El doctor John Watson jamás había sentido tanta reluctancia a levantarse de su asiento, ni siquiera cuando había estado herido en el hospital. Siempre había sentido, eventualmente, la necesidad de caminar, de hacer algo, y sin embargo, ahora temía dar un paso enfrente.
Pero claro, era la primera vez que Watson perdía una pierna.
Jamás había pensado que a Holmes se le pusiera pasar algo así, que pudiera hacer un error de cálculos de tal manera, y aunque Watson era el que pagaba las consecuencias, era él detective el que sentía el mayor pesar, pues no solo era un daño causado a un gran amigo, sino también un fuerte golpe a su ego.
⎯ Holmes, no te envenenes a ti mismo de esa manera ⎯ decía Watson cada vez que encontraba las habitaciones llenas de humo de tabaco o al propio Holmes en el estupor de la droga, que consumía de una manera diferente a como lo hacía tiempo atrás. Estas veces se le veía que buscaba en la droga, no la relajación o la concentración, sino el alivio de la pena⎯ , cualquier ser humano puede cometer errores, y la verdad, las prótesis de estos tiempos no están nada mal.
⎯ Yo no puedo cometer esos errores, Watson. No están permitidos para mi, de mis respuestas dependen cosas importantes. Me ganó la emoción, me embriagué de expectación. ¡Imagínate, Watson! ¡Construir una máquina del tiempo, borracho!
⎯ No, Holmes, feliz. Fuiste feliz por un tiempo, dejaste de reprimir tus emociones por un rato.
⎯ ¡Y ve lo que causó! ¡Yo no nací para ser feliz!
⎯ ¿Por que no?
⎯ ¡Por que las consecuencias de mis fallos no se pueden revertir! ⎯ ¡Tampoco las de las personas normales, Holmes!
⎯ ¡Claro que sí!
Watson respiró hondo, dándose cuenta que la única forma de animar a Holmes era hacer algo que había jurado jamás hacer: confesar un crimen que había olvidado mucho tiempo atrás.
⎯ Holmes, yo cometí un error una vez. Estaba... allá, y me dejaron a cargo de un hospital en medio de un ataque. Querían darnos donde nos doliera, querían exterminar a los medio muertos, a los que ya iban de salida. Jamás me había pasado nada así, nunca había estado solo y esperando a que entraran y me mataran. Le habíamos puesto cloroformo a los pacientes para que no sintieran miedo y se les subiera el pulso, así que ni siquiera había alguien con quién hablar. En cada sombra veía a un enemigo, cada sonido era un disparo de rifle, y de la nada, entró un hombre, y... Holmes, yo... le disparé sin mirar. No revisé su cadáver hasta después: era un civil desarmado, Holmes, que había estado en el lugar incorrecto en el tiempo incorrecto.
Watson no podía ver a los ojos de su amigo, no podía separar la vista de sus
zapatos.
⎯ Mate a un inocente, y no hay forma de regresar a su familia lo que les quité. Quizá a un niño lo dejé sin padre, a una esposa sin marido, a una madre si su hijo. Y no querían siquiera ponerme a juicio, no querían que pagara por mis errores, por que eso daría a la gente una mala imagen del gobierno.
Por primera vez, Holmes se quedó sin palabras.
⎯ A lo que iba, Holmes ⎯ dijo Watson después de un rato de contemplación silenciosa⎯ , es que todos cometemos errores irreversibles. Créeme, yo no extrañaré mi pierna tanto como se extrañará a ese pobre hombre, y aun así, el mundo sigue girando. Los errores hay que intentar resolverlos hasta se haya hecho todo lo posible, y luego solo hay que recordarlos para no volverlos a cometer.
Holmes se quedó quieto varios minutos, como si ponderara lo que acababa de decir Watson. Después, se levantó y se dirigió a la puerta.
⎯ Voy a salir a despejarme ⎯ informó, y el doctor pudo ver que se debatía entre hacer caso o continuar con su terca depresión.
Con esperanza de poder olvidar lo que acababa de decir, Watson abrió el periódico, que leía con esperanza de entender lo que pasaba en este mundo demente al que había llegado. Sin embargo, como siempre, se hablaba solo de organizaciones con nombres hechos de letras sin sentido y de estrellas de "rock", o de "televisión", y no había en ningún lado la mas mínima pista de a lo que se podían referir esos términos. Había momentos en los que a Watson le hartaba la nueva dimensión, y sin embargo, pensar en regresar estaba completamente prohibido, pues la Inglaterra de finales del siglo XIX estaba completamente arruinada para él desde la muerte de Mary, o más específicamente, desde el momento que la suegra llena de dolor le había culpado a él.
El timbre sonó, haciendo que el doctor brincara, pues no estaba acostumbrado todavía a el sonido artificial. Se levantó con cuidado, y cojeó hacia la puerta.
⎯ Buenas tardes, ¿se encuentra el señor Holmes? ⎯ ¿Quién lo busca?
⎯ Anthony Reed. Necesitamos sus servicios.
¡Finalmente! Un caso para entretener a Holmes y hacerle olvidar sus tristezas. ⎯ El señor Holmes salió a dar un paseo, pero volverá pronto, ¿desean pasar?
Lo más extraño pasó entonces: una chica de cabello café saco una ramita de
madera, extrañamente recta, y la pasó por todo el edificio, murmurando unas palabras que parecían ser latín.
⎯ Es seguro ⎯ decretó, y después vio la cara de estupefacción de Watson⎯ . No se preocupe señor, no se acordará de nada de esto mañana.
⎯ Eh... esta bien ⎯ no sabía Watson que se traían esta gente en las manos, pero el principio de Holmes era "aprender primero, actuar después", así que decidió indagar toda la información posible sobre esta curiosa gente y solo después determinar si eran peligrosos.
⎯ No creo que sea necesario hacerle ese hechizo de decían ⎯ comentó un hombre alto, que tenía un parecido impresionante con Holmes.
⎯ No vamos a saber hasta que veamos como reacciona a... lo otro⎯ dijo uno de cabello negro y lentes. Parecían ignorar el hecho de que Watson los podía escuchar perfectamente bien, aunque, pensó el después, probablemente estaban seguros de el "hechizo" ese que pensaban, podía borrar la memoria.
⎯ ¿Les ofrezco una taza de té? ⎯ interrumpió.
⎯ No gracias ⎯ contestó cortantemente el que se había presentado como Anthony.
⎯ Holmes no tarda... ⎯ como si llamado por la frase de Watson, el detective entró con un estruendo. Abrió la puerta con fuerza, haciendo que chocara contra la pared y causando, por millonésima vez, un hoyo en la pared a causa del picaporte, además de que gritaba con toda la capacidad de sus pulmones:
⎯ ¡Watson! ¡He descubierto algo brillante!
⎯ ¡Tenemos visita, Holmes! ⎯ contestó él, apenas con el volumen necesario para que se oyera en el vestíbulo.
Holmes entró en el cuarto, quitándose la bufanda y con un aire de desinterés evidente.
⎯ Buenos días, señor Stark, señor Reed, señor Potter y... señora ¿Weasley?
Esto pareció asustar bastante a los visitantes.
⎯ ¡¿Como supo mi nombre?! ⎯ preguntó asustado el de cabello negro, el que se
llamaba, aparentemente, "Potter".
⎯ Oh, me lo contó mi buen amigo el señor Shacklebolt. No creo que usted
necesite preguntar, señor Stark, pues su nombre ha estado apareciendo en los noticieros seguido últimamente, y a usted, señor Reed, le sorprenderá saber que he sido amigo del señor Elling desde que era humano. Ahora, el más difícil fue el de la señora Weasley, previamente Granger, pues a ella no la recordaba, pero al leer el nombre de su esposo en la alianza con la que parece juguetear cada vez que está nerviosa, pude pensar con facilidad en el anuncio de compromiso que sus padres pagaron en el periódico local del pueblo de Rotherham, al sur de Yorkshire, lugar de donde proviene la... ¿madre?
⎯ Padre ⎯ corrigió la chica, impresionada. En la mano seguía moviendo su alianza, cambiándosela de dedo y dándole vueltas entre el pulgar y el índice.
⎯ No es posible que conozca a Michael desde que era humano... ⎯ dijo medio embobado el señor Reed⎯ ¡el nació en 1854!
⎯ Yo también ⎯ comentó Holmes, con el mismo desinterés que antes⎯ , el 6 de enero, para ser exactos.
Esto pareció asustar bastante al señor Stark, que Watson empezó a reconocer de algunas revistas de las que se había abastecido Holmes los primeros días, para poder adecuarse al mundo moderno y comenzar las investigaciones cuando Watson estaba encerrado en un cuarto de hospital.
⎯ ¿Como? ⎯ preguntó la chica. En cuanto Sherlock abrió la boca para hablar, Watson lo detuvo.
⎯ Holmes, no creo...
⎯ No te preocupes Watson, esta gente no encontraría nada extraña nuestra pequeña historia, verás: el señor Reed es un híbrido entre vampiro y hombre lobo, Rey de todos los de esas especies. El señor Harry Potter es un mago, famoso por derrotar a otro mago malvado, y es muy amigo de la señora Weasley, quien es bruja. El señor Stark es dueño y creador de una increíble pieza de mecánica que le permite convertirse en un hombre de acero con impresionantes habilidades que tiene una inequívoca atracción por defender el bien y promover la alta moralidad. Creo que saber que yo construí una humilde máquina del tiempo no sería ninguna sorpresa.
⎯ Wow ⎯ dijo el señor Stark⎯ . Eso a mi si me impresiona. Tiene que enseñarme sus conceptos, quizá explicarme sus hallazgos. Estoy seguro que podemos llegar a un acuerdo. ⎯ Me gustaría, señor Stark, pero me temo que la máquina se desintegró en cuanto llegamos, y los planos los dejé atrás, en una cabaña escondida entre las faldas de los Alpes
que se quemó hace bastante tiempo. De todos modos, la máquina no era perfecta.
"Y volvemos al tema", pensó Watson amargamente.
⎯ ¿Que pasó? ⎯ preguntó con curiosidad el señor Potter.
⎯ No toda la materia completó su viaje ⎯ Holmes dirigió su vista a Watson, y por
primera vez pudieron ver todos un brillo metálico entre el zapato y la parte inferior del pantalón.⎯ Mis cálculos apuntan que unas pobres almas que vivieron a principios del siglo pasado sufrieron un gran susto al encontrar que una pierna humana de materializaba del aire mismo.
⎯ Es algo así como la Desaparición, Harry ⎯ dijo la señora Weasley a su amigo, y luego se dirigió a todos⎯ . Nosotros solo nos movemos en el espacio, pero también nos puede pasar eso. Lo llamamos Despartición.
⎯ Interesante ⎯ dijo Holmes⎯ , quizá podamos hacer una investigación...
Anthony los interrumpió aclarándose la garganta, con el obvio fin de recordar a todos el motivo por el que estaban ahí. Tony sintió un gran peso en el pecho, uno que ya había estado ahí desde que Pepper había desaparecido, y que se había liberado un poco debido a la repentina distracción de encontrar a un hombre tan excéntricamente extraordinario, haciendo que se sintiera peor. ¿Que clase de persona era él, que olvidaba a su novia por un simple avance científico? "Alguien que quiere olvidar" dijo una voz adentro de su mente, "alguien quién no puede con la tristeza y se la quiere quitar de encima de cualquier manera posible".
Más que por necesidad, por costumbre, Holmes produjo una pipa de Dios sabía donde, la encendió y se recostó en el asiento antes de preguntar:
⎯ ¿Cuál es el asunto que los trajo aquí, señores?
Anthony se dió a una larga explicación de los sucedido, yendo tan lejos como para narrar la conversión de Johnie y poder explicar la identidad de Mario. Dijo cosas que algunos de sus acompañantes no había oído (dejando de fuera, por supuesto, su involucración en el secuestro de Jane y Pepper, algo que dedujo Holmes por su cuenta), y todo lo terminó de narrar en menos de quince minutos.
⎯ Un caso excepcional, por supuesto. Creo que solo requieren mis servicios para que descubra de su prisionero la localización actual de las señoritas, ¿no es así?
⎯ Si ⎯ contestó Tony.
⎯ Muy bien ⎯ dijo Holmes, levantándose⎯ . Watson, ¿estás listo para conocer un poco más del mundo 'moderno'?
⎯ No creo tener opción ⎯ contestó el doctor con una sonrisa que hacía claro que estaba aparente imposición le causaba ningún problema.
El sedán negro que los esperaba afuera estaba fuera de la tolerancia de Watson, y él, por primera vez, se rehusó a acercarse a cualquiera de las cosas nuevas. Un carruaje con diseño tan extraño y que al parecer se movía sin ningún tipo de empuje a velocidades que se consideraban mortales durante el tiempo que estudió medicina era determinantemente intolerable.
⎯ No te preocupes ⎯ dijo la señora Weasley cuando detectó la inseguridad en el doctor⎯ , se mueve con gasolina... algo como kerosene.
⎯ Eso significa que puede prenderse en fuego ⎯ murmuró Watson, sin perder los estribos.
⎯ Imposible ⎯ dijo el señor Stark, y aunque se dió cuenta que Watson no le creía, no intentó forzarlo.
⎯ ¿Como se controla?
⎯ Con el volante ⎯ siguió explicando el señor Stark⎯ , esto de aquí.
⎯ ¿Y eso es muy preciso?
⎯ Claro, además de que traen cinturones de seguridad.
⎯ ¡¿Me tengo que amarrar a algo que puede explotar en cualquier momento?!
Después de media hora, demasiado trabajo de convencimiento, y una que otra amenaza vacía de experimentos no bien llevados usados en Gladstone (aunque el pobre perro se había quedado en el pasado, al cuidado de la señora Hudson, y probablemente no existirían ya ni sus residuos), Watson se subió en el carro donde, un poco apretujados, cupieron todos.
⎯ Señor Watson ⎯ dijo Anthony, en un desesperado intento de relajar el ambiente que se contagiaba de la tensión del hombre.
⎯ Doctor Watson, por favor ⎯ corrigió Holmes.
⎯ Doctor, me parece que usted se llevará bien con mi hermana.
⎯ Es muy... tradicional ⎯ comentó Tony, volteándolos a ver un instante y
causando que Watson produjera un inaudible quejido.
⎯ Y, hablando de ella, señor Holmes: estoy seguro que será usted capaz de
percibir las manchas de sangre que carga constantemente en la ropa. Le aseguro que siempre la he acompañado a cazar, y jamás la he visto matar. No se asusten, aunque de una impresión de violencia.
⎯ Es linda cuando la conoces ⎯ contribuyó Harry, a quien le había dado por admirar a la mujer, con su valentía y su falta de preocupación por lo que la gente podría pensar de ella.
Con eso se acabó la conversación, sin nadie pudiendo pensar en algo más que contribuir. En medio de un silencio, no incómodo pero si pesado, avanzaron por las calles de Londres.
Cinco minutos después, ya habían llegado a casa de Anthony, que estaba en el mismo distrito. Watson salió del carro rápido, pero con la cabeza en alto. Ya no temía tanto al aparato, que parecía alguna de las locuras más extrañas de Holmes, y además, se le había ocurrido pensar en lo que tardaría (si es que aguantaba) en caminar toda la distancia que habían recorrido.
Todos los sentidos de Holmes se activaron cuando entró a la habitación donde descansaban los más "extraños", pues su ojo entrenado gritó inmediatamente:
Dos adolecentes abrazados, una cubierta de sangre y el otro con apariencia desarreglada: asesina dominante y cómplice sumiso.
Hombre alto y musculoso, de cabello largo y bien peinado, flexionando un martillo y murmurando cosas: enfermedad mental.
Dos pelirrojos con pedacitos de madera saliendo de sus bolsillos, con ropas ridículas y escogidas por alguien que no usa ese tipo de cosas todos los días, ni ve gente así diario: antisociales, parte de algún tipo de culto secreto, con alucinaciones o algún otro tipo de distorsión de la realidad.
Y sin embargo, un segundo para volver a sus sentidos y recordar todo bien, y la
lista quedó así: Condesa de los Vampiros, Macho Alfa de la Manada Universal, dios Nórdico del Trueno y magos. Incluso para el detective, que pensaba haberlo visto todo, le causó vértigo encontrar tanta variedad en un mismo cuarto.
⎯ Ya volvimos ⎯ dijo Anthony, llamando la atención de los mencionados⎯ . Este es el señor Sherlock Holmes, ingeniero creador de una máquina del tiempo y detective, y su amigo, el doctor Watson.
⎯ ¿Así que si son los mismos que encontré yo? ⎯ preguntó Johnie, con interés pero sin levantarse del sillón donde estaba sentado.
⎯ Si, de hecho.
⎯ ¿En donde me habían encontrado? ⎯ pregunto Holmes.
⎯ En Internet ⎯ gracias a Dios, ambos hombres sabían ya lo que era eso, por que
una amable enfermera había accedido a explicarles algunas cosas sin saber el motivo de su ignorancia⎯ . Resulta que sus libros adquirieron éxito después de su misteriosa desaparición. Un tal Arthur Conan Doyle...
⎯ Mi agente publicitario ⎯ declaró Watson.
⎯ Pues, por si no sabe, ahora es Sir Arthur Conan Doyle.
Los ojos del doctor se abrieron desmesuradamente, pero Holmes no se inmutó. ⎯ Impresionante ⎯ dijo con rapidez⎯ , ahora: ¿en donde está el prisionero? ⎯ Piso de arriba, Alfred puede enseñarles el camino.
El vampiro se apareció aparentemente de la nada, cerca de la puerta y con una clara expresión de invitación. Holmes y Watson, seguidos del resto de los involucrados, fueron guiados hacia el cuarto de interrogación.
Apretado por el resto de la gente en la cabina de observación, Anthony, recordó lo que había pasado antes y le dió a los dos hombre lentes oscuros. Después de recibir una breve explicación, marcharon dentro del cuarto de interrogación. El espectáculo empezó con Emili apostada en una esquina, lista para cuando el hombre abriera los ojos.
En el cuarto de interrogación, los dos eran un equipo perfectamente balanceado que atacaba de manera precisa. Comenzaron con preguntas sin sentido, como el nombre de la novia y el lugar de nacimiento. El vampiro no hablaba nada, hasta que Holmes dió en la clave.
⎯ No, Watson. No nos dirá nada, es demasiado tonto. No se da cuenta que se supone que somos los buenos, y que no podremos hacerle nada cuando ya no lo necesitemos. Si hay algo que nunca se debe hacer es insultar la inteligencia de un vampiro. ⎯ Simple humano ⎯ dijo con voz ronca el susodicho⎯ , no sabes que con un
movimiento puedo matarte.
⎯ Pero no lo harás, sabes que eso si daría pretexto para que te pongan en un
calabozo por el resto de tu larga y inacabable vida.
⎯ No creo, Holmes ⎯ interrumpió Watson⎯ , primero lo matan.
⎯ Pero no queremos eso, ¿o sí? Pronto se va a dar cuenta que lo más inteligente es
hablar, que después podrá hacer lo que sea.
⎯ ¿Crees que pueda regresar con su novia?
⎯ Lo más probable. Ella no era rebelde.
⎯ Si lo es ⎯ volvió a interrumpir el vampiro⎯ , es hija del jefe.
⎯ Mentira ⎯ declaró Holmes⎯ , su jefe tiene 14 años, y es un hombre lobo.
⎯ ¡Idiota! ¡No me pueden engañar! ¡nuestro jefe es un honorable vampiro
llamado Grenouille! ¡ha infiltrado los círculos más secretos del Reinado! ¡es amigo personal de Rey! ¡y nadie se ha dado cuenta!
Anthony apreció la información, e hizo una nota mental de hacer algo con respecto al espía. Sin embargo, eso no era lo que quería.
⎯ Y te aseguro que duerme en una alcantarilla.
⎯ ¡Él vive en el nuevo edificio!
⎯ Llámale como quieras, sigue siendo una alcantarilla.
⎯ ¡Es una mansión! ¡Está en...! ⎯ el vampiro se atajó justó a tiempo, y luego hizo
el primer movimiento en mucho tiempo: cerrando su pulgar contra su dedo medio, parecía que iba a meditar, pero Emili sabía mejor que para creer eso. Inmediatamente, generó una horda de sombras que tomaron a cada uno de los presentes menos el prisionero, los reunieron en una esquina, y luego se pararon frente a ellos, creando una barrera de magia impenetrable.
Pero la sombra solo salió del dedo del vampiro, recibió sus ordenes susurradas, y regresó. Johnie no tardó en entender: él había visto a un vampiro a hacer eso mucho tiempo atrás.
⎯ ¡NO!
Johnie abrió la puerta violentamente y corrió hacia el vampiro, tomándolo por la mano pinchada e intentando sacar la sombra de ahí. Emili, entendiendo, puso su dedo pinchado junto al del vampiro, como para pasar sangre.
⎯ Es imposible ⎯ dijo un segundo después⎯ . Ya está hecho.
⎯ ¿Qué está hecho? ⎯ dijo Anthony, temeroso.
⎯ Se hechizó a sí mismo ⎯ explicó Johnie, y después pronunció una serie de
sonidos extraños que Thor y Tony identificaron como el lenguaje que los vampiros usaban para comandar a sus sombras.
Anthony se sentó en una de las dos sillas vacías, mirando al vacío.
⎯ ¿Que significa eso? ⎯ preguntó Tony. Un escalofrío recorrió su espalda, y se dio cuenta que temblaba.
⎯ ¿Está muerto? ⎯ Thor preguntó casi al mismo tiempo que Tony, y todos se sorprendieron al descubrir que los dioses también podían tener nudos en la garganta.
⎯ No ⎯ dijo Emili, que tenía puesta una cara de póker que era rival de la que tuvo que usar Watson cuando le explicó a su suegra por que Mary no los acompañaría a la cena⎯ . Está permanentemente dormido. Ya jamás despertará. Es como si estuviera muerto.
⎯ ¿Eso significa ⎯ preguntó Ron⎯ que ya no hay forma de sacarle la información?
⎯ Si alguno de nosotros se mete en sus sueños no saldremos nunca ⎯ murmuró Emili. Parecía estar al borde del llanto. Sin embargo, sus palabras le dieron una idea a Johnie.
⎯ Arthur.
