Tiempos sin actualizar... Pero aquí estoy con un nuevo capítulo, y ahora tengo más inspiración que nunca. Agradezco de todo corazón a Lesly, quien tras insistirme tanto en que actualizara mi fin de sangre, me animé de verdad a escribir el capítulo :D


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CAPÍTULO 8

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Siempre he pensado que, la felicidad, está en las cosas más espontáneas y ocurrentes de la vida, porque esas cosas, son naturales, no son forzadas, no es algo que hemos planeado, es algo que simplemente se da. Son pequeños detalles compartir un atardecer con un amigo, con tu hermano, con un anciano, algo de lo que no estamos muy seguros de que resulte, pero lo hace, y jamás lo olvidaremos porque la vida consta de cada pequeño momento de felicidad, que cuando reúnes todos esos pequeños momentos, resulta que tu vida valió la pena.

Ese día Temperance Brennan le parecía un simple día más. No era navidad, no era el día de gracias, no era alguna fecha especial, solamente era un día más. Salió de su casa como normalmente lo hacía, partió hacia el colegio, atendía a las clases, anotaba en su cuaderno. Pues, finalmente no había otra opción, ¿o sí? El receso… eso fue lo que hizo ese día diferente. Pero hasta ese momento, este momento, en el que ella salió de clase hacia sabría Dios qué lugar sin probar bocado, no lo sabía.

Su amiga lo entendió, no lo aprobaba, pero ya pensaba que no había más remedio que dejarla hacer lo que ella quisiera. Así que caminó hacia algún lugar, queriendo un minuto sola, aunque supiera que varios murmurarían de ella y el comportamiento de sus últimos días.

Caminando sin saber con certeza a dónde dirigirse, terminó por sentarse en una zona muy inspiradora, a decir verdad; con pasto natural, árboles, y pequeñas hojas cubriendo gran parte de dicho suelo. Al principio sólo estaba sentada allí en el suelo, pero luego optó por recostarse, qué más daba.

Mientras tanto, toda la "pandilla" estaba almorzando como normalmente lo hacía, disfrutando del que a ellos les parecía poco tiempo para socializar y dejar de lado por un momento las materias. Pero uno de ellos, y no era su novio, estaba pensando en ella. ¿No habría ido ese día a estudiar? Pero Ángela ya había desvanecido esa posibilidad afirmando que sí había ido. Entonces, ¿dónde estaba?

Él, a su parecer, sí le importaba ella, porque de Tim no se podía decir lo mismo. Si él fuera Sully, o sea, su novio, se daría cuenta de qué estaba pasando en la mente de Brennan. O tal vez él sí lo sabía, pero el hecho de no hacer nada al respecto le hacía preguntarse qué tan idiota era Timothy Sullivan. Si seguía así, cualquier otro mejor chico podría quitársela. Para Seeley, Sully se estaba arriesgando mucho.

Si él no va, yo sí voy, a buscarla. Booth se levantó del asiento, y todos los que ocupaban aquella mesa lo miraron, expectantes. ¿Qué iba a hacer? Se preguntaban ellos. Pero nadie preguntó, y por consecuencia, él no respondió. Se marchó. Aunque cierta chica de cabellos castaños no necesitó preguntar, para saber a dónde iba y por qué.

No tenía idea de dónde podría estar, no conocía mucho el colegio, y a su pesar, era demasiado grande para saber dónde buscar. No tuvo más remedio que tratar de buscarla sabiendo que podría no encontrarla, vagar a ver si con suerte la encontraba. Cruzó varias canchas, pasó varios lugares, vio pasar muchos estudiantes antes de verla. En un lugar "escondido", fuera del sendero, donde todos los pocos que pasan podrían verla a no ser que no la estén buscando. Un bello lugarcito el cual estaba apartado del resto de ese mundo académico, del bullicio constante de los chicos, de la vigilancia de alguien. Encajado en arbustos medio altos que cortaban su secuencia sólo una vez para fingir una entrada.

¿Y allí estaba? Fue una pregunta mental de Seeley Booth respondida por sus ojos en el mismo instante en que cruzó la "entrada" para ver si allí estaba, rindiéndose por adelantado pensando que era muy poco probable que Brennan estuviera allí.

Al cruzar, no se fijó en la pequeña rama de un árbol que quebró aún más con su zapato.

Algo crujió, así que por reflejo Temperance volteó su vista hacia donde había escuchado el sonido, levantándose rápidamente. Lo vio, parado allí, observándola con una sonrisa tierna, a poco más de un metro de distancia, paralizado al notar que una diminuta parte de la naturaleza lo había delatado.

Aquella jovencita sonrió también. De nada, de sólo verlo allí, de cómo estaba parado, de que en unos pocos días pareciera que fuera él el único que se preocupaba por su vida.

Sin más, se acostó de nuevo sobre el césped que ahora estaba más que iluminado por los pequeños rayos que se filtraban de un inmenso árbol que estaba sobre todo aquel lugar. Booth lo tomó como una invitación así que se acercó al lugar exacto en donde ella estaba tendida y él también se recostó, a su lado, dejando unos pocos centímetros de lejanía entre ellos. Se quedaron una gran parte de tiempo allí tendidos en silencio. Disfrutando de lo que podían ver, de lo que podían sentir, y de la compañía del otro aunque ninguno de los dos lo dijera.

Mirando los pedazos de cielo que el viejo árbol les permitía ver. Sintiendo la briza rozar sus párpados, sus mejillas. Respirando el aire que ahí no parecía contaminado. Creyendo que nada malo existía, que si desearas algo se haría realidad, que aunque hicieras la peor cosa nada traería malas consecuencias.

No se miraron en gran parte del tiempo, no se movían, lo único que se movía en ese momento eran sus ojos, que pasaban de arriba a más arriba, y sus pechos, que subían y bajaban correspondiendo al aire que entraba por sus pulmones.

Y sí, justo aquí es cuando lo que dije se vuelve realidad. Todo el tiempo que estuvieron allí no pronunciaron palabra alguna, ni emitieron sonido alguno. Te preguntas, por qué no hablaron de algo, pues te diré que en ese tipo de momentos las palabras sobran. Las sonrisas y la compañía es lo único que cuenta.

Por un momento Seeley Booth fue su único mundo, aunque me apresure en decirlo. Tal vez para ella también fue apresurado decirlo, aunque internamente ella sabía que estaba empezando a notar cualidades en Seeley Booth que difícilmente podría encontrar en cualquier otra persona.

Durante los siguientes días, y semanas posteriores, algunas cosas cambiaron para Brennan. Seeley estaba cada vez más atento a ella. Y en verdad pasaban mucho tiempo juntos, en el colegio y fuera de él.

La mente retorcida de Ángela ya estaba delirando con lo que sus ojos veían. Pero su amiga le decía que tan sólo eran amigos, y de hecho no estaba mintiendo -en verdad no sabía mentir-, ellos eran amigos, que hasta hace pocas semanas se conocían, pero la firmeza de él, y la ternura de ella; los detalles de Seeley y la sinceridad de Brennan hacían que los dos se complementaran.

Ése muchacho era una verdadera bendición para ella, que hasta hace poco tiempo se quedaba en casa ignorando las llamadas de su novio. Días y tardes desperdiciados en los que hubiera podido hacer tantas cosas si lo hubiera conocido antes.

Se la pasaban casi días enteros, los sábados o viernes por la tarde hablando de todo o de nada, de cosas sin importancia o sobre la guerra mundial. Eso era lo que más les gustaba a ambos de su relación. Se divertían mucho juntos, y te daría ternura si los vieras. Tan buenos amigos en tan poco tiempo.

De nuevo Ángela con sus miradas socarronas, pero ya no quería preguntarle más a su amiga sobre él, porque la respuesta era siempre la misma, y a aparte de eso sabría que no le iba a dar ningún tipo de información, sobre su amistad con Seeley. En el fondo ella lo sabía, que sí eran amigos, pero que se merecían ser algo más de ello.

Mientras todo esto ocurría entre Brennan y Booth; entre Hodgins y Ángela las cosas no eran diferentes, aunque ya fueran novios la magia del ser mejores amigos se mantenía viva, como una llama encendida, que aún no se apagaba. Montenegro estaba completamente enamorada de aquel muchacho de ojos azules y cabello rizado. Porque las cosas de niños entre ellos nunca estaban de más, aunque Jack pudiera darse el lujo de regalarle un perfume carísimo. Ángela creía saber todo sobre su primer amor, pero él ocultaba ser el heredero del grupo Cantiléver.

Sullivan, entre tanto, el bueno e incorrupto Sullivan se mantenía a raya de toda esta situación. Se sentía pésimo porque aunque fuera ciego no era idiota, y sabía que entre él y Temperance algo se había muerto. Pero él creía que los tiempos de antes eran lo valioso, lo tierno, lo sincero, lo inocente era lo que en verdad perduraba. Lo que no sabía era que todo ello afectaba más de lo que debía a una adolescente en esa etapa de su vida insegura como lo era su novia. Sabía que últimamente andaba mucho con Seeley, el nuevo, varias fuentes se lo decían. Pero tal vez sólo necesitaban espacio… y tiempo.

Recostados sobre el bello césped del colegio, en el receso entre clases, se encontraban dos chicos. El uno al lado del otro, con sus brazos en contacto, ella con su piel tibia y él con la piel caliente.

Estaban mirando el cielo, tal y como ella le había contado a él era algo que le gustaba hacer de pequeña, eso e imaginar que algunas nubes tenían forma de algo.

El sol brillaba y calentaba de forma apacible, nadie en este día se quejaba por el calor ni por el frío, el clima estaba tibio y a la vez fresco.

Ella le señalaba con su dedo índice algunas nubes, mientras imaginaba que tenían forma de cosa. Como una niña.

La jovencita había descubierto que la compañía de él le hacía bien, y en verdad le agradaba que ahora pudiera contar con él.

El muchacho se sentía feliz por ser parte de su vida ahora, eso era lo único que quiso ser desde el principio.

Existía cierta atracción, pero ambos no eran más que amigos y compañeros de la vida y estaban más que hartos de repetírselo a las personas, que sólo querían ver lo que querían ver, cuando ellos tenían algo más bonito que lo que las malas lenguas contaban.

La chica empezó a carcajear cuando él dijo que creía que una nube se parecía a un conejo con una motosierra.

-Sí que tienes una gran imaginación –dijo ella entre risa y risa.

Él empezó a reír, apenado.

-¡Eh! No te rías de mi imaginación, por lo menos yo tengo.

-Oh, vamos, Seel, no seas malo conmigo –dijo en tono tierno y reprochador a la vez-, sé que no soy buena para imaginar cosas como tú, pero por lo menos yo sé de matemáticas –dijo sacándole la lengua, divertida, para molestarlo un poco.

Pero sólo logró que él sacara la suya.

La chica empezó a reír de nuevo, admirando lo niño que podía llegar a ser. Una idea se le coló en la cabeza, e inmediatamente puso cara maliciosa.

-Seel… -susurró atrayendo su atención.

-¿Qué? –Dijo mirándola- ¿Por qué me miras así?

Ella se abalanzó sobre él con un ataque repentino de cosquillas. El no paraba de reír. En cuanto ella perdió ventaja, él quedó arriba y ella abajo. ¡Era su hora de tomar venganza! La jovencita gritaba pidiendo auxilio, ¡por favor! ¡Para! Riendo cada vez más fuerte, mientras él no paraba de atestarla con cosquillas.

Ella empezó a llorar, mientras seguía riendo efusivamente. Él paró al verla ya demasiado sofocada. No puedo evitar la sonrisa que se le formó al verla reír de aquella forma. Abrió los ojos que pocos segundos antes mantenía cerrados, ya más calmada los abrió y se deparó con los ojos de él, intensos, brillantes, con un destello fugaz en ellos. Y su sonrisa… Nunca había visto a nadie nunca en la vida con una sonrisa más encantadora que la suya.

El joven muchacho la seguía viendo, con los ojos muy abiertos, si bien ya había terminado su venganza no había salido de encima de ella, acostados en el césped.

Le parecía lo más hermoso, indescifrable, inteligente, vulnerable… Ah, sí, todo eso junto era ella, y más. Algo extraño invadió su cuerpo. Una corriente eléctrica recorrió la espina dorsal de ella. Su rostro tan de cerca resultaba igual de atractivo y bello que desde lejos.

El joven no podía dejar de mirar sus ojos, se le había olvidado cómo apartar la mirada, pues no podía hacerlo, tampoco quería hacerlo. La muchachita contemplaba sus ojos, pero de repente su mirada se desvió hacia su boca, imperceptible, deseable…

Se acercó lentamente, inclinando su rostro hacia el de ella.

Su respiración se aceleró en cuanto lo sintió tan cerca, aún con los ojos muy abiertos. Quería en verdad que lo hiciera.

Los ojos de ella le gritaban Bésame.

Cerraron los ojos casi instantáneamente y al mismo tiempo.

Él, que había tomado la iniciativa, tomó sus labios dulcemente. Ella correspondió tiernamente. Fue tan dulce. Ella lo besaba lentamente, sabía que él no se iría a ningún lado, se lo había demostrado esas últimas semanas.

Él la besaba sin respirar, realmente no porque se esmerara en hacerlo, su cuerpo reaccionaba sin querer al lado de ella. La sensación de los labios de ella le quemaba por dentro… No, más bien era el deseo de ese beso, porque los labios de ella estaban más que dulces, más exquisitos que chocolate, más dulces que la miel, más anhelantes que…

Ese beso fue tan largo, el tiempo se detuvo, las respiraciones se cortaron, la sangre les hervía las venas. El corazón de ella latía a mil por hora, le gustaba estar saboreando los labios de él y sentir su cuerpo tan liviano y completamente diferente al mismo tiempo.

Él sentía que mientras más la besaba, más ponía su mundo de cabeza, le daba la vuelta a España, sentía una ligera opresión en el estómago y deseaba nunca separar aquellos labios de los suyos.

Tan sólo se separaron, cuando la jovencita sintió que se le había olvidado cómo respirar. Se alejaron con la misma rapidez que juntaron sus labios, muy lento. Abrieron los ojos poco después, sin estar tampoco demasiado alejados sus rostros.

Ella los abrió antes que él… lo contempló con los ojos cerrados poco antes de que se viera reflejada en esos ojos cafés más brillantes que antes, más brillantes que nunca.

Él abrió sus ojos, muy a su pesar de haberse separado de ella. Lo primero que vio fueron sus ojos azules contemplándolo. La detalló, primero sus ojos, hermosos y vivos, luego sus mejillas, con un leve tono rojizo; luego su boca, provocativa y también rojiza, se veía suave… Bueno… Se sentía suave. Se veía totalmente perfecta.

Ella le sonrió levemente, sin apartar su mirada ni un segundo de él. Se sentía increíble, se sentía en el cielo. Con él, con él estaba en el cielo.

Él no dudó un segundo en devolverle la sonrisa, leve pero intensa, todo a la vez, con sus ojos radiantes y vibrantes.

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Me arriesgué y ya les di beso ByB... Quise acelerar un poco las cosas, porque la verdad la espera me mata a mí también. ¿Qué pasará luego?, ¿Brennan dejará a Sully? Mmm La respuesta en el próximo capítulo, que por cierto no procuraré tardar en subir.

Ah! una cosa más; estoy haciendo una adaptación para Bones y necesito saber, ¿cuál sería la villana? Pueden nominar una chica del programa que no les caiga bien, puede ser Hannah, Tessa, o... no sé, la que más votos reciba va a ser la villana. Lo mismo necesito para el otro villano que es hombre: Sully ^^ Hacker... cualquiera.

Gracias a las que siguen leyendo este fic.

GRacias por los reviews.

Bye!