Mientras todo esto pasaba, lo único en lo que podía pensar Tony era en lo mal que se le veía el color naranja. El color en general era bastante molesto: brillante y vivo, era muy cansado estarlo viendo todo el día, y para su horror, el reclusorio central de Washington estaba lleno de él.
Por supuesto que todo era culpa, de nuevo, del gobierno. Esa gente parecía tan burocráticamente estúpida, que inclusive la simplísima tarea de usar la lógica, o de revisar sus documentos era imposible. A Tony le había tomado medio minuto, tras haber sido leído los cargos a detalle, darse cuenta que la mujer a la que supuestamente le había robado un automóvil tenía un certificado de nacimiento húngaro y un certificado de defunción mexicano con tres meses de diferencia, que el carro en cuestión jamás había existido, y que el robo hubiera sido imposible pues había sucedido en Florida mientras Tony estaba en Inglaterra. Tony dejó salir un frustrado gruñido, pensando el lo peor del asunto: ¿A quién en su sano juicio se le ocurriría creer que Iron Man, defensor de la justicia, coleccionista de carros antiguos y multimillonario, sentiría la necesidad de robar un Toyota Camry del 2000?
El celular sonó en su mano, y Tony otra vez agradeció que le hubieran concedido una celda de alta seguridad a pesar que solamente esperaba juicio. Si no hubiera sido así, el carísimo prototipo que le habían permitido conservar gracias a un buen fajo de billetes (un gasto que a él no le causaba ningún problema de conciencia pues no le hacía daño a nadie), habría sido robado antes de poder decir la palabra "propiedad", pero claro, si Tony hubiera terminado en la misma celda que el resto de los hombres, cosas peores ya habrían pasado.
Tony leyó la pantalla y vio el nombre que había puesto como clave para el celular de emergencias de la agente Romanov.
⎯ ¿Qué pasó?
⎯ Tony, mi guardia acaba de ver a una mujer idéntica a mí salir de tu casa. Aparentemente sobrecargó el sistema y desactivó a JARVIS.
⎯ Muy bien, luego lo arreglo.
⎯ Pero... Tony, estuvieron en tu casa.
⎯ Pepper y Jane saben como esconderse, es imposible entrar al taller sin una
clave, y las oficinas no tienen nada importante. Deja que se lleven una pantalla de plasma, o un celular, quizá hasta necesiten el dinero.
⎯ No, Tony. Es que... ⎯ incluso con todo su entrenamiento, Natasha no sabía como dar esa noticia, no tenía ni idea de cuales palabras eran las que se usaban para destrozar el corazón de un hombre⎯ . Bueno, lo que pasa es que cuando salió, iba con Jane y Pepper. Ellas pensaron que era yo y salieron por las buenas.
Tony se sintió como cuando se había desactivado el sistema de calefacción del traje en Siberia, como si un frio invernal se hubiera colado por los poros de su piel como lo haría con la rendijas del traje que servían para dejar entrar el oxigeno. Un frio terrible que empezaba en su garganta y terminaba en su corazón, que causaba temblores en sus costados y le impedía respirar con facilidad.
⎯ ¿Ya las buscaste bien? ⎯ preguntó, hablando tan rápido que Natasha tuvo problemas para entenderle.
⎯ Ninguna cámara de seguridad en el mundo las ha visto, nadie de los que conozco tampoco, y ya mandé las fotos a todas las comisarías del estado. Si alguien las escondió, es hábil en lo que hace. Ahora, no he podido sacarte de ahí por ningún medio legal: parece que el Presidente mismo te quiere allá adentro por un tiempo. Lo único que me queda es darte un helicóptero, media hora, y el maletín. Es lo más que puedo hacer.
⎯ Muchas gracias ⎯ dijo Tony inmediatamente⎯ . Te veo en unas horas.
Tony colgó y comenzó a pensar en formas de contactar a Thor, por que el pobre no había tenido la misma suerte que él, y ahora veía por primera vez la verdadera crueldad humana en primera fila. Sin el traje para hacer un hoyo en la pared, ni su cartera para sobornar al guardia, lo único que quedaba era una cosa.
⎯ ¡Idiotas! ⎯ gritó tan fuerte como podía⎯ ¡Sáquenme de este maldito lugar! ¡YO SOY IRON MAN! ¡YO SOY IRON MAN! ¡No sean idiotas y sáquenme de aquí para poder patearle los traseros a cada uno de ustedes, imbéciles!
Su plan tuvo el efecto deseado. Pronto, se oían gritos por todas las celdas y el olor a revuelta estaba en el aire.
Por supuesto, las puertas de acero estaban especialmente construidas para que nadie pudiera entrar o salir, pero no para aguantar la fuerza y la ira de cien hombres y un dios, que, habiendo entendido el plan de Tony, encabezaba la turba con intenciones de salvar a su amigo.
La puerta se abrió de golpe, y antes que de pudiera pasar nada, Thor tomó el brazo de Tony y levantó el vuelo, destruyendo pisos y techos hasta llegar a la azotea.
⎯ El helicóptero es para nosotros ⎯ exclamó Tony por sobre el ruido del aire y el dolor de un hombro a punto de dislocarse.
Thor asintió y subió por la puerta abierta, que se cerró automáticamente. Al piloto ya lo habían visto antes.
⎯ ¡Hogan! ⎯ saludó Tony, con el ceño fruncido. Un gruñido de dolor cruzó sus labios mientras se volvía a ajustar el brazo, y decidió que era hora de ponerse el traje.
⎯ Buenas tardes, señor ⎯ saludó el experimentado piloto casi al mismo tiempo que JARVIS, que llevaba mucho tiempo desconectado de su amo. Realmente las cosas habían estado fuera de lugar últimamente⎯ . La agente Romanov me pidió que los llevara al cuartel general de S.H.I.E.L.D.
⎯ Está bien ⎯ contestó Thor, subiendo. El proceso del traje empezó, y terminó antes de que perdieran de vista la prisión.
En cuanto Tony puso su celular en el apartado que tenía el traje, una llamada entró. Era de un número desconocido (el tipo que no contestaba), pero aún así decidió hacerlo. Estaba buscando a alguien, y probablemente lo acababa de encontrar involuntariamente.
⎯ ¿Anthony?
⎯ Supongo que sabes lo que pasó.
⎯ ¿Tiene algo que ver con ustedes?
⎯ Cuando se llevaron a Isa, ella les dijo quien iba a gobernar si ella no estaba. Por
algún motivo pensaron que era alguna de ellas ⎯ una sesión de razonamiento con las tres mentes había revelado el motivo por el que las dos mujeres habían sido llevadas, pero, por
supuesto, tuvo que mentir un poco. La confusión había sido por que a primera vista, no estaban secuestrando a las mujeres sino dándoles protección, y ¿a quién se cuidaría tan celosamente más que a Thelma, la única que podía causar la guerra?
⎯ Pues vamos a sacarlas ⎯ dijo Thor, que había estado escuchando todo desde su audífono, que acaba de encontrar y que volvía a sentir en su oreja con cariño. Al final, si se había acostumbrado al aparato⎯ . A todas. Perdón si fuimos insensibles.
⎯ Ahora lo que importa es encontrarlas ⎯ dijo Anthony, antes de entrar a modo de trabajo⎯ . Al día siguiente fuimos al edificio de la calle November y estaba completamente vacío. La propiedad fue heredada a la mitad de los treinta, y nunca fue reclamada por el dueño, que murió hace siete años.
⎯ Vamos a montar guardias afuera ⎯ propuso Tony⎯ . Por algún motivo tendrán que volver, y es la única pista que tenemos.
⎯ Si, y mientras tanto, Emili está investigando unos nombres. Ludwig Von Kampf siempre ha sido rebelde y nunca fue parte de un clan, pero ella creyó ver a una tal Natalia Franco, del clan Europeo del Norte. Hoy en la mañana salió a visitarlos y a indagar, y no creemos que vuelva antes de mañana.
⎯ Voy a hacer guardia hasta las nueve de la noche.
⎯ Y yo hasta las nueve de la mañana ⎯ interrumpió Thor, quién se veía completamente enojado. Tony tenía el presentimiento de que en algún lugar, quizá en un campo vacío o en una gran ciudad diseñada para aguantar, caería la tormenta eléctrica más fuerte del siglo.
⎯ Emili ya se había ofrecido a hacer las doce horas después de eso, luego las haré yo y al final Johnie. Vamos a regresarlas sanas y salvas.
Y con esa frase resoluta, la llamada llegó a su fin. ⎯ Hogan, necesito que me lleves a Londres primero.
