Este fic es de la co-autoria de MacGirl y NikkyScully. Los personajes de Stargate SG1 pertenecen a Brad Wright y Jonathan Glassner. Los de Dark Hunter series pertenecen a la escritora Sherrilyn Kenyon. No se intenta infringir ninguna ley al hacer este crossover con la serie de tv y los libros.


CAPITULO 2

Santorini continuaba tan hermosa como Tory la recordaba, la isla y sus paisajes siempre le atrayeron desde pequeña y los tenía bien enclavados en su corazón. En Santorini había vivido buenos momentos familiares, su primera excavación, su primera inmersión y la primera vez que encontró objetos concernientes a la Atlántida.

Ahora todo ello pertenecía el pasado, por lo tanto, ya no era aquella niña que soñaba con desentrañar los tesoros de una isla perdida sino que ahora era la diosa protectora de esa isla hundida y que no debía ser encontrada.

Ash no quería que se involucrara pero ella necesitaba cumplir con su deber asignado y por ello se encontraba nuevamente en Santorini y mientras veía el sol ascender desde el balcón de la gran casa que Ash había comprado para ella se preparaba mentalmente para hacer la llamada que jamás imaginó que haría.

- Doctor Jackson, tiene una llamada - le avisó un marino - Acompáñeme por favor -

Daniel acababa de salir del submarino, y estaba revisando las fotografías que había tomado. Le tomaba por sorpresa que alguien lo llamara, porque ¿quien podría saber donde estaba ahora y como comunicarse con él?

- ¿Quién es? - preguntó Daniel al técnico al llegar a la sala de comunicaciones.

- Lo siento señor, dijo que era personal - respondió el marino encogiéndose de hombros.

Daniel tomó el teléfono. - ¿Hola? – preguntó él.

- Kalispera, Daniel- le dio las buenas tardes Tory en griego.- Es Soteria Kafieri- le informó al morderse la lengua porque estuvo a punto de decirle su apellido de casada.

- ¿Tory? - preguntó más por reacción que por no recordarla. - Hola... disculpa, ¿cómo me encontraste? - preguntó él de forma abierta, porque así era Daniel, un hombre que no sabía complicarse con apariencias.

Soteria esperaba como nadie esa pregunta, era cuestión lógica porque se suponía que nadie sabía que su colega y amigo se encontraba allí pero Soteria no era parte del nadie.

- Mmm... Daniel eres antropólogo y por lo tanto sabemos dónde encontrarnos mutuamente- dijo fingiendo diversión. Rezaba para que esa respuesta fuera suficiente para el Dr. Jackson

Daniel lo pensó por un segundo. Nadie sabía dónde estaba trabajando él ahora. Sin embargo... algo le hacía confiar en ella. Algo que no entendía bien, pero que no le despertaba sensaciones negativas sobre esta mujer que hacía tanto no veía.

- Bueno, si, puede ser - dijo él - Pero dime, a que debo esta llamada - preguntó con amabilidad.

- Bueno me estoy quedando unos días en Santorini realizando estudios de investigación sobre la Atlántida - dijo despreocupadamente - Y como estás aquí y sé que has estado trabajo en cierto proyecto concerniente a la Atlántida me gustaría comparar notas contigo - explicó no yéndose por la tangente, la idea era que Daniel se interesara en ella y lo que ella sabía sobre lo que él estaba haciendo. Mientras más se interesaba él, más fácil sería para ella.

Ahora comprendía Daniel de que se trataba esto.

- ¿Qué me dices? ¿Podemos vernos?- preguntó esperanzada y aunque él fuera a negarse ella lograría verlo, por su propia mano o por Ash.

Esta mujer era una de las científicas más apasionadas que él conocía. No era raro que hubiese usando cualquier medio para averiguar sobre este proyecto de investigación.

- Por supuesto Tory, me encantaría verte, podemos tomar un café o algo... ¿te parece esta noche?- preguntó Daniel.

- Por supuesto - respondió Soteria. Sus suposiciones eran ciertas, Daniel Jackson no iba a perder la oportunidad de verla, no cuando su trabajo estaba en riesgo.- ¿Qué tal si cenamos en el Restaurante Egeos? Esta cerca de Kamari y es un lugar muy tranquilo, yo invito- le informó complacida. Le bajaría la luna del cielo si eso significaba saber que estaban tramando los militares con el portal Atlante.

Daniel se inquietó por un momento. ¿Ella estaba en Kamari?

- Me parece bien... ¿Dónde te estás quedando tu? - preguntó Daniel más por curiosidad que por desconfianza.

- En Kamari- respondió, ya había metido la pata pero no había más nada que hacer; lo ideal era continuar con la sinceridad.- Es porque mi equipo de investigación está en Messaria y no me gusta estar alejada -

- Que casualidad - dijo Daniel - Yo estoy alojado en Kamari también, no me quedará lejos entonces - afirmó pensando en lo pequeño que podía llegar a ser el mundo - Nos vemos esta noche entonces, ¿te parece a las 8? - le preguntó.

- Endaksi, Daniel- contestó en el termino para de acuerdo en griego.- Tenemos mucho de qué hablar, así que hasta esta noche querido colega -

- Hasta esta noche Tory - respondió Daniel sonriendo al recordar el gusto de ella por hablar en otros idiomas.

Daniel colgó el teléfono y repasó en su mente por un segundo lo que debía hacer antes de poder regresar a tierra firme. Tenía que apresurarse o llegaría tarde al restaurante.

Cuando Soteria colgó su móvil volvió al interior de la gran casa, la cual contrastaba enormemente con su diminuto hogar en New Orleans, pero no podía culpar a su dios-esposo y sus deseos de en complacerla. Ella siempre había querido una casa en Santorini y el gustosamente no le había dado esa, sino cuatro pero la de Kamari era su favorita por estar más cerca de las ruinas de la Atlantida.

.

.

.

"¿Querido colega?"

Al escuchar la voz profunda de Ash, Tory se sobresaltó - Demonios Ash, odio que hagas eso! - se quejó, pero él solo se digno en reírse de ella.- ¿Escuchaste la conversación?- preguntó, pero no supo porque se molestó en preguntar ya que su marido hacia todo lo que le venía en gana.- No me digas que estás celoso- le atacó conociendo esa venita paranoica y celosa en él.

- ¿Por qué debería estar celoso de un hombre que estudia cacharros para vivir?- preguntó fingiendo indignación.

- ¿Porque a mí me gustan los cacharros?- ante esa pregunta Ash comenzó a protestar y Tory levantó las manos en señal de rendición.- El esta sospechando de mis intenciones...-

- Ve despacio- le recomendó Ash mientras ambos se teletransportaron a la gran habitación de la casa grande. De balcón amplio, puertas corredizas y paredes blancas a Ash le inspiraba demasiada paz.- No quiero intervenir -

- No debes intervenir- sentenció Soteria al abrir las puertas del closet.- Ya es malo que estén tan cerca del portal, imagínate que ocurriría si descubren que la Atlántida no solo es real sino que también tenía su panteón de dioses y que tú vendrías siendo el último de ellos- reflexionó haciéndole recordar que los humanos no podían conocer su existencia.

- Déjamelo a mí, conozco a Daniel y sé que terminará por contarme como supieron de esas ruinas y del portal y qué quieren hacer ellos con él - se acercó a él y tocó su pecho.- Te prometo que todo estará bien -

-¿Y si Artemisa está detrás de todo esto?- le preguntó preocupado.- Katra me dijo que su madre no ha estado inventando nada contra nosotros pero con Artemisa nunca se sabe- expresó recordando que Artemisa ya no lo tenía en buena estima desde su desvinculación y posterior matrimonio con Soteria.

-Si es así yo misma me encargaré de arrancarle cada mechón pelirrojo de su fea cabeza - amenazó.- Y sabes que puedo - Ash la acunó en sus brazos mientras ella decía esas palabras.

- Es lo que temo- dijo divertido, conocía el temperamento de Soteria. Ella era capaz de arrasar con medio Olimpo si le causaban problemas a Acheron.- ¿Quieres que te acompañe a esa cena?- le preguntó.

- No, no necesito distracciones - sonrió picara.- Por cierto, ¿Qué haces aquí?- preguntó curiosa.

- Me aburría y le dije a Urian y Alexion que se encargaran de las quejas y llamadas de los Dark Hunters, así que vine a hacerte compañía- le sonrió y la acercó mucho más a él.

- Veo que trajiste a Simi contigo - expresó al pasar un dedo sobre el tatuaje del dragón que tenía Ash sobre su brazo izquierdo. Simi prefería viajar así cuando no estaba en su forma humana.- ¿Entonces qué haremos hasta que llegue la hora de mi reunión con Daniel? -

Ash sonrió divertido y en menos de un nanosegundo ambos estaban sobre la cama y sin una sola gota de ropa. La risa encantada de Soteria resonó en toda la habitación mientras Ash se detenía en besar su largo y hermoso cuello.

.

.

.

No era fácil para una mujer adulta salir de la cama cuando se tiene un marido bastante versado en actividades sexuales que harían ruborizar a cualquier dama de mundo, pero era que no se podía esperar menos de un dios de once mil años.

Soteria salió de su enorme casa ataviada con un vestido veraniego en marrón y amarillo, sandalias de tela y un enorme bolso marrón. Su vestimenta no le agradó para nada a Ash que hubiera preferido verla salir con uno de sus aburridos trajes de maestra. Mientras se encaminaba hasta el auto que la esperaba en su cabeza retumbaban las palabras de su dios particular:

"Lo estaré vigilando y si por su cabeza pasa un pensamiento mal intencionado referente a ti, no le impediré a Simi que se lo coma".

Estalló en risas ante la amenaza generada por un hombre que podía destruir el mundo pero que no era capaz de matar ni una mosca. No había ninguna duda de que Daniel Jackson estaba más seguro que cualquier mortal en el planeta y al pensar en el Dr. Jackson recordó sus primeros años como estudiante universitaria.

Había conocido a Daniel en una excavación en Egipto cuando apenas era una pasante de primer año. Lo recordaba tan habido de conocimiento, joven y con una timidez que competía enormemente con la de ella.

El y su prima Geary, que también participaba en aquella excavación como una de las antropólogas a cargo habían hecho buenas migas, pero Daniel siempre se mostró más atraído a pasar el tiempo en compañía de Sotería; la había tomado bajo su ala y la había instruido bastante en la civilización egipcia.

A ella no le sorprendía ya que él estuviera ahora detrás de los secretos de la Atlántida porque por Acheron había sabido que a Daniel ya no le interesaban los cacharros egipcios; él conocía su historia y sus secretos como nadie y ya no había misterios por develar.

Ahora su nueva meta era la Atlántida pero la doctora Soteria Kafieri- Parthenopaeus era demasiado competitiva y no iba a permitir que Daniel jugara solo en sus dominios, ella tenía los conocimientos que a su colega le hacían falta e iba a tomar eso en su favor. Ni Daniel Jackson ni los militares tomarían aquel portal sin primero pasar por encima de ella.

En una noche tranquila y luminosa de Kamari, Soteria sentía la brisa veraniega bastante suave sobre su piel descubierta y su melena se agitaba ligeramente cuando dirigió su vista al mar. Otra vez escuchaba la voz de sirena de Apollymi retumbar en su mente.

Apollymi llamaba a sus hijos atlantes para que abrieran el sello que la liberaría de su prisión.

- Oh calla Apollymi, los únicos que pueden abrir ese sello están del lado de tu hijo- susurró al viento y luego escuchó la risa traviesa con un trasfondo de peligrosidad de su suegra.

Se alejó del auto y cuando hizo su entrada no pudo dejar de notar las curiosas miradas de fascinación que le daban los del sexo masculino y muy especialmente Daniel que se encontraba en el fondo del salón. La sorpresa de su amigo era bien esperada.

Daniel la recordaba larguirucha, cegata, pecosa y bastante sencilla; adicta a unos chocolates, que curiosamente jamás la engordaron, y a los libros. De ese ratón de biblioteca que recordaba, obviamente no quedaba nada, se había convertido para su sorpresa en una esbelta y hermosa antropóloga.

- Christos anesti, Soteria- le saludo en griego Daniel después de darle dos besos a la manera típica griega.

- Alisthos anesti, Daniel- respondió Soteria risueña ante el saludo. Cristo ha resucitado y resucitado verdaderamente para los griegos era un saludo de Pascuas pero Tory sabía que Daniel lo tomaba para recordar que ambos tenían siglos sin verse.

Después procedieron los halagos a sus figuras y momentos más tarde tomaron asiento. Soteria llevó la conversación bastante lejos de los motivos por los cuales había solicitado ver a Daniel porque primero debía tenerlo completamente relajado antes de mencionar la palabra mágica: Atlántida.

Cuando ordenaron su cena hablaron del pasado, los estudios y la antropología. El camarero les llevó su avlegomono (pollo y sopa de arroz) y la conversación se dirigió bastante a sus vidas privadas, en especial a la de Soteria cuando Daniel señaló su muy tradicional banda de matrimonio griega.

- No había escuchado que la gran Soteria Kafieri había contraído nupcias. Debo suponer que el afortunado es un magnate griego – dijo él recordando como ella siempre decía que algún día encontraría su propio y real príncipe azul griego – ¿Tal vez un hombre que te dobla la edad y que paga las cuentas de las expediciones acuáticas? – dijo bromeando.

Soteria rió con ganas, Daniel no se equivocaba, mucho, su marido era todo un magnate pero no griego y su colega se sorprendería realmente si ella le dijera cuantos años tenía su viejo y adinerado marido.

- Y apuesto a que tiene un nombre antiguo – dijo Daniel adivinando.

- Acheron- comentó Soteria con la vista gacha y moviendo la cuchara en el interior de la sopa que en el pasado le hubiera parecido apetitosa.

-¡Oh por todos los cielos! Acheron!, Acheron como el río del Inframundo – exclamó Daniel sonriendo asombrado.

... Y Apostolos como el heraldo que traería el fin del mundo, pero eso era algo que Daniel no tenía porque saber, no por el momento.

Él le dijo que aún continuaba soltero y que todo su tiempo lo ocupaba en un nuevo proyecto, pero no le dijo el cuál, aunque Tory no necesitaba saber cual era. Mientras el camarero retiraba los platos de la sopa y les servía dos enormes langostas a lo Cajun. La diosa arqueó la ceja al preguntarse mentalmente cómo había llegado una receta Cajun a Grecia, se lo preguntaría a Ash más tarde.

Daniel por su parte pensaba intrigado en las razones que tenía Soteria para contactarlo justo ahora que estaban tan cerca de lo que había en aquella caverna.

Vislumbrando el hecho de que no había más nada de que conversar, se preparó para poner sobre la mesa el tema que más le interesaba.

- Así que pretendes competir conmigo y sacar chucherías atlánticas del Egeo - dijo con un dejo de diversión, pero en su interior hablaba muy en serio.

Daniel se preparó para enfrentar el tema de la forma más segura posible.

- A decir verdad, estoy participando de un proyecto conjunto, una expedición con personal militar y civil, que no busca específicamente la Atlántida sino explorar algunas de las cavernas de la región – afirmó él de la forma más desinteresada posible.

Soteria aplaudió internamente porque Daniel sabía muy bien como escabullirse, era una pena que no pudiera escabullirse de ella.

-¿Y por qué precisamente están interesados en esa zona?- preguntó pero no le dejo contestar.- Estoy ciertamente molesta Daniel, ya que tus amigos no me han dejado sumergirme en los últimos dos días, han revocado mis permisos - le explicó concienzudamente.

- La verdad Tory, no tengo control sobre lo que ellos hacen, como te dije, hay diferentes intereses en cuanto a estas exploraciones y alguien de arriba debe estar dando esa orden - respondió Daniel con sinceridad - Yo aún no tengo tanto poder como para ayudarte con eso -

Ella parecía realmente molesta por eso, pensaba Daniel, aunque su queja sonaba bastante floja como para ser la razón principal de localizarlo justamente a él.

- Daniel, hace tres años, en una conferencia en New Orleans, diserté sobre que mis exploraciones sobre el Egeo habían sido infructuosas y que realmente no había encontrado la Atlantida ¿Sabes por qué lo dije?- le preguntó tratando de sonar calmada, mientras fingía que toda su atención estaba sobre el plato.

- Porque quería alejar a los demás exploradores, ahora tres años después, nuestro curioso gobierno está explorando sobre la zona que he guardado con tanto celo- explicó dirigiendo su mirada hacia él.

- Y puedo saber... ¿qué es lo que hay en esta zona que deseas proteger tanto como para esconderlo de la comunidad científica? - preguntó Daniel con sincero interés.

Para Daniel se iba develando el misterio de la súbita aparición de Soteria. Tal vez ella sabía algo importante sobre todo el asunto de la caverna y la antigua Atlantida que ellos estaban buscando. Tal vez, igual que le había pasado una vez a él, nadie le creería si ella lo decía en voz alta...

Soteria sonrió irónica- ¿Pretendes que te diga lo que ya sabes?- le preguntó y tomó su bolso. De su interior sacó unas fotografías que años antes su equipo y ella habían tomado pero que ahora guardaba con extremo cuidado.- Nadie puede saberlo Daniel, ni siquiera tú, ahora mi pregunta es: ¿Cómo te diste cuenta de que estaba allí? ¿Cómo llegaste a ella? -

- Yo tengo cierta información... - afirmó Daniel mientras recibía de ella las fotos que confirmaban la presencia en el fondo del mar de algunos objetos con los mismos símbolos que tenía puerta de la caverna. - Que encontré en una exploración y que aún no confirmo, la que me lleva a pensar que lo que sea que hay ahí, es muy importante - afirmó Daniel con gran seriedad.

- Pero... ¿Porque es tan importante para ti? - le preguntó él.

- Porque es el trabajo de toda mi vida- anterior y posterior se dijo mentalmente- y el de mi familia. No pretendo dejar que ese secreto que intentas develar me lo ganes colega- volvió a sonreír tratando de sonar a la típica antropóloga competitiva que conocía Daniel.- Lo que está ahí debajo es mío- afirmó segura.

Daniel suspiró. Esto parecía más difícil de lo que él pensaba.

- Mira Tory, yo…- dudó por un segundo se debía decirlo o no, pero dado que ella conocía de sus "locas teorías", se decidió a continuar.

- No estoy hablando simplemente de un valor monetario o de un valor histórico – trató de explicarle Daniel – Yo… pienso que lo que hay ahí abajo puede ser algo peligroso para la humanidad, y pienso protegerlo a toda costa, no quiero simplemente venderlo al mejor coleccionista - afirmó Daniel mirándola fijamente.

La vieja Soteria se hubiera sentido ofendida por aquellas palabras pero esas palabras eran las pistas que tanto deseaba y por ello las agradecía.

- Creo que nos estamos entendiendo finalmente, Daniel Jackson - confirmó Soteria haciéndole entender que su interés no era el interés de cualquier persona puesta en sus zapatos. Ella también tenía que pensar en lo que debía proteger.

- Bueno, eso me alegra mucho – dijo Daniel al ver el cambio de actitud de ella – Ahora dime, que es en realidad lo que sabes de todo esto – preguntó – Podríamos compartir información y tal vez trabajar juntos – le ofreció él.

- Me parece justo - concedió Soteria con un ligero movimiento de su mano. Soteria sonrió complacida, tenía a Daniel donde justo lo que quería, así que decidió darle un poquito de teoría conspiratoria para que él se sintiera más interesado.

- Hay una sociedad secreta llamada la Atlantikoinonia - empezó a comentar Soteria, si Artemisa se enteraba que ella la estaba metiendo donde no debía el fuego que ardía en el Tártaro iba a ser muy pequeño comparado con el que armaría la diosa de la casa.

- Está a cargo de una sociedad anónima y su personal están bastante ocupado en obtener todo los indicios de que la Atlántida existía pero no para uso académico o científico, lo que haya allá abajo representa para ellos algo demasiado importante como para matar algunos cuantos - reconoció con un dejo de tristeza.- No me he visto librada de ello- concluyó.

Daniel estaba asombrado, sin embargo no era la primera vez que conocía de esta clase de grupos y esta información confirmaba sus sospechas de que Soteria no tenía un simple interés científico en este proyecto.

- Así que esta gente es peligrosa como para tratar de matarte… ¿porqué has interferido con ellos? – Preguntó el arqueólogo – Es decir, en cuanto a la Atlántida se refiere – agregó.

- Nada referente a la Atlántida es seguro Daniel, tú más que nadie sabes que he perdido a la mitad de mi familia en la búsqueda de sus secretos y verdades - expresó con voz seca y lejana.- Y he interferido porque me he visto en la obligación de proteger a otras personas del daño que pueda causar los posibles feos secretos de esa isla hundida- reflexionó sabiendo que no solo un dios estaba siendo protegido sino toda la humanidad.

- Nosotros también queremos asegurarnos de que nada malo suceda con este descubrimiento Tory – afirmó Daniel – Créeme cuando te digo que es uno de nuestros principales objetivos el asegurar que ningún hallazgo caiga en malas manos – completó. Daniel no tenía dudas de lo que debía hacer. – Me gustaría que conocieras a mis compañeros, que fueras mañana a mi hotel y desayunaras con nosotros para hablar con ellos de esto que me has dicho, ¿Qué dices? – la invitó sonriéndole.

- Me parece estupendo, Daniel- expresó complacida y satisfecha.- ¿Mañana a las ocho estaría bien?- preguntó ocultando su emoción intentando comer una langosta que no le sabía a nada.

- Está perfecto - respondió él sonriéndole - Ahora, dejemos por un momento el trabajo de lado y cuéntame que más ha pasado con tu vida en todos estos años - agregó mientras tomaba un sorbo de vino.

Soteria sonrió pegada de si misma, las cosas habían resultado más sencillas de lo que había pensado. A ese paso, podría asegurar el secreto de Acheron y averiguar si Daniel y sus amigos usarían el portal como lo aseguraba Ash.

.

.

.

Daniel les había contado a sus amigos sobre su charla en el barco justo después de colgar. Al llegar al hotel les había dado pocos detalles sobre aquella misteriosa mujer con quien se vería, y después de soportar algunas preguntas indiscretas por parte de Jack, se había ido a cenar con su amiga.

Jack y Sam lo vieron alejarse, bajar las escaleras de salida y tomar el jeep del estacionamiento.

Jack llevaba un pantalón caqui de tela fresca, con una camisa azul celeste de mangas cortas. Estaba haciendo calor aunque fuera ya de noche.

Sam por su parte, llevaba un cómodo vestido hasta la rodilla, una tela ligera de algodón con un color azul aguamarina claro, en un estilo informal sin mangas que le refrescaba bastante en aquella temperatura.

Estaban prácticamente solos en el lobby del hotel, ya que al parecer no había muchos huéspedes para esos días y los pocos que había seguramente ya estaban en sus habitaciones o en algún sitio nocturno de la playa.

"El sitio perfecto para una luna de miel" había dicho como eslogan el gerente del hotel cuando se registraron.

Y vaya que lo era.

El hotel tenía una gran área al aire libre, donde estaba la piscina con forma curvilínea y similar a una gota irregular. A su alrededor, sillas para el sol, y una decoración llena de grandes macetas con flores.

Comunicado por unos pocos escalones, se encontraba el balcón, en un nivel más alto, con una baranda de piedra decorada y con algunas bancas donde poder sentarse a observar el paisaje.

Las habitaciones eran muy cómodas y espaciosas, y el restaurante tenía una comida deliciosa.

- ¿Tienes hambre? – preguntó Jack a Sam, señalando el camino hacia el restaurante del hotel.

- Aún no señ… - respondió ella acordándose de cómo debía hablarle – Jack – terminó diciendo – Tal vez en un rato – dijo mientras giraba y miraba a su alrededor.

- Entonces mientras tanto, ¿caminas conmigo? – dijo Jack en un impulso de nerviosismo, que trató de cubrir con una sonrisa.

Sam sonrió de vuelta. – Me encantaría – dijo ella al tiempo que empezaban a caminar los dos rumbo a la zona de la piscina.

Tan pronto como estuvieron fuera del techo, sintieron la brisa suave proveniente del mar.

El área de alrededor de la piscina estaba ligeramente iluminada así que podían ver por dónde iban, pero aún así cuanto más se alejaban del hotel más oscuro se ponía.

Ambos caminaban muy despacio.

- Sabes Jack, nunca había conocida el Mediterráneo – dijo ella iniciando la conversación y rompiendo el tenso silencio que había entre los dos. – Es la primera vez que viajo a esta región del planeta – agregó Sam mientras caminaban por el borde de la piscina.

El brillo de la luna reflejaba en el agua, haciendo ese efecto que a ella tanto le encantaba ver, ese que se parecía a las fluctuaciones en el horizonte del portal, pero sin tanta complejidad y con mucha más hermosura. Ella sonrió al ver aquello.

Jack la miró embelesado. Sam sonreía tanto cuando no estaba bajo la presión de su vida militar…

- Bueno, yo tampoco conocía, pero si hubiera sabido lo lindo que es por estos lados, hubiera venido antes, de vacaciones tal vez – agregó él, al tiempo que Sam lo miraba con escepticismo.

– Tú nunca tomas vacaciones en verdad – le dijo ella – Hace mucho que no tomas uno de los permisos para viajar de vacaciones… como tampoco lo hago yo – aclaró antes de que él pudiera decirle algo. Los dos se miraron pensativos.

- Es verdad – aceptó Jack – Debería tomar vacaciones… - se detuvo por un segundo y la miró – Es solo que… algunas veces no es divertido hacerlo solo – dijo él algo nostálgico y bajó la mirada.

Sam entendía que él todavía sentía en su vida la falta de Charlie, y que luego de perderlo, tener vacaciones sin su hijo ya no debía ser lo mismo.

- Siento haberte recordado cosas tristes – dijo ella con mucha culpa – Yo también se lo difícil que es aprender a disfrutar ciertas cosas sin la familia a tu lado… - agregó Sam al tiempo que le tomaba la mano con su mano derecha, de forma casi instintiva, para darle consuelo de ese amargo recuerdo.

Jack observó sus manos juntas. Tomo entre sus dedos los de ella, acariciándolos suavemente.

- Lo se Sam – dijo tan solo, mientras la miraba y volvía a sonreírle – Pero este no es el momento para sentirnos tristes por el pasado – afirmó Jack – Mejor sigamos disfrutando de este maravilloso lugar -

Sam le sonrió al verlo levantar su ánimo, y Jack afirmó con más fuerza la mano de ella entre la suya.

- Vamos – dijo sin soltarla – en aquel balcón debe haber una mejor vista – agregó Jack mientras la guiaba consigo subiendo los escalones que llevaban al balcón.

- ¿Vista de que si está de noche? – preguntó Sam dejándose llevar por Jack.

Al llegar, Jack miró hacia el cielo y sonriendo le señaló a Sam hacia donde ver.

- Mira que vista tan espectacular!, aquí casi no llega la luz del hotel y se ven infinidad de estrellas – exclamó emocionado.

Sam miró hacia el cielo y ahí estaba. Una gran noche estrellada, infinitos puntos brillantes de todos los tamaños se veían desde ahí. Casi cualquier lugar donde uno viera tenía ubicado un cuerpo celeste.

- Tienes razón – susurró Sam – es una vista increíble… -

Jack sonrió orgulloso de haber encontrado algo que aún pudiera sorprenderla, a ella, una mujer que conocía de todas las cosas su razón de ser.

Ambos se apoyaron de espaldas al barandal del balcón para observar el cielo.

Sam se acercó un poco más a Jack y apoyó la cabeza en su hombro. Para ella este momento tenía algo mágico que debía compartir con él. Tomados de la mano y en silencio, se quedaron así los dos.

En los pensamientos de Sam revoloteaban ideas variadas, encontradas y fantasiosas.

Su conciencia le decía que debía mantener la línea entre ella y su oficial al mando. Su corazón le replicaba que dejara de sufrir y se diera una oportunidad de conocerlo mejor para saber de una vez por todas si sus sentimientos eran correspondidos.

Tal vez ya era hora de dejar de prestarle tanta atención a su conciencia…

Jack por su parte, deseaba tener el valor suficiente para decirle tantas cosas… para decirle que era hora de hablar de aquello que un día decidieron dejar encerrado en un cuarto y que ya no había manera de seguir conteniendo ahí…

Pero ambos permanecieron en silencio y el tiempo pasó sin que lo notaran.

- Creo que es hora de comer algo – dijo Jack al oír sonar su estomago. Sam se rio pero no se movió de su cómoda posición apoyada en el cuerpo tibio de él.

- Yo no tengo hambre todavía – dijo al volver a oír aquella queja sonora, - Pero al parecer tu si, así que vamos – agregó mientras sonreía y se incorporaba quedando un poco más alejada de Jack.

- Sabes… - dijo Jack mirándola de frente y llevando su mano libre hasta la mejilla de Sam – Quisiera verte sonreír así más a menudo – le confesó – Eres tan hermosa cuando sonríes… - él la acarició suavemente. Sam cerró por un segundo los ojos, disfrutando de este toque casi imperceptible.

Jack se acercó inevitablemente aún más a ella, mirándola fijamente y memorizando ese rostro de alegría que tanto le gustaba.

Sam abrió los ojos y lo vio ahí, frente a ella, tan cerca que podía sentir su energía vital envolviéndola, atrayéndola…

Y sucedió lo que el destino había determinado desde el primer momento en que sus caminos se cruzaron. Algo que debía ser y que ni ellos ni nadie podía evitar.

Sam se estiró, atravesando el pequeño espacio que los separaba y lo besó. Un pequeño y suave beso, un roce de prueba, buscando disipar sus dudas y dar un paso adelante con sus sentimientos.

Jack en un principio se quedó inmóvil, pero justo antes de que Sam se alejara su mano derecha, aquella que había estado acariciando su mejilla, se encargó de atraerla hacia él de nuevo, de tomar con delicadeza y firmeza a la vez su rostro, para evitar que se fuera de su lado mientras era ahora él quien iniciaba el beso.

Toda la tensión sexual que siempre había existido entre ellos desapareció al instante, dejando lugar a una gran sensación de empatía, de estar en el momento justo y con la persona perfecta.

Sam le soltó la mano y pasó sus brazos alrededor de la cintura de él. Jack por su parte llevó sus manos hacía el rostro de ella, acariciándola suavemente mientras seguía besándola muy despacio pero con tanta pasión que casi sentía su corazón salírsele del pecho.

Las caricias empezaron a extenderse, la espalda de Jack y el cuello de Sam estaban siendo explorados cada vez con más ahínco.

Las cosas empezaban a salirse de control y aunque Sam estaba disfrutándolo, estaba decidida a no apresurar nada de lo que luego pudieran arrepentirse. Así que fue desacelerando un poco el beso, obligando a Jack a calmarse un poco.

Jack comprendió enseguida lo que ella trataba de hacer. Y se separó de sus labios, no con mucho gusto, pero lo hizo.

Él apoyo su frente en la de ella y respiró profundamente. Sam sonrió al ver lo bien comunicados que estaban, aún sin necesidad de una sola palabra.

- Creo que es mejor que regresemos… - dijo Jack en un susurro y casi sin aliento.

- Si – dijo ella – Vamos a cenar algo…tal vez aún tengan comida en el restaurante - terminó de decir Sam sonriendo, manteniéndolo abrazado y la posición de sus frentes en contacto.

- Sam…yo… ya no puedo volver las cosas atrás, tenemos que hablar de nosotros - empezó a decir Jack, cuando ella con un dedo silenció sus labios – Lo sé – le dijo ella – Hablaremos de nosotros Jack, pero por ahora… solo disfrutemos el momento – terminó diciéndole al tiempo que se alejaba un poco de él.

Jack la miró y observó un brillo nuevo en sus ojos.

Sam lo tomó de la mano. – Vamos, es hora de comer – y diciendo esto lo llevó con ella camino al restaurante. Jack sonrió aún incrédulo mientras apretaba con fuerza su mano entre sus dedos.

Definitivamente podía disfrutar el momento al lado de esta mujer. Podía esperar el tiempo que fuera necesario para poder hablar con ella y decirle todo lo que sentía… podía hacerlo.

Continuará...