El Ministerio de Magia había cambiado mucho desde el final de la Guerra. El lugar era más abierto e iluminado, la controversial fuente había sido retirada finalmente, las ventanas se habían multiplicado, y a las oficinas más pequeñas finalmente se les había hecho un Encantamiento de Extensión Indetectable.
Harry Potter, jefe de la oficina de aurores desde los diecinueve años, ya estaba acostumbrado al lugar, y aunque su casa en Godric's Hollow era verdaderamente su hogar, el Ministerio había perdido su aire de peligro, misterio y odio, volviéndose un lugar familiar plagado de buenos recuerdos.
Ese día, exactamente una semana antes del tercer aniversario del final de la Guerra, la fiesta se veía venir. Adornos con caras de Dumbledore y de Harry, letreros con grandes números tres e incluso la ocasional caricatura obscena sobre la muerte o captura de algún mortífago (cortesía de Dean Thomas, quién ahora trabajaba como Director del Departamento de Diseño de Sortilegios Weasley) plagaban el lugar. Harry sonrió al pensar en la familia de pelirrojos: la señora Weasley, cuyo fiero cabello rojo ya empezaba a perder la batalla contra las canas, planeaba la boda de Ginny y Harry con tanto esmero que la fiesta había sido fijada para seis meses después, puesto que había trajes que diseñar, vestidos que confeccionar, menús que planear y un gran carpa-cobertizo que construir, todo para recibir a una cantidad de personas impresionante, que incluían a casi todo el mundo mágico británico, además de otras personalidades internacionales, (entre las cuales, para desazón de un Ron que incluso después de casarse conservaba los celos que sentía siendo un chico de catorce años, figuraba Víctor Krum) La gente hacía todo lo posible por figurar en la lista de invitados de la gran boda, pero ésta estaba ya redactada y firmemente sellada de una forma que no había forma de cambiarla. Después de todo, el jardín de los Weasleys era grande pero no infinito.
Hoy había más Weasleys en el Ministerio de lo normal. Gwenog Jones, directora del departamento de Juegos y Deportes Mágicos, había citado a Ginny a las tres para discutir algún asunto sobre la concurrencia del próximo mundial, Ron había tenido que ir a buscar un permiso para importar huevos de doxy siberiana, y Hermione seguía encerrándose en su oficina de seis a diez, agobiada con pendientes.
Harry pensó en eso mientras abría la puerta de su oficina y entraba. En su escritorio había un solo memorándum.
"Harry:" decía.
"Por favor ven a mi oficina a las cuatro y media.
Atentamente,
Kingsley Shacklebolt, Ministro de Magia."
Harry escribió la contestación en otra hoja morada, recordando el viejo habito de contestar los recados en el reverso, una costumbre que la vida en el Ministerio le había quitado.
"Kingsley:
Con mucho gusto iré. Hasta entonces. Harry Potter, Jefe de la Oficina de Aurores.
P.D.: ¿No hace un buen tiempo?"
Por supuesto, la firma estaba ya impresa en el papel, pues de no ser así, Harry no se dejaría llevar con tanta formalidad, puesto que siempre que la veía le daba la horrorosa impresión de que cada día era más como Percy, quién ya se había reconciliado con la familia y ahora era Secretario Personal del Ministro. Con un toque de la varita, la hoja se volvió un avioncillo que voló hacia el elevador.
Con un gran suspiro, Harry recordó la tarea de ese día, y abrió el cajón más temido de su escritorio. Ahí, mirándolo como si lo retaran, estaban los formatos de reporte en blanco, esperando a ser rellenados.
A Harry le encantaba ser Jefe de Aurores: disfrutaba del trabajo en el campo y después de tres años, todavía sentía la emoción y adrenalina de atrapar criminales (los mortífagos regazados eran sus favoritos), pero si algo odiaba de su oficio, era el papeleo. Tener que narrar detalladamente cada uno de los incidentes que pasaban era como volver a los castigos de la escuela: se debía documentar todos los detalles, por más insignificantes, de arrestos, entrevistas, investigaciones, redadas y cualquier otra cosa que hicieran los miembros de la oficina. Lo que más cansaba a Harry era que todos los arrestos tenían que ser previamente ordenados por el Wizengamot, algo que tardaba más de lo que tomaba a los mortífagos más inteligentes viajar a Somalia, donde no había ningún ministerio ni jurisdicción que pudiera atraparlos y deportarlos a Azkaban.
Concentrado en la escritura, Harry no se dió cuenta de la contestación que volaba hacia él hasta que le picoteó en la sien, buscando su atención. Solo había una frase y la firma del Ministro.
"En efecto, parece que Cecil está de buen humor."
Cecil Lennox había sido el jefe de mantenimiento del Ministerio en la década de mil ochocientos noventa, así que realmente no había mucho sentido en esa frase para cualquier otro que la leyera, pero para Harry, significaba que todo estaba bien. El Ministro seguía conociendo la clave y eso significaba que no había sido reemplazado ni afectado de ninguna manera.
Harry volvió a su tedioso trabajo y después de lo que parecieron mil horas, se hicieron las cuatro y cuarto, hora en la que Harry se levantó, cerró su oficina con llave y se dirigió al elevador, que estaba vacío excepto por la única persona que él quería ver realmente: su prometida.
Ginny venía muy bien arreglada, con el cabello en una coleta perfecta, una túnica negra y una capa azul marino. Llevaba tacones, algo que Harry no había visto en mucho tiempo, pero en ese momento solo tenía ojos para su mano, donde el anillo que había escogido con mucho esmero y, para no variar, ayuda de Hermione, descansaba en medio de un aura angelical.
⎯ Hola, Harry ⎯ dijo ella con una sonrisa⎯ , ¿sabes para que me podría querer Kingsley?
⎯ ¿A ti también te citó? ⎯ preguntó Harry. Realmente no era una sorpresa, pero tampoco era algo normal.
⎯ Si ⎯ dijo ella, encogiéndose de hombros como diciendo "ya sabremos después".
La invariable voz mágica anunció que habían llegado al primer piso, y los novios salieron tomados de las manos. Llamaron, entraron, y encontraron a Ron ya sentado en una de las sillas.
⎯ Buenos días, Harry, Ginny ⎯ dijo Kingsley desde el otro lado de su escritorio⎯ . Por favor tomen asiento ⎯ casi instintivamente, Harry le acercó la silla a Ginny y luego hizo que una sencilla silla de madera apareciera de la nada y se sentó en ella. Era un truquito que había aprendido de la biblioteca de Hogwarts, que había aprovechado al máximo al cursar su último año⎯ . Ya solo nos falta Hermione y les podré explicar lo que pasa.
Unos segundos después llegó la aludida, con carácter relajado y una sonrisa pero delatada de haber llegado corriendo por sus pasos pesados, cabello despeinado por el aire y mejillas rojas. Tenía manchas de tinta en las manos y el ceño fruncido que la caracterizaba últimamente, pues al parecer, competir por un puesto grande en el Departamento de Cooperación Internacional era una tarea que conllevaba mucho estrés. Cuando Ron se levantó para dejarla sentar, ella solo le contestó con un asentir de la cabeza y una expresión de agradecimiento que no le llegó realmente a los ojos.
⎯ Buenos días, Hermione. Como les decía, les voy a explicar para que los mandé
traer. Voy asignales una misión, nada muy largo ⎯ Kingsley aclaró esto último al ver la cara
de terror de Hermione⎯ , pero sí muy importante. ¿Saben que es el Consejo de Seres
Mágicos?
Hubo tres "no" y un "si".
⎯ Bueno, no me sorprende ⎯ siguió el Ministro⎯ . La existencia del Consejo es un secreto que solo conocen pocas personas. Verán, no somos los únicos que trabajan como organización por debajo del Estatuto del Secreto, existe el Reinado de los Seres de la Sangre, la República Democrática de los Enanos, el Reino de las Hadas, el Centro de Apoyo a Fantasmas, la Asociación de Reinos Elficos, etcétera, y todos estos responden a Sam Tate, la Oráculo que desciende directamente por línea materna del Oráculo de Delfos y que es líder del Consejo.
Harry bufó. Si había adivinas involucradas...
⎯ Te prometo que la señorita Tate no es nada parecida a Sybil Trewlaney, Harry. Yo la conozco muy bien, por que ella es mi jefa. El nombre completo del Ministerio es el "Ministerio de Magia Humana", aunque a nadie le importe, y somos uno de los departamentos ligados.
⎯ ¿Que tiene todo esto que ver con nosotros? ⎯ preguntó Ginny, que aunque apreciaba la cultura general, estaba que moría por la misión prometida. A diferencia de su hermano (quien seguía mudo de la sorpresa), a ella no le molestó mucho saber que había otras asociaciones de Seres fantásticos, o que el Ministerio tenía el mismo nivel jerárquico que los fantasmas o las hadas. Ella ya había tenido sus sospechas desde un poco tiempo atrás, todas alimentadas por comentarios misteriosos por parte de su cuñada.
⎯ Hay una situación, y Sam necesita un escuadrón de seguridad que se encargue. Esto normalmente lo hace la Manada Universal de Hombres Lobo, pero ahora el macho alfa está involucrado.
⎯ ¿Su líder se volvió un criminal? ⎯ preguntó Hermione entre incrédula y desdeñosa.
⎯ Está a apunto de hacerlo, y depende de ustedes evitarlo. El Reinado de los Seres de la Sangre está conformado por hombres lobo y vampiros, ambos especies diferentes a los que ustedes conocen, que son gobernados por un macho alfa ⎯ el Ministro sacó de un folder en su escritorio la foto de un muchacho de dieciséis años, con el cabello rubio y los ojos grises⎯ , llamado Johnie Rodríguez, y su esposa, la Condesa Emilia Rodríguez-Reed ⎯ otra foto, esta vez de una chica pelirroja de la misma edad, pálida como la muerte, con los labios y los ojos color rojo brillante, y un velo negro para taparle la cara⎯ . Emilia es hija de una vampira y un hombre lobo, pero sólo su hermano, Anthony Reed ⎯ esta vez el de la foto se veía más adulto, pero sin sobrepasar los veinticinco, con piel bronceada y cabello rojo brillante⎯ nació mitad y mitad. Él fue el que le trajo unidad a las dos especies, que se habían peleado por muchos años, y complació a la mayoría. Sin embargo, quedó una minoría que era feliz peleando y desde que él subió al poder, han formado grupos rebeldes que lo quieren matar junto con su hermana y su cuñado. Uno de estos grupos, uno más radical, quiere acabar con el mundo completo, y para hacer esto se basaron en una profecía que dice que cuando las Hadas le declaren la guerra a unas especies en específico, esta va a escalar al punto que todos nos destruyamos entre todos. Por eso tienen secuestrada a la Reina hasta que dé la orden de atacar. Ahora entramos a la parte complicada ⎯ ahora era el turno de Ron de bufar sarcásticamente, como para decir: "¿más complicada?" Haciendo caso omiso, Kingsley prosiguió:⎯ . El señor Reed fue novio de la Reina de las Hadas por mucho tiempo, y está decidido a rescatarla. Para eso, tiene a un vampiro rebelde en su poder y planea interrogarle, pero si lo hace de una manera violenta, el grupo rebelde puede presentar una queja frente al Consejo, haciendo que por ley se vuelvan una organización aparte del Reinado. En ese caso, se tendría que poner a juicio quién debería quedarse la representación de los vampiros, y eso es algo que nadie quiere por que puede causar eventos muy violentos. Su trabajo es ir a vigilar que no torturen al vampiro, ¿puedo contar con ustedes?
Todos asintieron, pero Hermione agregó a su afirmación: ⎯ Pero, ¿por que nosotros?
⎯ Bueno ⎯ parecía que Kingsley hubiera preferido no abordar ese punto⎯ , necesito impresionar. El Consejo ofrece unos premios anuales al departamento mejor llevado, con una cifra que sería suficiente para construir un nuevo callejón Diagon sin magia, y, para serles honestos, necesitamos el dinero.
⎯ Lo haremos ⎯ dijo Harry, mirando a sus amigos para asegurarse de que estuvieran de acuerdo. Sería como los viejos tiempos.
