Capítulo 08. Confabulación desastrosa: La Bienvenida a la cárcel de Sakura-chan.
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A la mañana siguiente, Sasuke se preguntaba cómo iba a enfrentarse con Sakura. ¿Se habría dado cuenta ella del beso? Pero la desalmada criatura se había levantado antes que él y estaba en la cocina haciendo unos Hotcakes mientras Asuka le comentaba algo referente a la escuela, Itachi leía el periódico y Naruto y Hinata estaban en su mundo de colores envueltos en su propia charla.
Sasuke se sentó a la mesa dando los buenos días mientras su sobrina le saludaba con un beso en la mejilla y él le revolvía el cabello. Realmente le alegraba verla más feliz.
Sakura asentó un plato con una torre alta de Hotcakes los cuales no tardaron en ser agarrados por todos los hambrientos. Sakura tomó tres y los bañó de mermelada de fresa y chorreó una gran cantidad de leche dulce y miel sobre ellos. No obstante, hizo una torre y le colocó una rebanada de jamón y un pedazo de mantequilla.
El menor Uchiha observó asombrado como lo comía con real disfrute.
— ¿Cómo puedes comer de esa forma y no engordar?
— Hago mucho ejercicio —contestó ella alegremente—. No estoy todo el día sentada detrás de una mesa, como otros que yo sé.
— Si te refieres a mí, no es verdad.
— Bueno, tienes razón. A veces te levantas para sentarte en el coche.
— Puede que te interese saber que la empresa aconseja a sus empleados que se mantengan en forma y, para ello, se ha instalado un gimnasio.
— Pareces un panfleto publicitario. Además, ¿cuándo fue la última vez que fuiste a ese gimnasio?
— Eso da igual.
— No da igual. Tener un gimnasio en la empresa no vale de nada si no vas por allí. ¿No lo sabías?
— ¿Te vas? —Preguntó al verla ponerse de pie e ignorando su comentario anterior.
— Sí. Ahora mismo —Dijo mientras dejaba su plato en la cocina e iba hacia el sillón de la sala a agarrar su bolsa de deportes— ¿Qué te piensas tú qué hago yo todo el día? ¿Ver la televisión? —Se acercó a su sobrina y le besó el cabello— Nos vemos luego —Se despidió mientras salía silbando del departamento ante la fija mirada de Sasuke.
— Quita esa cara de bobo —Le dijo su hermano con una sonrisa.
— No sé a qué te refieres.
— Ajá. Apúrate, Su-chan —Llamó Itachi a la pequeña mientras se ponía de pie— Ustedes dos también Naruto, Sasuke. Hay que empezar el día con el pie derecho.
Todos asintieron y se concentraron en sus tareas.
X.
Sakura salía de las duchas del estudio de baile ya cambiada y fresca, cuando su celular comenzó a sonar.
— ¿Bueno?
— "Soy Neji, pequeña. ¿Recuerdas la comida que nos debes a Gaara y a mí? ¿Qué te parece tenerla ahora?"
— Seguro. Sin problema. ¿Dónde nos vemos?
— "En el restaurante –Kamikaze- queda cerca de la empresa"
— Perfecto. Nos vemos ahí en ¿Media hora?
— Claro. Bye.
Cerró su celular y se miró al espejo para acomodarse un poco su cabello revuelto, cuando por fin lo consiguió se puso un poco de brillo en los labios y se detuvo ahí por un momento.
— ¿Porqué siento que olvido algo importante? —Se decía a si misma mientras se tocaba los labios, intentó hacer memoria pero por más que lo intentaba no podía recordarlo— Algo me dice que tiene que ver con Sasuke... ¡Nah! Eso es imposible.
Se dio un último vistazo y salió de los vestidores, iría a despedirse de Sai y los muchachos para encaminarse al restaurante.
X.
— ¡Pobre Sasuke! —Exclamó Karin—. Lo estás pasando fatal con esa chica, ¿verdad?
—Bueno, no es para tanto —intentó contemporizar él.
Estaban almorzando en un restaurante tranquilo y Sasuke se sentía mejor en la sensata compañía de Karin.
—Siempre intentas buscar el lado bueno de las cosas —sonrió ella—. Pero yo sé que estás haciendo un esfuerzo.
— Un poco, sí —asintió él, recordando el esfuerzo que había tenido que hacer la noche anterior para no besar a Sakura—. Lo peor de todo es que siempre me convence de todo. Hoy mismo he ido al gimnasio por primera vez en mucho tiempo.
— Pero si estás en forma.
— Lo sé, pero Sakura me ha hecho sentir como si fuera un hipopótamo. Aunque lo hacía de broma.
— No debería decirte esas cosas. Y hacer que vayas a buscarla al club…
— Eso ha sido idea mía. No me gusta que vuelva sola a casa —dijo él, mirando el reloj—. Tendré que irme pronto, por cierto. Aún no queda resulto lo del contrato con No Sabaku y tengo que terminar la maqueta para presentársela hoy.
Karin estaba en silencio. Sólo el tamborileo de sus dedos sobre la mesa mostraba su irritación.
— ¿Qué tanto hace Naruto? —preguntó por fin.
— Al igual que yo está enfocado en el proyecto y también algo entusiasmado con la prima de Sakura ¿Por qué? ¿Para que vaya él a buscarla?
— No, es otra cosa… un tema delicado. Sakura es muy joven y necesita protección.
— Eso es lo que estoy haciendo.
— Pero, cariño, te equivocas. Con Naruto ocupado con la tal Hinata y tu hermano en la empresa están los dos solos en tu casa. Las cosas han cambiado pero, aún así, un hombre y una mujer viviendo juntos en un apartamento… la gente puede murmurar.
— ¿Que Sakura y yo…? Eso es imposible. Ella sería la última persona en el mundo a la que yo querría… —Sasuke se detuvo, recordando cómo la había llevado en brazos la noche anterior y el roce de sus labios.
— Naturalmente. Tú eres un hombre con muy buen gusto y ella, bueno… —rió Karin sin terminar la frase. Sasuke se sentía incómodo. Iris, pensaba, nunca habría hecho un comentario como aquel sobre nadie y, seguramente, Sakura tampoco—. Cariño, ¿me estás escuchando?
— Ah, sí. Perdona, ¿qué estabas diciendo?
— Te estaba hablando del grupo de solidarios en el que colaboro. Nos dedicamos a ayudar a chicas jóvenes con problemas. Tenemos una residencia femenina, en la que no le está permitida la entrada a los hombres. Lo hacemos para evitar que las chicas inocentes caigan en manos de indeseables.
— Pues entonces no es sitio para Sakura —sonrió Sasuke—. A ella precisamente lo que le gusta son los indeseables.
— Por eso quiero insistir. Es vulnerable, Sasuke, y tu obligación es protegerla.
— Tienes razón —admitió él.
—El sitio en el que estoy pensando es el albergue Kunoichi. Sólo está a dos manzanas del Ichiraku y le he conseguido una habitación.
— ¿Has hablado con ellos sin hablar conmigo antes?
— Era lo más lógico Sasuke.
Sería lógico, pero la idea no lo entusiasmaba lo más mínimo. Aunque Karin tenía razón. Lo mejor sería poner distancia entre Sakura y él.
— Se lo diré esta noche —dijo por fin.
— Sabía que estarías de acuerdo —sonrió Karin—. Bueno, ahora regreso voy al tocador —añadió, levantándose y estirándose la falda—. Sasuke, ¿qué haces mirándome los tobillos?
— No, nada —contestó él, poniéndose colorado—. Anda, ve.
X.
Sakura había llegado mucho antes que su amigo y su primo, estaba entretenida mirando el curioso centro de mesa cuando sintió la presencia de los dos hombres frente a ella. Les saludó alegremente mientras les daba un beso en la mejilla y luego se sentaron, comenzando a ordenar.
— Espero que hayan traído sus chequeras, muchachos —Les advirtió con una sonrisa cuando el camarero se fue con sus ordenes— Estoy pensando seriamente en pedir postre doble.
— En ese caso opino que Gaara invite esta comida, después de todo está haciendo un trato millonario con la empresa.
— Oh, claro. Aviéntame el muerto a mí, Hyuuga —Comentó en broma el pelirrojo— Aunque técnicamente sería como si Sakura y tú también me invitaran.
— De eso nada —Neji tomó un poco de vino— Entonces sería el dinero de Uchiha. Después de todo el es el que está llorando por el proyecto.
Sakura, entonces, los miró por primera vez interesada en el tema.
— ¿Sasuke llorando? —Preguntó divertida— No te creo.
— De verdad, Saku. Incluso aceptó la propuesta de que entregar la maqueta en solo tres días.
Sakura soltó una carcajada.
— Realmente debe estar desesperado —Aunque Sakura no se lo dijera a Sasuke y pareciera siempre simular que no sabía nada de negocios, la verdad era que estaba más que informada sobre todos los asuntos de su empresa, así que le sorprendía el sabes que el gran Sasuke Uchiha estuviera dispuesto a seguir ordenes.
— Créelo. Aunque más que desesperado está luchando por qué no le pise el ego —Rió— Cuando Gaara me comentó que estaba empezando el proyecto de un nuevo centro comercial, le sugerí que pusiera a la empresa entre los candidatos.
— Y aunque no me lo hubieras pedido, lo hubiera hecho —Exclamó Gaara con una sonrisa— No solo por tratarse de la empresa Haruno y su reputación, si no porque sabes que confío en ti.
— Bien, esperen. Explíquenme una cosa —Sakura los miró con la ceja alzada— Sí tan confiado estás Gaara, ¿Por qué no simplemente firmas el contrato en lugar de poner a la empresa a prueba?
Tanto el pelirrojo como el castaño sonrieron y dijeron al mismo tiempo:
— Por joder a Uchiha.
Sakura comenzó a reír.
— ¡Son terribles, no cambian!
— Además, quiero comprobar que tan capaz es Uchiha Sasuke. —mencionó Gaara.
— Yo realmente, solo me divierto —Dijo Neji— Hubieras visto su cara cuando supo que yo conocía a Gaara, él y Uzumaki pensaron que ya tenían el proyecto en la bolsa.
— ¿Y no es así? —Pregunto Sakura con una sonrisa.
— Sí, pero él no lo sabe.
Sakura negó con la cabeza divertida, mientras se ponía de pie.
— Ahora vuelvo.
X.
Cuando Karin regresó a la mesa el celular de Sasuke sonó y él se apartó hacia el area de los baños para contestar.
— Sí si, de acuerdo. No, déjame esos papeles en la oficina ahora que regrese los checo y los firmo —Repasó su mirada por el restaurante y se quedó petrificado al ver, unas mesas al fondo, a Neji Hyuuga y Gaara No Sabaku sentados, mientras un mesero les servía sus pedidos— ¿Qué carajo hacen esos dos aquí? ¿Eh? ¡Ah, sí! ¿Eso es todo? Bien.
Cerró su celular y apretó los puños, realmente le subía la bilis a la boca del estomago cada vez que los veía.
Se volteó bruscamente con dirección a su mesa, chocando con alguien. A duras penas pudo sostenerla de la cintura antes de que tocara el piso.
Y se perdió en esos ojos verdes.
— ¿Sasuke?
Cuando se dio cuenta de a quien sostenía y a quien pertenecía esa delicada y exquisita cintura que se amoldaba a sus manos, la soltó como si se tratara de fuego.
Sakura puso expresión de ofendida.
— Disculpa, se me olvida que tu solo tocas mujeres de tobillos anchos.
— ¡Que Karin no tiene los tobillos anchos!
— Oh, ¿Ya se los viste? —Preguntó con una sonrisa.
Sasuke se sonrojó de vergüenza y coraje.
— ¡Ese no es el punto! ¿Qué demonios haces aquí?
Sakura se cruzó de brazos.
— Vine a abrir una cuenta de banco, Sasuke —Mencionó Sarcástica— Es obvio que estoy aquí para comer, ¿Qué más iba a hacer en un restaurante?
El Uchiha rodó los ojos y bufó.
— Eso ya lo sé. ¿Con quién vienes?
Los ojos de la Haruno adquirieron un misterioso brillo.
— Uh, ¿Estás celoso? —Rió cuando el pelinegro soltó uno de sus monosílabos— Descuida querido Sasuke, no estoy con ningún narcotraficante o alguien que pueda suponer un riesgo para la imagen de tu amada empresa. —Alzó la mano derecha y la puso sobre su corazón— Y también juro solemnemente no subirme a las mesas a bailar o hacer un escándalo.
— Estoy hablando enserio, Sakura.
— Yo también, Sasuke —Él la miró con ojos de cuchilla— Ay, disculpa. Estoy con Neji y Gaara. ¿Algún problema?
— ¿Con No Sabaku Gaara?
— ¡Dah! No conozco otro, ¿Tu sí?
Sasuke la miró y disimuladamente dirigió su vista hacia donde se encontraban las dos piedras en sus zapatos. No podía creer lo que estaba a punto de pedirle a Sakura, pero realmente necesitaba ese proyecto.
— Eh, Sakura. Sobre Gaara...
Ella lo miró y soltó una ligera risa haciendo que él le mirara desconcertado.
— ¿Qué? No irás a pedirme que intervenga por ti por el proyecto, ¿O sí?
— ¿Cómo sabes tú de eso?
— Lo escuché por ahí, quizás.
— Tsk...
Sakura intentaba contener la carcajada al ver como Sasuke debatía con su otro yo, se notaba que le estaba costando ¿Y cómo no? Si un Uchiha nunca pide un favor a nadie, o eso se suponía.
— ¿No decías que nunca necesitarías nada de mí?
— ¡Olvídalo!
Pasó a un lado suyo y se dirigió a su mesa. Sakura lo siguió con la mirada y notó como en su mesa estaba Karin quien lo recibió con una sonrisa y lo tomó de la mano.
Apretó los puños.
— Maldición —Susurró y se dirigió hacia los muchachos.
Cuando se sentó con ellos y empezaron a recordar anécdotas de sus años como estudiantes se olvido un poco de su encuentro con Sasuke, pero solo un poco. ¿Cómo es que ese hombre podía ser tan...? No había caso en pensar en ello.
Sasuke.
— ¡Shannaro! Odio ser de corazón de pollo ¡Maldito Sasuke pelo de pato!
— Creo que esa vez le deje los dos ojos morados y tú le torciste el brazo —Recordó Gaara divertido.
Neji asintió llevándose una revenada de pollo a la boca.
— Por supuesto. ¿Cómo pudo pensar que podía besar a Saku a la fuerza? Y lo mejor fue cuando tú le diste una patada tan certera que seguramente lo dejo estéril, ¿No Saku?
Sakura asintió ligeramente.
— Me voy a odiar por esto. Chicos...hay algo que quiero decirles.
Ambos la miraron con el ceño fruncido.
Y esperaron que hablara.
X.
Hacía una media hora que Sasuke había llegado a la oficina luego de su hora de almuerzo. Se encontraba revisando unos papeles en su escritorio cuando Itachi y Asuka entraron por la puerta principal.
Ellos habían ido a un McDonald para el almuerzo. Sasuke sonrió al ver a su sobrina terminar de contarle alguna clase de historia a Itachi, desde el día anterior en que sucedió el pequeño episodio con Asuka, ahora ella y su hermano parecían más unidos e Itachi trataba de pasar todo su tiempo con ella, recuperando lo que por su egoísmo había comenzado a perder.
— Veo que aún no terminas la maqueta —Dijo Itachi mientras observaba la mesa de cristal a unos metros del escritorio donde reposaba la estructura sin terminar.
— No. Llegaron unos papeles que necesito verificar —Contestó y se masajeo la cien— No Sabaku vendrá a verlo a las seis de la tarde. Y aunque estuviera trabajando en ella, aún no se de que manera podría diseñar el estacionamiento y falta el diseño del nombre.
Itachi miró el reloj y silbó.
— Solo quedan dos horas.
— ¿Crees que no lo sé?
Asuka miró a su padre y a su tío hablar y miró curiosa la mesa donde estaba la estructura de lo que parecía ser un centro comercial. Se acercó sigilosamente sin que los dos adultos la notaran, realmente estaban más enfrascados en su conversación.
— Lo peor es que Naruto está ocupado con los informes —Suspiró— Cuando terminé todo esto le haré vudú a Gaara No Sabaku.
Itachi sentó frente a él y rió.
— Venga, dame algunos papeles. Te ayudaré como buen hermano que soy.
Sasuke le pasó algunos e Itachi agarró un lapicero.
— Quizás este año por fin santa deje de traerte carbón.
— Al que le trae carbón es a ti.
Ambos rieron ligeramente y se concentraron en los papeles.
Mientras, a unos metros, Asuka se encontraba entretenida analizando la maqueta que tenía enfrente. Tomó unos papeles que había en la mesa donde estaba el dibujo del diseño y vio lo que faltaba.
Tomó algunas piezas y el pegamento así como algunos otros instrumentos y sonrió.
— Manos a la obra.
Una hora después, el papeleo por fin lo habían acabado. Sasuke se masajeó el cuello e Itachi se estiró mirando el reloj.
— Queda menos de una hora para que No Sabaku llegue, Sasuke.
Ambos se encaminaron hacia la mesa y se quedaron mudos ante lo que veían, en realidad Sasuke quedó mudo y sorprendido, Itachi tenía una sonrisa de lado. La maqueta estaba prácticamente terminada, solo faltaba colocar el nombre cosa que Asuka hacía en estos momentos, cuando terminó de ponerlo sonrió y los miró.
— ¿Qué tal?
— A-Asuka —Pronunció Sasuke.
Observó con detalle la maqueta, el estacionamiento estaba estratégicamente colocado en la parte de abajo del centro comercial según un dibujo que había hecho la pequeña que, al parecer del pelinegro, parecía hecho por profesionales. Las fuentes hermosamente estructuradas estaban en medio del mini-centro comercial de la maqueta y el nombre colocado en la entrada con colores atrayentes y un tipo de letra muy divertido. Igualmente algunos edificios que serían las tiendas estaban construidos e incluso tenían su nombre puesto sobre ello.
— ¿Te gusta, Tío?
— ¿Gustarme? ¡Es excelente! Pero... ¿Cómo?
La pequeña sonrió.
— Siempre veo a Oto-san y al abuelo hacerlo y siempre les ayudo —Se bajó de la silla en la que estaba—y Oka-san me enseñó a dibujar.
Sasuke sonrió mientras le revolvía el cabello.
— Parece ser que tenemos al próximo arquitecto de la familia.
Itachi bufó.
— Ojalá y fuera así.
Asuka rió.
— Yo no seré arquitecto, es muy aburrido. ¡Yo seré Chef!
X.
— ¿Entonces te gusta Neji?
Ten-Ten se sonrojó de pies a cabeza ante la pregunta de Sakura quien solo sonreía divertida.
— Cla-claro que no Sakura-san. No tiene que preocuparse por mí.
Sakura la miró con la ceja alzada y observó a Ino en busca de respuestas.
— ¿Por qué tendría que preocuparme?
— Pregúntale a ella.
Sakura regresó su mirada hacía la castaña.
— No es necesario que lo oculte, Sakura-san. —La castaña bajó la mirada— Yo sé que Neji-San y usted salen.
La Haruno menor se carcajeó mientras ponía la mano sobre su estomago. Ino también rió y Tenten solo pudo mirarlas intrigada.
— ¡Neji no es mi novio! —Tomo a la castaña por los hombros y la miró con una sonrisa— Adelante con ello. ¡Fighting, Tenten-chan! —Se acercó y le susurró al oído— Neji es mi primo, ve y conquístalo.
La castaña se sonrojó y abrió la boca sorprendida.
— ¿¡Primo!? ¿¡Y tú lo sabías!? —Apuntó a Ino amenazadoramente, ésta solo sonrió— ¡Que cruel!
La rubia se encogió de hombros.
— Cosas de la vida. Por cierto, ¿Y Hinata? No la he visto en todo el día.
— Ni la verás —Contestó Sakura mientras se apoyaba en un escritorio— últimamente se la pasa todo el rato con Naruto. Algo me dice que muy pronto esos dos nos darán buenas noticias.
Sonrió mientras las otras dos le devolvían la sonrisa de forma cómplice.
X.
Todos en la sala esperaban impacientes la respuesta de Gaara. Hacía una media hora que había terminado de analizar la maqueta y se encontraba debatiendo con sus acompañantes en voz baja. Aunque no quisiera admitirlo, por dentro, Sasuke se encontraba nervioso.
Gaara se puso de pie y miró a Sasuke.
Para sorpresa de todos, le extendió la mano.
— Será un placer trabajar con U&H Kaisha en el proyecto. Buen trabajo, Uchiha.
Sasuke sonrió de lado y por fin se relajó.
— Igualmente, No Sabaku.
Todos aplaudieron levemente y tras unos minutos Gaara y su equipo salió de la habitación.
— Felicidades, hermanito —Itachi le dio unas palmadas en la espalda y le dedicó una sonrisa— Supongo que ahora me puedo ir en paz.
Sasuke se sorprendió.
— ¿Te vas?
Itachi asintió.
— Tomaremos el vuelo que sale dentro de dos horas —Contestó— Asuka tiene que volver ya a la escuela y no puedo desatender mis negocios mucho tiempo.
— Supongo que no.
Durante toda la siguiente hora todos se estuvieron despidiendo de Itachi y Asuka. La pequeña se despedía de todos con una sonrisa e incluso se aferró al cuello de Neji por varios segundos hasta de decidir soltarlo.
Sasuke, Sakura, Naruto y Hinata los acompañaron hasta el aeropuerto y se quedaron con ellos hasta que el número de su vuelo fue anunciado.
— Te portas bien ratoncita —Sakura le revolvió el cabello — Y también le echas muchas ganas a la nueva escuela, ¿De acuerdo?
— Sí, Neechan. Lo prometo.
Las dos se abrazaron y Sakura le besó las mejillas.
— Y recuerda lo que hablamos, ¿Sí? No olvides decirle a papá y a mamá cuando te sientas triste.
Ella asintió, sonriendo.
— No te preocupes por eso, Sakura-chan —Contestó Itachi— Yo hablaré con Iris. Te prometo que esto no se volverá a repetir.
Sakura lo abrazó y le dio un beso en la mejilla.
— Sasuke-Oniichan, ¿Vendrás a verme algún día a Londres?
El pelinegro miró a su sobrina y meditó unos segundos la respuesta. Ir a verla significaba ver a Iris y, por el momento, no estaba preparado para ello.
— Quizás, Su. Sé una buena niña.
Asuka asintió y estiró los brazos para que él se hincara y pudiera despedirse, le dio un beso en la mejilla y él se lo devolvió.
— Se bueno con tía Sakura —Le susurró al oído— Es una fabulosa mujer y no estará ahí por siempre.
Sasuke parpadeó desconcertado mientras recuperaba su postura. ¿A qué se refería la pequeña con todo eso? La miró en busca de respuestas pero ella solo le sonrió dulcemente.
Padre e hija se encaminaron hacia el area de abordaje mientras se despedían con la mano.
— ¡Suerte con Naruto-san, Tía Hinata! —Gritó la pequeña, haciendo que la mencionada se sonrojara— ¡Y a ti también, Naruto-san! ¡No la hagas llorar! —El rubio igual se sonrojó y sonrió.
— Ah, estos niños de ahora.
La risa nerviosa del rubio les indico a Sasuke y a Sakura que definitivamente, algo pasaba ahí.
— Por cierto, Sakura. —Llamó su prima cuando se encontraban en la carro de vuelta a casa— Neji me ha pedido que me mude a su departamento. Creo que está pasando por esa etapa de "el buen hermano mayor" y dice que quiere "Recuperar el tiempo perdido". Así que mañana en la mañana me mudo. ¿Te parece bien?
— Claro. Pero dile a Neji que solo te estoy compartiendo.
Ambas rieron y Sasuke sintió un balde de agua fría.
Ahora volvía a donde estaba al principio.
Naruto ahora casi no estaba en casa lo que reducía el departamento a:
Sakura y él.
X.
Horas más tarde y como las noches anteriores, Sakura se quedó dormida en el asiento durante el camino de vuelta a casa y, en una curva, se deslizó hasta apoyar la cabeza sobre su hombro. Sasuke sabía que debía apartarla, pero no lo hizo.
— Sakura, despierta —dijo, cuando llegaron al garaje.
— No quiero —murmuró ella, en sueños—. Estaba teniendo un sueño precioso.
— Seguirás soñando cuando estés en la cama.
— No, se habrá perdido —suspiró ella—. Los sueños no se repiten nunca, ¿verdad, Sasuke?
— Supongo que no. Tendrás que conformarte con otro.
— Uno no se conforma con un sueño que no quiere. Los sueños tienen que ser los sueños. No vale de nada convencerse a uno mismo de que una persona es otra.
— ¿Qué?
— Karin no es Iris, Sasuke —contestó ella, mirándolo.
— ¿Y eso a qué viene? —preguntó él, saliendo del coche. En el ascensor, ella se apoyó en la pared y Sasuke tuvo que hacer un esfuerzo para no pasarle el brazo por los hombros. La luz blanca marcaba unas profundas ojeras en las que no se había fijado hasta entonces.
En ese momento, ella abrió los ojos y sonrió traviesa.
— ¿Estoy horrible?
— Espantosa —sonrió él—. No te hace ningún bien trabajar hasta tan tarde.
— No te importa ir a buscarme al club, ¿verdad? —preguntó suavemente.
— No puedo seguir haciéndolo, Sakura. He tenido que dejar a Karin para llegar a tiempo.
— Ya —asintió ella. Recordando que luego de dejar en el aeropuerto a Itachi y Asuka él había ido a casa de la mujer de lentes—. Y no le ha hecho ninguna gracia, claro.
— Ella no ha dicho nada. Es a mí a quien no le gusta. No quiero decir que no quiera ayudarte, pero Karin y yo… bueno, yo tengo mi propia vida.
— ¿Con Karin? Sasuke, no pensarás casarte con ella, ¿verdad?
— ¡Sakura, por favor! —exclamó él divertido—. Ocúpate de tus asuntos.
— ¿Pero vas a casarte con ella?
— Probablemente. Si alguna vez tengo oportunidad de pedírselo —contestó él, mientras salían del ascensor—. Sakura, tenemos que hablar.
— No hace falta. A partir de ahora volveré sola a casa.
— Esto está demasiado lejos. Verás, Karin conoce un sitio cerca del club. Y también está cerca del estudio de baile.
Ella se volvió de repente, furiosa.
— ¿Karin? ¿Has estado hablando de mí con ella?
— Karin y yo hablamos de todo.
— ¿Y ella ha decidido dónde quiere que yo viva?
— Ha visto que estaba preocupado y ha intentado ayudarme. Karin siempre se interesa por mis problemas.
— Ah, o sea que ahora soy un problema.
— Intenta entenderlo, Sakura. Yo creí que venías a pasar un par de semanas y ya llevas aquí cuatro. Me encanta tenerte en casa, pero…
— No, no te encanta. No me soportas. Siempre he sido un estorbo para ti. Tú mismo lo has dicho.
— Eso fue hace tiempo. Yo creo que nos hemos hecho amigos desde entonces, ¿no? —preguntó. Como ella no contestaba, la tomó por la barbilla—. ¿No somos amigos?
— Bueno —contestó ella, encogiéndose de hombros.
— La amistad es algo precioso y nosotros lo hemos conseguido a pesar de todo. ¿Recuerdas cuando nos odiábamos a muerte?
— Sí —contestó ella, con una sonrisa dubitativa.
— Ya no lo hacemos, ¿verdad?
— No. Bueno...no mucho —Contestó divertida, al recordar su pequeño encuentro en el restaurante.
— Te gustará ese sitio.
— ¿Lo has visto?
— No. Karin me ha hablado de ello esta misma tarde.
— Entonces no sabes si va a gustarme.
— Sé que Karin no sugeriría nada que no fuera adecuado. Lo lleva un grupo de voluntarios que se encarga de ayudar a chicas jóvenes. Son muy respetables y…
— En otras palabras, que es como una cárcel.
— Claro que no. Siempre tergiversas lo que digo. Necesitas protección…
— ¿Protección contra quién?
— Bueno, tú… yo, viviendo aquí juntos…
— ¿Crees que la gente piensa que tú y yo estamos liados? Naruto también están ahí, bueno la mayor parte del tiempo. Pero, ¡Por todos los cielos! ¿Es que no podemos vivir juntos sin que tú desees llevarme a la cama para violarme?
— Sakura, por favor… —empezó a decir él, enrojeciendo.
— ¿Es eso lo que quieres, Sasuke?
— Claro que no —contestó él apresuradamente, apartando de su mente ciertos recuerdos.
— ¿Estás seguro?
— Sakura, —dijo con firmeza— tú eres la última mujer en la tierra a la que yo querría violar. Quiero decir… bueno, yo nunca, por supuesto… aunque si lo hiciera… ¡qué demonios estoy diciendo!
— Oh, Sasuke —suspiró ella—. Oh, Sasuke.
— Sakura, tienes que creerme. Nunca he pensado en ti de esa manera. Y sé que nunca lo haré —explicó, sintiéndose inspirado—. A mí me gustan las mujeres maduras y experimentadas. Las jóvenes inocentes no me atraen.
— Entonces, ¿mi virtud está a salvo?
— Completamente. La idea de hacerte el amor nunca ha pasado por mi cabeza.
— Vaya, muchas gracias por decirme que no te parezco atractiva en absoluto.
— No, eres muy guapa —corrigió él—. Y puedo entender por qué el resto de los hombres está loco por ti. Pero entre nosotros siempre estará el pasado. Tú estás acostumbrada a verme como un viejo y yo a ti como un moustro. Eso es todo.
— Veo que no has mencionado a Karin. Podías haber dicho que yo no te interesaba porque estás locamente enamorado de ella, pero no lo has hecho.
— Deja de enredarme.
— ¿Estás enamorado de ella, Sasuke?
— Sí —contestó él—. Lo estoy.
— ¿Y de verdad quieres que me vaya? —preguntó Sakura, casi sin voz.
— Es lo mejor para los dos —contestó él suavemente.
— Muy bien, Sasuke. Haré lo que tú digas.
— Es por tu bien, Sakura.
— Claro que sí —asintió ella después de unos segundos—. ¿Cuándo quieres que me vaya?
— No hables como si te estuviera dejando tirada, por favor. Puedes quedarte un par de días y después, Karin y yo te llevaremos al albergue.
— ¿Karin también va a venir?
— Ha sido idea suya.
— Sí, claro, es verdad —dijo ella, con un tono indescifrable.
X.
Dos días después, Karin y Sasuke fueron al apartamento a buscar a Sakura y la encontraron con las maletas hechas. La joven parecía tan abatida que Sasuke empezó a tener dudas.
Dudas que se incrementaron cuando llegaron al triste edificio del albergue. Con su línea de ventanas iguales y sus ladrillos grises, podría haber sido una oficina o lo que Sakura se había temido, una cárcel.
El interior era incluso menos acogedor. El vestíbulo estaba pobremente iluminado y las paredes, pintadas de gris. En una de ellas había colgada una lista de reglas que empezaba:
BIENVENIDA AL ALBERGUE PARA SEÑORITAS…
— Karin, —empezó a decir Sasuke, incómodo— quizá esto no…
— Buenas tardes —los saludó una mujer con aspecto de matrona.
— Hemos venido con Sakura Haruno —explicó Karin—. Tiene una plaza reservada.
— Ah, sí. Yo soy Anko Mitarashi Bienvenida, Haruno-San.
Las palabras habían sonado como una sentencia.
— Gracias —dijo Sakura, insegura.
— Queremos que todas las jovencitas que viven aquí sean felices —explicó la mujer, como si ser feliz fuera una obligación cuyo incumplimiento implicara un castigo—. Esta es una copia de las reglas del albergue —añadió, dándole un papel—. Preferimos explicarles las reglas desde el principio para que no haya malentendidos. Como verá, no se permiten visitas masculinas ni alcohol. Y la puerta de la calle se cierra a las once en punto.
— Pero yo trabajo hasta las dos de la mañana —protestó Sakura.
La cara de la señora Mitarashi tenía una expresión imperturbable.
— Estoy segura de que pueden hacer una excepción, ya que es una cuestión laboral— intervino Karin.
— En ese caso, de acuerdo —asintió fríamente la mujer. Sasuke estaba empezando a preocuparse. Aquella Anko Mitarashi parecía una mujer ordenada y seria, pero no era precisamente muy amistosa—. La acompañaré a su habitación —añadió, indicándoles que la siguieran.
Cuando vieron el pequeño cuarto apenas amueblado, a Sasuke se le cayó el alma a los pies. La habitación no tenía más que una estrecha cama, una mesa de pino y un armario. Y las paredes estaban pintadas del mismo tono gris desolador.
— Me parece que esto no es buena idea —dijo Sasuke, observando la cara triste de Sakura.
— ¿Por qué? —Preguntó Karin—. Es una habitación muy limpia.
— Tenemos mucha demanda en el albergue —dijo Anko—. Hay una enorme lista de espera.
— Entonces, no será un inconveniente para ustedes que la señorita Haruno no se quede, ¿verdad?
— Por favor, Sasuke, no puedes hacer eso —protestó Karin—. He tenido que echar mano de mis contactos para que admitieran a Sakura.
— Karin, mira este sitio.
— ¿Qué le pasa? Está limpio y cerca de su trabajo.
— Pero no es muy agradable, ¿verdad?
— Está bien —habló Sakura por primera vez—. La verdad es que es perfecto.
— Sakura, ¿qué estás diciendo? —preguntó Sasuke, perplejo.
— Creí que estaba haciendo lo que tú querías.
— No quiero esto para ti.
— Cariño, si a ella le gusta —dijo Karin poniéndola la mano en el brazo—. ¿Quiénes somos nosotros para discutir?
— Me gusta mucho —anunció Sakura, desafiante.
— Voy a llevarte a casa —dijo él, con firmeza.
— Esta es mi casa ahora, Sasuke y voy a quedarme. Es muy céntrico y aquí estaré segura.
—P ero… bueno, haz lo que quieras —asintió él, con desgana.
— Voy a quedarme. Ya está decidido.
— ¿Lo ves? Te dije que le gustaría —sonrió Karin—. Sakura, deja que te ayude a deshacer las maletas.
— Gracias, pero lo haré más tarde. Supongo que querrán ir a cenar solos.
— Llámame si necesitas algo —dijo Sasuke, poniendo la mano en su brazo.
— Claro que sí. Adiós.
— No tengas tanta prisa en deshacerte de mí. Toma, te he traído un regalo —dijo, dándole un paquete que había llevado en la mano. Era un equipo digital de discos compactos.
— Sasuke, muchísimas gracias —exclamó Sakura, lanzándose a sus brazos—. Gracias, gracias, gracias.
Después de eso los acompañó a la puerta deshaciéndose en sonrisas. Pero cuando desparecieron, la sonrisa se desvaneció.
X.
Era extraño que su apartamento pareciera vacío desde que Sakura se había marchado. Ella lo volvía loco, pero echaba de menos su alegría contagiosa.
Siempre había estado orgulloso de su espléndido apartamento, pero en aquel momento le parecía un sitio vacío. De hecho, sin Sakura, estaba muerto. Ella era desordenada, alborotadora, irritante… pero alegraba su vida.
Al día siguiente, encontró uno de sus zapatos en una esquina del salón y tuvo que echarse a reír. El zapato parecía triste sin su compañero. Casi tan triste como él.
Estaba pensando en ir al albergue para devolvérselo, pero al darse cuenta de que estaba buscando excusas para verla, decidió que era más seguro enviarlo por correo.
Lo que ocurría, se decía, era que no estaba acostumbrado a vivir solo y se encontraba deseando que el errático Naruto volviera de su pequeño viaje a Kyoto, al cual se había ido con Hinata el día después de su mudanza.
Unos días más tarde, al volver a casa, se encontró un cartel de No molestar colgado en la puerta del dormitorio de su compañero de piso. Sasuke se había preparado la cena y estaba comiendo mientras leía el periódico cuando Naruto entró en la cocina con cara de sueño.
— ¿Qué hora es? —preguntó, bostezando.
— Casi las diez de la noche. ¿Cuándo has vuelto?
— Hace un par de horas.
— ¿Qué tal el viaje?
— De maravilla. Si sigo así, creo que terminaré con un anillo en el dedo. ¿Por qué está esto tan silencioso? ¿Dónde está Sakura?
— Sakura ha encontrado otro sitio para vivir.
— ¿Quieres decir que la has echado? —exclamó su amigo, dejando de frotarse los ojos.
— Yo no he dicho eso…
— Pero seguro que marcharse no ha sido idea de Sakura.
— Sakura tenía que marcharse por su propio bien. No podíamos seguir viviendo solos.
— Me parece que estoy viendo la mano de Karin en todo esto.
— A Karin le preocupa el bienestar de Sakura…
— Estoy seguro de que no es eso lo único que la preocupa —interrumpió Naruto, enfadado—. ¿Cómo has podido hacerle eso a Sakura?
— Le gusta su nueva casa… ¿Dónde vas, Naruto? —preguntó, al ver que salía de la cocina.
— A rescatarla —contestó él, sin volverse.
X.
Sakura terminó de servir al último cliente y lanzó un suspiro de alivio. Le dolían los pies, la cabeza y todo lo demás, incluido el corazón. Le resultaba difícil mantener su alegría habitual desde que tenía que vivir en el albergue y rezaba para que aquella noche la señora Anko no la estuviera esperando en el vestíbulo con cara de desaprobación. La vida, que le había parecido maravillosa hasta unos días antes, se había convertido en algo gris y asfixiante.
Se cambió de ropa apresuradamente y se dirigió hacia la salida. Cuando estuvo fuera, alguien tocó su brazo y ella se volvió, alarmada.
—Hola, Sakura —sonrió Naruto. Sakura lanzó un grito de alegría y enredó los brazos alrededor de su cuello. Naruto le devolvió el abrazo con entusiasmo—. Será mejor que vayamos a algún sitio tranquilo.
—Tengo que volver al campo de concentración o me meteré en un lío —dijo ella, dramáticamente.
—Vamos, te acompañaré —dijo él. Tuvieron suerte y entraron en el albergue sin ser vistos. Naruto observaba la triste habitación a la que Sakura había intentado dar su toque personal con cara de pena.
— y dime, ¿Cómo te fue en Kyoto?
La cara de enamorado que puso el rubio, le dijo todo a Sakura.
— Hinata-chan es maravillosa.
— Claro, es mi prima. Lo llevamos en los genes.
— De verdad, siento que es algo así como... ¡La mujer de mi vida!
— Pues cásate con ella —Contestó riendo.
— ¿Tú crees que acepte?
— ¿De verdad lo harías?
Naruto sonrió con un brillo especial en los ojos.
— Quizás.
Sakura sonrió y luego su mirada se tornó nostálgica soltando un suspiro.
— Es bueno saber que al menos alguien es feliz y se la pasa bien.
— No estés así, Sakura chan. Toma. Esto hará que te sientas mejor —sonrió, sacando una botella de champán—. A menos que lo tomes gratis en el trabajo.
— ¿Estás de broma? El champán es un objeto de lujo. Como Sasuke sabe muy bien —sonrió ella, tomando un trago del espumoso líquido.
— ¿Por qué? —preguntó. Sakura le contó la visita de Sasuke al club y Naruto se partía de risa—. ¿Cuánto dices que pagó por la botella?
— ¡Calla! —susurró ella—. Vas a despertar a la guardiana de prisiones.
—Lo siento —dijo él, mirando alrededor—. Bueno, tienes un equipo de música, por lo menos.
— Me lo dio Sasuke.
— ¿Cómo regalo de despedida?
— No nos hemos despedido. Seguimos viviendo en la misma ciudad y pienso volver a verlo… algún día.
— Será mejor que me lo cuentes todo —dijo él, tomando su mano. Para Sakura era un alivio hablar con él. Naruto sabía escuchar y la historia se alargó durante un par de horas—. Tenemos que hacer algo.
— ¿Como qué?
— No te preocupes, pensaré en algo. Pero será mejor que me vaya antes de que nos emborrachemos.
— ¿Tú crees? —preguntó ella, entre hipos. De repente, todo parecía tremendamente divertido y los dos se echaron a reír.
— Venga, vamos a terminar la botella.
Cuando él iba a servirle la última copa, se le resbaló la botella y el champán acabo sobre la blusa de Sakura, que encontró aquello hilarante. Los dos empezaron a reírse a carcajadas, sin poder evitarlo.
— ¡Calla! —se decían uno al otro entre risas.
Pero era demasiado tarde. Un segundo después, la puerta de la habitación se abría y la Anko los miraba desde el umbral con cara de verdugo.
Fin del capítulo 8.
X.x.X
Y he aquí el octavo capítulo. Espero que les haya gustado. :]
Las cosas se van a ir poniendo mejor a partir del próximo capítulo. Habrá un gran avance en la relación de Naruto y Hinata (como ya abran podido empezar a notar) cosa que influirá en la relación de Sasuke y Sakura de un modo un tanto especial.
Ojala me sigan leyendo y dejando sus comentarios que me hacen tan feliz.
¡La próxima a actualizar el fin de semana que viene es Padre por acuerdo!
Oh, y el Sábado subiré el último epilogo de Todos se Casan. Snif. Snif.
Dios los bendiga.
Un review es como una sonrisa.
¿Me sonreirías?
:]
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