De altos y bajos
Por DarkCryonic
8.
John solía sorprender, a veces, a un ido Sherlock Holmes observando sus manos con seriedad. Aquel gesto le había llamado la atención las primeras veces. Pero no pasaba a ser en su cerebro más que una más de las excentricidades de su compañero de piso.
Hubo una vez que lo vio parado junto a la ventana donde solía dejar su violín, en aquella pose seria mirando sus manos. John se había quedado a sus espaldas, cerca de las escaleras observándole.
-¿Hay algo mal con tus manos?—Preguntó sabiendo que muy probablemente obtendría una respuesta negativa. Sherlock apenas volteó a verle, negando como respuesta.-¿Entonces?
-Sólo estoy pensado.
John asintió levemente. Por alguna razón no quiso pensar demasiado en ello. El detective había cambiado en algunas cosas después de los tres años desaparecido; él, por su parte, también lo había hecho. Es por lo que no se detenía a preguntar que significaba ello, o que era lo que buscaba Sherlock en sus manos con tanta concentración.
Desde esa vez no había vuelto a preguntar.
DarkCryonic
14/09/2012 06:53:08 p.m.
PD:
Sherlock cerró los ojos y dejó el violín a un lado. Fue al mismo tiempo que John salía del departamento rumbo a su trabajo. No podía seguir haciendo eso más tiempo. En algún momento el otro se daría cuenta de que algo raro estaba pasando. O quizás no. De todas formas siempre se quejó de que sus manías musicales le causaban más que dolores de cabeza. Quizás ni siquiera llegaría a darse cuenta que ya no podía tocar el violín como antes. No es que no quisiera, era que ya no podía. Aquellos tres años lejos tenían más consecuencias de las que el médico podía ver a simple vista.
Sonrió amargamente en medio de la penumbra del salón. Levantó sus manos frente a sus ojos y se les quedó viendo con fijeza. Era más que claro que ya no podría ejecutar las piezas de la forma adecuada, pero tenía que intentarlo. Por lo menos, para mantener el velo de la normalidad y la cotidianidad. Aunque luego tuviera que meter las manos bajo el agua fría para apaciguar el dolor que sentía a causa de la exigencia. Había perdido demasiado, no quería perder contra el silencio.
