Isa no sabía como el primer guarida se las había arreglado para mantenerla con vida a pesar de sus muy largas sesiones de tortura. Hasta el momento, ya le había dejado dos costillas rotas, todos los dedos de la mano derecha fracturados y el hombro izquierdo dislocado, además de las plantas de los pies quemadas. Y aún con todo eso, no le había hecho derramar ni la más minúscula cantidad de sangre.
⎯ ¿Sabes, hada? Yo era un niño muy curioso. Me encantaba atrapar mariposas y arrancarles las alas... extraño esos tiempos. Claro, ahora con el tamaño de manos que tengo, me haría falta algo más que un insecto.
Isa intentó arrastrarse al fondo de la celda, pero no sirvió de nada. Antes de que la orden llegara a sus agarrotados músculos, las manos del vampiro se habían cerrado alrededor de sus antebrazos y la levantaban de forma que se podían ver a los ojos. Isa cerró los ojos por instinto, y lo último que pudo sentir fue un terrible dolor en el omóplato. Finalmente, la mente no aguantó más e Isa cayó al piso, desmayada.
Cuando se despertó, Isa todavía sentía una terrible agonía, a pesar de que el dolor ya había bajado. Levantando una mano temblorosa hasta su espalda, pudo sentir una venda que se extendía por todo su torso.
⎯ Jean-Baptiste se está empezando a desesperar ⎯ murmuró el vampiro más joven, que parecía haber tomado guardia en algún momento de su desmayo⎯ . La sangre, el peligro de muerte, el daño permanente, todo lo que intentamos evitar. Por favor, ya me van a castigar por salvarte la vida, no sé que valla a pasar la próxima vez. Sal de aquí mientras estas viva.
⎯ No ⎯ le contestó Isa, con resolución en la voz temblorosa.
Hazlo como una forma de darme las gracias por todo lo que te hecho ⎯ chantajeó el vampiro⎯ . Por favor, si no lo haces, me matan.
⎯ Si lo hago, igual terminarás muriendo en la guerra. ⎯ Pero por una causa noble, y no por desobediencia.
⎯ No lo voy a hacer, aunque me pese.
Algo cambió en los ojos del vampiro, como si una mascara se rompiera y cayera al suelo, hecha añicos. La farsa que había mantenido con tanto cuidado finalmente había terminado, e Isa sentiría la ira que se había estado conteniendo.
⎯ ¡Lo vas a hacer! ⎯ el vampiro la tenía ahora agarrada por los brazos como había hecho el otro unas horas antes.
⎯ No ⎯ dijo Isa, imperturbable. ⎯ Te mataré.
⎯ Hazlo, por favor.
El vampiro acercó su cara al cuello de ella, y de alguna forma fue capaz de enterrarle los dientes en la yugular por entre los barrotes.
⎯ ¡Así no! ¡Te vas a envenenar!
Isa sintió como cada gota de sangre se llevaba su energía, y con ella, su voluntad de vivir. Una gran apatía la invadió junto con el conocimiento secreto de que nada realmente importaba. Al final, Isa regresaría a no existir y nada de lo que había hecho en el tiempo que había pasado en el mundo le afectaría. La verdad de todo era que no había ningún motivo para actuar o no hacerlo, pues todo llevaba a una inevitable muerte. Habiendo descubierto eso, Isa no pudo hacer más que ansiar su final con desesperación, y sin embargo, ni siquiera que le quedaron fuerzas para sentir el deseo. Estaba a punto de morir, y no había nada que quisiera más, pero realmente no quería nada. No había nada que querer, pues todo era solo una ilusión. Isa realmente no había existido, pues el principio y el final de su existencia eran lo mismo: la nada.
Justo cuando el final llegaba, y los ojos de Isa se cerraban con omnisciente finalidad, el dolor en la garganta que realmente no había sentido hasta ese momento cedió. Las manos que la mantenían en el aire la soltaron, e Isa cayó estruendosamente al piso.
El golpe fue suficiente para hacerla regresar a la realidad: incluso cuando ella no estuviera, el mundo seguiría, y era su deber como Reina de las Hadas hacer de ese mundo futuro lo mejor posible, pues lo viviría junto con su pueblo por el resto de la eternidad.
Después de que su corazón (que empezaba a resentir la pérdida de sangre) y su respiración se calmaran todo lo posible, Isa miró hacia el vampiro, que yacía del otro lado de los barrotes.
Justo como Isa predijo, el vampiro había caído muerto sobre su cara unos segundos después de atacarla, envenenado por la sangre de hada. Solo entonces Isa pudo ver que detrás del cabello corto, salía una única trenza pequeña, que tenía el largo equivalente a medio milenio de existencia y que había escondido con mucho cuidado, pues revelaba su verdadera edad.
No había ni terminado de entender bien todo esto cuando la puerta se abrió, e Isa, en su miedo, fue capaz de invocar una pequeñísima ráfaga de aire que la agarró de las alas y le ayudó a moverse al fondo de la celda. Los vampiros, con su oído sobrenatural o por algún otro medio, se habían enterado de la muerte de su colega, y venían a vengarlo de la manera tradicional: dando a Isa la oportunidad de rogar por su muerte varias semanas antes de recibir su deseo. Su corazón se volvió a acelerar.
⎯ Hola.
La respiración de Isa se detuvo por completo, y su mente tardó unos segundos en entender lo que significaba la cara sonriente que la veía desde la puerta. Cambiado por la edad, con el cabello larguísimo y sin embargo, todavía el mismo muchachito recuperándose de las dificultades de ser un rebelde por años del que se había despedido la última vez, estaba Anthony, con los ojos azules brillando como habían hecho por meses cuando habían sido adolecentes juntos.
⎯ Vengo a sacarte de aquí ⎯ dijo, y entró. Detrás de él venían Johnie y Emili, también con expresiones de absoluta felicidad. Se acercaron a la puerta de la celda, y solo entonces dejó Anthony que Emili se acercara.
⎯ Tu eres la experta ⎯ le dijo.
⎯ Gracias ⎯ dijo ella, y luego se volteó hacia Isa. Por la voz, parecía que no había dejado de ver a su mejor amiga por más de una semana⎯ ¿cómo te ha ido?
⎯ Bien ⎯ Isa recordó la extraña manía que compartía con los humanos de imitar el tono de voz con el que Emili se dirigía a ellos⎯ , pero no hay nada que contar.
⎯ Lo supuse. Por cierto, ¿ya te dije que me casé con tu hermano?
⎯ Lo supuse.
Mientras hablaba, Emili se había pinchado un dedo con la uña y había sacado una
gota de sangre, que se había convertido en una sombra, y luego en una llave que cabía exactamente en la cerradura. La abrió con una exclamación de triunfo.
Y luego, de entre la una sorpresa que le sacó un buen susto a todos: un teclado electrónico de alta tecnología, y una pantalla que esperaba una clave. Emili contó los espacios: se necesitaban veintitrés letras.
⎯ No lo intentes ⎯ previó Anthony⎯ , no queremos mandar ningún tipo de
alerta.
Y acto seguido, se lanzó con el hombro contra los barrotes. Johnie le ayudó, y después Emili también. Isa regresó los dos pasos que había dado para alejarse de la pared del fondo.
Quince minutos después, no había ningún cambio. Anthony y Johnie ya se habían convertido, ya habían atacado con dientes y garras, y ya habían golpeado con toda la fuerza que poseían, pero no lograban nada. Un ejercito de sombras también tenía como tarea hacer ceder los barrotes, pero el metal seguía sin presentar ninguna seña que les dijera que su trabajo daba frutos.
Iron Man entró en la habitación justo cuando Anthony sintió que el hueso de su hombro empezaba a lastimarse.
⎯ ¡Necesitamos ayuda! ⎯ dijo con su voz robótica, haciendo que la poca confianza que Emili había le había adquirido se desvaneciera tan⎯ Salgan y ayuden a Thor. Yo la saco.
Anthony, Emili y Johnie habían sido arduamente entrenados por la situación, y a habían aprendido por las malas a poner el deber primero y después los sentimientos. Entendiendo la gravedad del asunto, los tres mandaron una mirada que claramente decía "Te volveremos a ver" hacia Isa, y salieron por la puerta con un paso rápido pero no completamente seguro.
⎯ ¿Que es? ⎯ les preguntó en voz baja las Pasadas, mientras el humanoide se concentraba en el teclado electrónico.
⎯ Es humano ⎯ contestaron⎯ . Y tiene buenas intenciones.
⎯ ¿Puedes hacerlo? ⎯ Isa se dirigió al "humano", confiando en las hadas y dándose cuenta que lo que quería era hackear de alguna manera el sistema.
⎯ Claro.
⎯ ¿Con la vista?
⎯ Por supuesto ⎯ el extraño levantó una mano, y las escamas rojas y doradas
cedieron para revelar un único dedo índice, con el cuál presionó la pantalla unas cuantas veces.
⎯ Listo.
El brillo de la pantalla, que se reflejaba en la armadura del hombre, pasó de un tono azul a un verde brillante. Isa sintió la libertad por un momento, antes darse cuenta con un doloroso vuelco en el corazón que del verde había pasado al rojo en cuestión de segundos.
⎯ Cerraron el sistema... no. No, no, no. ¡No es posible!
⎯ ¿No vas a poder sacarme?
Tony se quedó sin palabras, pues nunca en su vida había tenido que confesarle a
alguien que no podría salvarlo. Sin contestar, hizo lo mismo que Anthony, Emili y Johnie: atacó los barrotes, pero esta vez con un rayo de luz, que quemó buena parte de pared de atrás y casi chamusco un mechón de pelo de Isa, y sin embargo, no le hizo nada a los barrotes.
Isa reaccionó de inmediato, pues de todos los escenarios posibles este era uno de los que más había practicado en su mente. Tomó la videograbadora, la encendió y dijo al lente como recordaba haber grabado muchos videos a lo largo de su infancia.
⎯ Hadas: ⎯ le fue muy fácil revertir al leguaje de las hadas, ya tenía las palabras escogidas⎯ a partir de este momento relevo todo mi poder a la Primer Tuatha. Por favor regrésenla a su puesto, ya ha pagado su condena. Lleva el nombre de Thelma Mata.
Cerró la pantalla de la grabadora, la apagó, y se la dio al hombre.
⎯ Dale esto a Samantha Tate. Anthony sabe encontrarla.
La puerta se abrió, y ahí estaba un vampiro. Por un segundo Isa pensó que era
muy joven, pues tenía el cabello muy corto, pero luego le vio los ojos café claro. Era un hombre lobo.
Iron Man se quedó congelado cuando se dio cuenta que la luz de su rayo no le había nada a su contrincante, quién aprovechó su sorpresa para acercársele y tomarlo por el cuello, amenazándolo con una garra color chocolate.
⎯ ¡Sal de aquí! ⎯ le pidió Isa.
⎯ Pero tú... ⎯ dijo el hombre, e Isa pudo distinguir finalmente lo humano en su
voz.
⎯ ¡Isa no importa! ⎯ en los tiempos de tensión, Isa revertía a dirigirse a sí misma en tercera persona⎯ ¡Vete!
día.
Como para reforzar esa petición, la voz de Thor entró por el audífono de Tony: ⎯ No se puede Tony, nos tienen atrapados. Tenemos que escapar y regresar otro día.
⎯ Vamos a volver ⎯ murmuró Tony, tanto para sí mismo como para Isa, y se despegó del hombre lobo. Empezando a sentir la culpa que lo habría de acosar hasta que pudiera salvar al hada y terminar su trabajo, Tony tomó vuelo. Su corazón sentía por primera vez el horrible peso de la derrota: el mundo estaba salvado, pero la vida de una inocente no.
