutismo que solamente había puesto las cosas tensas-. Será mejor para los dos.

- ¿No mentiste?... –cuestionó el pelilargo, alzando muy poco la vista, lo suficiente para verle por sobre el flequillo castaño. Su voz era baja, insegura-.

- Si lo olvidas, no tiene importancia –concluyó recargándose en el asiento, cerrando los ojos, y dejando que lo inevitable pase-.

""Permanecí observándole aún más en silencio, sin saber qué hacer, si irme o quedarme un momento más. Al final, me acerqué a besarle la mejilla lánguidamente, y permanecí en esa posición un largo rato. No tenía idea de qué decir, ni cómo interpretar su pedido, porque yo no podría olvidar no importaba cuánto quisiera hacerlo. No quería olvidar que una vez me besó. Él también me gustaba, lo sabía, y aún así no era capaz de decirlo, no era capaz de hacerle saber algo que para mí resultaba tan peligroso. Había tanto en juego…""

"La despedida fue una de las más amargas y horribles que tuve la posibilidad de degustar; ese saludo me había sabido sólo a consuelo, lástima, o quizás un agradecimiento a evitar complicarnos las cosas. Era detestable, odiaba esa sensación. ¿Era todo lo que yo ganaba, lástima?. Si era así, lo mejor era no frecuentarnos, que él fuera un empleado más de Wing y yo su superior, de ese modo quizás podíamos seguir sin odiarnos. Sin que yo lo odie, específicamente. Podía llegar a desearle la peor de las vidas si volvía a sentir que sólo me tenía lástima, que su mirada era de puro consuelo. No, no iba a perdonar eso; había sido rechazado, me había dolido, pero no era un inconsciente que tiraría su vida por la borda por un romance, porque tenía que seguir adelante, por mi, por mi hija."

""El sonido de la puertezuela abriéndose fue lo único que se escuchó, quebrando el clima junto a mi suspiro. No, no podía simplemente irme, me costaba a pesar de que era lo correcto. Rechazarlo era la mejor opción, no había nada más qué considerar, ni siquiera la posibilidad de vivir con él. Ya no.""

- Hasta ahora, desde que era niño, mujeres grandes, niñas, hombres incluso sólo quisieron tenerme para lucirme, como si fuera 'Algo' –hizo una pausa-. Intenta colocarte en mi lugar, no es fácil creerte, y aún si fueras sincero no dejo de ser un alumno más. Una relación más lejana entre nosotros es imposible –aseveró en tono serio y quedo-.

- Sal del auto Duo –ordenó con un dejo de molestia, aunque fuera muy vago-.

""Enojado con aquel ego que me pareció encontrar en sus apenas cuatro palabras, obedecí de mala gana cerrando la puerta de camino a la entrada de mi casa. Lo intenté, intenté que él entendiera, porque sabía que si lo hacía entonces valía la pena darle la oportunidad de creerle, pero él la rechazó, simplemente no le importó. Fue demasiado fácil que se rindiera, y eso porque seguramente no soy lo suficientemente necesario para él, porque en realidad sus palabras no fueron exactas. No, yo no le gusto, si le gustara se hubiera molestado en intentar convencerme, que le creyera, pero me dejó ir como si le valiera lo mismo. ¡Yo tenía la maldita razón!.""

"Fruncí el ceño, anulando cualquier otro indicio que pudiera demostrar que lo que dijo, me había caído como una patada al hígado. Tal parecía ser que él no me conocía lo suficiente como para simplemente creerme, él no podía darse cuenta que yo no mentía ni exageraba, y el deseo de gritarle que era Zero y que por ser él sí podía entender casi me desbordaba. No podía, todavía no era el momento de decirle quién era, y si nunca nos volvíamos a hablar quedaría como mi secreto para tan siquiera, estar cerca, a su manera. Todo porque Zero no lo conocía, a él si le creía un sentimiento, pero yo por más que me esforzase no iba a conseguir ni siquiera un nivel similar, o al menos eso parecía."

"Coloqué mi frente en el volante del automóvil, suspirando, perdido, sin saber qué hacer de ahora en más. Probablemente había sido un error confesarle de esa manera lo que me pasaba, pero era tarde… ¿Ahora, qué podía hacer?, ¿Qué debía hacer; cuando lo viera debía actuar como si jamás lo hubiera dicho, como si intentara convencerlo, o como si jamás nos hubiéramos hablado?... Y cualquiera de las tres me era una tortura, silenciosa, lenta, dolorosa. Hubiera dado todo por tenerlo una noche conmigo, sólo conmigo, a solas; no importaba el sexo, no importaban las palabras, si tan sólo se hubiera quedado y me hubiera permitido abrazarle…. Sólo con eso hubiera podido probarle que es real, que lo que siento es verdadero, pero…"

"Cerré un momento en los ojos, evitando pensar más, deprimirme, o cualquiera fuera el sentimiento que me comenzaba a invadir, y encendí el motor dispuesto a irme sin mirar atrás. Sólo un milagro me sacaría de esto, y los milagros no existían. Pero eso sí, me llevaba un buen recuerdo: haberlo besado, haber sentido su aroma tan cerca, su piel bajo mis manos, aunque fuera un breve instante."

""No pude dejar de mirar ese vehículo del que había salido, mientras estuvo apagado y quieto, a pesar de yo estar dentro de la casa por poco y pegado a la ventana. Quería ir y decirle que lo adoraba, que él me encantaba, que me daba igual si me quería o no con tal de vivir con él, pero sabía que estaba mal y sólo por eso no salía. Prefería estar aquí, ahogándome silenciosamente tras el vidrio. Me torturaba la sola existencia de ese auto parado frente a mi casa, no me dejaba ni pestañear, pero cuando lo vi partir todo se me derrumbó. Comenzaba a arrepentirme; ¡Hubiera sido tan bueno dejar que él me tomara aunque fuera esa noche!, hubiera sido tan genial guardarme un recuerdo tan hermoso y perfecto de una primera vez…""

- ¿Pasa algo sobrinito? –resonó la vos de la pelicorto-.

- No Hil… nada… –respondió quedo, aún mirando a la nada de la calle, y luego de unos minutos se volteó de camino a su habitación-. Voy a dormir, buenas noches.

"Esa noche, tras pasar a buscar a Quatre y dejarlo en su casa para traerme a Mariemaia, no hice sino encerrarme en mi cuarto, hundiéndome en las sábanas, impregnándome con el perfume que despedían como si de él dependiera mi sueño, el resto de mi vida. Quise olvidarme de todo, y por unas cuantas horas, pude hacerlo; agradecí a aquel aroma que llegaba a mis sentidos, pero sabía que sería la única vez, por lo que debía disfrutarlo, atesorarlo. Fue un amanecer tranquilo, con horas de sueño profundas como jamás imaginé, y como lo había previsto al abrir los ojos aquel perfume ya no existía, se había desvanecido en el aire, sin quedar ni rastros, pero mis recuerdos estaban frescos con sólo mirar la cama."

"La mañana, tarde y noche de ese día lo viví como por inercia; desayuné, corregí trabajos y comí sin atormentarme demasiado, pero sentía el clima tenso y vacío entorno a mí. No recibí llamadas, tampoco visitas, ni siquiera se conectó Shinigami a la red. Era como si lo estuviera esperando, como si todavía me negara a aceptar lo que sucedió apenas en la noche, pero en el fondo mi lado negativo me decía que nada sucedería, que me decepcionaría. Y al caer la noche más convencido estuve de ello, como si las horas me hubieran ayudado a reafirmar esa idea que rondaba mi cabeza, volviéndome negativo al punto de creer que quizás, lo mejor, era volver a pensar que el amor es sólo para idiotas, y yo, había caído como el perfecto pelotudo. Había sido la mortal y tentadora imagen del demonio, quien con cuerpo perfecto, me había tomado por presa; lástima, yo aún estaba en pie, y no iba a dejarme caer."

"Llegado el lunes, me dispuse a desayunar antes de asistir a clases. Había dormido tremendamente tarde por un inusual insomnio, pero aún así no tenía sueño ni cansancio, simplemente estaba ligeramente delicado de ánimo. Serví mi taza de café mientras Mariemaia tomaba su té con leche sentada en el sofá, escuchando el canal de la música como cada mañana que se despertaba temprano, y le hice compañía apenas prestando atención a los videoclips. Las imágenes de éstos parecían simplemente escenas vacías a mis ojos, que miraban sin ganas algunas y prestaban una atención desinteresada a cada canción, pues realmente, me deprimía más que otra cosa. Hoy, hoy era el día que tenía que dar la cara y ver a Duo luego del sábado… ¿Cómo iba a hacer?. Por más que pensaba no había respuesta alguna a mi problema, ¿Pero, qué estaba pensando yo?; realmente no era un problema, sólo tenía que hacer de cuenta que nada había sucedido, no demostrar nada como de costumbre, como lo hacía siempre. Era tan sencillo como eso…."

"Antes de ingresar en el pasillo del colegio, suspiré preparándome para lo que iba a ser una larga mañana. Usualmente me era incómodo entrar en Corporation Wing, pero esto… esto sobrepasaba mis expectativas. Ingresé sin ánimos, intentando distraerme hasta con una mota de polvo, y por momentos funcionaba; sólo hasta que recordaba dónde estaba. Ni siquiera sabía hasta cuándo tendría que cumplir la suplencia, no tenía esperanzas ni podía escaparme de la realidad de ningún modo. Cuando quise darme cuenta ya estaba en la sala de profesores, preparándome para la primera hora con lentitud casi exagerada. Quizás, ilusionarme demasiado con Duo fue el error; quizás, no ponerme un límite cuando hubiese podido detenerme, fue el más grave error; o quizás el único error fue pretender, aquel sábado, que él podía pertenecerme a mí."

"Qué tontería. Todo lo que estaba pensando era una tremenda tontería. Sonreí un poco sin querer, dando punto final al tema, y la campana indicó que debía encaminarme al primer salón. Acababa de darme cuenta que estaba actuando como un tremendo idiota, dejando que mi mundo se acabara por un simple niño, y eso era justamente lo que me dije que no iba a hacer. Duo no era lo primordial, y aunque así fuera, todavía tengo a Shinigami conmigo; aún si el ángel de la muerte no quisiera quedarse a mi lado, mi supervivencia no está marcada por él sino por mí mismo, y por Mariemaia. Eso era porque… este ángel de la muerte, irónicamente, no podía matarte."

"No había sido tan difícil como pensé, luego de que me dije aquello, el entrar en el último salón e impartir clases como normalmente. Ignoré casi rotundamente al pelilargo que parecía ya de por sí como un fantasma, rogando por pasar tan desapercibido como yo intentaba pasarle por alto. Fue un acuerdo absolutamente silencioso, mutuo; ni él me miró ni yo le miré, y por suerte mi clase no me obligó a tener que hablarle exclusivamente a él. Por lo menos hasta que pudiera limitarme a mi profesionalismo, sólo lo objetivo, dejando atrás esa lastimera sensación parecida al rencor. No era sino la sensación de haber quedado como un completo idiota, pero eso podía remediarlo aún."

"El silencio en mi entorno, la frialdad que me rodeaba de ir al trabajo, a la corporación y de regreso a casa, era algo a lo que volví a habituarme en las siguientes semanas. La única calidez a la que me entregué fue a las sonrisas de Mariemaia durante los juegos de mesa, o los paseos al centro comercial. Fue difícil al principio intentar simular que yo estaba bien, pero después fui tomando el mando de mi mismo como correspondía, porque como me repetía todas las noches: no podía dejar que un niño me arruinara la vida. Me había repetido tanto, pero tanto aquello, que se había transformado en mi biblia, mientras mi némesis eran los recuerdos de aquel cuerpo bajo el mío sobre la cama. ¡Tremendos recuerdos!"

"Algunas noches, casi podía sentir sus labios aún sobre los míos, y me despertaba en la noche intentando distraerme con cualquier cosa que me hiciera olvidar la sensación, el sabor. Poco a poco fueron desapareciendo, dejándome a mi con la idea de que nada se le comparaba en asombroso y adictivo, pero sin poder recordar exactamente la composición del mismo. Hubieron también, veces en las que Shinigami me hablaba, pero intenté excusarme cuanto pude para alejarme de él, hasta que notaba que era extremista y obvio, y entonces, mi atención volvía muy escasamente a él…"

"… Su vida había seguido su curso como imaginé, él estaba como siempre, yo apenas y había sido un factor…. Corroborarlo era peor que saberlo, sin duda alguna. Muchas veces pensé en decirle todo, pero de inmediato el miedo de perder lo único que me unía con él me invadía, volviéndome incapaz de dar semejante paso. No podía enterarlo, contarle que yo era Zero, eso era imposible. En cuando Duo lo supiera cerraría todas las puertas, odiándome a sus anchas, y entonces yo ya no tendría absolutamente ningún buen recuerdo. Ya era mi némesis como para ser masoquista y desear que me hiciera más daño aún. ¡Vaya nuevo era aquello, alguien haciéndome daño, yo huyendo del dolor…! Sin dudas, algo que tiempo atrás siquiera figuraría en mi diccionario, cuánto habían cambiado las cosas desde entonces."

"Pero yo era el único con una perspectiva diferente."

"El plazo como maestro suplente en aquel colegio pronto llegaría a su fin, y a mí eso me daba exactamente lo mismo. Por una parte era bueno, mi tiempo sería más completo para Wing y para Marie, algo muy positivo; pero por el otro lado sencillamente no sentía nada al respecto. Quizás eso era bueno. Los días estaban más que contados, apenas dos meses después de mi ruptura con Duo, y pasaron lentos al principio y rápidos después, o al menos eso digo ahora, que despierto en la mañana y regreso de dejar a Mariemaia en el colegio sin encontrar nada que hacer más que revisar informes…. Pero esa mañana algo rompió la monotonía más de lo usual: unos golpecitos en la puerta, a las nueve de la mañana."

"Aunque lo hubiera sabido, nada en toda mi existencia me hubiera dejado lo suficientemente preparado para esto: enfrentar a Duo cara a cara luego de tantos días silenciándome. Me había pillado con la guardia baja, muy baja, inexistente casi. La pregunta casi se dibujó en mi mirada, entre acusatoria y consternada, mientras le correspondía el miramiento con más fijeza que él, pues duró apenas segundos antes de que él exhalara y me reprochara silenciosamente con sus amatistas. Una silenciosa charla, pero que decía muchas cosas… aunque no quería fiarme de eso, no quería caer ante él de nuevo. Esta vez, él tendría que ceder."

""Había golpeado la puerta lleno de inseguridad pero al mismo tiempo, decisión sobre mi razón de estar allí, sin embargo todo aquello había caído al suelo cuando reviví la fuerza abrumadora de sus intimidantes dagas grises. Tantos días sin una sola de sus miradas había hecho que mi pobre corazón olvidara absolutamente la arrasadora ola que me ahogaba siempre que él hacía eso. Prácticamente me estudiaba en silencio, siempre era lo mismo, a pesar de que no supiera con exactitud por qué. Le regañé de regreso, apenas sentí la sangre caliente invadir los vasos sanguíneos bajo la epidermis de mi rostro, en un vano intento de que dejara eso. ¡claro que no iba a dejarlo, era parte de él analizar de ese modo a cuanta persona se le plantaba enfrente, maldito Heero!""

-… ¿Podemos hablar? –comenzó el pelilargo, inquieto, apretando sus manos en puños para quitarse la tensión-.

- Creo que no hay nada que me debas decir –opinó en voz baja pero decisiva, apretando el pomo de la puerta en su mano con miedo de olvidarse de la realidad-.

Duo resopló, aparentemente molesto. La mirada cobalto chispeó de curiosidad e interés.

- No seas un maldito pendejo –se quejó sin temor alguno, acusándolo sin moverse un centímetro-. ¿Por qué no avisaste que dejarías las clases?

- Eso a ti no te importa –refutó automáticamente, ¿Quién era él para decirle qué hacer?-, mi vida es mi vida y tú decidiste no formar parte de ella.

""Mi respuesta quedó en el aire, con mis labios entreabiertos ante aquella pronta acusación que no esperé en lo más mínimo. ¿Me estaba acaso echando en cara que lo hubiera rechazado? ¿Heero estaba resentido…? ¿Era por eso que había optado por hacerme la ley de hielo durante dos meses?... ¿¡Era posible que este niño super maduro, dueño de una corporación, fuera un infantil dolido por el rechazo de un amorío? ¡Aquello era ridículo, ni siquiera podía reacomodar mis pensamientos!""

"Casi lo traspasé con la mirada, de inmediato sintiendo que debería callarme la boca, cerrar la puerta, y olvidarme completamente de él. ¿Por qué yo debía escucharlo? ¿Por qué él venía a reclamarme cosas sin derecho alguno?... ¿por qué yo debería tener la cortesía de responderle? Ah, cierto, porque se supone que soy mejor que él…. Pero en aquel momento, poco me importaba ser mejor o peor, simplemente quería seguir mi vida y que él tuviera la misma muestra de desconfianza que me tuvo a mi."

- De acuerdo –aceptó el ojivioleta, haciendo esfuerzo sobrehumano por mantener una charla razonable-, ¿Me darías clases en particular? –evadió-

- No –fue la tajante respuesta, sin que la mirada cobalto se despejara un milímetro-.

- ¿¡Qué! ¿¡Por qué! –se exaltó sintiéndose rechazado, acusado de crimen que no había cometido-.

- ¿Será tal vez para no mezclar asuntos? –devolvió con sarcasmo- Tú no quieres tener nada que ver conmigo, y yo tampoco.

- ¿¡Quién te dijo que yo no quería tener nada contigo! ¡Yo solamente te dije que no creía que realmente te gustara! –acusó olvidándose de que aquel era un tema prohibido, a tal punto, que ni siquiera el sonrojo asaltó sus pómulos-.

- ¡Si no confías en mi no estoy loco para invertir tiempo en ti!

- ¿¡Cómo rayos pretendes que confíe en quien no conozco!

- ¿¡Qué no me conoces! ¡Duo por favor, dónde vives!

- ¡Con un demonio, no way, you think that I am the child here and nothing going to work until your fucking mind realize me like an adult! What's your problem with it! Pride, only pride, it's your fault, your mistake, not mine neither nobody! You son of bitch… -insultó colérico, fuera de sí-.

"Todas mis emociones frenaron en seco cuando me di cuenta que no estaba entendiendo una palabra de lo que me estaba diciendo, quedándome apenas parado frente a él observándole extrañado, en silencio, esperando porque se calmara y pudiera hacerme el favor de traducirme. Había olvidado ese detalle de él…. Casi me causaba gracia que perdiera los estribos al límite de ni saber en qué idioma hablar, y no recuerdo si alguna vez me explicó por qué le sucedía."

- What…? –preguntó con molestia notable, acuchillando al mayor con la mirada en un intento de que le explicara por qué se había quedado en silencio, callado, mirándole-.

- ¿Te calmaste…? –habló con cautela, neutralidad, pero eso sólo hizo enfurecer más al otro-

- ¡Por supuesto que no, idiota!

- … Entonces olvídalo –bufó disponiéndose a cerrarle la puerta en la cara-.

""Mi mirada centelló al momento en que mis dientes castañearon, con mi ira fluyendo por dentro. ¡Era un maldito, un maldito! Pegaría media vuelta y me iría, ¡Sí, eso debía hacer, dejarlo hundirse en su mugre como le correspondía! Pero estaba tan enojado que lo último que podía hacer era tragarme la bronca y simplemente dejárselo pasar como si su vida fuera de lo más pacífica.""

"Cerré tras de mi suspirando, amargado de cierto modo con tener que llegar hasta aquel extremo para acabar con la bronca de él y que sentara cabeza. No tenía miedo de que se fuera, porque aún quedándose seguramente nada se arreglaría, ¿Qué diferencia había? Me apoyé suavemente en la puerta aún sin poder moverme, incapaz de pensar en otra cosa que en el fuerte deseo de abrazarle, cuando sentí de nuevo el insistente timbre que no me hizo sino sonreír."

"Duo siempre sería Duo."

- ¡Abre la maldita puerta! –protestó el pelilargo encolerizado-

- ¿Ya vas a hablar como corresponde…? –preguntó más neutral y frío el otro una vez vuelto a correr la puerta de entre ambos-

- Hazte a un lado –ordenó, apretando los dientes fuertemente, tanto como los puños-.

"Mi mirada permaneció sobre su figura, como si intentara descifrar si era correcto o no, no por él, sino por mi. Quizás esto fuera a destruirme, pero aún así no podía imponerle una negativa. No podía decirle que no cuando veía cómo brillaban esas lilas. En una queja silenciosa me corrí dejándole el camino libre, todavía no muy conforme con el modo inconsciente que él me doblegaba; ¡Era absurdo! Más que absurdo deprimente… ¿Cómo iba a sobrevivir yo si con su sola presencia mi consciencia se negaba a oponerse…? ¿Cómo iba yo a poder seguir con mi vida si cada que él aparecía podía perdonarle todo y actuar como si nada hubiera sucedido, permitiéndole el ingreso como la mejor de mis amistades…? Era un hecho que no iba a conseguir nada así, pero tampoco encontraba el modo de mentalizarme al respecto. Sí, hacerme entrar en la cabeza que no debía ser como era ahora, que algo debía de cambiar para con él si deseaba que esto llegara a alguna parte (buena o mala)."

- Vamos a hablar como dos personas civilizadas –impuso, aunque el otro pareció burlársele cuando se recargó en la puerta cruzándose de brazos, alzando una ceja- ¡No me mires así, te lo digo enserio! –espetó de vuelta con la oleada de enojo queriéndole invadir, aunque de igual, el otro no pareció prestarle la suficiente importancia; entonces Duo suspiró-. Eres incorregible y orgulloso –susurró-, ¿Vas a querer que te pague honorarios por ser mi tutor al menos una vez a la semana? De verdad necesito ayuda con matemáticas…

- No –le respondió tajante, determinante-. No voy a ser tu tutor, no me importa la condición que impongas para ello, no tengo tiempo para eso –se excusó con facilidad, una mentira demasiado fácil de soltar-.

- Sí tienes tiempo para eso si tuviste tiempo para dar clases, eso es una tontería, te tomaría una hora por semana ¡Es poco!

- No –negó de nueva cuenta, un poco más calmo, pero sin declinar-, entiéndelo, no voy a ser tu tutor… consíguete otro profesor.

- ¿Por qué, exactamente, no puedes ser tú mi tutor? Y con sinceridad.

- Duo… -suspiró cansío- ¿Qué parte no entiendes?... –le acuchilló con la mirada-. No eres tonto, no actúes como si lo fueras, los dos sabemos que esto de profesor-alumno no va sea el ámbito que sea; no me hables de confianza, el más delicado con ella eres tú. Consíguete a alguien más.

- Entonces sí estás resentido…

- No es resentimiento, es lógica –corrigió inmediatamente-. Sienta cabeza, vamos, si tu problema son las matemáticas te consigo un profesor, no tienes razón para venir a molestarme aquí como si yo te debiera algo; no te debo nada, no hay una sola razón por la que te deba explicaciones, no hay nada que justifique tu presencia –concluyó a modo de resumen-.

""Apenas herido, le miré sin saber exactamente qué replicar. Él tenía razón, sí, ¡Pero el muy idiota seguía sin darse cuenta por qué quería que él fuera mi maestro!. No era un simple capricho… era porque justamente no había una razón para la que le viera que quería crear una. No era un tema de confianza, era que yo quería creer en él. ¡Pero no, Heero, el lerdo! ¿De qué otra manera podía hacerle entender lo que yo quería…?""

"¡Qué terco! ¿Acaso quería matarme en vida, torturándome con su presencia sin poder tenerlo? Yo me sabía con autocontrol, pero también conocía mis límites, y no iba a poder soportar tenerlo aunque fuera una vez por semana en mi casa, menos si por casualidad me tocaba con él a solas…. No iba a poder, no quería que estuviera en mi vida de aquella manera si él no iba a poder confiar en mi siquiera un poco, ¿De qué me servía verle entonces, de tortura? No…, no era tan masoquista. Él ya había elegido, él ya sabía lo que yo sentía, estaba actuando muy egoístamente si pretendía que yo entrara de aquel modo en sus rutinas…"

""De pronto me sentí incómodo, pues no sabía ni qué decir ni qué hacer. Tampoco tenía muchas salidas con él mirándome tan de frente. De vuelta la arrasadora sensación de ser disminuido, la fuerza de su mirada incomodándome, intimidándome, impidiéndome actuar de alguna manera que no fuera petrificarme en mi lugar; aunque fui salvado paradójicamente por la campana, la del teléfono, sonando muy oportunamente tras de mí a pocos metros. ¡Qué oportuno! Mi Diosito de verdad me quería…""

-… ¿Sí…? –contestó el ojicobalto tras atravesar la sala hasta la mesita donde descansaba el teléfono negro, con un tono de inusual carencia de emociones, bajo pero lo suficientemente audible para su interlocutor al otro lado del aparato-. Lo sé, estaba por salir… -agregó tras unos instantes, en los que el trenzado se sentó en el sofá pensando pero atento-; sí, pasaré a preguntar si llegó la encomienda. Saldré en un momento.

- ¿Andas apurado? –preguntó el ojvioleta, observándole colgar el tubo-.

- Mucho…

- Mhm…

"Prendí los botones desabrochados de mi camisa, de camino hasta el cuarto para poder alistarme del todo y recoger algunos CD's que dejé allí. En realidad me sentía salvado a tener que continuar esta charla sin sentido, encontraba una gran distracción en mi trabajo, y de alguna manera estaba agradecido con ello. ¿Qué sería de mi si tuviera que seguir aquí obligadamente? Hilde a veces era oportuna sin darse cuenta…. Mi vida sería muy fácil si me hubiera fijado en ella, y no su sobrino."

""Tras verle desaparecer por el pasillo no lo dudé dos veces, me puse de pie y le seguí fielmente, inspeccionando a mi paso todo cuanto encontraba con la simple mirada. El cuarto al que él ingresó era uno prolijo, de una cama, un escritorio, un armario…; el modo de estar acomodadas las cosas y el orden específico parecía casi gritar que era su cuarto. Le vi en silencio sin molestar, recargado en el marco de la puerta, mientras él revisaba quién sabe qué en la laptop sobre la mesita, y pensé… pensé muchas cosas, pero la que no pude quitar de mi mente, fue el hecho de que en la cama de aquel cuarto había sido la vez que casi yo…""

""Desterré de mi mente esos pensamientos antes que el sonrojo lograra invadir por completo mis mejillas, y di un paso dentro del cuarto, dudando de avanzar más. Invadir su espacio personal, eso estaba haciendo, ¿entendería él la razón por la cual estaba allí…? Seguramente, de nuevo, no. Algo nervioso, con miedo al rechazo, mis brazos pasaron por la cintura de él, y apoyé mi frente en su espalda dejando que el aroma llegara por completo a mis sentidos. El cuerpo entre mis brazos se tensó al instante, frenando sus movimientos. Sólo silencio…""

"Mi respiración casi se contuvo al sentirle tan cerca. Él estaba loco, definitivamente quería matarme de la manera más dolorosa posible…, ¿Por qué el Dios de la Muerte venía tras de mí, forzándome a resistir su agónica tortura antes de que mi final llegara…? ¿Por qué yo…?"

- … Nee… Heero…-llamó despacio el pelilargo, manteniendo un tono acorde a la situación, sin soltarle, pero no obtuvo respuesta alguna ni por movimiento-. ¿Aún no adivinas… por qué quiero que seas tú…? –hundió ligeramente su rostro en la camisa del muchacho, ligeramente sonrojado por el esfuerzo que significaba ser sincero-. Es porque quiero confiar… que estoy aquí…, ¿Me negarás intentarlo…?

Todo se mantuvo en silencio para ambos, la escena sin cambiar durante unos cuantos minutos en los que ninguno siquiera pensó en ellos. Heero quiso creerle, quería y necesitaba creerle, y sólo porque se trataba de Duo, su Duo era que podía intentarlo. Sus manos libres tras abandonar los discos sobre la mesa, pasaron sutilmente por los brazos del menor, deshaciendo el agarre con suavidad para poder voltearse. El corazón del adolescente golpeaba con fuerza contra su pecho, aturdiéndole, aún luego de que sintió unos labios sobre los suyos, prudentes, pero ansiosos por probarlo todo.

Apenas los sabores se mezclaron permitiéndole a ambos degustarlo, los posesivos brazos del pelicorto se ciñeron en la estilizada figura de su compañero, pegándolo a su cuerpo, sintiéndolo mejor. Ambos cuerpos parecían amoldarse increíblemente, ambos lo sabían, resultándoles una sensación deliciosa tanto para el gusto como para las sensaciones. Ya no importó qué hora era, ni si alguien estaba apurado, ninguno era capaz de detener la oleada de emociones que anulaban los pensamientos. Era más poderosa que cualquier otra cosa, incluso que el deseo mismo.

Las manos ansiosas del empresario buscaron meterse de inmediato bajo la remera, logrando un jadeo y un estremecimiento de parte del chico que ahora más que nunca, se sentía intimidado, víctima, aunque aún demasiado lejos de la realidad y la lógica para detenerse. Uno anhelaba más que el otro sentir aquel cuerpo entre sus brazos, hacerlo suyo, disfrutarlo antes que desapareciera y todo fuera una ilusión, y el otro estaba demasiado ausente dejándose hacer, para siquiera notarlo. Esas eran las razones principales por las que ninguno de ambos supo el momento en que la cama estuvo debajo de ellos, proporcionando mayor comodidad y libertad para tocarse. Los labios deseosos de Heero descendieron como ya lo hubo hecho una vez, por el cuello del muchacho, palpando la suave piel bajo la yema de sus dedos por debajo de la remera.

- Ah, Heero… -dejó escapar en forma de gemido o suspiro, acurrucándose en su lugar como alejándose del contacto que quemaba cual fuego directo, mas sin embargo permaneció allí, aturdido por la presencia de aquel que ocupaba sus pensamientos-.

Ya no existía la posibilidad de detenerse. Duo no quería que aquello se detuviera, aún si sabía que no era el modo de hacer que Heero creyera en él. Por unos instantes, prevaleció arraigado en su mente el pensamiento indudable de disfrutar aquella oportunidad, así tuviera que ser una sola en la vida. El todo por el todo. Su alma y su cuerpo a cambio de la de él… ¿Sería mucho, acaso? ¿El precio no lo valía? No le dio muchas vueltas, simplemente volvió a arquearse y perderse en las manos tibias que ya, sin saber cómo ni cuándo, le habían retirado la camiseta.

Heero siempre lograba en Duo, la pérdida absoluta del raciocinio.

Pero no era como si Duo no tuviera el mismo efecto en Heero. Solamente de manera diferente, quizás, conseguía que todas las prioridades del empresario se acomodaran en torno al adolescente. Entonces, ése niño quedaba en el puesto número uno, dejando a lo demás en un segundo plano, un absurdo segundo plano que ni siquiera debería existir… ¿Qué importaba el trabajo en comparación de aquello? Nada.

Con la respiración acelerada, lleno de una infinita ansiedad, el mayor se separó de la piel cremosa buscando los labios de su acompañante. Piel con piel hicieron contacto, obligándoles a ahogar aquel doloroso gemido pronto precedido por manos inexpertas, apuradas, que querían tocar a toda prisa la mayor porción de piel que lograra. El delgado cuerpo del casi adulto se tensó de placer, siendo empujado por las caderas de aquel sobre él. Las descargas que nublaban aún más la mente parecían no cesar, sino ir en aumento hasta la inconsciencia.

La realidad cayó como agua helada cuando las precipitadas manos del pelicorto deslizaron el pantalón de su compañero, rozando sin querer la piel. El estremecimiento visible que le atravesó al menor vino acompañado de una separación más notoria de ambos cuerpos: él había conseguido asustarse y pisar tierra, algo que, en evidencia, él otro no. Fueron las manos de Duo las que provocaron la distancia, separándole a Heero por los hombros sin molestarse en disimular su agitación.

Unas dagas cobalto preguntaron en silencio. Pero las lilas no quisieron abrirse, su dueño seguía agitado, sonrosado.

-… Duo… -llamó lentamente, pero él sólo negó intentando que todo quedara entendido sin palabras-. En algún momento sucederá, déjame seguir –pidió en un susurro al comprender de cierto modo la negativa, atreviéndose de paso, a volver a besar la piel de aquel ángel de la muerte-

-… Heero… -llamó quedo, pretendiendo ser llamado de advertencia, pero el tono correcto no salía-.

- Shh… -

El intenso deseo por hacerle sentir mejor logró en el pelicorto cierta consciencia para ir más lentamente apenas ambos quedaron únicamente con la ropa interior. Sus cuerpos se rozaban tentativamente uno contra otro, mientras el beso profundo y correspondido hacía olvidar un poco más la situación. La piel les ardía, pero no había prisa, esta vez por parte de ninguno de los dos. El calor producido por las caricias era insignificante en comparación con el del contacto absoluto; este segundo era más abrumador, más intenso. No había cabida para cobijas o sábanas, ellas estorbaban, todo lo necesario sentían que eran ellos dos así de juntos sin interrupción alguna.

Pero como nada podía ser perfecto, hubo una interrupción.

En el suelo, entre la ropa del empresario, el celular comenzó a sonar sobriamente. Se escuchó además una queja ahogada, que no hizo variar en absoluto la pasional escena; pero el teléfono continuaba sonando insistentemente. Tan molesto y novelesco como nadie pudiera imaginar. Heero deseó aplastarlo, Duo aún no podía pensar; entonces Heero pensó que mejor, lo apagaba. Y eso hizo luego de separarse renuentemente de los besos, sin abandonar su posición más que para rebuscárselas y conseguir el aparato.

De nuevo, silencio. Solamente los suspiros de ambos dentro de aquellas cuatro paredes, el rozar de los cuerpos contra las sábanas, junto a algún que otro jadeo fugitivo que consiguió escapar de la danza de ambos labios.

Procurando tener cuidado, amando cada centímetro del menor, el pelicorto bajó la prenda íntima que escondía las partes más privadas y vírgenes del adolescente. Los besos marcaron un recorrido desde la barbilla por el pecho, descendiendo hasta perderse por el vientre. Aquel frágil cuerpo sobre la cama se retorcía conteniendo los gemidos, arqueándose, con la mirada aguada de la pena, completamente a merced de aquella especie de amante que tenía ahora.

- ¡Ah…! –exclamó en forma de gemido, sintiendo los labios tibios rodear su parte más sensible, erecta además-.

Incluso, él amó aquel sabor del chico. Nada iba a poder comparársele, nada iba a hacer que atesorara menos aquel ser idóneo, más aún por ser el primero en gozar de sus caricias. Volvió a introducir en su boca aquella extensión de carne, sintiendo bajo de él, el cuerpo estremecerse y tensarse; un nuevo gemido llenó el cuarto. Su víctima no razonaba, era como sentirse mareado, inconsciente de todo excepto de aquella placentera sensación, solamente podía luchar por mantenerse lúcido, lo suficiente para disfrutar.

- Heero, Heero…

"Sigue pronunciando mi nombre…" rezó mentalmente el muchacho, amando incluso el sonido de esa voz pronunciando aquellas simples cinco letras. Sonaba especialmente armonioso cuando era Duo quien le llamaba. "Sigue pronunciando mi nombre, Duo…, nadie más que yo te oirá hacerlo ahora"

- Mhm… Heero…

Aquel cumplimiento inconsciente del petitorio prendió en el susodicho una especie de ansiedad, misma que le obligó a detener la deliciosa tarea. Subió sin hacer paradas a los labios entreabiertos, húmedos, de su compañero y alumno, apoderándose de ellos en un beso profundo y ansioso. Le tocó a su ropa interior abandonar el cuerpo, caer a un lado de la cama olvidada, proporcionándoles a ambos el placer del contacto total, absoluto.

""¿Es real?"" se preguntaba una y otra vez la mente absorta y perdida del pelilargo, sin poder definir si aquellas sensaciones estaban realmente golpeando su cuerpo o era todo una trampa del subconsciente. ¿Cómo podían ser reales aquellas descargas eléctricas que le erizaban la piel, como si fuera pleno invierno y él estuviera con poca ropa? No había modo, no lo había. Apenas ahora podía jactarse de lo que era el contacto pleno con otra persona, tan íntimamente, y le encantaba. Especialmente porque no parecía haber prisa alguna para llegar a alguna parte, porque no sentía miedo de lo que sucedía, porque sentía como si aquella otra persona le quisiera por sobre todo lo demás.

Ninguno de los dos parecía tener la intensión de terminar con aquello, de hacerlo llegar más lejos, sino simplemente conocerse mutuamente, tocarse. Era por eso que los minutos que le siguieron permanecieron en la misma posición, disfrutando el roce de los cuerpos, disfrutando el calor que se formaba entorno a ellos, las manos recorriendo la piel, y el sabor de los besos significativos y profundos. Todo parecía irremediablemente surrealista, perfecto, de ensueño, al menos hasta que el timbre de la casa sonó desde la sala, taladrando los sentidos de ambos, rompiendo el armonioso clima romántico de esas cuatro paredes.

-… No vayas… -suplicó buscando los labios del pelicorto, que parecían querer alejarse del beso-

-… No… -cedió de inmediato, volviendo a acomodarse sobre el frágil cuerpo del menor para volver a concentrarse en lo de antes-

- Heero…

Los brazos del ojivioleta pasaron entorno al cuello de su pareja, arqueándose ligeramente bajo el cuerpo de ésta, ansioso por seguir sintiendo cómo le marcaba, le conocía, le hacía suyo con simples caricias. Sus párpados palpitaban, tibios, con inminentes deseos de llorar, pero no de tristeza o angustia, sino por la intensidad de aquella situación. Mas no lo hizo, se olvidó de todo, pretendiendo arrastrar con ello la mente del mayor que aún no lograba relajarse, y dejar atrás el sonido de la bocina sonando.

- Tengo que ir –resolvió en un susurro sin poder hacerlo más a un lado, rompiendo el contacto de sus bocas-.

-… No, Heero, no tienes… -intentó convencerle sin ningún argumento más que un cursi Te necesito-

-… Si es Marie… -le recordó, librándose de los labios ansiosos que no parecían querer dejarle libre, pero éstos de inmediato cedieron ahogando un quejido-. Lo siento… -se disculpó en un murmullo apenas para ambos-.

-… Yo también te necesito… –replicó quedo, con ligero toque de capricho, arrancándole inconscientemente una dulce sonrisa a aquel aparente frío chico frente a él-

- … Lo sé, Duo… -consoló apoyando la frente en la de él-, yo también…. Lo lamento, de verdad –le juró robando un último beso, antes de separarse completamente y ponerse de pie-.

En pleno silencio, aún sin que ninguno pudiera pensar en nada en concreto, el joven de ojos cobaltos se comenzó a vestir colocándose la parte inferior de las prendas. Su acompañante simplemente jaló algo de la sábana intentando cubrirse para sentir menos pena, mientras bajaba a Tierra, haciendo reaccionar su cerebro desenchufado. El celular apenas vibró cuando fue encendido de nuevo, mostrando al acto unas llamadas perdidas todas pertenecientes a Hilde, pero no hubo tiempo de devolver la llamada, el timbre volvió a sonar con fuerza.

Duo le vio salir a aquella especie de pareja por la puerta del cuarto, colocándose en el camino la camisa. Entonces dejó salir el aire, algo más tranquilo, dispuesto a vestirse. ""¿Qué ha sido todo eso?..."" No encontraba respuesta, su mente aún parecía vacía. Decidió ocuparse de vestirse, luego pensaría.

Heero abrió la puerta principal con aparente tranquilidad, aunque dentro estuviera tan perdido que apenas lograba saber qué día era. Ni en lo más remoto de sus ideas hubiera imaginado que se encontraría con la alarmada y preocupada mirada azul de Schbeiker al otro lado. No supo cómo reaccionar, mientras la chica se metía sin permiso dentro de la casa comenzando su monólogo.

- ¡Te he estado llamando desde hace casi media hora, desde que dijiste que estabas saliendo para allá y no me contestas! ¿No habíamos quedado que era urgente? ¡Qué puede ser tan importante para hacerte olvidar de la hora de esta forma! Aunque sea deberías avisarme cuando te retrasas ¡Así yo no tengo que dejar a cuatro ejecutivos esperando en la sala de estar por venirte a buscar corriendo para saber qué diablos sucedió contigo…!

"Me le quedé observando, con ligero susto. La idea de Hilde allí, frente a mi, hablando sin que le escuchara realmente, me desconcertaba de un modo absoluto. De por si no había podido concentrarme en nada por culpa del aroma de Duo, dando vueltas en torno a mi, junto a su sabor aún en mis labios, distrayéndome. Eso, junto al tremendo susto que me acababa de llevar, me dejaba en lo mismo: nada. Absolutamente inmerso en nada, incapaz de centrar mis pensamientos, incapaz de responder, incapaz de darme cuenta del potencial peligro que esto significaba hasta que fue demasiado tarde."

- ¿¡Duo! –exclamó la muchacha, viendo aparecer por el pasillo a un pelilargo aún algo desarreglado. El cabello de su trenza estaba ligeramente salido, sus mejillas estaban rosadas del calor, su mirada brillaba en son de travesura joven, y sus manos aún trataban de arreglar la remera cuando respingó al igual que el mayor, tan sólo de escuchar su nombre- ¿Qué haces aquí…? –agregó, consternada-

""Entreabrí mis labios, sintiéndolos temblar con miedo. Ahí a metros, estaba mi tía, vestida tal cual como se había arreglado más temprano para ir a trabajar. Su mirada desenfocada me intentaba analizar sin comprender, intentando encontrar un significado para mi apariencia. Sabía que era evidente, sabía que se daría cuenta. Solamente de saber que ya no era tan secreto nuestro encuentro, mis mejillas se ponían más rojas todavía. Busqué con urgencia a mi compañero de líos, pero él parecía tan consternado como Hilde.""

"Casi era como estar fuera de sí. Era una pesadilla. No podía imaginar qué es lo que diría Hilde cuando entendiera por qué me había retardado en llagar, cuál era la causa de mi tardanza, por qué me había entretenido en vez de ocuparme de mi trabajo. No podía imaginar tampoco cómo reaccionaría, sólo podía mirar la escena, sin comprender tampoco cómo había sucedido algo así. Cuando él me miró casi reaccioné, inspeccionando mi camisa, intentando arreglarme un poco, quitar el desorden de mi cabello o terminar de abotonar la prenda."

-… ¿Qué está sucediendo, Heero? –insistió la chica, volteando a ver al mayor, al responsable de dicho acontecimiento. Éste aún se arreglaba, cubriendo mejor su pecho-.

- Nada –mintió sin querer, preso de sus propios (por qué no) nervios-, vámonos ya.

- Es cierto, vas tarde –secundó automáticamente el pelilargo, huyendo por los CDs que había recordado, para que todo el tema quedara zanjado pronto-, ya te traigo los CDs…

-… De acuerdo… -susurró no muy convencida la peliazul, aún mirándoles con algo de desconfianza, tratando de seguirles el juego-.

""Con mi pulso desajustado, haciendo temblar mis manos, me interné en el pasillo, hacia el cuarto donde recordaba, Heero había dejado un par de discos. Me paré allí dentro unos segundos, intentando calmar mi corazón, tratando de lucir algo más normal. Era una de esas situaciones en donde tenía que sentirme menos in fraganti y tratar de convertir el clima en algo cómodo. Era una de esas oportunidades donde tenía que dejar salir a mi Shinigami interior… si tan sólo eso no fuera tan incómodo estando con Heero cerca. Cuando me sentí más listo, volví a dirigirme a la sala, a enfrentar la situación.""

""Hilde aún nos miraba como si ambos de pronto tuviéramos carteles de neón en las cabeza diciendo nuestros pensamientos. Qué horror… mi tía apenas sabía que de mi vida íntima.""

"Inquieto, incómodo, busqué todo lo necesario en la sala sin detenerme a devolver la mirada de mi secretaria. ¿Cómo hacerlo, si sabía perfectamente el crimen que acababa de acontecer bajo mi propio techo? Si aunque sea Duo ya hubiera cumplido los 18, sería un poco menos inquietante. Ella no dejaba de mirarme, como si tratara de intimidarme, aunque seguramente no era esa su intención y solamente estuviera demasiado concentrada en intentar asimilar los hechos. A mi también me costaría en su lugar, tratar de entenderlo."

-… ¿Estos, cierto? –llamó el de exquisitos ojos amatistas, en un tono sin querer bajo, privado, aunque no fuera necesario-

- Sí –le respondió a su vez el mayor. Ambos tan cerca el uno del otro que no hacía falta siquiera tocarse para sentir el calor de la piel del otro, el estremecimiento, el deseo de más contacto apenas mermado por la impresión-.

- ¿E-Entonces, me llevas a casa? –trató de aligerar la situación, imponiendo algo de distancia, para evitar esa sensación que surgía en su cuerpo de solo acercarse al empresario. Ese poder gravitacional de no alejarse de él. Ese accionar de su cuerpo, tan obvio, que le hacía temer que todo el universo se enterase con sólo una mirada-.

No estaba muy equivocado. Hilde lo supo casi de inmediato, cuando las miradas de ambos chicos se chocaron, casi desnudándose mutuamente sin acciones ni palabras.

"Me desprendí del mar amatista con esfuerzo sobrehumano. Su poder de atracción era inimaginable, inigualable, y hasta estupidizante (si es que dicho vocablo existía). Sí, porque era ridículo que me sintiera tan atado a ese muchacho sólo y exclusivamente porque a, me hubiera abrazado; b, me hubiera permitido besarlo; c, hubiera estado tan entregado a mi. Lo que indudablemente me dejaba preguntándome… ¿Acaso sólo con sexo yo era influenciable? Sin embargo, no había tiempo para tratar de responderme. Otras cuestiones me urgían ahora."

""Tratando de no suspirar, arreglé con mis manos mi cabello, soltándolo y desenredándolo con los dedos para atarlo en una coleta baja. Después de todo, podía peinarme bien en cuanto estuviera en mi casa. Dibujé en mis labios la mejor de mis sonrisas, saliendo de la casa en dirección al auto, mientras traté de ignorar aquella intensa pregunta que salía sola, sin premeditación, de los ojos de mi querida tía. Ella me daría un grave sermón después… pero ya vería cómo responder a todos sus cuestionamientos. Mi mayor temor era que Noin se enterase.""

"Subimos al automóvil en una atmósfera extraña, entre tensa y relajada. Ambos acompañantes parecían dar su mayor esfuerzo inconsciente por llenar el aire, con su sola presencia, de cierto clima. Pero lo curioso era que ambos lo conseguían. Bastaba una mirada de uno para que te sintieras inmerso, solamente hasta que te encontrabas con su opuesto, y regresabas a quedar en medio de aquella extrañísima situación de la cual por alguna razón, me sentía desentendido, pese a ser un gran factor. Miré por el retrovisor, luego de unas cuadras, al chico sentado en mi asiento trasero, pero lucía tan relajado, que me daba gracia."

""Una intensa felicidad ridícula me invadió luego de que el vehículo se echó a andar. No era felicidad porque nos hubieran descubierto, sino por lo anterior. Felicidad por aquel terriblemente romántico momento. Era esa imperiosa necesidad de anotar en todos mis calendarios como el día más feliz de mi vida, y, sin caer en la cursilería o en los clichés baratos, era como si él me hubiera iluminado la vida con el sólo hecho de besarme. Damn, me había convertido en totalmente gay, por poco y hasta orgullosamente autoproclamado. Lo peor, no era eso, sino la dicha que esa idea me proporcionaba. ¿Cuántos podían decir que un tipo tan sexy le había convertido en gay?""

La atención de ambos fue llamada de pronto, por el movimiento de la única chica dentro del cubículo.

- ¿Tú no estarás faltando seguido a clases cierto…? –preguntó, como si esa fuera su máxima preocupación-

- No Hil, cómo crees, te habrías enterado en mis calificaciones… -le contestó sin preocuparse el castaño, regalándole una amplia sonrisa, aún con sus dedos enredados en su propio cabello largo-.

Aún absorta, volvió a acomodarse en el asiento del copiloto.

"Conduje en esa misma situación unos pocos minutos más, tratando de entrar por las calles colindantes para evitar el tráfico. A esa hora, era terrible pasar por la zona céntrica. Era casi un hecho que quedarías atascado ahí media hora, fácilmente, por causa del embotellamiento o los conflictos de carril, que casi nunca estaban bien delimitados. Por inercia, estacioné en la acera, frente a la modesta casita donde ambos acompañantes vivían."

- Ahora regresa, sólo tengo que pasarle algo –se excuso el de ojos violáceos, abriendo la portezuela para bajar-.

""Miré por sobre mi hombro cómo mi ex profesor de matemáticas me seguía, luego de apagar el motor. Ni siquiera lo había dudado, solamente de saberlo mi sonrisa se ensanchaba, demostrando la plena emoción de mi pecho, que lo hinchaba, haciéndolo gozar, casi como si el piso estuviera hecho de espuma y fuera suave. Me asustaba el que me sintiera así, porque era demasiado intenso, porque jamás antes lo había sentido de esta forma, y porque sabía, más dolería la caída si algo malo llegaba a suceder. Pero no había cabida para el miedo en mi corazón, yo seguía demasiado en las nubes.""

""Luego de que entró en la sala, cerré cuidadosamente la puerta tras de mi, jalándolo de la mano para poder despedirlo como ansiaba mi cuerpo y mi alma. Sus labios no se negaron en absoluto. Tan pronto como lo invité, él pareció ceder, arrinconándome, invadiéndome, permitiéndome disfrutarlo. El calor de mi cuerpo subió nuevamente, esta vez más rápido que antes, sabedor de lo bien que él podía tocarme. Por supuesto, nada era consciente, solamente podía dejarme llevar a lo que mis impulsos deseaban.""

Ahí, apretados contra la puerta principal, en la intimidad de la casa, ambos se besaron como si no hubiera mañana. Sus labios, sonrosados por la fricción, por los suaves mordiscos que se daban tratando de apagar el ardor de la piel, se negaban a separarse. Las manos de Duo trataron de desprender la camisa del ejecutivo, consiguiendo nada más que éste metiera sus manos bajo la remera del menor, sofocándole con el contacto.

Un suspiro escapó.

-… Duo… -susurró, reacio a abandonar su tarea. Pero tenía qué-.

Ambas bocas se encontraron una vez más, esta vez con calidez. Reconocieron el sabor del otro, memorizándolo. Reconocieron el aroma del otro, para no olvidarlo jamás. Disfrutaron del segundo, para tener con qué soñar el resto del día. Apegaron sus cuerpos, pretendiendo con eso decir, sin palabras, lo poco que deseaban apartarse del otro. Entonces, se separaron al fin, mirándose fijamente, algo agitados, emocionados por igual. El menor rió. El mayor le acarició la mejilla.

-… Tengo que irme –declaró, aún sin hacer esfuerzo por demostrarlo-.

-… ¿Mañana voy…? –se atrevió a preguntar, recargando su rostro en el cálido roce de aquella mano, aún puesta en su majilla derecha-.

- No… yo te aviso –susurró Heero a su vez, robando un último contacto a la boca del otro, dulce y corto-.

Inmediatamente, Hilde pudo ver desde donde estaba, a su jefe salir de la casa, con una diminuta sonrisa en los labios. No distinguió la figura de su sobrino, internado dentro de la casa, tras la puerta de madera, recargado en ésta aún con su mente delirando de la dicha. Tampoco podía decir a ciencia cierta, cuánto se deseaban ambos en esos momentos; cuánto ansiaban seguir sintiéndose el uno al otro, cuán enamorados estaban ya sin poder dar marcha atrás.


N/A: No tengo perdón de Dios por semejante demora. Jajajajaja.

Ahí octavo capítulo. Un poquito de acercamiento como regalito. En fin… a ver cuándo escribo el noveno.

Estoy atravesando una etapa de frustración y decepción amorosa que lamentablemente me tienta para escribir un final Dark. Pero sé que sería demasiado hijo de puta de mi parte poner semejante fin luego de lo horrible que acabó mi última relación, así que créanme, no sucederá. Je.

Dejen Reviews… gracias.

Ryoko Yuy Eiri Lamperouge