Los cocineros de la casa de Anthony Reed pasaban por un mal momento, por que incluso con los diez hombres lobo (los vampiros no estaban permitidos en esa parte de la casa, por que su falta de gusto y miedo al fuego solo podía llevar a desastres) trabajando a gran velocidad, no podían mantener el ritmo de Thor y Tony. Cada uno, en especial el primero, comían como un escuadrón completo, y aunque se esforzaban por no pedir mucho, a los cocineros les daba mal sabor de boca dejar a un comensal hambriento.

Por lo demás, la presencia de los invitados no afectaba mucho a la vida de la mansión. Habían ocupado dos de los muchos cuartos vacíos, y se pasaban los días turnándose entre el cuarto Aarón G. Natrass y el despacho de Anthony, lugares donde por más trabajo que hacían, todo resultaba inútil.

Un día, mientras Anthony y Tony esperaban a que Johnie, Emili y Thor volvieran de probar la nueva técnica de interrogación, Tony decidió preguntar lo que le había dado curiosidad desde que conocía al mestizo:

⎯ Anthony, ¿por que te dicen así?

⎯ ¿Me dicen como? ⎯ dijo el otro, confundido por que acaba de ser sacado de sus pensamientos silenciosos⎯ ¿Anthony?

⎯ Si. Jamás había visto antes que un Anthony quiera ser llamado así, usualmente escogen algo como Tony.

⎯ Por que mis padres pensaban que reducir un nombre era inmaduro, algo de humanos. Emili es la gran rebelde por desobedecerlos, y es fecha que mis padres le dicen Emilia.

⎯ No sé como no te saca de quicio. Yo siento que si me dicen Anthony significa que esa persona está enojada conmigo.

⎯ Y si alguien me dice Tony a mí, yo siento que es un poco tonto ⎯ comentó Anthony con una expresión desafiante.

⎯ Como digas, Tony ⎯ bromeó el superhéroe.

⎯ Exactamente, Anthony ⎯ contestó el monarca.

Ambos rieron un poco, sintiéndose adolescentes, y fue obvio que finalmente se habían vuelto amigos.

⎯ Señor Reed ⎯ interrumpió la voz del mayordomo principal, el de la larga trenza que había avisado el despertar del prisionero, con un acento británico que hacía que Tony extrañara tener a JARVIS completamente a su servicio⎯ , tiene una llamada de Sam Tate.

⎯ Ahora contesto. Gracias, Alfred ⎯ Anthony tomó el teléfono (a pesar de que decía no tener miedo a la tecnología, seguía sin poseer un celular) y presionó algunas teclas⎯ . Anthony Reed.

⎯ Hola, ¿como estás?

⎯ No muy bien, ¿y tu?

⎯ Igual, Anthony. Te aseguro que estoy haciendo todo lo posible por ayudar, pero

las leyes no permiten mucho. Solo hay un pequeño detalle del que te quiero hablar. ⎯ Adelante.

⎯ Hay un riesgo de guerra en este momento. Si algo le pasa a su prisionero en su custodia, sea intencional o no, los rebeldes pueden presentar una queja, y eso llevaría a que, para que pueda proseguir la demanda, que se separen de ustedes y se vuelvan un ente aparte. Como consecuencia de eso, se deben pelear por el puesto en el Consejo, y yo ya había visto que en el momento que unos rebeldes puedan declarar la guerra oficialmente contra ustedes, los demás que no estén de acuerdo con el puesto de ustedes tres se le van a unir. ¿Sabes lo que significa eso? Una guerra del tamaño de la que acabas de evitar.

⎯ Esta bien ⎯ dijo Anthony, de mal humor. Aunque le caía bien Sam, el ya sabía que ella estaba demasiado ocupada como para hacer llamadas que no tuvieran que ver con malas noticias⎯ . Prometo cuidar bien al vampiro ese.

⎯ No, Anthony. Hay una ley que prevé esto, y dice que tengo que mandar un escuadrón a asegurarse de que no pase nada. Como sería ilógico mandar un escuadrón de lobos a cuidarte, tuve que pedir la ayuda de los magos.

⎯ ¿Van a venir magos a mi casa?

⎯ Exactamente. Son solo cuatro, y supongo que tienes espacio. Perdón, Anthony, es solo en lo que ya no tiene más utilidad el prisionero.

⎯ Yo tenía entendido que los magos no sabían nada del Consejo.

⎯ Al parecer, les tuvieron que contar al escuadrón específicamente. Dicen que son los mejores en defensa: un de ellos derrotó a un gran criminal que tuvo poder del Ministerio por un tiempo. Hasta yo lo vi: es unos años más grande que nosotros y para cuando tenía él quince años, mi madre ya había mandado dos profecías a su maestra de adivinación sobre él. Pobre mujer, el tipo murió y resucitó, pero como eso último no era seguro, mi madre le seguía avisando y nadie le hacía caso. Claro, esa mujer no era lo que me gustaría decir una adivina seria, inventaba cada cosa...

⎯ Oye, Sam ⎯ Anthony llamó la atención del Oráculo, como ya estaba suficientemente acostumbrado a hacer cuando empezaba a contar historias⎯ , hablando de cuando el vampiro ya no me sea útil, ¿que puedo hacer para meterlo a tu prisión? No quiero que quede en libertad, y por lo que dices no se lo puedo dejar a Emili para que saque su tensión.

⎯ Eso es muy fácil: se rebeló ante ti y no colaboró con ustedes siendo aún la autoridad, son cargos suficientes. Solo ten mucho cuidado de cuando lo hagas, en cuanto entre a la prisión no hay forma de que lo vuelvas a interrogar.

⎯ Muy bien. Yo te aviso.

⎯ Oye, ¿Emili y tú no han intentado sacarle la información con telepatía?

⎯ Si, no ha abierto los ojos desde que llegamos, aunque lo forcemos. Siempre

encuentra la forma de no vernos a los ojos.

⎯ No te desesperes, Anthony. Algún día confesará.

⎯ Espero que sea algún día pronto.

⎯ Con tantas variantes, tendría que tener una Profecía para decirte lo que va a

pasar, pero si puedo sentir algo positivo en tu futuro. Hay esperanza, Anthony, de eso estoy segura.

⎯ Gracias ⎯ fue lo único que pudo contestar él.

⎯ Seguimos en contacto.

⎯ Por favor. Oye, ¿cuando van a llegar estas personas?

⎯ En cualquier minuto, tienen el sistema de transporte más eficiente del mundo. ⎯ Muy bien, gracias.

⎯ Adiós.

⎯ Adiós ⎯ contestó Anthony, y la llamada se terminó.

Anthony regresó al sillón, dispuesto a disfrutar de su última hora de relativa paz. Alfred se le acercó otra vez, con su larga trenza detrás de él.

⎯ Señor, hay cuatro humanos en la puerta.

⎯ Déjalos entrar, avisa a Emili y a Johnie, y pídeles que nos acompañen a recibirlos. También busca al señor Odinson.

⎯ Creo que está en el jardín ⎯ dijo Tony⎯ . Estaba buscando corteza de roble para trabajar en el sistema de reducción del martillo.

⎯ Gracias, señor ⎯ dijo Alfred, saliendo.

⎯ ¿Para que necesita trabajar en el sistema de reducción? Cada vez que lo usa es perfecto, la cosa solo pasa de medir un centímetro a ser... eso.

⎯ Lo quiere hacer más rápido.

Antes de que pudieran seguir su conversación, se abrió la puerta del cuarto donde estaban, dando paso a los tres que hacían falta.

Anthony les explicó lo que pasaba, y justo cuando terminó, Alfred dejó pasar a los invitados.

Emili no pudo haber encontrado un grupo tan más informal, incluso entre los seres humanos. Dos de ellos, los hombres, eran la clara imagen del desarreglo: el más decente, un pelirrojo de estatura impresionante, parecía no tener ningún cuidado por la forma en que se veía más allá de rasurarse cada tanto, y el otro, un enclenque de cabello negro y gafas, aparentemente hacía un esfuerzo por estar desaliñado. Con el cabello en punta de una manera casi graciosa y unas gafas cuadradas ridículas (al menos para el gusto de Emili), el hombre parecía tonto o rebelde.

Las mujeres no eran nada diferente. Una tenía el cabello chino y despeinado en una media cola de caballo que tenía más mechones fuera de su lugar que en él. Llevaba un maquillaje ligero, aplicado sin mucho cuidado, y el ceño fruncido de aquel que piensa en las cosas que tiene que hacer. La otra, que iba de la mano con el de cabello negro, llevaba ropa muy extraña: una capa, no de la forma a la que Emili estaba acostumbrada sino una mucho más moderna, y una túnica que bien podía tratarse de un vestido. Le llegaba apenas a las rodillas, estaba muy elaborada, y estaba adornada con unos zapatos de tacón a juego. Los zapatos eran muy extraños: brillaban como nuevos, tenían todos los terminados perfectos, y aún así, tenían un aire de viejo y una aura de reparados. Rápidamente Emili identificó lo que le decía su instinto, algo que podía captar con el mismo sentido que le permitía ver fantasmas que se escondían y las sombras invisibles que producían algunos vampiros bien entrenados: esos zapatos habían sido arreglados con magia incontables veces.

⎯ Buenas tardes⎯ dijo el de cabello negro⎯ . Soy Harry Potter y ellos son Ginny, Ron y Hermione Weasley.

⎯ Tony Stark, mucho gusto ⎯ dijo él, asegurándose de darle la mano primero a la pelirroja que, aunque estaba obviamente involucrada con el tal "Potter", parecía ser la única que seguía siendo soltera. A pesar de estar completamente comprometido en su relación Pepper, lo que bien se aprende nunca se olvida.

⎯ He oído tu nombre en algún lado... ⎯ dijo Potter.

⎯ Yo se en donde ⎯ dijo la de cabello café, la que estaba obviamente casada con el pelirrojo, después de pensar un poco. Tony sonrió⎯ . ¡Eres Capitán América!

⎯ Iron Man ⎯ corrigió él, con la sonrisa convertida en una mueca sarcástica. "¿Quién es esta gente?" se preguntó, y después, la duda más importante surgió. "¿Realmente parece que tengo 87 años?"

⎯ Yo soy Anthony Reed ⎯ dijo él, evitando el potencial desastre⎯ . Ella es mi hermana, Emilia, y mi cuñado, Johnie Rodríguez.

⎯ Thor Odinson ⎯ se presentó él como último.

⎯ ¿Te llamas como el dios del trueno? ⎯ preguntó el más alto, causando que su esposa lo mirara con expresión sorprendida⎯ . Esa cara de sorpresa...

⎯ El tío Billius a veces se creía dios cuando estaba borracho. Su favorito era Zeus, pero también le gustaba Thor. ⎯ explicó la otra pelirroja, confirmando que eran hermanos.

⎯ No me llamo como el dios del trueno ⎯ interrumpió Thor. Mientras hablaba, Mjölnir creció en su mano y, ante los ojos de los humanos, se mostró por un segundo con toda su gloria nórdica⎯ , yo soy el dios del trueno.

⎯ Imposible ⎯ murmuró Ginny, con cara de ciervo en los reflectores.

⎯ No, no lo es. ⎯ Tony estaba harto de la gente que no veía las noticias⎯ . Ahora, si no les molesta, seguiremos trabajando.

⎯ ¡Espera! ⎯ dijo Harry en cuanto Tony hizo por dirigirse a las escaleras⎯ ¡Si van a seguir interrogando, tenemos que estar presentes!

Tony no se detuvo, así que Harry recurrió a medidas más drásticas.

⎯ ¡Desmaius! ⎯ gran error.