ADVERTENCIA: LOS PERSONAJES PRESENTADOS EN ESTE PERTENECEN A MASAMI KURUMADA Y TOEI ANIMATION. MI INTENCIÓN ES MERAMENTE DE ENTRETENIMIENTO Y NO PERSIGUE FINES DE LUCRO. EN ESTE CAPÍTULO: CAMEOS EVERYWHERE…

CAPÍTULO 3

LAZOS DE AMISTAD

Sólo eso podía pasarle a él. Todo sucedió en cámara muy rápida, en un instante se dio la media vuelta. Notó que el sujeto que estaba detrás de él traía una navaja; no había sido difícil quitársela, después lo golpeó hasta derribarlo; cuando lo tuvo boca abajo en el suelo, puso su pie en su espalda y le sujeto los brazos hacia atrás, Seiya notó que en uno de sus brazos tenía un tatuaje de escorpión.

Mientras tanto, el otro sujeto se quedó parado, no decía ni hacía absolutamente nada.

-Maldición…- dijo el tipo al que sujetaba Seiya- ¿Por qué siempre te quieres hacer el bueno?...Haz algo, tienes un arma…

Seiya escuchó que el otro sujeto avanzaba un paso y, al escuchar que retiraba el seguro, supo que le estaba apuntando. –Sé que no lo harías… Ikki- le dijo Seiya muy seguro de lo que había visto segundos antes. Se dio la media vuelta y vio a su viejo amigo bajando el brazo.

-¿Seiya?...- le respondió mientras se quitaba las gafas oscuras.

Seiya asintió, soltó al otro sujeto y se dirigió hacia su amigo.- Me dijeron que… habías muerto.

De pronto el otro sujeto lo agarró de espaldas, ya había recuperado su navaja y se la había colocado justo en el cuello.

-Suéltalo Milo – dijo Ikki. El sujeto dudó un segundo- Que lo dejes… yo lo conozco, él es mi amigo.- a regañadientes lo soltó.

-Ikki, ¿qué te pasó?- le preguntó Seiya- Todos creen que estás muerto.

-Y realmente lo estuve, más de una vez; pero como un fénix he resurgido…Vamos, tenemos que hablar.

Le pidió a Seiya que lo siguiera. Caminaron un poco, parecía que Ikki vivía cerca. Ninguno decía nada y Seiya se sentía incómodo por la presencia del compañero de Ikki. Por fin llegaron a un amplio terreno que tenía al fondo una pequeña casa, que prácticamente era un solo cuarto. Seiya se percató de que era una de las zonas más pobres de la ciudad.

-Pasa- le indicó Ikki- Siéntate… ¿Quieres algo de tomar?

-No… no gracias- respondió Seiya mientras se sentaba. El cuarto no tenía muchas cosas. Tres camas pequeñas, un viejo televisor, una mesa de madera tan vieja como la silla en la que se sentó, una pequeña estufa y un viejo refrigerador.

Ikki sacó una cerveza, la abrió, se sentó frente a su amigo y dijo- Milo, déjanos solos.

-Como quieras, yo veré qué encuentro allá afuera- Seiya pensó si se refería a que iría a la calle a ver si podía robarle a alguien. Cuando por fin se fue, Seiya comenzó a hablar.

-Ikki, ¿ahora sí me dirás qué te pasó?... Yo me siento tan mal, me siento responsable por lo que Tatsumi te hizo.

-El único culpable de lo que me hizo ese desgraciado fui yo… Dejé que quebrantara mi fortaleza. Yo te había prometido que no diría nada a nadie, pero cuando Tatsumi me entrevistó, tenía sospechas de lo que hice. Así que… comenzó a amenazarme, me dijo que haría que Shun perdiera su beca y se quedara varado en el extranjero- dio un trago a su bebida- Yo… yo no pude soportar que le hicieran daño a mi hermano. Así que le conté cómo habías escapado- dibujó una amarga sonrisa en los labios- El muy desgraciado después me dio una tunda… me tiró casi muerto en un terreno abandonado, no muy lejos de aquí. Durante varios días no supe de mí, cuando desperté estaba aquí.

-Así que… ese amigo tuyo Milo, ¿te ayudó?- preguntó.

Ikki hizo una pequeña risa- ¿Él?, no… Milo sólo piensa en sí mismo. En aquel entonces, aquí vivía un sujeto que se hacía llamar Guilty y su hija. Ella fue quien me encontró y cuidó de mí mientras me recuperaba…- hizo una pausa y Seiya se dio cuenta que cuando se refería a esa chica su mirada cambiaba, quizá sentía algo más por ella que sólo agradecimiento- Esmeralda prácticamente vivía sola, su padre bebía mucho y desaparecía por días… En fin, después que desperté, su padre apareció, me dijo que si quería quedarme aquí debía "aprender el negocio".

-Robar…- pensó Seiya en voz alta.

-Él me convirtió en un experto en el "arte" de hurtar. Muy a mi pesar, resulté hábil para ello, aunque nunca ha sido mi intención lastimar físicamente a alguien, tampoco lo hago porque quiera volverme rico, como mis compañeros… sólo soy un sobreviviente.

-Ikki… lamento que todo esto te sucediera.

-Todo pasa por algo Seiya, créeme y si llegué aquí es por alguna razón… Pero no quería que vinieras para contarte mi historia, lo que quiero es pedirte que no le digas a nadie que estoy aquí.

-¿Qué?

-¿No crees que si quisiera que supieran que estoy vivo ya hubiera vuelto?

-Pero qué tiene de malo que lo sepan… Tus amigos sufrieron por tu supuesta muerte y… Shun, él tiene que saberlo, debe estar destrozado.

-Es precisamente por el buen Shun que no quiero que sepan de mí… Le di la única oportunidad de ser alguien importante en la vida, yo mismo renuncie a desarrollarme para que él fuera grande… ahora no pienso importunarlo con un hermano que es un delincuente, un bueno para nada.

-Ikki…

-Seiya, no debes decirle a nadie. ¿Entiendes? Ni tu sombra debe saberlo… Me lo debes, recuérdalo.

Seiya sabía que era cierto. Sin Ikki, jamás habría logrado escapar. No diría nada, pero deseaba ayudarlo. Después de eso, le contó un poco sobre sus viajes, y lo que había sucedido a su regreso. Ikki se sorprendió por la nueva a actitud de Saori, cuestión que a Seiya lo hacía sentir más normal, ya que no era el único escéptico ante la situación. Ikki, por su parte, no habló mucho, sólo le dio a entender que era algo así como un Robin Hood moderno que hurtaba para más bien ayudar a desafortunados; su amigo le comentó que el tal Milo, junto con su camarada Camus, habían aparecido un día en la zona para hacerse del control; pero que él (Ikki) los convirtió en sus socios para mantenerlos a raya.

Tras una larga charla, se despidió de su amigo, no sin antes advertirle que lo visitaría frecuentemente.

Después de eso, regresó, casi al amanecer, a su departamento. Durmió hasta la tarde (por que se había desvelado). Cuando despertó, se puso a platicar con Aioros, le parecía un sujeto agradable y que sabía muchas cosas; Seiya se sintió raro, veía en él a la figura paterna que nunca tuvo. Después un rato, regresó al orfanato.

-Seiya, me tenías muy preocupada- le dijo Saori- Anoche regresé por Hyoga y Jabu y volvimos para buscarte y ya no te encontramos.

-Bueno, si te quedabas ahí podían haberte hecho algo… más bien deberías agradecerme por protegerte- respondió para molestarla.

-Gracias Seiya… - el aludido se sorprendió no pensó que realmente le diría eso- Por eso ten- le dio un teléfono móvil- Así ya no nos volverás a preocupar.

Seiya se lo iba a rechazar cuando ella le propuso que continuaran trabajando en lo de su hermana. Nuevamente pasaron varias horas trabajando en eso. Antes de que se hiciera tarde, Seiya se marchó, argumentando que aún era temprano y podía irse solo.

-Así que aún nada…- le decía Hyoga al día siguiente. Seiya lo acompañaba mientras éste reparaba un lavabo de la cocina. Hyoga estaba debajo de dicho lavabo mientras su amigo, estaba recargado junto a él en el mueble de la cocina.

-No, aún no sabemos a dónde se la llevaron- respondió Seiya acerca de la búsqueda de su hermana- Y dime… ¿tú cómo vas con tu novia?- preguntó para cambiar de tema.

-Amigo, veinticuatro años y aún no entiendo a las mujeres…

- Yo no entiendo cómo puedes tener novia, nunca fuiste muy constante con eso… ¿Recuerdas a esa chica Flare con la que saliste? Por tu culpa terminó a su novio y luego ese tipo, Hagen, vino a buscar pleito acompañado de sus amigos.

-Valió la pena, era una chica muy linda. Además, no negarás que es una anécdota digna de contarse… -respondió con una risa; de pronto salió de debajo del lavabo para mirar a su amigo- Pero ¿sabes Seiya? Erii es diferente a todas las mujeres que he conocido. Sí es hermosa, rubia, justo como me gustan…pero, no sé, tenemos tanto en común, me ha soportado durante 5 años de novios. Y, a riesgo de escucharme como un tonto, creo que me enamoré de ella a primera vista…

-Entonces ¿cuál es el problema? ¿No estás seguro de formalizar su relación?- preguntó, aunque conocía la respuesta. Inmediatamente notó que su amigo cambió su tono de voz y su mirada al referirse a su amada; la consideraba importante en su vida, Hyoga sólo hacía eso al recordar a su fallecida madre.

-Me conoces Seiya, no es mi estilo. Claro que no tengo inconveniente en pasar el resto de mi vida con ella, pero no sé… no creo necesario firmarle en un papel que la amaré para toda la eternidad si puedo sólo demostrárselo.

-Dime Hyoga ¿has estado con ella?... ya sabes…

Su amigo lo miró un poco molesto- Seiya, esas cosas no se deben andar divulgando. Además…-bajó la voz para agregar- si la señorita Kido se entera que me he colado en ocasiones en la habitación de Erii, seguro nos corre, me lo advirtió cuando nos hicimos novios… Y ¿qué no sabes que "los caballeros no tenemos memoria"?

-Pues yo creo que te tomaste muy a pecho esa frase… Tienes tan mala memoria que olvidas algo importante, las mujeres son diferentes a nosotros…- suspiró y se agachó para estar a la altura de su amigo- Hace rato tuve oportunidad de conocer a Erii, es una chica muy noble y se nota que te quiere; yo creo que cuando una mujer, como ella, se entrega de esa manera a un hombre es un momento trascendental en su vida; significa que realmente está enamorada y desea que su compañero le dé su lugar ¿sabes? Creo que ella espera que le demuestres al mundo que es tu mujer y que no sólo sea un trato que quede tras su puerta, sin que nadie se entere.

-¿Tú crees?- preguntó Hyoga.

-Sí, mira, ella te dio "algo" que tú deseabas, qué te cuesta complacerla en algo que ella anhela; para las mujeres, el momento de su boda es un día muy especial. Además ella espera que ya dejes de comportarte como un chiquillo, que seas un hombre de verdad, el hombre que ella quiere y merece.

-¿Y tú desde cuando eres un experto en mujeres?... Acaso hay algo que tengas que contar…

-Bueno, tuve por ahí una experiencia que…

-No me digas que reanudaste con Miho… Mira que no se me olvida que poco antes que te fueras ya andabas tras ella, y bien que le diste uno que otro beso.

-No, no se trata de Miho, a ella la tengo como un bonito recuerdo de "mi primer amor" sólo eso, ahora sólo quiero ser su amigo y creo que es un sentimiento recíproco. Me refiero a otra mujer que conocí mientras viajaba…

-¿Ah sí? ¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿Qué pasó con ella?- comenzó a invadirlo con preguntas.

Seiya suspiró y comenzó a contarle- La conocí en Grecia, se llama Shaina, es una mujer muy atractiva

-¿Y…?- preguntó cada vez más intrigado Hyoga.

-En realidad no hay mucho que decir sobre nosotros, tuvimos un romance corto, pero intenso… Nosotros tuvimos… ya sabes, y después de eso ella insistió en que debíamos casarnos; ella utilizó más o menos los mismos argumentos que te expliqué hace un momento. Pero…

-Aja… ¿así dejaste corazones rotos en Grecia? ¡Rayos!... y vienes y me vendes la idea de casarme…

-Es diferente Hyoga, la cuestión con Shaina era…- se vio interrumpido cuando Saori tocó la puerta de la cocina para anunciar su entrada.

-Ah Seiya, qué bueno que te veo. Acabo de recibir unos correos electrónicos como respuesta, aún no les he revisado pero quizás quieras estar presente.

-En un momento voy, pero hoy sólo estaré poco tiempo. Es que Hyoga quiere que vayamos a visitar a Shiryu.

-Ah bien, tal vez los vea por ahí, tengo un asunto que tratar con él.

-¿Un asunto?- preguntó Seiya intrigado.

-Negocios Seiya, sólo negocios- le respondió y se fue. Seiya miró a su amigo quien subió los hombros en señal que no sabía de qué hablaba Saori.

-Bueno, yo tengo que terminar esto- dijo Hyoga volviendo a su trabajo.

Piensa en lo que te dije- le advirtió Seiya al salir.

-Sí… sí claro.

Se dirigió al despacho para trabajar con Saori. Continuaron buscando sin éxito. Un par de horas después, se fue de ahí para ir con Hyoga a visitar a Shiryu. Encontró a su amigo hablando al pie de las escaleras con Erii.

-¿Entonces?...- preguntó Hyoga a la joven.

-Lo pensaré, lo prometo- respondió la chica.

Cuando Seiya se acercó a ellos, Hyoga le dijo que estaba listo para ir con Shiryu. Le dio un beso en la mejilla a Erii y se fueron de ahí.

-¿Qué tanto hablabas con ella?- le preguntó Seiya.

- Cuando sea el momento te lo contaré.

Caminaron unas calles hasta llegar a una pequeña casa, Seiya reconoció la silueta que se dibujaba en una de las ventanas: era, sin duda su viejo amigo.

Tocaron la puerta e inmediatamente abrió Shiryu, lo saludó con un abrazo y los invitó a pasar. Una vez ahí, Seiya no pudo evitar dirigirse a una cuna que se encontraba en el fondo de la habitación.

-Apenas tiene dos meses- dijo el orgulloso padre.

-Tu hijo es muy lindo- señaló Seiya - Es idéntico a ti.

-Pero deberías ver su ojos- comentó Hyoga- son como los de su madre…Por cierto ¿dónde está Shunrei?

-Ah, pues… no tarda en llegar- respondió restándole importancia.

Los tres amigos conversaron durante unas horas sobre lo que habían pasado los últimos 10 años. Seiya se sentía un poco mal por no contarles lo que sabía sobre Ikki. Sin embargo, lo inquietaba que Shiryu mirara de reojo hacia la puerta o a su reloj cada cinco minutos, parecía un poco desesperado, aunque intentaba disimularlo.

De pronto, afuera se escuchó el ruido de un automóvil, Shiryu se puso de pie como si hubieran colocado un resorte en su asiento. Se asomó discretamente por la ventana, mientras sus amigos lo miraban extrañados. De pronto regresó a su lugar fingiendo que nunca se había puesto de pie. Entonces la puerta se abrió y entró una joven que a Seiya le fue presentada como Shunrei, la esposa de su amigo y madre del hijo de éste.

Shiryu le dijo a su mujer que el pequeño Ryuho se había portado bien; por su parte, Shunrei se disculpó con las visitas y dijo que iría a darle de comer a su hijo, por lo que se fue a otra habitación. Shiryu sólo la miró irse, suspiró y continuó con sus amigos, aunque se le veía más ausente que antes. Seiya notó, aunque no quiso comentar nada al respecto, que había algo extraño entre la pareja.

Unos minutos más tarde llamaron a la puerta. Se trataba de Saori y su fiel perro guardián: Jabu.

-Hola Shiryu- saludó.

-Buenas noches señorita Saori- le respondió sin mucho ánimo- Escucha, sé que tenemos pendiente un asunto pero… ahora no es el momento.

-Ya veo, pero sí has pensado lo que te dije…

-Sí… un poco. He estado un poco ocupado, ¿sabes? Cuidando a Ryuho y todo eso.

-Entiendo, bueno no me queda más que volver después… -dijo Saori y se volvió hacia Jabu, algo le dijo y éste sacó un presente- Pero antes quisiera dejarle este regalo a tu hijo.

Se trataba de una carriola para el pequeño- No deberías molestarte- dijo Shiryu- Ya has hecho demasiado por mí… ¿lo recuerdas?

-Vamos, ya no debes ser tan orgulloso. Acéptalo que no es para ti sino para él.

Shiryu no tenía ánimo de replicar así que aceptó. Saori se retiró de ahí despidiéndose de los tres amigos. Seiya se sintió intrigado por saber qué buscaba Saori con Shiryu y, al mismo tiempo, se sentía un poco incómodo por la aparente situación delicada entre éste y Shunrei.

Durante las siguientes semanas parecía que se construía una rutina. Seiya se levantaba temprano, desayunaba con Aioros, visitaba a Ikki, se iba al orfanato y pasaba toda la tarde trabajando con Saori. Durante esos días, Seiya se propuso analizar más a fondo a Saori para por fin descifrar lo que tramaba con esa nueva actitud. Aunque no tenía mucho éxito, y sólo conseguía sorprenderse a sí mismo sólo observándola. Con el paso de los días aprendió a reconocer muchos modos y gestos que tenía la joven, Seiya se reprendía a sí mismo por considerar algunas de las maneras de Saori como agradables.

En lo que respectaba a su hermana, tampoco tenían mucho éxito. Cada vez más se reducían las posibilidades y Seiya se sentía más frustrado por ello.

Una tarde particularmente calurosa, ambos se sentían muy agobiados por el poco avance y por la terrible temperatura. Así que Saori llamó a Miho para que les preparara unas bebidas refrescantes. Fue un momento extraño mientras las bebían pues era la primera vez que se tomaban un descanso. Ninguno de los dos hablaba. De pronto Saori rompió el silencio.

-Seiya…

-¿Qué?- respondió éste.

-Te tengo una noticia que estoy segura te alegrará un poco.

-Si me vas a decir que encontraste a mi hermana, tenlo por seguro.

-No se trata de eso… Es Shun, pronto regresará a Japón. Le envié un correo electrónico diciéndole de tu regreso y me dijo que en cuanto pudiera vendría.

-¿En serio?

-Sí, supongo que en esta semana llegará, su semestre en la escuela está por finalizar.

-Vaya eso sí es noticia, tendré de nuevo a mis cuatro amigos cerca…

-¿Cuatro amigos?

-¿Qué? ¿Cuatro?... – Seiya se percató que estaba metiéndose en problemas- Quise decir que seremos de nuevo los cuatro- sonrió. Era la primera sonrisa que le dedicaba a Saori, por lo que ella también dibujó una sonrisa.

-¿Sabes Seiya?- quiso sincerarse Saori – Siempre los envidié, a ustedes cinco. Cuando éramos niños, ustedes tenían una amistad inquebrantable. No importaba que no tuvieran familia, ustedes eran su propia familia… Siempre estaban contentos, no importaba otra cosa…

-Saori…- Seiya no sabía qué decirle.

-Yo no tenía a nadie. Creo que, en parte, por eso era cruel con ustedes. Tenía envidia de su relación de hermandad, mientras yo no tenía ni un solo amigo- sus ojos se pusieron cristalinos y en ese momento Seiya no supo qué hacer- Sólo los miraba jugar desde mi ventana… y sentía rabia al saberlos tan felices- dijo y una lágrima recorrió su mejilla.

Seiya hizo algo que ni en sus sueños más extravagantes pensó hacer; pero no toleraba ver llorar a una mujer. Se levantó de su asiento y se dirigió hacia ella. Sin pensarlo, guiado por su instinto, la rodeó con su brazo. No era muy consciente de lo que hacía, sólo se percató de que la figura de Saori era muy delicada y que la joven tenía un aroma exquisito– Perdón… - se disculpó con ella por primera vez- Perdóname si alguna vez fui grosero contigo…

-No tienes porqué disculparte Seiya, tú te defendías de mis agresiones, esa es tu naturaleza… Quisiera que tú me perdonaras por todo el daño que te hice y…- lo miró a los ojos- quisiera que fueras mi amigo.

Seiya la sentía tan cerca que… No, no podía pensar en ella como amiga. La soltó y se fue al otro lado del escritorio para volver a sentarse.- Saori, no… Lo siento, pero… no. Es demasiado fuerte el rencor que te tengo para que te acepte como mi amiga.

-Seiya…- se puso de pie Saori.

El aludido no soportó la presión y también se puso de pie- ¿Sabes qué? Mejor me voy creo que estoy muy agotado… Nos vemos… -finalizó y salió rápidamente de ahí.

Caminó a prisa para alejarse lo más rápido de ahí. Cuando ya había recorrido varias calles, se detuvo en un puente, se quedó ahí mientras el sol se ocultaba frente a él. Estaba muy contrariado por todo lo que había sucedido esa tarde. El móvil que Saori le dio comenzó a sonar. Seiya no le contestó.

Había sido honesto con ella cuando le respondió que no podía unirlos una amistad. Saori era su antagónica. Durante muchos años había crecido en él un sentimiento de repudio hacia ella que no podía ser sustituido por una simple amistad que se estaba dando sólo por una convivencia relativamente pacifica que se había dado en las últimas semanas.

Tal vez… sólo tal vez, un sentimiento igual de fuerte, pero a la inversa, podría borrar todo ese odio que durante años había guardado para Saori.

CONTINUARÁ…