ADVERTENCIA: ESTE FIC PERTENECE AL TIPO ALTERNATIVE UNIVERSE (AU). LOS PERSONAJES AQUÍ EXPUESTOS PERTENECEN A MASAMI KURUMADA Y TOEI ANIMATION. MI INTENCIÓN ES MERAMENTE DE ENTRETENIMIENTO Y NO PERSIGUE FINES DE LUCRO. ESPERO QUE LO DISFRUTEN AL LEER TANTO COMO LO HICE AL ESCRIBIR.
CAPÍTULO 2
TE PROPONGO UN TRATO
Seiya siguió por un largo pasillo a Saori. Si no mal recordaba, lo llevaba al despacho de Mitsumada Kido. Lo cual era, precisamente, lo que Seiya quería. Después de tanto tiempo por fin enfrentaría a ese hombre al que durante los últimos 10 años no se había cansado de maldecir por su desgracia.
Su odio había comenzado el día que mandó que su más fiel sirviente: Tatsumi, quien se había presentado ante él y su hermana al final del funeral de su madre. Tatsumi les dijo, no precisamente de manera sutil, que los llevaría a un orfanato, quisieran o no. Al final los llevó (casi a la fuerza) a tal lugar. Seika le había dicho a su hermano pequeño que era lo mejor, ellos eran apenas unos niños y no durarían mucho tiempo sin ayuda. Pero ese no era el rencor que tenía Seiya, sino que Mitsumada Kido le quitara a su hermana.
Años después de vivir en el orfanato, cuando Seika cumplió 15 años (Seiya tenía 12), el señor Kido les informó que ella ya no podía permanecer ahí porque excedía el rango de edad de los niños y niñas que vivían ahí.
-No te preocupes- le había dicho a Seiya cuando le informó la noticia- He hablado con el señor Kido y me ha dicho que supo de un lugar, en Grecia, ahí me permiten quedarme por más tiempo.
-Pero mamá dijo teníamos que cuidarnos el uno al otro y tú me dijiste que estaríamos bien si estábamos juntos ¿recuerdas?- le decía Seiya con lágrimas en los ojos.
-Lo sé Seiya pero es lo mejor.
-No…yo quiero ir contigo.
-Escúchame- le había hablado con una firmeza que nunca había utilizado- Este es tu lugar. Aquí estarás bien. Tienes a tus amigos y cuidarán bien de ti aquí.
-No…- insistía.
-Seiya tienes que ser fuerte- había sentenciado Seika y con esa consigna, tan sólo un año después, Seiya tomó la decisión de escapar y buscarla.
Entraron al despacho de Mitsumasa, quien no estaba ahí. Seiya pensó que Saori le diría que lo llamaría pero no fue así. La chica se sentó detrás del escritorio donde en muchas ocasiones Seiya había visto al señor Kido.
-Sé que detestas que te pida algo. Pero supongo que quieres tomar asiento- le dijo Saori. Seiya lo hizo, no entendía, él había pedido hablar con Mitsumasa, no con su odiosa nieta. ¿Acaso esa chica quería tomarle el pelo? No le sorprendería que así fuera.
-¿Dónde está tu abuelo? Tengo que hablar con él. – le reclamó.
-Temo que eso no se va a poder Seiya- le hablaba en un tono pasivo- Mi abuelo falleció hace años.
-¡¿Qué?- Seiya se puso de pie. No podía creerlo, ese hombre era la única clave para encontrar a su hermana- ¡No puede ser! ¡Ese viejo se llevó a la tumba el secreto de a dónde rayos envió a mi hermana!
-Seiya por favor, cálmate- le pidió ella aún en ese tono que Seiya no creía.
-¿Cómo quieres que me calme? ¡Si pasé los últimos 10 años intentando encontrar a mi hermana, a la que tu abuelo tuvo a bien mandarla a un país lejano!...
-Seiya escúchame…
-¡Saori deja de fingir esa pose de santa que no te creo! ¡Y no me digas de nuevo que me calme! ¡Tú no entiendes las desgracias de los demás, eso es típico de ti!
Saori se cruzó de brazos y no le respondió. Seiya continuó unos minutos más maldiciendo por todas las cosas que había sufrido en los últimos años, a Mitsumasa Kido y a su nieta, mientras ésta sólo lo miraba. Cuando Seiya sintió que ya no podía decir otra cosa se calló y la miró extrañado. Normalmente Saori le hubiera respondido sus ofensas, incluso hubiera llamado a su perro fiel, Jabu, para que lo sacara de ahí.
-¿Ya terminaste? – le dijo ecuánime. Seiya no supo qué responder y tomó asiento- Recuerda que en este lugar hay decenas de niños, los cuales espero no hayas alterado con tus gritos; y espero aún más que no hayan aprendido una mala palabra del discurso tan elocuente que acabas de hacer.
-Lo siento- se disculpó, nunca le había dicho eso a Saori, pero realmente no se disculpaba por haberla ofendido sino por los huérfanos. Se sintió avergonzado por comportarse de esa manera.
-Bien, no te traje aquí para que me dijeras todas esas "cosas tan lindas" que piensas de mí. Sino porque quiero proponerte un trato.
-¿Un trato? ¿De qué o por qué? O qué– preguntó Seiya.
-Por favor, déjame terminar…-dijo con una leve desesperación- Sí, un trato. Quiero ayudarte, más bien, pongo a tu disposición los recursos de la Fundación Kido para que puedas encontrar a tu hermana.
Seiya soltó un bufido- Sí claro, primero me quitan a mi hermana y luego me quieren ayudar ¿De verdad me crees tan idiota?
-Lo que yo crea de ti es asunto aparte… Pero es sincero el ofrecimiento.
-Saori, no tengo ya 13 años, ya no soy un niño al que puedes manipular como quieras. Sé que algo tramas.
-¡¿Por qué crees que todo es para hacerte algo?– habló por primera vez con un tono molesto- ¡¿Eres paranoico o qué?
-¡Pues qué quieres que piense cuando de ti sólo he recibido humillaciones sólo por ser huérfano!- sentenció Seiya, haciendo alusión a las muchas ocasiones en las que, siendo niños, Saori se burló de su condición de huérfanos, llamándolos: mugrosos, malqueridos, piojosos, tontos, pobres, abandonados, entre muchos otros insultos de su amplio repertorio.
Ahora era Saori la que se sentía avergonzada. Sus ojos se pusieron cristalinos. Aunque Seiya no se percató de ello debido a la poca iluminación de la habitación. –Está bien Seiya…- comenzó a decir de nuevo en un tono tranquilo- si no quieres, no puedo obligarte. Y respetaré tu decisión… sé que eres el "gran hombre independiente" que logró huir de aquí y sobrevivir solo allá afuera. Pero, allá tú si quieres perder otros 10 años buscándola.
Seiya también se tranquilizó un poco, pero seguía a la defensiva- ¿Y tú, digo, la Fundación Kido qué gana con ayudarme?
-Quiero mantener limpio el buen nombre de mi abuelo. Aunque lo dudes, él fue un hombre ejemplar que decidió convertir esta mansión (su mansión) en un hogar para niños desafortunados; y dar buena parte de su fortuna para que tantos niños tuvieran una vida más digna.
Seiya dudó un instante. No estaba seguro si Saori le hablaba con la verdad. – Debo pensarlo…- respondió.
-De acuerdo- Saori se puso de pie- Si quieres puedes quedarte. Hay algunas habitaciones libres que…
-Eso sí que no Saori, cuando me fui de aquí, juré que nunca volvería a pasar una sola noche bajo este techo.
-Como quieras- le respondió y se dirigió a la puerta- Si cambias de opinión sólo dile a Miho que te indique dónde te puedes quedar. Con permiso, me retiro a mi habitación. Buenas noches.
Salió del despacho. Seiya se quedó muy pensativo. No sabía si las intenciones de Saori eran buenas, él la tenía en el concepto de una niña mimada y cruel; sin embargo, ahora se mostraba extrañamente tranquila. Se preguntó si le había ocurrido algo en esos años. De pronto se reprendió a sí mismo por estar pensando en esa niña malcriada.
Salió de la habitación y se encontró a Miho.
-Seiya- le dijo Miho- ¿Qué pasó? Hace rato escuché tus gritos hasta la cocina. No sabes cómo me costó trabajo detener a Jabu que no paraba de decir que te partiría la cara.
- Ese Jabu, no se le quita lo hablador. Creo que ya se le olvidó que cada vez que peleábamos, él terminaba peor que yo.- sonrió; no era precisamente el orgullo de su vida, pero Seiya podía decir que no era nada malo en las peleas.
-¿Y qué te dijo la señorita Kido?
Seiya le resumió su conversación, terminó diciéndole lo del trato que le propuso y agregando que pensaba rechazarlo.
-Pero… ¿Por qué?
-No confío en ella.
-Seiya entiende, la señorita Saori ya no es la misma de antes; no sé por qué cambió después de la muerte de su abuelo, pero creo que su intención es buena. Además debes dejar tu tonto orgullo a un lado... Vamos, Seiya… no tienes nada qué perder, pasaste años buscando a tu hermana sin éxito. Como lo veo, puedes o seguir vagando o bajar un poco tu guardia y aceptar su ayuda.
-Miho...-le respondió un tanto desesperado. Sentía que Miho no lo entendía. Nadie ahí nunca comprendió su dolor. Mucho menos Saori. No quiso decir más y se dirigió a la salida.
-Seiya... Seiya... Espera... ¿a dónde vas?
-No pienso quedarme aquí- respondió sin mirarla con un tono de molestia.
-Por favor, no tienes que ponerte así...
Cuando abrió la puerta se detuvo un momento, suspiró y se volvió hacia su amiga- Perdón, sabes que cuando se me sube la sangre a la cabeza... Lo siento. Mira, no quiero quedarme a pasar la noche aquí. Tengo un poco de dinero, de los trabajos que tuve durante mis viajes, así que me iré a un hotel. Supongo que mañana vendré a despedirme. Voy a reemprender mi búsqueda.
Se marchó de ahí. Caminó unas calles y encontró un pequeño hotel. Tomó una habitación. Se recostó en la cama. Pensaba en todo lo que había ocurrido. Tal vez Miho tenía razón. Tal vez él se estaba equivocando respecto a Saori.
- Saori... ¿Qué es lo que tramas? -dijo en medio de la solitaria habitación. Y es que, aunque Seiya no quería aceptarlo, algo muy en el fondo de él le decía que aceptara el trato de Saori.
Permaneció un rato reflexionando. De pronto se puso de pie. Salió de su habitación.
Mientras tanto en el orfanato, Saori ya descansaba en su cama. Sólo daba de vueltas. Ella también pensaba. Por fin Seiya había regresado, tal y como lo había previsto. Ella ya había puesto sobre la mesa su propuesta y ahora sólo le quedaba esperar que él tomara su decisión. No debía presionarlo, aunque le preocupaba que no aceptara. No, no podía ser negativa. Las cosas se iban a dar, y cuando llegara el momento, tendría que revelar sus verdaderas intenciones.
-Por favor abuelo ayúdame. Que acepte, que Seiya me permita ayudarle.
Comenzó a vencerle el sueño. Pero un ruidito la despertó. Era como si algo pequeño se estrellara en su ventana. Cuando el ruido cesó se dispuso a dormir de nuevo.
-Saori...- dijo una voz susurrando- Saori...Saori despierta, abre.
La aludida despertó de golpe. Alguien se había colado al balcón de su habitación y estaba llamándola. Se incorporó un poco. ¿Quién estaba afuera?
-Ya sé que estás despierta. No te hagas la tonta y abre que aquí está haciendo un frío de los mil demonios.
Definitivamente esa forma tan "refinada" de hablar no podía ser de otro que no fuera Seiya. Así que Saori se levantó, se puso su bata de seda y abrió la puerta de su balcón.
-Vaya pensé que te habías vuelto sorda. Llevó buen rato arrojando piedras a la ventana y tú durmiendo como un...
-Seiya ¿qué haces aquí? ¿Cómo entraste?
- Logré escapar a los 13 años, no crees que aún tengo la habilidad de saltar la reja y subir por la enredadera hasta aquí.; sin que nadie se diera cuenta.
Hay cosas que nunca cambian, pensó Saori.- Pero dime qué te dio valor para tomarte tal atrevimiento y venir aquí, a mi habitación a altas horas de la noche.
-Negocios...-respondió Seiya y aclaró después- No creerás que vine aquí sólo para verte. Sólo pensé que, dada tu "nueva fase de niña buena"… pues debía aprovechar antes que cambiaras de opinión.
- ¿De qué hablas?
-Ay Saori de qué te sirvió estudiar en los mejores colegios de Tokyo si cuando te hablo no entiendes nada. .. Me refiero a que ya lo pensé y acepto tu trato.
-¿En serio?...
- Ves porqué digo que no entiendes cuando te hablo... Sí, acepto. Pero te advierto que apenas note que tramas algo y te juro que sabrás de lo que soy capaz.
-Hecho- respondió Saori sin dudar e hizo algo que ninguno de los dos se imaginó jamás que pasaría. Le tendió la mano para cerrar el trato.
Seiya dudó unos segundos. Pero al final le devolvió el gesto y, por primera vez en toda su vida, estrechó la mano de Saori. En ese momento, estrechó lo que pensó era la mano más suave y delicada que nunca había tomado. Saori, por su parte, le pareció que la mano de Seiya era áspera, pero fuerte. Ambos pensaron muy en el fondo que era un tacto agradable.
-Bueno, ya me voy- dijo Seiya rompiendo el momento. Pasó la protección que había en el balcón y se dispuso a bajar por la misma enredadera que le ayudo a subir.
-¿Y dónde te puedo buscar? Digo, para ponernos de acuerdo- aclaró la joven.
-Estoy en un hotel no lejos de aquí. Pero si estaré viniendo, supongo que tendré que alquilar un cuarto o algo así.
-Seiya sabes que puedes quedarte aquí.
-Ya te dije que no.
-De acuerdo, pero sabes que siempre tendrás las puertas abiertas.
-Prefiero seguir saltando la reja-finalizó y se fue.
A la mañana siguiente, Seiya se dedicó a recorrer buena parte de la ciudad buscando un lugar dónde vivir. Tuvo mucha suerte al encontrar un modesto departamento donde buscaban compañero.
-Vivía aquí con mi hermano menor. Él, decidió regresar a nuestro país, no soportó vivir lejos de su novia.- le había dicho su nuevo compañero. Se trataba de un joven profesor de defensa personal, era un sujeto muy amable llamado Aioros quien, irónicamente, era de ascendencia griega.
Después de instalarse en ese lugar, se dirigió al otro lado de la ciudad. Suponía que tenía que precisar con Saori acerca de la ayuda que le brindaría la Fundación Kido. Cuando llegó al lugar, casi por reflejo, entró saltando nuevamente la reja. Era una tarde soleada y no le sorprendió ver a los niños jugando en el patio. Y no le sorprendió ver al "niño" más grande de ellos muy entusiasmado dominando un balón de futbol.
-Hyoga ya préstanos la pelota- le decía un niño.
-Espera… espera que ya voy a romper mi propio récord- respondía el joven rubio mientras intentaba estar concentrado en su juego- Además es gracias a mí que tenemos este nuevo balón, yo se lo pedí a la señorita Kido.
-Sí, eso fue porque arruinaste los demás balones- le decía otro niño.
Seiya sonrió, era el mismo Hyoga de siempre. Se acercó para saludar a su amigo. – Sí que te dejó secuelas ver tanto Capitán Tsubasa… Vamos Hyoga ya dales en balón.
Hyoga lo miró y dejó de lado su juego, cuestión que aprovecharon los niños para tomarlo. Se acercó a Seiya y le dio un abrazo- ¡Seiya!... Miho me dijo que habías regresado ¿Cómo has estado?
-Bien, Hyoga. Hay muchas cosas que contarte.
-Miho me contó unas cuantas. Ya me enteré lo que te dijo la señorita Kido, es una lástima que sigas siendo un cabeza dura.
-Pues al final decidí aceptar así que me tendrán que soportar un tiempo por aquí.
-Lo dices como si nadie te quisiera. Sabes que te extrañamos después de que te fuiste.
-No lo digo por ti, ni por Miho… sino por Saori, o Jabu.
Hyoga sonrió. – Jabu sigue siendo un pesado, pero se mantiene a raya. La señorita Kido ya no es como antes…
-No Hyoga, tú también. ¿Por qué ahora creen eso? …
-Porque ella se ha portado muy amable con nosotros.
-Escucha, la gente nunca cambia- le dijo serio pero luego le sonrió y agregó- Si no mírate, te quedaste atrapado en tus 14 años…
-"Ja ja"- respondió. Luego miró a una joven rubia que salía al edificio seguida de un grupo de niñas. Y justo cuando pasó frente a ellos Hyoga dijo en voz ridículamente alta- Aunque puede que tengas razón, las mujeres no saben lo que quieren y cambian de opinión. Yo creo por las hormonas…
La joven apenas lo miró de reojo. Hyoga la siguió con la mirada y soltó un bufido. Seiya miró a la chica y luego a su amigo. -¿Quién es ella, es tu novia?- preguntó.
-Erii, sí es mi novia… o no… la verdad ya no sé.
-¿Cómo está eso?- le preguntó intrigado. De hecho le intrigaba la situación en general, recordaba que su amigo era un chico un tanto inquieto e inestable en el tema de chicas; por lo que imaginárselo con una novia formal era todo un hallazgo.
-Está molesta. Después de algún tiempo juntos, supongo que quiere que le proponga matrimonio. Últimamente se ha hablado mucho por aquí de bodas y creo ya se le metió la idea en la cabeza.
-¿Bodas?
-Sí, primero Shiryu, creo que Miho te comentó; deberías ver a su hijo Ryuho, son igualitos…-sonrió- También la señorita Kido.
Eso sí le sorprendió a Seiya- ¡¿Saori?
-Sí, hace poco se comprometió con su novio de años.
-Pues ¿quién es el idiota que la soporta tanto que está dispuesto a lidiar el resto de su vida con ella?- Seiya no pudo evitar reírse.
-No es gracioso Seiya. La señorita Kido nos dijo que su futuro esposo le pidió que cuando se casen vivan aquí… No conozco en persona al tipo ese, pero por lo que sé no soporta al orfanato. Yo creo que al poco tiempo de la boda nos correrán a todos de aquí.
-¿Y quién es ese sujeto o qué?- Seiya tenía una inexplicable necesidad de saber todo lo relacionado con el compromiso de Saori.
-Se llama Julián Solo…qué nombrecito ¿no?... es un riquillo "hijo de papi". La señorita Kido lo conoció en uno de sus viajes a Grecia. Ya llevan tiempo siendo novios pero jamás lo he visto por aquí. Dicen que se le propuso muchas veces pero que la señorita Kido no aceptaba ser su esposa.
-Ya veo…
-En fin, oye Seiya ¿juegas? – dijo señalando a los niños- Por los viejos tiempos.
El aludido asintió con una sonrisa. Pasó el resto de la tarde jugando. Cuando llegó el atardecer los niños tuvieron que entrar al edificio. Entonces Seiya se dirigió a ver a Saori a su despacho. El propio Hyoga lo acompañó al despacho le dijo que avisaría a Saori para que fuera a hablar con él. A los pocos minutos la joven llego.
-Hola Seiya
-Saori...-respondió haciendo un gesto indiferente- Lamento la tardanza, pero estaba jugando futbol con los niños y con Hyoga...
- Lo sé, te observaba por la ventana...- dijo mientras rodeaba el escritorio y se sentaba. Mientras tanto, Seiya no pudo evitar un leve sonrojo.- Bien, tenemos mucho trabajo por hacer. Tengo aquí una lista de todos los orfanatos de Grecia - le mostró una enorme pila de papeles, aunque Seiya no centró su vista en la cantidad de documentos sino en el anillo de compromiso de Saori- También ya tengo gente en ese país que está buscando orfanatos y hospicios pequeños de los que aún no tengamos información. También estoy esperando que algunos orfanatos nos confíen sus registros para que revisemos detenidamente si tu hermana estuvo ahí.
Seiya se sorprendió, obviamente Saori no improvisaba las cosas. Por un momento pensó que efectivamente tramaba algo; pero antes de insultarla y salir de ahí, decidió darle una oportunidad.
-Bueno yo fui a algunos orfanatos mientras estuve en Grecia. Tal vez podríamos descartarlos.
-Podría ser, pero no estoy muy segura si eran honestos con un jovencito extranjero.
Entonces Saori le propuso que comenzaran a revisar personalmente la información que tenían. Pasaron varias horas leyendo papeles, haciendo llamadas y enviando correos electrónicos.
-Ya es un poco tarde - dijo de pronto Saori después de un bostezo- será mejor que ya descansemos.
-Sí creo que tienes razón- concedió mientras estiraba los brazos- así que será mejor que me vaya. Tengo que atravesar la ciudad estoy rentando un cuarto- se puso de pie y se dirigió a la puerta del despacho.
-Seiya quédate- intentó detenerlo Saori.
-Por enésima vez, no.
-Entonces... te daré un automóvil para que no te vayas así, ya es tarde.
-Saori no sé conducir.- le respondió mientras abría la puerta y salía al pasillo- Entonces que Jabu te lleve- éste estaba parado en el pasillo. Como perro fiel, esperando a que su ama se desocupara; pensó Seiya.
- Señorita...-dijo Jabu evidentemente inconforme.
-Olvídalo, creo que tu perro por primera vez te desobedecerá.
-Entonces…entonces yo te llevaré- dijo finalmente.
Seiya la miró un instante. -No te callarás hasta que diga que sí ¿verdad?
-Si es necesario...
Seiya suspiró- Está bien…- finalizó.
Subió al auto de Saori. Le indicó cómo llegar y siguieron el camino en silencio. Mientras Saori conducía, Seiya no podía apartar la vista de su anillo de compromiso. Cuando por fin llegaron, Seiya bajó del auto. Antes que la chica arrancara el vehículo, se acercó a su ventanilla.
-Saori...-no sabía cómo agradecerle, nunca le había dicho "gracias" a Saori - yo quería decirte que... Bueno, el hecho que me ayudaras y me trajeras... Bueno, es...
-De nada Seiya. No tienes que decir nada...
Seiya estaba a punto de dibujar una sonrisa. Cuando de pronto vio que dos tipos se acercaban. No parecían muy amistosos. Se dio cuenta, por su forma de caminar, que pretendían asaltarlos.
-Saori... Vete- ella lo miró extrañada. Luego volteó al rededor y se percató de la proximidad de los extraños y se puso nerviosa- Vete. Yo me haré cargo... ¡Vete! Sólo me estorbarás.
-Seiya...-dijo Saori.
De pronto Seiya sintió que uno de ellos ya estaba detrás de él. -¡Que te vayas!
Saori no pensó mucho y arrancó. Seiya sabía lo que tenía que hacer, no era la primera vez que se enfrentaba a alguien armado o que vencía a dos sujetos, aunque dos tipos armados... De pronto, durante una milésima de segundo, vio al tipo de enfrente. Su corazón se aceleró y su mente sólo pudo pensar en un nombre: Ikki...
CONTINUARÁ...
