N/A: Holas! Pensaba colocar este fic solo en el blog, pero después pensé... esto tiene tipo para hacer una historia, xDD ustedes diganme si desean un fic de unos cinco o siete caps con esta historia!
Bleach NO me pertenece, es propiedad de Tite Kubo
Este Oneshoot es un OOC y AU
Misery Business
Ella sabía muy bien que eso era incorrecto. Muy incorrecto. Y podía apostar lo que fuera de que debía sentirse mal, debía sentirse sucia y como la peor persona del mundo.
Pero ella no se sentía de esa forma. Orihime se sentía viva, feliz y... sobretodo exitada de la posibilidad de ser descubierta. Ella observó los ojos de su amante apasionado y prohibido y un pequeño dejo de culpa hizo hincapié en su mente. Él era muy joven... al menos era unos 10 años más joven que ella y tenía toda una vida por delante y aun así, él estaba allí con ella.
Ella podía recordar muy bien como todo había iniciado. Había sido un juego entre el gato y el ratón. Un juego de miradas, sonrisas, sonrojos y comentarios con doble sentido. Luego, en una tarde cualquiera, los dos había terminado en el mismo lugar que se encontraban ahora.
Teniendo sexo rudo y sucio sobre su escritorio.
La puerta estaba cerrada con seguro, el edificio se encontraba vacío y los murmullos de estudiantes en el exterior hacían que todo lo que ellos estaban experimentando se elevara al extremo y que una dosis muy alta de adrenalina los hiciera temblar, gemir y que sus vistas se volvieran opacas por el placer. Del más puro, intenso y erróneo placer.
—K-Kurosaki-kun— gimió ella sobre los fuertes y anchos hombros de él. El recién nombrado se movía con fuerza sobre ella, enterrando sus uñas sobre la madera tratada del escritorio de caoba. Su miembro entraba y salía una y otra y otra vez del caliente interior de ella.
A ella le avergonzaba admitir que cada risa y murmullo de los estudiantes en el exterior la calentaban. Sentía que sus muslos se humedecían muchísimo con el sólo pensar de que podían ser descubiertos en esa forma. Él completamente desnudo sobre ella y teniendo sexo salvaje y prohibido.
Cada vez que él entraba, ella podía sentir como sus testículos chocaban contra sus muslos y eso la hacía gemir como loca. Llevó sus manos a sus nalgas y las apretó con fuerza, para lograr una penetración mucho más profunda. Ambos respiraban con fuerza y con dificultad. Su cerebro le decía que estaba mal, que eso era incorrecto... pero sus hormonas y su sexualidad le decían que dejara de pensar, que simplemente se dejara llevar por todas esas emociones que él estaba provocando. ¿Desde hacia cuanto que ella no era tomada de esa forma salvaje y fuerte? Ella no tenía idea alguna.
Ella no era virgen. La virginidad la había perdido hacia muchísimo tiempo atrás y realmente ni siquiera se recordaba de como había sido. Él tampoco era virgen. Ella no tenía idea alguna de como él la había perdido y con quien, pero realmente no le importaba en lo más mínimos.
Los dos llegaron al clímax Él cubrió sus labios con los suyos, para evitar que ella gritara de forma fuerte. En la habitación del motel, en su cuarto cuando no había nadie en casa... e incluso en la casa de ella cuando no estaba su esposo, le encantaba escucharla gritar su nombre. Pero hoy no podía darse el lujo de ser descubiertos. No de esa forma. No en ese salón.
Ella calló sobre el escritorio. Sus mejillas, sus orejas y su cuello estaban rojos, mientras que una ligera capa de sudor se extendía por su frente. Sus ojos grises brillaban de emoción y sus labios rosados y carnosos lo invitaban a tomarla una vez más. Él sonrió con malicia y con sus largos y expertos dedos, trazó sus senos, acariciando con cierta ternura sus erectos y rosados pezones.
A pesar de ella poseer una belleza, sensualidad y un apetito sexual comparado con los demonios de la lujuria, para él, ella no dejaba de poseer cierta inocencia angelical en sus ojos grises. Sus ojos lo miraban con un sinfín de emociones que él podía descifrar poco a poco. Cansancio, culpa, deseo, dolor, alegría, desesperanza...
...y amor.
Amor para él, solamente para él. Su corazón ahora no le pertenecía a aquel que era su esposo, aquel que había jurado amarla por siempre frente a un altar. El mismo que había adquirido ese preciado y hermoso anillo que estaba en su dedo.
Su corazón ahora era de él. Sólo de él. Y eso lo alegraba, elevaba su ego y hacia que su pecho se comportara de forma extraña. Su corazón palpitaba de forma fuerte y una sensación que sólo había sentido una vez en su vida, se extendía por su pecho.
Él también, de cierta manera, le amaba.
Su lengua caliente y juguetona se deslizó por sus senos. Sus pezones erectos eran un dulce sabroso y prohibido Esos grandes y suaves pechos que a él le encantaban tocar, morder y lamer, también habían sido en un sinfín de ocasiones el lugar donde su cabeza descansaba luego de una intensa sección de sexo. Succionó con dureza (como a ella tanto le encantaba) su pezón izquierdo, mientras que sus dedos pellizcaban el derecho. Ella arqueó su espalda, de esa forma tan ella. Sus ojos grises estaban abiertos de par en par, mientras que sus dedos se enredaban en su cabello naranja.
Cuando él bajó y separó sus piernas, ella sabía lo que vendría. Sus mejillas se ruborizaron más de lo que ya estaban, pero su libido aumento. —Voy a follarte con mi lengua— fueron sus palabras, las mismas que habían logrado que ella se humedeciera al instante.
Ahh, aunque lo negara, a ella le encantaba cuando él le hablaba sucio. Lo hacía mucho más excitante y la sacaba de la rutina. Ella definitivamente era una chica sucia.
Su lengua recorrió su interior y ella tuvo que morder el interior de sus mejillas para evitar el gritar su nombre por todo lo alto. Él encontró si dificultad alguna el pequeño bulto repleto de nervios que la hizo suplicar por más... el mismo que la enloquecía y la hacía gemir. Su dedo se introdujo en su interior y comenzó a moverse a la par de su lengua, con suavidad, mortificándola "Más rápido" había pedido ella. Él sólo respondió con una lamida más suave, para luego subir su rostro y sonreírle de esa forma tan burlona y malvada de él. Esa sonrisa que la hacía humedecerse. Esa misma sonrisa que él utilizaba para desconcentrarla en clase y volverla un manojo de nervios.
Él era tan cruel.
Sus respiraciones se detuvieron tan pronto escucharon las voces de dos personas afuera del aula.
—¿Has visto a Ichigo? ¡Lo he buscado por todo el edificio y no lo he encontrado!— cuestionó una chica. La misma chica que provocaba los celos en Orihime... y que al mismo tiempo le recordaba que ella era la mujer más sucia y cruel de este planeta. Cada vez que ella la veía, se recordaba que algún día, cuando ella muriera, iría directo al infierno, a quemarse en esas llamas sin fin.
—No lo he visto— respondió un chico. Uno de sus estudiantes.
—¡Nii-sama nos está esperando! Kami-sama, ¿será idiota?— cuestionó ella con enojo.
—¿Acaso él no iba a platicar con Inoue Kuchiki-sensei?— cuestionó el muchacho. Ese apellido provocaba que un nudo en la garganta de ella se formara. Sí, también la hacia sentir como mierda.
—Ahh mierda, creo que ella quedó de darle tutorías, se me había olvidado.— esa era la gran mentira. Tutorías.
—No se como Hime-oneesan puede soportar a este idiota. Pero claro, es mi oneesan y ella definitivamente es una santa— había tanta admiración, amor y confianza en la voz de ella, que los ojos de Orihime se llenaron de lágrimas. —Le diré a Nii-sama que será otro día. Hasta luego, Ishida-san—
Las voces cedieron y ellos se quedaron allí, paralizados. El golpe no era tan duro para él como para ella. Todo era mil veces más complicado para ella.
Ella había traicionado a las dos personas que habían sido durante los últimos once años el centro de su universo. Desde hacia un año, todo había cambiado.
—Esto está tan mal...— murmuró ella, sentándose sobre su escritorio y cubriendo su desnudez con sus manos. Ella era tan sucia.
Él tomó entre sus dedos su mentón y lo subió. —Los dos estamos juntos en esto... y ninguno de los dos quiere que esto culmine, es demasiado importante para ambos, ¿cierto?— sus ojos color chocolate la miraban fijamente, con fuerza, cariño y determinación.
La única respuesta de ella fue un beso en sus labios, el mismo que inició con todo lo demás.
