De altos y bajos.
Por DarkCryonic
6.
Los turnos en la clínica habían sido tan complicados que apenas se había pasado por Baker Street los últimos tres días. Así que cuando entró al salón esa tarde del viernes, no estaba preparado para ver lo que encontró.
Primero, tropezó con una gran cantidad de periódicos desmadejados en el umbral para luego toparse con varios libros desperdigados en el suelo, y al ver a la izquierda, tuvo el shock mayor. La pared completa estaba empapelada de recortes y anotaciones. Y lo que más lo perturbaba, era los hilos rojos que conectaban una imagen con otra a través de la pared, pasando por la lámpara en el techo, para dar hacia la pared junto a su pequeño escritorio entre las ventanas a la calle, para volver a la primera pared en otra dirección. Aquello le hizo sentir atontado de golpe.
Iba a llamar a Sherlock, cuando éste apareció de la cocina con un tubo de ensayo en la mano sin notar su presencia, hasta unos segundos después.
-La señora Hudson dejó comida en el microondas. —Dijo apenas dedicándole una mirada, para volver a concentrarse en le tubo y luego girar sobre sus pies como buscando algo. Se detuvo en seco, y giró volviendo sobre sus pasos…
-¿Qué demonios pasó con el salón?—Preguntó John siguiéndole a la cocina y olvidando lo cansado que estaba.
-Tranquilo, volverá a la normalidad dentro de poco. Estoy cerca. —Dijo volviendo a concentrarse en el microscopio.
-¿Cerca de qué?—No recibió respuesta alguna. Comprendió que era inútil seguir allí, a los 5 minutos.
Volvió a mirar el salón y creyó tener la pequeña idea de que lo que en verdad estaba viendo era la manera en que Holmes conectaba ideas dentro de su cabeza. De alguna manera sabía que no era necesario exponerlas de ese modo, Sherlock podría registrar todo dentro de su palacio mental sin necesidad de llevarlo a lo tangible. Pero allí estaba. ¿Qué podría significar aquello? Se acercó y siguió uno de los hilos con detención. Un asesinado de hace tres años, un médico retirado y pobre. Un suicidio de un comerciante italiano de hace un mes. La venta de una propiedad de hace un año. Las fotos de 5 niños sin información. Siguió las demás fotos con intranquilidad. Aquello era algo importante. Había estado afuera tres días y se había perdido de los detalles que habían llegado a aquella imagen monstruosa en la pared.
Se sintió realmente sobrepasado. Se imaginó tratando de llevar todo eso a su blog y sintió una pesadez en la boca de su estómago. Era totalmente incapaz de entender todo aquello, y sintió muy tangible la diferencia entre él y Sherlock Holmes. O más bien, entre el detective y el resto del mundo. A lo más pensó que Mycroft y Moriarty podrían ser los únicos capaces de comprender todo aquello. Y fue que la misma pregunta de siempre le vino otra vez a la cabeza. ¿Por qué Sherlock Holmes lo había aceptado a él como su compañero de piso y de aventuras? Era conciente que él no tenía tanta rapidez mental como la del otro, y que no veía ni vería todo los detalles cuando era necesario.
Miró el cráneo entre todos los papeles tirados y suspiro al sentirse más cercana a el, que a cualquier otra cosa en ese lugar. Sólo era otra calavera más con la que el único detective consultor del mundo intercambiaba ideas, si es que podía llamarlo así.
Caminó hasta las escaleras y subió a su cuarto, sintiéndose más cansado de lo que ya estaba.
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DarkCryonic
23/07/2012 02:03:52 a.m.
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PD:
Sherlock emergió de entre los periódicos hablando sin parar. Sólo después de unos 15 minutos se dio cuenta de que John no estaba allí para escucharle y afirmar con la cabeza.
Miró el lugar inquieto. No sabía donde estaba su móvil. Miró los recortes entre sus manos y luego la pared. Bien, si el médico no estaba allí para escuchar la mecánica del asunto tendría que buscar una manera para mostrarle después todo lo que había estado investigando. Así que cogió una cinta de pegar y empezó a llenar la pared. Fotografías, fotocopias, cartas, artículos del periódico, otros recortes, sus propias anotaciones, algunas pruebas de balística… Después de unas horas, cuando tuvo la pared completa se paró a mirar su obra. Llevó sus manos con gesto pensativo hasta su cara. Aquello no estaba totalmente conectado. Giró sobre sus talones. Entrecerró los ojos al encontrar la forma de hacerlo más entendible, y bajó al primer piso para sacar lo que necesitaba de entre las pertenencias de la casera.
Cuando volvió, tenía un ovillo rojo entre las manos. Nada mejor que hilo de seda del color de la sangre. Sonrió pensando en lo poético que podría llegar a ser eso. Empezó a unir las imágenes y cuando terminó se dio cuenta que aquello llegaba a ser algo más parecido a lo que tenía dentro de la cabeza. Ya podría poner al corriente al médico cuando llegara.
Cuando escuchó los pasos es la escalera salió con la intención de no esperar más y contarle a John su descubrimiento. Pero le bastó una ojeada cuando el médico no le veía para saber que él otro estaba más cansado de lo normal, así que paró en seco sus ideas. Cosa que le sorprendió.
Aquello tendría que hacerlo solo. No podía exponer la vida de John en esa investigación en particular si parecía tan aletargado.
Ya no era Moriarty el problema, pero no podía arriesgarse. Miró el tubo de ensayo entre sus manos al mismo momento que el otro volteaba a verle.
Cuando le escuchó subir las escaleras hacia el cuarto, volvió al salón y miró la pared sonriendo levemente. Quizás podría esperar un día más para acabar con todo aquello. Esperaba que John estuviera de humor al día siguiente.
