.


Capitulo 10: Los terceros en discordia. La odisea del CupCake

.


Sasuke se veía demasiado tranquilo.

O al menos eso es lo que le pareció a Sakura mientras se encontraban en el avión privado de la familia, rumbo a Sacriston. Ella iba compartiendo su asiento con el peligro mientras que frente a ellos y separándolos una mesita, estaban la futura pareja de casados, Naruto y Hinata y del otro lado, leyendo unos documentos estaba Neji. Tanto Ten-Ten como Ino y Sai (este último invitado por Hinata por el hecho de que entre el y la rubia comenzaba a haber algo más) llegarían a la hacienda al día siguiente, luego de dejar todos los papeleos del trabajo listos y relevados a quienes serían su reemplazo temporal.

— ¿Aún sigue existiendo aquel pequeño pueblo? —Preguntó Sasuke de un momento a otro.

— Sí, aun sigue ahí. —Respondió algo confundida.

— ¿Me acompañarías?

Sakura tuvo que ser cuidadosa para no atragantarse con su refresco.

— ¿Yo?

— Sí. Tú. ¿por qué te sorprende tanto?

— ¿No deberías llevarte a Karin?

— ¿Por qué dices eso?

— Bueno, ella y tú… ahora que has conseguido el ascenso, yo pensé que cualquier día…—Frunció el ceño— De hecho, me he estado preguntando esto desde que salimos y no es porque me importe mucho pero, ¿Por qué no está Karin aquí? Ella es...

— Esto no tiene nada que ver con Karin —la interrumpió él—. Es una boda con la familia y los allegados y yo no soy quien se casa, así que no puedo decidir quien viene —Contestó mirando con disimulo a Hinata y Naruto quienes silbaban haciéndose los inocentes. Habían dejado claro desde el principio que no querían a Karin en su boda y al pelinegro no le quedó otra más que aceptar — Además, últimamente estás muy pálida y este viaje te sentará bien, aún más ir un rato al mar cerca del pueblo.

— ¿Seguro que quieres llevarme? —insistió ella.

— Sakura, ¿qué te pasa?

— Nada. No te quiero molestar.

Sasuke estaba a punto de decir que nunca antes se había preocupado por eso, pero no podía hacerlo. Ella parecía tan infeliz que le dolía.

— Dime qué te pasa, Sakura. Cuéntaselo al tío Sasuke.

— Nada —repitió ella frunciendo el ceño ante el estúpido mote que se había dado el Uchiha—. Es sólo que estoy deprimida porque no tengo trabajo. Pero me apetece mucho ir a Nettlesworth contigo.

— Estupendo. Iremos luego de instalarnos.

Sasuke volvió la vista hacia la mesita y disimuló repentino interés por un libro que había sobre ella. Lo tomó y empezó a leerlo. Sakura suspiró y miró por la ventana, no podía interpretar nada de la cara de póker que el pelinegro se empeñaba en mostrar desde que subieron al avión.

Pero, pese a todo, el saber que estarían casi una semana sin la presencia de Karin le dio una repentina paz.

Sonrió.

Como hubiera dado la mitad de su vida por ver la cara de la pelirroja al saber que ella no estaba invitada.


X.

Tayuya, la chica que iba a ser el reemplazo de Ino, era nueva en el trabajo. Solía pasarle a Sasuke las llamadas de Karin, pero nunca la había visto en persona. Por lo tanto, cuando ella entró en la oficina, vestida con un elegante traje marrón y unos pendientes de diamantes, Tayuya se quedó pasmada.

— Dígale al señor Uchiha que la señorita Kawada quiere verlo —ordenó Karin.

— Me temo que el señor Uchiha ya se ha ido —dijo Tayuya.

— Es usted nueva, ¿verdad? —Sonrió Karin—. El señor Uchiha siempre está en su despacho los lunes por la tarde, lo sé perfectamente.

— No está, de verdad, señorita Kawada. Se ha ido a Sacriston para la boda del señor Uzumaki y la señorita Hyuuga.

— ¿Boda? —Exclamó con sorpresa al saber que Sasuke no le había dicho nada— ¿Puedo hablar con Yamanaka? —preguntó Karin. Su sonrisa se había desvanecido.

— Entre, señorita Kawada —dijo Ino, desde la puerta de su despacho. Y con notable sarcasmo en su voz

— No sabía que Naruto fuera a casarse, Ino —dijo Karin, cerrando la puerta tras ella.

— Fue algo de improviso. —explicó Ino.

— Ya. Bueno, si no le importa darme la dirección de la casa de Sasuke en Sacriston…

— Me temo que no puedo hacerlo.

— Claro que puede.

— Sasuke no me ha dejado instrucciones —replicó Ino.

— Eso es absurdo. Usted sabe muy bien quién soy.

— Claro que lo sé.

— Y que Sasuke y yo somos prácticamente…

— Prácticamente —repitió Ino—. Pero no del todo.

— Ya veo —dijo Karin con los labios apretados—. No hace falta que me lo diga. Esa maldita cría lo ha obligado a no decirme nada. No sé si se da cuenta del daño que puede hacerle a Sasuke.

— Sasuke es un hombre, Karin, no un crío. Puede cuidar de sí mismo.

— No pienso discutir contigo. Quiero que me diga dónde está.

— Me temo que no puedo decírselo.

— Muy bien. Llámelo y dígale que quiero hablar con él. Supongo que no me negará eso.

— Por supuesto que no, Karin. Tayuya, dame mi agenda de teléfonos, por favor —dijo, llamando por el interfono.

— Yo no la tengo, señorita Yamanaka —se disculpó la muchacha.

— Oh, cielos. Debo de habérmela dejado en casa. Gracias, Tayuya —dijo, cortando la comunicación—. Vaya, ahora no recuerdo el número.

— Supongo que pretende dejar que esa estúpida arruine su vida.

— Sakura no va a arruinar nada —dijo Ino—. Todo lo contrario. Y le aseguro que no es ninguna estúpida.

— Tampoco lo soy yo —dijo Karin, furiosa—. Le advierto que, cuando el señor Uchiha vuelva, voy a quejarme de su actitud.

— En ese caso, necesitará el libro de reclamaciones. Me parece que lo tengo por aquí…

La puerta se cerró tras Karin de un portazo y, un segundo más tarde, Tayuya entraba en el despacho.

— Qué mujer tan fría —observó.

— Está acostumbrada a conseguir lo que quiere —dijo Ino.

— No sé por qué no lo ha llamado al móvil.

— Seguramente lo ha hecho, pero estaría apagado.

— Pero el señor Uchiha nunca lo apaga…

—Lo sé, por eso lo apagué yo. De modo que, o no se ha dado cuenta o se ha dado cuenta y no quiere encenderlo —sonrió Ino.


X.

Sakura miraba a través de la ventana del carro las muchas tiendas y puestos que habían por las calles, la gente y los colores que habían sido parte de su infancia. Miró disimuladamente a Sasuke quién, a lado de ella, se encontraba enfrascado en una conversación con Naruto.

Suspiró y volvió a mirar aquel pueblo que hacía tanto tiempo había dejado.

A los pocos minutos dejó de ver puestos y gente para sumergirse en un area rodeada de arboles. La zona donde de encontraba la hacienda de su familia estaba rodeada de zonas arboladas y muy cerca de la salida de Sacriston a diferencia de la casa principal y la casa de los Uchiha que se encontraban en el centro, su corazón comenzó a latirle con fuerza al saber que estaba a pocos metros de llegar a aquella casa que la vio crecer.

Cerró los ojos inconscientemente y apretó los puños, suspiró y tomó valor desde muy dentro para abrir la puerta, sus ojos se abrieron y comenzaron a picarle anunciado lagrimas que querían salir. Ahí frente a ella, y tan imponente como siempre estaba la gran casa de la hacienda Haruno. De dos pisos y con tantas ventanas para cada una de las muchas habitaciones, enredaderas a los lados y un columpio que había sido su mejor juguete cuando era una niña.

Se inclinó para tomar su bolso dentro del carro, y miró alrededor.

Tanta nostalgia.

— ¡Ya llegaron, cariño! —Mebuki Haruno salió apresurada al encuentro de sus nuevos huéspedes. Abrazó con fuerza a Hinata y a Neji y luego a Naruto después de que la pelinegra lo presentara. Cuando vio al pelinegro no pudo evitar soltar un grito de felicidad— ¡Pero si es el pequeño Sasuke! ¡Ven aquí, hijo! —Como pocas veces, Sasuke contestó aquel maternal abrazo— Y yo que pensaba que nada te haría regresar aquí de nuevo, me alegra saber que me equivoque. —Terminó el abrazó y se dirigió a su hija dándole dos amorosos besos en ambas mejillas— Me alegra tanto volver a verte, cariño.

Sakura sonrió.

— ¿Y papá? —Preguntó con una tímida mueca— ¿Sigue muy molesto?

Mebuki suspiró.

— Claro que no. Es tan solo su drama, tu lo sabes —Miró a los demás mientras rodeaba a su hija menor por los hombros— Vamos, todos adentro. Kizashi, Fugaku y Hiashi-chan están preparando todo para la barbacoa y sé que Hana-chan está ansiosa por verlos —Dijo, mirando a los hermanos Hyuuga tras sus últimas palabras.

Cuando entraron a la casa otra ola de abrazos y besos comenzó por parte de los demás adultos. Mikoto Uchiha tuvo que contener las lágrimas al ver a su pequeño hijo de vuelta en casa y aún más al ver que Sakura se encontraba ahí también.

Todos se dirigieron a la parte de atrás. Constaba de un gran jardín, realmente era un terreno enorme puesto que tenía lugar para los establos, los corrales donde ovejas y algunos otros animales andaban libremente e incluso uno destinado para los caballos y unos metros más allá se podía apreciar un lago de mediano tamaño con un pequeño puente.

En un area, a unos metros de los corrales, estaba ya instalado una barbacoa y una mesa de regular tamaño con sillas y una más para los materiales para la comida.

Sakura se sentó a la mesa intentando no adentrarse en alguna conversación con alguien porque, sencillamente, no estaba de humor para fingir sonrisas. Notó a Sasuke pararse a su lado y apoyando sus manos en el respaldo de la silla tenía el ceño fruncido y mirando hacia una dirección en especifico.

Sakura apretó los labios.

— ¿Estás buscando a alguien? —Preguntó, golpeándose mentalmente por su áspera pregunta.

Sasuke reaccionó y la miró mientras se sentaba a su lado.

— No realmente —Contestó intentando ocultar el nerviosismo en su voz, como si hubiera sido un niño pillado haciendo una travesura. — De hecho, me estaba preguntando porqué tu padre parece querer matarme con la mirada. ¿Sabes algo al respecto?

La Haruno se sobresaltó ligeramente en su lugar y se puso de pie haciendo uso de todas sus fuerzas.

— Eh, no. Ideas tuyas.

Cuando hizo ademán de querer huir de la escena, Sasuke se puso de pie y le dio alcance tomándola por el codo en un movimiento tan intimo que experimento una extraña sensación de calidez en la boca del estómago.

— No me gusta que me evadan, Sakura.

— No lo estoy haciendo.

— ¿Ah, no? Haz estado demasiado extraña desde que llegamos a Sacriston. ¿O eso también son ideas mías?

— ¿Eres estúpido o solo finges serlo? —Preguntó Sakura ocasionando una expresión de sorpresa en el nunca perturbable rostro de Sasuke— El que está extraño eres tú intentando parecer tan tranquilo como si vinieras a este lugar cada año nuevo.

El pelinegro frunció el ceño.

— ¿De que hablas? —Preguntó aunque sabía exactamente a lo que la pelirrosa se refería.

— ¿Qué de que? Me refiero a...

El sonido de la puerta abrirse, interrumpió a la pelirrosa y antes de que pudiera saber lo que pasaba un grito de felicidad sonó como música celestial para sus oídos.

— ¡Sakura-NeeSan, Sasuke-Oniichan!

La pelirrosa giró con una sonrisa al oír el llamado de su pequeña sobrina, pero en seguida se desvaneció al notar que no llegaba sola. La pequeña se lanzó a los brazos de Sasuke quien la recibió dándole un beso en su cabeza y dando ligeras vueltas. Sakura seguía sin expresión en su rostro. Itachi, Iris y el pequeño Kaname en sus brazos se acercaban hacía ellos.

Y, Sasuke también pareció notarlo porque se quedó quieto en su lugar y solo podía oír el sonido de su respiración. Sakura no necesitaba ser una genio para adivinar que, seguramente, también tenía el pulso acelerado.

¿Y como no?

Si su hermana era preciosa, más que años atrás, y aunque nadie se lo dijera sabía que mucho más hermosa que ella.

Apretó los puños.

— ¡Los extrañe tanto! —Mencionó Asuka, sonriendo— Mira Oniichan, él es mi hermano, Kaname-chan. —Dijo, señalando al pequeño bebé de poco más de un año quien se frotaba sus ojos con una mano y se acurrucaba en el pecho de su madre.

Iris sonrió, maternalmente.

— Hola, Sasuke.

El pelinegro sonrió igualmente.

— Tanto tiempo, Iris —Contestó al tiempo que su cuñada de daba un abrazo.

— Sí, mucho más del que me gustaría —Mencionó para luego envolver en un abrazo a su hermana— Saku, te extrañé tanto. ¿Estas bien? —Dijo, preguntándole lo último al oído.

Sakura la apretó contra ella.

— Lo estaré —Susurró. Su hermana no tenía la culpa. — La culpa es tuya, imbécil Sasuke. Tuya y mía —Pensó. Y tomó en brazos a su sobrino a quién llenó de besos en todo lo largo de su cara y el pequeño sonrió soltando una que otra carcajada— Que guapo estás, cariño.

Sasuke la miró, notando el drástico cambio de humor en ella, ahora era toda sonrisas y por primera vez parecía feliz de estar ahí.

Inconscientemente, el también sonrió.

— Es idéntico a su padre, ¿Qué puedo decir? —Mencionó Itachi.

Todos soltaron una carcajada y la habitual ronda de abrazos y saludos entre todos, volvió a comenzar. Cuando todos y cada uno se hubieron saludado e intercambiado palabras de afecto, se sentaron a la mesa para almorzar.

— ¿Y cuando llega tu madre, Naruto-Kun? —Preguntó Hana Hyuuga mientras tomaba un poco más de ensalada.

— Le he llamado antes y me ha dicho que mañana por la tarde ya estarán aquí.

Mikoto soltó una exclamación de júbilo.

— Me muero de ganas por ver de nuevo a Kushina y recordar viejos tiempos. Quizás podamos reanudar nuestras tardes de piñas coladas, ¿Recuerdas, Mebuki?

La mencionada sonrió terminando de tomar un sorbo de su vino tinto.

— Por supuesto. Las tres mosqueteras juntas de nuevo.

Tras ese comentario volvieron a hablar de cosas triviales y luego hubo un corto silencio, hasta que Hana quien se encontraba sentada a un lado de Sakura decidió iniciar una nueva conversación.

— El otro día, cuando estaba en Nettlesworth me encontré a alguien que preguntaba por ti, Saku-Chan —Mencionó con una picara sonrisa.

Todos parecieron prestar atención en la mencionada, especialmente Sasuke quien estaba sentado frente a ella.

— ¿Ah, sí? ¿Quién tía?

— Alguien que tú conoces muy bien —Soltó una pequeña risa— ¿Cómo era aquel apodo? Oh, sí. Me preguntó sobre su pequeño cupcake.

Ante la mención de aquel mote, Sakura no pudo evitar atragantarse con su bebida y sonrojarse ligeramente. Sasuke alzó una ceja y por alguna razón se sintió irritado ante el apodo.

— ¿Sakura? —El tono de voz de Kizashi hizo a Sakura volver a la tranquilidad.

— Eh, es un amigo. Tú lo conoces. Es el nieto de Chiyo-san.

Como si fuera una gran revelación el rostro del patriarca Haruno se relajo visiblemente y con un movimiento de cabeza, volvió a concentrarse en su pedazo de carne.

— ¿Te preguntó algo más? —Insistió Sakura a su tía.

Hana pareció meditarlo y luego negó.

— Solo quería saber como estabas y me preguntó si podía darle tú número. —Miró a su sobrina llevándose una mano al pecho— Se lo di. No se si hice mal.

A Sasuke le hubiera gustado poder decir que sí. Pero mejor se mantuvo callado.

— Eh, no. Está bien, Tía.

Luego de esa pequeña escena todos terminaron de comer en tranquilidad. Sakura se levantó rápidamente con sus trastes y entrando a la casa, Sasuke la siguió unos minutos después y caminando hasta la cocina la encontró enjuagando su plato mientras su mirada se perdía tras la ventana.

— Así que... ¿Cupcake? —Sakura se sobresaltó al escuchar su voz. Se acercó hacía ella tendiéndole su plato y comenzando a secar los que estaban recién enjuagados— Debo admitir que su lado, mis apodos carecen de originalidad. Es muy gracioso.

La ojiverde dejó de verlo y se concentro en enjuagar.

— Tus apodos no pueden ser clasificado como ello, si no como ofensas.

— Eh, ¿Por qué presiento un poco de hostilidad en ese enunciado?

— Porque la hay. Odio tus estúpidos apodos.

— ¿Tengo que recordarte que también me diste un par de esos estúpidos apodos?

Sakura sonrió.

Touché. Entonces estamos a mano.

Un silencio, que extrañamente no les resultaba incomodo, se produjo por algunos minutos y luego se rompió cuando Sasuke decidió tener la palabra.

— Realmente nunca pensé volver aquí.

Sakura analizó un segundo su frase, intentado descubrir a donde quería llegar con aquello.

— Bueno, algún día tenías que hacerlo.

— Sí. Pero nunca pensé que tan pronto. Al menos no hasta... —Hasta que acabara con los fantasmas, quiso añadir pero pensó que era mejor no hacerlo y al poco tiempo se dio cuenta que de nada había servido, la expresión de Sakura le dio a entender que sabía perfectamente a lo que se estaba refiriendo.

— Hasta que consiguieras olvidar a Iris —Agregó por él.

— No...Bueno, quizás. No lo sé.

— No me trates como una niña, Sasuke —Dijo al tiempo que cerraba la llave y se secaba las manos con una toalla— No necesitas fingir que eres todo tranquilidad cuando se que estás nervioso por tener a Iris a unos metros de ti. ¿Te dieron ganas de abrazarla más tiempo? O seguramente deseas revivir el pasado y ser su maldita sombra.

Sasuke frunció el ceño.

— ¿De que estás hablando?

— De que es hora que lo superes. ¡Olvida a mi hermana! —Arrogó el trapo sobre la encimera— No sé si lo has notado pero está casada y su marido es tú hermano.

— Sabes que lo sé perfectamente, no soy estúpido.

— ¿Enserio? Porque a mi me cuesta mucho creerlo —Se acercó a él— Me cuesta mucho creer que ya no sientas nada por ella.

— ¡Eso no es asunto tuyo! —La miró con frialdad— ¿Qué demonios pasa contigo? Desde que pisamos tierra te has comportando de una manera en la que no eres tú.

— ¿En la que no soy yo? ¡Tú no sabes cómo soy yo!

Sasuke la tomó por los hombros y la miró fijamente.

— No sé porque presiento que todo este asunto es más sobre ti que sobre mí —La miró tratando de descifrar el significado de aquel extraño brillo en sus ojos— ¿Qué está pasando contigo, Sakura? —Preguntó en un tono tan suave que aceleró el corazón de la pelirrosa.

— Nada. —Contestó desviando la mirada.

— ¡Ese es el problema! ¡Nada! ¡Nunca se que está pasando por tu cabeza! Siempre pareces estar pensando algo pero nunca se que es. Siempre ha sido así desde que eras una niña y solo buscabas hacerme la vida imposible. ¿Es eso, Sakura? ¿Tienes algo contra mí? Porque si no recuerdo, hasta hace unas semanas éramos amigos. ¿Tú problema es conmigo?

Sakura rio.

— ¿Amigos? ¡No me hagas reír! Si no recuerdo para ti soy solo un problema, una obligación que cumplir para que tu devoción por mi hermana siga intacta —Lo miró con una sonrisa— ¿O tengo que recordarte que me enviaste a ese estúpido albergue sin pensarlo dos veces? Un amigo no se hubiera dejado llevar por las palabras de su estúpida y hueca novia.

Sasuke hizo ademán de reclamar, pero Sakura se lo impidió hablando nuevamente.

— ¡Sí, estúpida y hueca! ¡Eso es lo que es tú maldita novia! —Gritó— Ya me cansé de fingir cortesía con la pobra idiota que sueña en que la convertirás en la próxima señora Uchiha. Aunque, supongo que eso no está lejos de la realidad.

— ¿Tú problema es con Karin? —Preguntó desconcertado.

— ¡Claro que no! Me importa un bledo esa pelirroja imbécil —Contestó furiosa— Tan imbécil y estúpida que tiene que manipularte para que yo no esté a tu lado. ¡Creo que deberías decirle que no tiene de que preocuparse, que yo no soy más que un maldito problema para ti!

— ¡Deja de ser infantil! ¡Si todo esto es por mí, dímelo! Siento si te he hecho pensar que eres un problema —Forzó el agarre sobre sus hombros y le habló con suavidad— No lo eres, Saku.

Sakura sonrió.

— Eso es algo que me molesta. Realmente siempre crees que todo se trata de ti, ¿No? —Soltó una carcajada— Así es, desde siempre solo se ha tratado de ti. ¿Pues sabes que? —Se soltó bruscamente de su agarre— ¡No eres el puto ombligo del universo, Sasuke! ¡No siempre se trata de ti! ¡YA MADURA! —Grito, para luego salir de la cocina hecha una furia.

Sasuke se quedó ahí, en medio de la cocina, con los ojos abiertos y boca formada una ligera mueca queriendo simular una sonrisa.

Lejos de ofenderlo, por alguna extraña razón es como si hubiera esperado ver a esa Sakura desde hace tiempo.

Comenzó a reír.

Se sentía, extrañamente, contento... preguntándose cuanto tardaría Sakura en darse cuenta que era tan infantil como él.


X.

No tardo mucho tiempo. Pensó Sasuke cuando algunas horas después, justo cuando se suponía que todos ya se encontraban durmiendo en las muchas habitaciones de la mansión, unos golpes en su puerta lo hicieron detener su lectura.

Miró el reloj de la mesita y comprobó lo tarde que era. Exactamente las dos de la mañana. Por alguna razón –quizás era por el lugar- le había costado conciliar el sueño.

Se puso de pie y se dirigió a la puerta, al abrirla vio a Sakura, con dos tazas en la mano.

La pelirrosa se sonrojó ligeramente al notar que Sasuke tenía puesto únicamente el pantalón de la pijama y unos lentes de lectura que le quedaban –desgraciadamente- muy bien.

— ¿Puedo pasar? —Preguntó tímidamente. Suspiró al notar que Sasuke se recargaba en la puerta y cruzaba los brazos— Vengo en son de paz. Lo juro. Incluso traigo una ofrenda, ¿Ves? —Dijo alzando las tazas— Es chocolate. Chocolate amargo para ti —Agregó al ver que el alzaba la ceja ante la mención de algo dulce.

— ¿No vas a gritarme o a decirme que madure? —Preguntó sonriendo de lado. Al ver la mirada de sufrimiento de Sakura suspiró y abrió en su totalidad la puerta— De acuerdo. Pasa.

La pelirrosa se adentró a la habitación y tuvo la tentación de sentarse en la cama pero se dio cuenta inmediatamente que no era lo más prudente así que dejó las tazas en una pequeña mesita y se sentó en uno de los pequeños sillones. Sasuke la siguió y se sentó en la de enfrente tomando una taza y llevándosela a los labios, cuando tomó el primer sorbo frunció el ceño.

— ¿Esto tiene malvaviscos?

Sakura sonrió.

— Sí. Pensé que quizás todavía te gustaba así.

— Sí, me gusta. Pero... —La miró confundido— ¿Cómo es que lo sabes?

Ahora fue el turno de Sakura de fruncir el ceño.

— No veo por que no habría de saberlo.

— Sí, quizás. Pero la única que recuerdo lo sabía, era tú hermana. —Sonrió nostalgicamente— Nunca lo había probado antes, hasta que ella me lo invitó la primera vez que nos conocimos.

Sakura se paralizó.

— No lo recuerdas —Susurró.

— ¿Eh?

La pelirrosa movió la cabeza.

— No, nada. Olvídalo. No tiene importancia —Sakura tomó de su taza y la sostuvo entre sus manos— Yo... lo siento, Sasuke. Ya sabes, por las cosas que te dije esta tarde —Se recargó en el respaldo y sonrió— Tenía tiempo sin venir aquí, y no hubiera hecho de no ser por Naruto y Hinata. Supongo que ver esta casa y a mi familia revivió recuerdos y me alteré. No tenía porque desquitarme contigo. Perdoname.

— En ese caso creo que los dos nos equivocamos. Y también tengo que decirte que lo siento, por llevarte a ese albergue. No hice lo correcto.

— ¡Eh! ¿Sasuke Uchiha pidiendo una disculpa? —Bromeó Sakura— Ya decía yo que debías tener algo de calorcito en tu corazón.

Ambos rieron ligeramente.

— Entonces, ¿No odias a Karin?

— ¡De eso nada! —Exclamó sonriendo— Odio a tu maldita novia. Lo siento, pero es la verdad —Agregó ante el ceño fruncido de Sasuke— Intenté ser amable solo por ti. ¡Y Kami-sama sabe los esfuerzos que hice porque me cayera bien! Pero es imposible. Quizás para ti sea toda una María teresa de Calcuta pero yo no la soporto. Y ya me cansé de fingir.

Sasuke suspiró.

— De acuerdo. No me molesta —Hizo una mueca— Bueno, quizás me incomode. Pero no serías la primera persona que se muestra de esa manera ante ella. Tienes a Ino, por ejemplo.

— Sí. Entonces... ¿Estamos bien, otra vez?

Sasuke asintió.

— Pero antes de todo. Hay algo que me tiene inquieto. —Cruzó una pierna sobre la otra y entrelazó sus manos— Yo tenía mis motivos para no querer regresar, y tú los sabes. Lo que yo no sé es, ¿Por qué motivo no querías regresar tú?

— Eh, eso. Bueno, todos tenemos nuestro pasado, ¿Sabes?

— ¿Y cuál es el tuyo?

Sakura lo miró y antes de que él pudiera reaccionar, su puso de pie y se dirigió a la puerta.

— Ya es tarde, y tenemos que dormir. Buenas noches, Sasuke.


X.

A la mañana siguiente, Sakura se encontraba frente a la estufa cuando Sasuke entró a la cocina.

— Buenos días. ¿Dónde está todo el mundo?

— Hola. Pues... —Se recargó en la meseta y lo miró— Tú madre, la mía y Tía Hana han ido a comprar cosas al mercado, tu padre y tío Hiashi fueron a jugar golf y mi padre está con Itachi e Iris en la empresa. Naruto y Hinata han decidido ir a explorar Sacriston en busca de recuerdos para la boda. Y Neji fue con Asuka y Kaname al zoológico.

— ¿Tan temprano?

Sakura sonrió.

— Bueno, realmente no es temprano —Dijo, mirando el reloj que tenía en la pared tras ella. Sasuke lo miró.

— ¿Las doce del día? —Se revolvió el cabello y se sentó mientras Sakura colocaba un plato frente a el. — Nunca me había levantado tan tarde. ¿Tú también?

La menor de las Haruno asintió.

— Creo que nuestra pequeña charla nocturna tuvo sus consecuencias.

Tras compartir una sonrisa con el pelinegro, se sentó a la mesa con otro plato y ambos comenzaron a comer.

— Estaba riquísimo —dijo Sasuke, terminando su plato de carne con pimientos—. No sabía que eras tan buena cocinera.

— Tengo muchos talentos que no conoces —sonrió Sakura, apartando su plato—. ¿Preparado para el postre?

— Pero si estoy lleno —protestó él.

— Pues haz sitio para esto —sonrió ella, sirviendo un pastel de nata y limón, tan ligero como un helado. A pesar de ser tarde el aire se había vuelto fresco—. Tomaremos el café frente a los establos —dijo ella, señalando con la cabeza la puerta trasera.

Sasuke se tumbó en una mecedora. No estaba acostumbrado al aire del campo y el energético baño que había tomado al despertar lo había dejado soñoliento. Era una delicia tumbarse sobre los mullidos almohadones de la mecedora, escuchando los sonidos que Sakura hacía desde la cocina. El aroma del café recién hecho lo hacía suspirar de contento.

Por fin, ella volvió con una bandeja y se tumbó a su lado. Se había puesto unos vaqueros pegados y una camisa blanca de manga larga, el viento movía sus rosados cabellos como una vela de un barco. Saludó con la mano a uno de los entrenadores de la hacienda que estaba en esos momentos con un hermoso caballo blanco en uno de los corrales.

— Nunca se me habría ocurrido pensar en ti como una chica hogareña —observó él—. En casa nunca te vi en la cocina.

— Una vez te cocí un huevo.

— Y quemaste la cacerola —recordó él.

— Es que no conocía tu cocina. Es demasiado moderna para mí.

— Es lo último en cocinas. Ni siquiera parece que los fuegos calienten, pero es así.

— ¿Y yo qué sé sobre cocinas modernas? En Canadá no teníamos. Sólo estaba la naturaleza y uno mismo —explicó ella, dramáticamente—. Cazábamos para sobrevivir y lo cocinábamos sobre un fuego de leña.

— ¿Y qué cazaban? —preguntó él, disimulando la risa.

— Lo que fuera. Incluso lagartos.

— Sí, claro. En Canadá hay muchos lagartos —rió él. Sakura rió también—. Qué fantasiosa eres.

— Pero algunas cosas son verdad. Mi padre y yo fuimos una vez de viaje a la zona boscosa de Canadá.

— ¿Y se perdieron?

— No. Llevábamos un guía aborigen.

— ¿Y comieron lagarto?

— Bueno, no. Pero nos llevó a una tienda en la que los vendían en lata —explicó ella.

Sasuke estuvo a punto de atragantarse con el café. Y, de repente, recordó algo.

— No creas que se me ha olvidado nuestra visita al pueblo.

Sakura suspiró.

— Sabía que no solo eres una cara bonita, tienes además buena memoria —Dijo Sonriendo. Se puso de pie y se estiró— Iré por mi bolso.

Cuando entró a la casa, Sasuke aprovechó para llamar a Ino, y frunció el ceño al ver su celular apagado. Cuando lo prendió, marcó el número e Ino le contestó ésta le comentó sobre la visita de Karin.

— "Debería haberte llamado antes, pero se me pasó" —dijo la mujer.

— Y yo no me he dado cuenta de que el móvil estaba apagado hasta hace diez minutos. No sé cómo puede haber pasado.

— "Te fuiste de aquí con tanta prisa que seguramente lo apagaste sin darte cuenta."

— ¿Tú crees?

— "¿Qué puede haber pasado si no?" —replicó ella suavemente.

— Nunca te ha gustado Karin, ¿verdad, Ino?

— "No sé de qué hablas. Nos vemos en unas horas."—contestó ella con gran dignidad y conteniendo una risa, antes de colgar.

Sasuke pensaba que debía llamar a Karin. Al fin y al cabo, estaban prácticamente prometidos. Alargó la mano para llamarla, pero no lo hizo. Sabía que siempre estaba muy ocupada los martes, pero esa no era la razón por la que no marcaba el número. La verdad era que tenía miedo de romper el hechizo que lo había envuelto durante las últimas horas sin que él se diera cuenta.

Cuando Sakura regresó, traía una bolsa de tamaño grande y tenía puesto un sombrero.

— He pensado, que ya que vamos a Nettlesworth podríamos ir a la playa que hay ahí. Hace un buen tiempo y dudo que nos echen de menos.

Sasuke sonrió.

— Perfecto.

Se fueron en una de las camionetas que habían en la hacienda y no tardaron mucho en llegar. Sasuke se estaciono y bajaron del vehículo, mientras se dirigían a la playa se sorprendió al ver a Sakura con una enorme sombrilla negra que había encontrado en la casa.

— ¿Qué vas a hacer con eso? —sonrió él— No creo que vaya a llover.

— Espera y verás —dijo ella.

Cuando dejaron las toallas sobre la arena, Sakura se desperezó, como hacía siempre. Sasuke debería estar acostumbrado a ese gesto, pero la verdad era que seguía afectándolo cada día. Le hubiera gustado que se pusiera un bañador, en lugar de aquellos pequeños bikinis. Aquel día había elegido uno de color rojo, que hacía un estupendo contraste con su piel y rosado cabello.

Intentaba no mirarla, pero no podía evitar fijarse en sus caderas o en la curva de sus pechos bajo la delicada tela del bikini. Sabía que tenía que hacer algo y rápidamente.

— Vamos —dijo, corriendo hacia el agua sin esperarla. En el agua, ella se portaba como una cría, buceando durante largo rato para reaparecer de nuevo cuando él empezaba a preocuparse—. Eres una bruja. Ven aquí, está subiendo la marea —añadió, al sentir la presión del agua. Pero ella no le hacía caso y se metía mar adentro, llamándolo.

Sasuke dio un par de brazadas decididas y la tomó de las manos, atrayéndola hacia sí. Al mismo tiempo, una ola la empujó contra él. El roce de la piel femenina hacía que su cabeza diera vueltas. Podía sentir cómo su pulso se aceleraba y tenía dificultades para respirar. Sakura se apretaba contra él, con los brazos alrededor de su cuello.

— Gracias por salvarme, Sasuke —sonrió ella.

— Tonterías —gruñó él—. No tengo que salvarte de nada —añadió, mientras salían del agua. Sasuke luchaba para disimular su reacción masculina, rezando para que ella no se diera cuenta.

Tumbado sobre la arena, Sasuke podía sentir los latidos de su corazón y cerró los ojos para no tener que hablar. No podría hablar con Sakura en aquel momento. El calor parecía bañarlo, evaporando sus pensamientos…

Cuando se despertó, se encontró a sí mismo tumbado bajo una sombra, con una agradable sensación de paz. Parpadeó y se dio cuenta de que la sombra era la de la sombrilla que Sakura había llevado y que ella sostenía sobre su cabeza.

— ¿Has estado sujetando la sombrilla todo este tiempo? —preguntó él, conmovido.

— Todo el tiempo no. Al principio la clavé en la arena, pero después el sol se ha movido, así que tuve que cambiarla de posición. Al final me he cansado de moverla y la estoy sujetando.

— Muchas gracias, Sakura. ¿Para esto es para lo que has traído la sombrilla?

— Claro. Siempre te quedas dormido.

— Es que soy un anciano —bostezó él.

— No digas tonterías. Estás en lo mejor de tu vida.

— No es verdad —dijo él, recordando el momento en el agua—. Ya estoy para el arrastre.

Ella lanzó una carcajada y el sonido hizo que sintiera un escalofrío.

— Mira lo que tengo —dijo, mostrándole un volante—. Hay una feria en Nettlesworth y me encantaría ir, Sasuke. A menos que te sientas demasiado decrépito, claro.

— Bueno, supongo que podré arrastrar mis viejos huesos hasta allí.

Mientras comían unos sándwiches, Sasuke estudió una guía y descubrió que Nettlesworth celebraba anualmente una feria de las papas. Sakura estaba tan feliz como una niña y Sasuke la miraba con ternura.

Era como si estuvieran sumergidos en una burbuja que nadie más podía penetrar.

— ¿Sakura?

Ambos voltearon la mirada y vieron a un apuesto pelirrojo con un short playero negro, lentes de sol y una soda en la mano. Miraba a Sakura con una sonrisa y Sasuke estuvo a punto de preguntar que demonios quería pero Sakura se le adelanto, aunque más que preguntar se puso de pie y se lanzó a los brazos de ese pelirrojo.

Sasuke apachurró el pedazo de Sándwich que le quedaba en la mano. Apretó los dientes al ver como Sakura lo abrazaba, en otro momento no hubiera importado tanto pero en ese instante sentía una rabia que no podía describir. Tal vez tenía que ver con la confianza en que ella se dejaba abrazar y que tuviera puesto ese diminuto bikini.

— ¡Mi pequeño Cupcake!

El Sándwich terminó de morir a manos de Sasuke.

Y, en ese momento, ya no le parecía gracioso ese jodido apodo.

Tsk


.

Fin del capitulo 10

.


X.x.X

¡Hola! Como varios me lo pidieron, he actualizado en primer lugar ésta historia. Espero que haya sido de agrado y también, a petición de ustedes he incluido un nuevo elemento en la historia que se encargará de despertar en nuestro querido cubo de hielo ese sentido protector, posesivo y celoso con Sakura.

A puesto a que han adivinado de quien se trata, ¿Cierto? (bueno, de todas formas más adelante se los digo)

En cuanto a este capitulo, estaba destino a ser subido ayer pero solo Kami-Sama sabe de mi mala suerte. Verán, terminé el capitulo como a eso de las nueve o diez de la noche. No me había bañado ni cenado así que, ante la insistencia de mi mamá pero puse las pilas y terminé antes de ir a bañarme, solo me faltaba poner el titulo, revisar la ortografia y mis comentarios. Y ahí iba yo, tarareando satisfecha por el capitulo y reflexionando sobre el bajo la espuma de mi shampoo incluso mis neuronas fueron tocadas por la diosa de la inspiración con la última frase del capitulo, y ahí seguia yo terminando mi baño y emocionada por subirlo. Me dirigí al refri, saqué mi bevi (Amo el bevi) y me encaminé hacia mi laptop con él cuando de pronto escuchó a mi mamá prendiendo el aire acondicionado y ¡Zas! que se va la luz. (Con lo mucho que me encanta la oscuridad ._.)

Mi madre intentó por varios minutos checar los fusibles pero nada, hacia como que regresaba pero la jodida luz ya se había ido de vaciones y así siguió hasta las doce de la noche que llegó mi papá y junto a unos vecinos intentaron checar el problema y oh, malas suertes, nada.

Por suerte, hasta hace apenas un hora lo han arreglado.

Resulta que el cable de la corriente se quemó y con ello murió toda fuente de electricidad a mi casa. Todo un rollo.

Pero ya está aquí el capitulo. ¿Que tal?

Espero haya cubrido sus expectativas.

El siguiente en actualizar será padre por acuerdo, que ya lo tengo avanzado. Posiblemente luego suba el final de Familia prestada y luego el capitulo siguiente de esta. Y se que muchos le han tomado cariño ultimamente a esta historia (cosa que agradezco) pero tampoco me puedo olvidar de mis otros bebés.

Como adelanto les dejo el titulo del siguiente capitulo, para ver si se hacen una idea de lo que tratara:

Capítulo 11:. El trofeo de los celos: El empresario de hielo, el surfista playboy y el histérico cupcake.

¿Y que tal? Como el titulo lo dice habrá muchos celos. ¿Y en donde se da como premio un trofeo? ¡Exacto! en las competiciones. Así que ahí están las palabras claves.

¡Espero sus comentarios!

Dios los bendiga.

MI PÁGINA EN FACEBOOK: w w w . Facebook (diagonal) Miss Hotnuts (ya saben, solo junten los espacios) ¡Información, dudas y sugerencias tan solo al alcanze de un "me gusta"

Un review es como una sonrisa tuya

¿Me sonreírias?

(:

.

.

.

.