De altos y bajos
Por DarkCryonic
12.
No supo a qué se debió todo ese jaleo entre Mycroft, Sherlock y los discos. Las palabras a medio decir del mayor de los Holmes hablaban de una vieja rencilla que creyó que el otro había superado con los años.
El salón del departamento estuvo como antes en menos de dos horas. Ni rastros de que alguna vez aquel armatoste de otra época hubiera estado en medio trayendo demasiado del pasado de Sherlock.
El detective sólo apareció a la hora del té sin mediar palabra y dejándose caer en el sofá en un estado de quietud que inquietó a John. Tenía curiosidad de preguntar, pero no lo hizo. Sintió que aquella historia era demasiado dolorosa o por lo menos, desestabilizadora para Sherlock. Así que como buen amigo, se limitó a servirle un té, guardar silencio y esperar a que algo los hiciera seguir rotando en el mundo.
Una hora después el llamado de Lestrade barrió con la sensación ambiental en menos de lo esperado. Sherlock saltando en su sitio rumbo a su cuarto para vestirse; él, tomando su arma y alistándose para salir a ver una nueva escena del crimen.
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DarkCryonic, 01 noviembre de 2012.
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PD:
Sherlock nunca había creído necesario hacer una rabieta así si no fuera porque de alguna forma tanta información le había ocasionado una sobrecarga. No estaba preparado para esa jugarreta de su hermano mayor.
Le había dicho ciento de veces que no quería nada de las cosas de su padre. Que áquel en vida ya le había hecho patente la no intención de dejarle tocar sus cosas. Así que no quería hacerlo ahora que sabía que el viejo no podía interponerse.
Nunca habían tenido una relación padre-hijo. No había existido, porque su padre había decidido que no podían entenderse. Él había aceptado la realidad. Sherlock Holmes no era un Holmes del todo. Nunca podría ser tan templado como Mycroft. Nunca había tenido sus aspiraciones ni motivaciones. Después de todo, había querido ser un pirata. Sólo un pirata, desde siempre.
Sus habilidades fuera de control sólo habían ocasionado largas conversaciones entre sus padres, traducidas en largas estadías en Internados exclusivos y viajes a Francia con sus parientes por parte de su madre. Pero nada parecía hacer cambiar la imagen que tenían de él.
En muchas ocasiones había creído que lo más cercano a un padre, había sido Mycroft mismo. Una idea patética. Pero la única. Y sin ser muy conciente de aquello, había dejado al viejo por su hermano mayor. Le había tomado como la imagen de poder a la que tenía que rebelarse. Mycroft era todo lo que él no era, y mejor. Mycroft era quien se elevaba por sobre él, quien le cuidaba, y de quien debía huir.
Él no quería los discos del viejo, aunque los hubiera deseado en la adolescencia. No los necesitaba, así como su padre nunca necesitó de él. Quizás en el futuro, buscaría la forma de hacerse con uno de los paraguas de Mycroft. Para fastidiarle, para retenerle en la memoria y para dejarle ir en medio de su palacio mental.
