A las cinco de la mañana, ya había actividad en la mansión. Emili había pasado toda la noche escribiendo en su diario, pero se había levantado de su escritorio en cuanto Johnie había despertado y ahora discutían la situación en la pequeña sala adjunta a sus habitaciones. Anthony se encontraba invariablemente en su oficina, recordando de una manera dura que los vampiros y hombres lobo no dejaban de rebelarse contra las leyes solo por que él tenía otras cosas que hacer. Finalmente, Holmes ya andaba por ahí, revisando y explorando.
Arthur se despertó, y con mucho cuidado se levantó, poniendo la cabeza de Ariadne en su almohada para que no hubiera ningún cambio en el olor y ella pudiera seguir dormida un rato. Este truco le había costado aprenderlo, pero ahora podía hacer uso de las cuatro horas que separaban su hora de despertar y la de ella.
Después de vestirse, metió la mano al bolsillo interior del saco que había usado el día anterior y produjo una pequeña caja de joyería.
⎯ Si, fue una sorpresa encontrar a cuatro hombres resguardando el mismo secreto en una misma habitación.
Arthur volteó a ver a la puerta, y vio al señor Holmes, con una pipa en la boca y una mirada pensativa.
⎯ Perdón por interrumpir, pero me temo que este lugar es demasiado interesante como para no indagar. A lo que me refería antes es que si buscara en los bolsillos del señor Stark, del señor Odinson, y del señor Reed, encontraría cajas muy parecidas a esa.
⎯ ¿De verdad?
⎯ Mi reciente amigo, deberías saber que jamás miento.
⎯ ¿Como puede estar seguro?
⎯ Para el buen observador, la forma característica que adopta ese bulto particular
en la ropa es muy notorio.
⎯ No creo que pueda saber el contenido de un bolsillo por el bulto que hace.
⎯ Por supuesto. Te puedo decir que el bolsillo izquierdo de tu pantalón esta vacío, pero que el derecho trae un celular. En tu saco hay tres plumas, el brillo labial de tu novia, y una cartera. También, algo que se me pasó la primera vez que vi, es una aguja en el bolsillo trasero de tu pantalón.
Arthur miró a Holmes con ojos desorbitados, y después de unos segundos se vació los bolsillos. En sus manos estaba todo lo que había mencionado.
⎯ Eso es impresionante.
⎯ Es realmente básico. Si quisieras podrías hacerlo tu también.
⎯ Me gustaría ⎯ murmuró Arthur para sí mismo.
⎯ Deberían hacer algo al respecto, ustedes cuatro. Quizá pudieran obtener algún
consejo de mi querido amigo el doctor Watson, del señor Weasley o del señor Rodríguez. Todos han pasado por lo mismo en tiempos recientes.
⎯ ¿El doctor Watson está recién casado?
⎯ Lo estaba hace pocos años ⎯ Holmes habló con una voz mucho más triste, en contraste con su tono informativo de antes⎯ , pero la tuberculosis se llevó a su mujer y su primer hijo.
Arthur bajó los ojos, recordando... ¡No! Eso era algo que tenía que olvidar, y que llevaba bastante tiempo en el fondo de su mente. Ni Cobb ni Ariadne sabían, y eso no cambiaría. Para Arthur, eso jamás había sucedido.
⎯ Eso es muy triste, ¿seguro que no tendrá problemas hablando de eso?
⎯ Le garantizo de Watson es un hombre fuerte. Ha pasado por cosas igual de malas sin más consecuencia que unas cuantas pesadillas las primeras semanas. Le convendría hablar con él.
Con eso, Holmes se retiró. Arthur, sin poder clasificar realmente la impresión que le había causado el detective, de cuyos libros había oído hablar (aunque jamás le habían llamado la atención, al igual que cualquier otro libro de ficción), se dirigió al escritorio, donde descansaba su computadora dentro del estuche perfectamente limpio.
Completamente vestido, volvió a subir a la cama, sin importarle las arrugas que poco tiempo atrás le hubieran causado un gran conflicto. Puso la cabeza de Ariadne sobre su pierna y empezó a trabajar.
Cuatro horas después, como previsto, Ariadne despertó.
⎯ Buenos días ⎯ saludó él, quitando los ojos de la pantalla y dándose cuenta que le ardían un poco. Los años que llevaba trabajando exclusivamente en la computadora por horas no importaban cuando se trataba de su vista, que apenas aguantaba estar tanto tiempo fija en una sola cosa.
⎯ Hola ⎯ dijo ella, con una vocecita ronca que revelaba que seguía medio dormida⎯ . Tengo hambre.
⎯ Vístete y vamos a ver en donde podemos conseguir comida.
Aún con todos los hombres lobo en la cocina, era difícil sacar todos los alimentos necesarios a tiempo. Ahora, además de Thor y Tony, habían cuatro estómagos sin fondo que reclamaban una cantidad de sustento imposible: Ron, Watson, Eames y extrañamente, Ariadne, estaban causando un verdadero problema en la cocina, en adición al resto de la gente.
⎯ Ojalá hubieran pedido ayuda de los vampiros y no de humanos ⎯ deseó Jake, uno de los nuevos reclutas en la cocina, que normalmente se encargaba del sistema eléctrico de la casa. Hablaba para sí mismo mientras ponía el dedo que se había quemado por décima vez en el chorro del agua fría para calmar un poco el dolor antes de volver al trabajo.
⎯ Es nuestro trabajo ⎯ dijo Grace, una de las cocineras de siempre⎯ . Además, esto es poco comparado con el Congreso.
⎯ ¿El qué?
Grace levantó la vista de las verduras que lavaba cuidosamente, y se dió cuenta por primera vez de la identidad de su interlocutor.
⎯ Es que tu todavía no estabas aquí. Cuando su Majestad fue coronado, tuvimos como huéspedes a todos los machos beta, los líderes de los clanes, familia, amigos y gente de poder. Creo también que había miembros del Consejo.
⎯ ¿Cuantas bocas que alimentar?
⎯ En total cien personas, pero que comieran creo que eran setenta, aproxima- damente.
⎯ ¡Por el Destino!
Jake decidió callarse y seguir cocinando. No fuera que en el plan del Destino, es- tuviera que él siguiera en la mansión para el próximo Congreso.
Mientras tanto, Holmes platicaba sus aventuras matutinas a Watson.
dulo.
⎯ ¿Cuatro hombres con intenciones de matrimonio? ⎯ preguntó Watson, incré-
⎯ En efecto, mi amigo. Es extraño que no te hayas dado cuenta por ti mismo.
⎯ Oh, Holmes. Me temo que estaba demasiado distraído con el extraño grupo frente a mí como para fijarme en el contenido de sus bolsillos.
⎯ Más razón, Watson, para estudiarlo todo. Entre más extraña la situación, más peligrosa y por lo tanto, más digna de investigación.
⎯ Tendré en cuenta lo que me dices en la siguiente ocasión que me sea posible, Holmes. Ahora, ¿te importaría darme nombres?
⎯ El señor Arthur, que sigue sin poseer aparentemente un apellido, el señor Stark, el señor Odinson y el señor Reed.
⎯ ¡¿El señor Reed?!
⎯ Por supuesto. A pesar de que su pareja esté separada de él, estoy seguro que busca una forma de unirse a ella de todas las maneras posibles. Además, es probable que quiera hacer a su hija algo más que una bastarda.
ta casa.
⎯ ¿Su hija? ¿Cómo es eso posible?
⎯ Estoy seguro de que hace tres años, la señorita Rodríguez pasó un tiempo en es-
⎯ ¿Y como puedes estar seguro de algo tan espectacularmente extraño?
⎯ Recuerda lo que te he dicho, mi apreciado aliado: cuando has eliminado lo im- posible, lo que prevalezca, sin importar su improbabilidad, debe ser la verdad.
⎯ Si, pero...
⎯ El señor Reed se retiró exactamente a las seis veintiocho el día de ayer, obviamente para atender una cita a las seis y media en alguna parte del castillo. Lo mismo pa- só todos los días que hemos ocupado estas habitaciones, así que tuve la necesidad de investí- gar. Hoy en la mañana, antes de que todos estuvieran levantados, decidí seguir el camino bien señalado que recorre el señor Reed todos los días. Forcé unos cuantos seguros, nada detecta- ble, y me encontré con las habitaciones de una niña, cuya estatura (fácilmente deducible por la altura de las marcas de manos en la pared), marca unos tres años de edad. Unas muñecas arregladas para representar hadas me dieron pistas suficientes para saber que la niña es hija de la Reina de las Hadas.
⎯ ¡Holmes! ⎯ regañó Watson, en vez de la adulación que esperaba el detective y que estaba empezando a necesitar⎯ . ¿Como se te ocurre ponerte a espiar en una casa como esta?
⎯ Oh, por favor. Solo el señor Arthur me detectó, y eso fue por que me anuncié a mi mismo.
⎯ ¿Para que habrías de hacer eso, Holmes?
⎯ Para avisarle de la situación de los otros tres como él.
⎯ ¿Por que has de involucrarte en todo? ⎯ Watson empezaba a sentir el pulso
palpitante en su sien, que temblaba de esa forma única que se reservaba para las ideas más peligrosas, descabelladas y sin sentido del detective.
⎯ Por que de esa manera, contribuyo con el bienestar general.
⎯ Es una regla general que se debe esperar a que la ayuda sea solicitada para concederla.
⎯ Eso no es práctico. ¿Como han de pedir mi asistencia sin saber de la necesidad de esta, o del hecho que yo puedo ser de utilidad?
Como pasaba constantemente cuando discutía con Holmes sobre los motivos del último, Watson se quedó sin palabras ante la extrañísima pero correcta lógica de su amigo.
Ese día, mas tarde, estaban todos reunidos otra vez en la sala común donde los Extractores hacían sus experimentos.
⎯ Entonces, ¿ya estamos listos? ⎯ preguntaba Emili, impaciente.
⎯ Casi ⎯ contestó Eames⎯ . Ariadne ya tiene los diseños y⎯
⎯ ¿Perdón? ⎯ interrumpió Johnie⎯ Yo tenía entendido que los planos de un
sueño tomaban mucho tiempo.
⎯ Para el laberinto principal pude usar uno que diseñé hace mucho, y por eso se
recortó una buena parte del tiempo. Por lo demás, es un sueño de poca profundidad, así que solo tengo que diseñar un mundo.
⎯ ¿Y el plan de acción? ⎯ preguntó Emili.
⎯ Bueno... ⎯ habiendo llegado al punto incómodo, Cobb no encontró forma de poner en palabras amables lo que estaba apunto de decir⎯ tenemos una idea, pero para usarla tenemos que confesar algo.
⎯ Algo que hicimos. Un trabajo que por suerte no funcionó.
⎯ Intentaron extraer información del señor Stark ⎯ intervino Holmes, mirando a los extractores con atención. Haciendo notoria su infame falta de tacto, prosiguió:⎯ , pero fa- llaron, pero no por que desconocieran la protección especial que se consiguió, sino por algo
que tiene que ver con el señor Cobb. Algo que la señorita Ariadne desconoce... pero no, ya veo como se forma una teoría en su mente. El señor Eames, al escuchar mis palabras, asume que la señorita adivinó la verdad.
⎯ ¡Ese humano puede leer mentes! ⎯ exclamó Emili, espantada. Magia de mor- tales, que ni siquiera eran magos: el símbolo inequívoco del fin, la señal que daba el Destino para informarle que ella viviría para ver el fin de todo.
⎯ No se preocupe, señora ⎯ intervino Watson con voz lenta y calmante⎯ , es un simple truco. Mi amigo puede seguir las líneas de pensamiento en pequeños cambios del lenguaje corporal y la dirección de los ojos.
⎯ Así que ⎯ Tony llamó la atención de regreso a si mismo⎯ , ¿quién los contrato? ⎯ Justin Hammer. Quería los planos técnicos de su traje.
⎯ Fue la primera misión que Mal saboteó ⎯ explicó Arthur a Ariadne en voz baja,
confirmando sus sospechas.
⎯ Nuestro punto ⎯ Eames volvió al tema⎯ , es que como la relación entre los
niveles de seguridad y la cantidad de personas en el equipo parecen ser proporcionales para ambas situaciones, decidimos que el plan bien nos puede servir. Esto nos ahorraría bastante tiempo, y podríamos hacer el trabajo dentro de esta semana.
⎯ Pero, ¿ese plan no falló?
⎯ El... factor determínate ⎯ otra vez, el vocabulario de Cobb parecía insuficiente para describir de manera adecuada lo que quería decir⎯ ya ha sido eliminado. No hay riesgos.
⎯ Excepto ser asesinados por vampiros imaginarios ⎯ dijo Ron Weasley. ⎯ Correcto ⎯ Arthur ni siquiera se molestó en desmentir lo que no era más que la
verdad.
enseñemos el plan, menos nos tardamos en ir por ellas.
⎯ ¿Quién entra? ⎯ dijo Eames, abriendo el PASIV⎯ entre más rápido les
Al final del día, todos estaban completamente cansados. Sus cuerpos habían pa- sado todo el tiempo en reposo, pero sus mentes sentían el peso de haber repasado una y otra vez el mismo plan de acción, con todas sus variantes y todas las cosas que podían ir mal. Pero, al final, estaban listos.
⎯ No es nada inteligente atacar a un vampiro de noche ⎯ dijo Emili⎯ , así que no podemos hacer nada hasta mañana en la mañana. Ya esta todo listo: en cuanto salga el sol, podemos proceder.
Todos asintieron en aprobación.
⎯ ¿Les parece una última cena juntos? ⎯ propuso Watson⎯ . Mañana nuestra alianza dará fin.
Otra vez, la gente asintió. El final estaba tan cerca, y sin embargo, no se sentía así. La meta estaba ya a la vista, y aunque eso causaba satisfacción a todos, el saber que la aventura más extraña de todas pronto pasaría al recuerdo causaba un extraño sentimiento de nostalgia.
Algunos, como Tony, que habían hecho amigos, o como Thor, que sentía un silencioso agradecimiento por todos los presentes, sentían que no podían hacer suficiente para despedirse. Anthony, maravillado por la cantidad y diversidad de personas que habían acudido a apoyarlo de alguna manera u otra, Emili, sorprendida con la belleza de lo diferente, Harry, feliz por poder hacer algo con respecto a sus sentimientos y no lo que se supone que tiene debe hacer, Holmes, interesado por todos los diferentes puntos de vista, Arthur, impresionado por develar el secreto irrevelable y Ariadne, tocada por las emociones que los tenía a todos ahí, todos querían completar su tarea, pero no querían que el proceso terminara.
En la cena se compartieron historias, se contaron los secretos indiscutibles, cosas de razas que no se podían hablar con mortales. Sumidos en eterna confianza, se rió, se consoló y se bromeó hasta las seis de la mañana.
En algún punto de la velada, dijo Holmes:
⎯ Señorita Ariadne, me preguntaba si podía enseñarme la representación imaginaria que hizo de las habitaciones que comparto con mi amigo Watson.
⎯ Um... ⎯ Ariadne, extrañada por la petición tan bizarra, dudó un segundo antes de decir⎯ , claro.
Antes de que Anthony lo ordenara, ya habían aparecido aparentemente de la nada dos divanes y el PASIV en una esquina del cuarto, traídos por vampiros sirvientes que se determinaban a lucirse enfrente de las visitas. Ariadne y Holmes se levantaron, se dirigieron a los nuevos pedazos de mueblería, y se durmieron rápidamente. Watson estuvo seguro de ver que Holmes le guiñaba el ojo antes de sentarse.
⎯ Para un hombre tan inteligente ⎯ dijo Arthur⎯ , las intenciones del señor Holmes demasiado obvias.
Watson fue el único que no lo miró con cara de sorpresa.
⎯ Lo que pretendía mi amigo es concedernos unos momentos para discutir un asunto del cual la señorita Ariadne todavía no se puede enterar ⎯ explicó Watson, y después, intentando imitar las maneras de su amigo, agregó:⎯ Si me hicieran el favor, señor Stark, señor Reed y señor Odinson, de enseñarnos el contenido de sus bolsillos derechos, ese paquete en particular que han estado cuidado desde hace un tiempo, no sería sorprendente encontrar tres cajas idénticas a la que tiene el señor Arthur en el bolsillo izquierdo.
Todos produjeron las cajas, asombrados.
⎯ Holmes dedujo esto, ¿verdad? ⎯ preguntó Emili.
⎯ Por supuesto ⎯ contestó Watson.
⎯ Y, ¿cuando planeaban hacerlo?
⎯ Yo le iba a preguntar en unos minutos ⎯ confesó Arthur.
⎯ ¡No! ⎯ reaccionaron las tres mujeres presentes.
⎯ El primer beso de Ron y mío fue durante una batalla ⎯ dijo Hermione⎯ , y
aunque fue muy lindo, lo arruinó ese sentimiento de "te beso por que quién sabe si en una hora sigo vivo". Lo que le quieres prometer es una vida juntos, no una ultima muestra de afecto.
⎯ Tiene que ser basada en el amor, no en el miedo ⎯ contribuyó Emili.
⎯ En cuanto estemos en zona segura, yo le voy a preguntar ⎯ dijo Tony⎯ , no quiero perder un segundo más.
Thor asintió, uniéndose a ese plan.
⎯ Solo asegúrate que esté completamente consiente de lo que sucede ⎯ sugirió Watson⎯ , el miedo puede causar que la gente no se de cuenta de lo que sucede. Creo que ahora le llaman "Estado de Shock".
⎯ En ese caso ⎯ dijo Arthur⎯ , en cuanto se acabe todo esto lo voy a hacer.
⎯ ¿Y si terminas inconsciente en el hospital? ⎯ preguntó Johnie, casi de
broma⎯ . Si nos van a acompañar a batalla, como me dijo el señor Holmes por los preparativos que están haciendo, existe esa posibilidad.
⎯ En cuanto pueda hablar y sepa que voy a vivir. Tienen razón, proponer matrimonio y luego morir no tiene mucho sentido.
⎯ Shh ⎯ murmuró Yusuf, que desde donde estaba podía ver que Holmes y Ariadne comenzaban a despertar.
⎯ ... es muy interesante ⎯ decía Holmes, como continuando la conversación que habían tenido en el sueño⎯ . Para mi humilde opinión, el entender y usar ese aparato tan bien como lo hacen ustedes habla de una gran inteligencia.
⎯ Gracias.
Regresaron a la mesa, y con los ojos Holmes preguntó a Watson: "¿Funcionó?" El doctor asintió.
De repente, Emili levantó la vista al cielo, regresó el velo, que se había quitado al caer la noche, a su posición inicial y anunció:
⎯ Ya salió el sol. Es la hora.
Lentamente y al mismo tiempo, todos se levantaron.
El cuarto Samuel J. Bray ya había sido adecuado para ser el lugar de la extracción, con los tubos del PASIV colgando del techo para evitar que se enredaran y se bloquearan, cosa que les había pasado continuamente, causando que salieran del sueño involuntariamente y a destiempo; y muebles parecidos a los de la sala de experimentación estratégicamente acomodados alrededor de una silla de madera con correas de cuero en las patas, los reposabrazos y el respaldo.
⎯ Traigan al prisionero ⎯ dijo Anthony, dándole órdenes al aire como ya se habían acostumbrado todos a que hiciera.
Tres minutos después, dos hombres lobo entraron a la habitación flanqueando al vampiro rebelde, que seguía completamente inconsciente. Lo sentaron en la silla y lo amarraron con movimientos rápidos y eficientes. Con brusquedad pero con precisión, lo conectaron y se cuadraron en frente de su Rey, esperando nuevas ordenes.
⎯ Se van a quedar aquí mientras trabajamos. El acceso está prohibido para todos, bajo pena de muerte. Mantengan un ojo en ese ⎯ señaló al prisionero⎯ , no sabemos si existe una probabilidad de que despierte con nosotros, y no queremos el más mínimo riesgo. Tienen permiso de matar solo si él lo intenta primero.
Las ordenes dadas, Anthony se sentó en el último sillón disponible. Todos lo esperaban ya, con la aguja en la mano y una mirada solemne.
Anthony asintió, y todos lo imitaron. No había falta decir nada, pues el "buena suerte" quedó implícito.
