El sonido de dos teclados ya no era algo nuevo en la Mansión Stark, pues tanto Pepper como Jane abusaban de sus pobres laptops cuando estaban estresadas. Todas sus tensiones y miedos los descargaban en las inocentes teclas, pues no podían hacerlo en nada más: no podían dejar que ni Thor ni Tony se dieran cuenta que ellas sentían miedo cada vez que salían, y les había costado mucho tiempo darse cuenta entre sí que la otra sentía lo mismo, pues ambas escondían su secreto con celo. Por supuesto, siempre estaba la vergüenza de saberse poco valientes.

⎯ Hay unos... ⎯ comenzó a decir JARVIS, pero se paró justo en medio de su frase. Un estruendo sonó por toda la casa y Pepper, que ya lo había escuchado antes, supo lo que era. Alguien había sobrecargado el sistema de la casa y había quemado todo el sistema central.

siguió.

⎯ Intrusos ⎯ avisó Pepper, sin perder la calma mientras se ponía en pie. Jane la

⎯ ¿Que hacemos?

Pepper ya tenía bien pensado que hacer en esos casos. Señaló con la cabeza a las escaleras, y las subieron silenciosamente mientras Pepper sacaba su celular del bolsillo de su saco. No tenía señal, lo que significaba que el ladrón era suficientemente listo como para cargar con un bloqueador de señal.

⎯ En la habitación principal ⎯ explico Pepper en un susurro⎯ , hay un cuarto con paredes blindadas, un cerrojo de llave, identificador de huellas digitales y una contraseña de quince dígitos que son independientes del sistema de la casa. Funcionan con baterías. Vamos ahí.

Siguieron subiendo, pero pronto Jane vio como su amiga golpeaba con una pared invisible y rebotaba. Cuidadosamente, ella tentó el aire y se dio cuenta que había algo. bloqueando su camino, una barrera que no tenía ninguna consistencia al tacto, como si el aire se hubiera solidificado sin ningún motivo o razón. Se concentró por unos segundos y después de mucho esfuerzo pudo ver lo que había en su camino: era como una sombra incorpórea que flotaba y no existía en ninguna superficie, como si la luz simplemente se ausentara en ese lugar y fuera absorbida. Por primera vez en su vida, Jane pensó en explicaciones sobrenaturales por encima de teorías científicas, pues su instinto le decía que trataba con algo relacionado a la magia.

Ninguna de las dos mujeres, concentradas en la pared de sombra, vio a las dos formas humanas hechas de la misma materia que se acercaron a ellas y las rodearon con sus brazos, ni a la chiquilla que las controlaba desde la base de las escaleras. Las sombras las atravesaron, ocupando exactamente el mismo espacio que ellas, y ninguna de las dos supo más.

Emili, sin pensar más que en su tarea, hizo un gesto con sus manos como el director de orquesta que pide más volumen a sus músicos, alzándolas en un gesto ominoso y causando que las dos mujeres se levantaran como marionetas, con la cabeza, manos y pies flojos. En menos de unos segundos sin embargo, Jane y Pepper habían adquirido la posición en la que se paraban siempre, y cuando bajaron por las escaleras, Emili estaba segura que ni siquiera Thor y Tony podrían haber notado la diferencia. Era una técnica que su madre había inventado por sí misma: la de buscar dentro de la mente de los controlados hasta encontrar sus gestos más comunes e imitarlos, haciendo que adquirieran una apariencia normal.

Emili hizo otro rasguño en su mano y al esclavo resultante le ordenó:

⎯ Cuida que todo el que me vea crea que soy Natalie Rushman.

Todo era parte el plan que habían creado: Johnie había sacado de su aparato del

demonio (eso era solo una forma de hablar: Emili no tenía ningún problema con los demonios. De hecho, uno de los asistentes de Sam le caía muy bien, y se convertía en un gran murciélago de piel roja y ojos verdes por la noche) el nombre y una foto de la nueva asistente de Stark, y ellos habían supuesto que no habría nada raro en que se viera a las chicas salir todas juntas. Por supuesto, no contaron con que la agente Romanov tuviera una cámara de seguridad en la puerta, independiente a JARVIS, y aun guardia vigilando cada vez que Tony se ausentaba.

⎯ ¿Difícil? ⎯ preguntó Johnie cuando vio a su esposa entrar en compañía de las dos mujeres que conocía solo de la televisión. Él había puesto los polvos de hada en el timbre para sobrecargar el sistema, pero había regresado a la camioneta casi de inmediato.

⎯ Por el Destino, fue más difícil hipnotizar al guardia.

Anthony encendió el carro y salió a la calle del malecón lentamente. La plumilla de la caseta de seguridad seguía abierta, lo que significaba que el guardia seguía mirando fijamente la estática en las pantallas de seguridad, que Anthony había desconectando usando el muy obvio recurso de cortar el cable central.

⎯ ¿A donde las vas a llevar? ⎯ preguntó Emili mientras enfilaban a la carretera, que estaba libre de trafico.

⎯ ¿Te acuerdas esa cueva donde nos tuvieron hace dos meses? No creo que ellas puedan salir tan rápido como nosotros.

⎯ ¿Crees que ya no hay nadie?

⎯ Era la célula rebelde más pequeña que he visto, y creo que los únicos que sabían realmente nuestra ubicación eran los tres líderes, los que acabaste en tres minutos y medio ⎯ Johnie sonrió un poco⎯ . Además, Emili se encargó del resto.

⎯ Nadie pasa por aquí ⎯ Emili señalo las bases de los dedos central y anular de su mano derecha, donde por debajo del guante se adivinaban los bultos de dos anillos⎯ , sin pasar por aquí ⎯ señaló sus uñas.

Anthony cambió de carril: había un carro negro que los había seguido por demasiado tiempo. Sus sospechas se confirmaron cuando el Lincoln con los vidrios suficientemente entintados como para no poder ver al conductor se fue al mismo carril un segundo después.

⎯ Nos siguen ⎯ avisó antes de acelerar hasta el fondo. El otro carro hizo lo mismo y pronto, estaban en medio de una persecución de alta velocidad. Para perderlo, Anthony dio vuelta a la primera oportunidad, y siguió dando vueltas sin sentido hasta que acabaron por estar en el centro de Malibú, que sufría de una carga pesada de tráfico. Anthony era bueno para manejar, y no era la primera vez que estaba en una situación así, así que pudo seguir a una velocidad considerable mientras evitaba las calles más llenas y pasaba carros rozándolos. Los dueños de esos carros tampoco estaban sorprendidos: el lugar no estaba exactamente libre de criminales y simplemente supusieron que la gran camioneta y el carro negro se trataba de un caso más de policías y ladrones.

Anthony giraba, esquivaba y daba vueltas como un demente, y llegó un punto en el que Johnie dejó de contar los raspones y pequeñas abolladuras en la carrocería, sin dejar de pensar en la reacción del dueño de la concesionaría donde lo habían rentado y del mecánico pequeño y grasiento que se encargaba de ellos, y que los había mirado con aire de desconfianza.

El Lincoln no los perdía, pero tampoco se acercaba más.

⎯ Quiere ver a donde vamos ⎯ razonó Emili⎯ . ¿Por que no nos detenemos y le preguntamos para que nos quiere? ⎯ la amenaza en su voz dejaba muy claro que no quería dejarlo todo en una charla diplomática. La chica, a pesar de haber sido la mejor amiga de la Reina de las Hadas toda su infancia, tenía una perpetua sed de sangre y pelea.

Anthony encontró una calle abandonada, una especie de callejón entre dos grandes edificios. Se aseguró de que había forma de salir por el otro lado, entró hasta la mitad y detuvo el motor, dejando las llaves en la ignición. Se bajó y se detuvo junto a Emili y Johnie frente a la puerta trasera, listos para defenderla. No quería que nadie se enterara de su misión.

El Lincoln se detuvo y Emili corrió hacía la puerta, que arrancó de un tirón. Tomó al vampiro que había adentro por el cuello de la chamarra y le gritó:

⎯ ¡¿Donde está tu jefe?!

⎯ El señor González prefiere mantener su ubicación secreta ⎯ dijo el vampiro, vacío de emociones.

Emili contestó enseñándole las uñas y los colmillos. La voz le había ayudado a recordar a ese vampiro en específico: lo había visto en una prisión. Había sido de los primeros rebeldes atrapados, y había sido parte del único grupo que escapó.

⎯ ¿Sabes que tipo de pintura es esa, Chris?

Igual que el rebelde alemán, Ludwig, "Chris" volteó a ver a Emili lentamente.

⎯ ¿Co... Condesa? ⎯ finalmente se le podía oír el miedo en la voz.

⎯ Segunda oportunidad para decirlo todo ⎯ dijo Johnie, con voz de macho alfa. ⎯ Eh... ⎯ el vampiro dudó.

⎯ Uno ⎯ amenazó Anthony, y Emili le acercó más la mano a la yugular.

⎯ No... ⎯ el vampiro seguía indeciso. Parecía que tenía un miedo paralizante,

pero que todavía se sentía demasiado fiel a la causa como para hablar, y de hecho, Emili apreció eso. Si soltara la información muy fácil, igual lo mataría por cobarde.

⎯ Dos ⎯ siguió ella. Silencio.

⎯ Tres ⎯ terminó Johnie.

Emili se cortó el dedo con la uña y una sombra salió. Ella murmuró unas cosas y la sombra se puso en la cara del vampiro y la de ella, protegiéndolos del sol. Entonces, se quitó el velo y a él le quitó los lentes de sol, de forma que se veían a los ojos. Un segundo después, el velo regresó a su lugar, la sombra desapareció, y Chris dejó de existir en una llamarada de humo.

⎯ No sabía nada. Había pasado dos meses reclutando y pensaba que seguían en la casa de la calle November.

Johnie chifló, asombrado.

⎯ Te amo, ¿te he dicho eso?

⎯ Yo también te amo ⎯ la cara de Emili pasó de ser la de una asesina fría a la de

una recién casada enamorada más rápido de lo que cualquiera pudiera haber pensado, e incluso Anthony se quedó un segundo impresionado hasta que regresó a la realidad con un fuerte golpe. De la nada, estaban rodeados de rebeldes. La batalla empezó.

Realmente había una razón por la cuál Emili era llamada el "ángel de la muerte", pues rara vez una de sus victimas se enteraba de como había llegado a su fin y a manos de quién. A pesar de ser la más grande defensora de la Prohibición de la Caza del Ser Humano y apreciar la vida de todos en sus discursos, ella cortaba gargantas, rompía cuellos, lanzaba a todo aquel que amenazara a su familia diez metros sobre su cabeza y les estrellaba las cabezas unos con otro. Nada mejor para romper un cráneo de vampiro que otro cráneo igual.

Johnie, sin embargo, había sido atrapado desprevenido. No había tenido tiempo de convertirse, y a pesar de que atacaba bien con dos cuchillos de un bronce mágico que llevaba siempre en sus bolsillos, él sabía que pronto la batalla estaría perdida. Decidido a llevarse consigo a todos los que fueran posible, atacaba como un demente, matando a cinco con un solo movimiento. Anthony, por su parte, decidió dejar salir todo el estrés y tensión que se le habían estado juntando, y ahora atacaba con rabia ciega, destruyendo a todo el que se acercara a un radio de diez metros. Ni siquiera los más valientes se atrevían a tomar en duelo al legendario Rey de los Seres de la Sangre, ni siquiera los que estaban determinados a ser lo último que viera el mismísimo "ángel de la muerte".

Johnie cayó de la mejor manera posible: con el golpe del mango de una espada en la cabeza, un ataque que ni siquiera había tenido la intención de hacerle algún daño a él sino a Emili. Ella estaba junto a él antes de que tocara el suelo, protegiéndolo pero haciendo de ella misma tan prisionera como su esposo, y después de eso, la batalla estaba perdida. No tardaron más de cinco minutos en tomar a Anthony entre todos, y así es como terminaron Anthony, Emili y Johnie, para variar, atados con una cuerda del mismo bronce mágico que hacían los cíclopes y que Johnie usaba en sus armas.

Dos vampiros jóvenes entraron en la camioneta, tomaron a Jane y a Pepper (a pesar de lo peligroso de la situación, Emili no pudo evitar pensar en todas las cosas que tenía mal la técnica de control de esos jóvenes sin instruir) y la metieron en otro Lincoln negro idéntico que los esperaba en la esquina.

⎯ ¿Cuál de ellas es la Tuatha de Daanan? ⎯ preguntó el que parecía el mayor en el oído de Anthony⎯ . Dinos y soltamos a tu... amiguita.

⎯ No es ninguna de ellas ⎯ a pesar de no haber entendido realmente la pregunta, Anthony solo contestó con la verdad. Él sabía que si mentía y ponía en peligro a alguien más con tal de salvarla, Isa no pensaría bien de él.

⎯ ¡La Primer Tuatha de Daanan! ¡La que dijo la Reina cuando fuimos por ella que tomaría el cargo si ella moría! Si no es ninguna de ellas... ¿por que tanto esfuerzo en protegerlas?

Seguro que no había ningún buen lector entre los vampiros, Anthony pensó en Thelma: si alguna vez Isa hacía falta, ella podía tomar el cargo por un tiempo. La mujer, que había cambiado su identidad más de seis veces, vivía ahora en Australia con su esposo y sus tres hijas, una de las cuales ya estaba lista para ir a vivir al Reino. Anthony le hablaba por teléfono cada semana para asegurarse de que estuviera bien, y aprovechaban para charlar un rato, cosa que le ayudaba a recordar a Isa. Había una forma en que el amor por la paz y la vida que se encontraba en cada segundo del habla de cualquiera hada que sin ser un reemplazo, era una forma de calmar las punzadas en el corazón que sentía cada vez que veía a su hija, quien era la viva imagen de su madre y de quien solo el cabello color morado y ojos color azul marino la diferenciaban.

⎯ Vallase al diablo ⎯ dijo Anthony⎯ . Ninguna de ellas es una Tuatha y la que buscan, es imposible de encontrar. Yo mismo me aseguré de eso.

Los vampiros se tomaron la primera frase de Anthony muy en serio, pues en un segundo, ya no había nada más en el callejón que los tres Seres y una camioneta vacía. Anthony, amarrado a un hombre lobo inconsciente y una vampira que por primera vez en mucho tiempo se abandonaba completamente a sus emociones, formó un nuevo plan en menos de dos minutos.