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Capítulo 12: Escape espontáneo: Conexión Uchiha-Haruno.

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— ¿De verdad tenemos que hacer todo esto?

Sakura suspiró elevando uno de sus mechones rosados y se encorvó realmente fastidiada. Todas las chicas y las madres estaban en una gran habitación de la hacienda Haruno cubierta de varios espejos de cuerpo completo mientras unas modistas se encargaban de tomarles medidas, probarles vestidos y de vez en cuando pincharles con los alfileres.

Lo único que Sakura detestaba de las bodas era eso, ser madrina y tener que ser forzada a probarse un vestido. ¡Lo odiaba!

— Por supuesto que tenemos que, Saku —Respondió Hinata con un velo en la cabeza— Las damas y la madrina tienen que estar hermosas. Aunque claro no más que la novia ¿Cierto? —Agregó soltando una sonrisita traviesa.

— No puedo creer que a pesar de ser una boda fugaz, tengas tiempo para hacerla de cuento de hadas —Continuó la menor Haruno— Demasiado protocolo, mucho de todo —Agregó al ver a una modista probándole un horroroso sombrero de plumas. Miró a su prima, aterrorizada— ¿No pudieron simplemente fugarse?

Hinata rió.

— ¿Y casarnos donde? ¿En la vegas con un padre vestido de Elvis presley?

— Por ejemplo.

— No seas tonta —Sonrió— Anda, se una buena madrina y sonríe.

Sakura forzó su sonrisa y le sacó el dedo de en medio, Hinata rió y le devolvió el gesto antes de darse media vuelta y checar los vestidos de las demás. Kizashi Haruno entró justo en ese momento al cuarto y se acercó a su esposa intercambiando palabras en un murmullo que Sakura pudo escuchar perfectamente.

— ¿Qué pasa, cariño?

— Acaban de llamar de la florería, tal parece ser que van a necesitar más flores para los centros y quieren que pasemos a entregar un cheque —Comentó a su esposa— Pero me temo que yo tengo que ir con Fugaku a checar unos pendientes a la empresa.

Mebuki frunció el ceño.

— Yo no puedo. Estaremos todo el día con los vestidos y luego con la comida.

— No quiero preocupar a Hina...

Sakura se acercó con paso tranquilo a sus padres y sonrió.

— Yo podría ir.

— ¿Qué tonterías dices? —Exclamó Mebuki— Cariño, necesitamos probar los vestidos. Además tú sola no puedes ir es peligroso.

Sakura arrugó el ceño. Necesitaba salir de ahí cuanto antes o vomitaría entre tanto tul y encaje.

— Voy a ir con alguien.

Sus padres la miraron.

— ¿Quién?


X.

Sasuke suspiró fastidiado mientras le tomaban medidas con el traje que llevaba puesto. Esto era un verdadero incordio para su poca paciencia.

— Vamos teme, coopera un poco.

— ¿Por qué simplemente no te fugaste, Dobe?

— Por qué Hiashi-san seguro lo castraba —Comentó Itachi mientras le acomodaba el moño del pequeño traje a su hijo— Además, mamá y las demás madres hubieran pegado el grito en el cielo por no poder organizar la boda.

— Aún así. Esto es estúpido —Contraataco Sasuke mirándose en el espejo— Odio esto de las bodas.

— ¿Entonces no piensas casarte con Karin?

El pelinegro miró a Naruto quien sonreía burlonamente.

— Eso no es de tu incumbencia.

— ¿Dónde está esa pequeña niña con grandeza de adulto? —Preguntó Sai para desviar la posible pelea que comenzaba— No la he visto y es muy buena jugando al ajedrez.

— ¿Te refieres a Asuka? —Preguntó Neji.

— Sí. Ella.

— Está en el colegio —Respondió Itachi— No ha de tardar en regresar.

— ¿Regresa sola? —Preguntó Sasuke frunciendo el ceño.

— Por supuesto que no —Dijo Itachi indignado— La hermana de una de sus compañeras la trae de regreso.

— Enserio, esto es una estupidez —Sasuke ignoró el comentario de su hermano y regreso a su batalla con su traje— ¡Si tan solo...!

— ¡Sasuke!

Como un rayo cayendo del cielo Sakura entró a toda prisa enfundada en un sueter y vaqueros ajustados, tomó a Sasuke de la mano y lo sacó del cuarto con la misma rapidez en que entró.

— ¿Qué demonios te pasa?

— Tienes que venir conmigo.

— ¿Por qué haría yo eso?

Sakura se detuvo y lo miró.

— ¿Quieres salir de aquí tanto como yo? —Sasuke asintió— Pues tenemos que irnos pero ya.

— Cinco minutos. —Fue todo lo que dijo antes de salir corriendo.


X.

Unos minutos después de haber entregado el cheque en la florería, Sasuke comenzó a presentir que al día comenzaría a ir mal. Mientras conducían por el pueblo, el coche había empezado a hacer ruidos extraños y, unos minutos más tarde, salía humo del motor.

— Me temo que algo está fallando —dijo Sasuke—. Lo siento, Sakura.

— Pero aún podemos ir a la feria —dijo ella, ansiosamente—. Aún sigue en el pueblo y prefiero estar ahí a regresar a la casa y seguir con ese desfile de modas pomposo. Hay un taller al lado de la carretera. Podemos dejar el coche allí e ir a Nettlesworth en autobús.

— ¿Treinta kilómetros en autobús por estas carreteras? Probablemente, la gente llevará cajas de gallinas.

— Por favor, Sasuke —suplicó ella—. Es el último día de la feria y es mejor que regresar a casa.

— Bueno, está bien —aceptó él—. Pero que conste que sólo lo hago por ti.

— ¿Lo dices de verdad? ¿O también tiene que ver tu poca resistencia a la prueba de vestuario?

Por un momento, Sasuke estuvo tentado de decirle que haría cualquier cosa para verla sonreír, pero se controló a tiempo.

— Quería decir que haría cualquier cosa para no oírte todo el día quejándote de que no hemos ido a la feria por mi culpa. Iremos. En un autobús, rodeado de gallinas y pollos o a dedo. Pero iremos.

— Qué bien. Pero date prisa, ¿eh? El autobús sale en media hora.

Sasuke no confiaba mucho en dejar su coche nuevo en un destartalado taller de pueblo, pero el dueño le indicó rápidamente cuál era el problema y le prometió tenerlo reparado por la tarde.

Mientras caminaban hacia la parada del autobús, Sasuke tenía que admitir que Sakura estaba preciosa con aquella blusa naranja y los vaqueros blancos. Iba canturreando mientras andaban y daba saltitos de vez en cuando.

— ¿Cuántos añitos tienes? —bromeó él.

— Me gustan las ferias de los pueblos y es un sentimiento distinto ir de día que de noche —dijo ella—. Despiertan a la niña que llevo dentro —añadió. Su sonrisa desapareció en aquel momento y se quedó parada—. ¿Qué es eso?

Sasuke se quedó escuchando un momento y, de repente, oyó el llanto de un niño. Sakura corrió hacia un callejón en el que había una niña llorando desolada.

— ¡Mami! —Lloraba la cría—. ¡Mami, mami!

— No llores, bonita —intentó calmarla Sakura, tomándola en sus brazos. La niña se aferró a su cuello, llorando desesperadamente—. ¿Qué estás haciendo aquí solita? ¿Dónde está tu mamá?

— Su madre debe estar en la panadería. Vamos a ver —dijo Sasuke.

Pero en la panadería nadie sabía nada sobre la niña. No era del pueblo y los panaderos sugirieron llamar a la policía.

— Esperemos que lleguen pronto o perderemos el autobús —susurró Sasuke. Ella no le contestó, concentrada en calmar a la cría, que no dejaba de llorar.

Por suerte, la comisaría estaba cerca y una mujer policía apareció enseguida, presentándose como la sargento Kurenai Yuhi.

— Pobrecita. ¿Les ha dicho su nombre?

— ¿Cómo te llamas, bonita? —preguntó Sakura.

La niña siguió llorando durante unos segundos, antes de calmarse.

— Sakura —contestó por fin.

— Yo también me llamo así —dijo Sakura, entusiasmada—. ¿Y cuál es tu apellido? —preguntó. Pero la niña no contestaba—. Vamos, yo te diré el mío si tú me dices el tuyo. Yo me llamo Haruno, ¿y tú?

La pequeña Sakura la miraba sin comprender.

— ¿Tiene usted prisa, señor? —preguntó la sargento al ver que Sasuke comprobaba su reloj.

— Tenemos que tomar el autobús.

— Váyanse entonces. Yo me llevaré a Sakura a la comisaría hasta que encontremos a sus padres.

Kurenai alargó los brazos para tomar a la niña, pero ella no parecía querer soltar a Sakura y volvió a ponerse a llorar.

— Me parece que se siente segura conmigo. Lo siento, Sasuke, pero no puedo dejarla así.

— No, claro —dijo él un poco sorprendido. Acariciaba a la cría con tal ternura que parecía otra Sakura.

— Pobrecita —susurraba—. No te preocupes. Vamos a encontrar a tu mamá.

El panadero le llevó un pastel y un vaso de leche, pero la pequeña no parecía querer soltar el cuello de Sakura. Sólo cuando ella le dio el vaso, la pequeña decidió aceptarlo. El pastel y la leche la calmaron un poco y pudo decirles que se llamaba Sakura Williams y que su mamá se había caído, pero no podía decirles dónde.

— Será mejor que vayamos a la comisaría —dijo la sargento—. Tengo que hacer unas llamadas.

Mientras se dirigían hacia allí, el autobús que iba a la feria pasó por su lado, pero Sakura ni siquiera se dio cuenta. Tan concentrada estaba en la pequeña.

La comisaría de Sacriston era tan grande como un comedor y estaba amueblada con antiguos bancos de madera.

La pequeña se había quedado dormida sobre el hombro de Sakura y Sasuke pensaba que cualquiera se quedaría dormido si era acariciado por unas manos tan suaves. Pero desechó aquel pensamiento apresuradamente.

— La he encontrado —anunció la sargento—. La señora Williams se cayó en la calle y la llevaron al hospital en una ambulancia, pero parece que nadie había visto a la niña. Menos mal que la hemos encontrado, porque está preocupadísima —dijo, mirando a las dos Sakuras—. Sé que es mucho pedir, pero ¿les importaría venir conmigo?

— Claro que no —contestó Sakura.

Tardaron media hora en llegar al hospital y, cuando entraron en la habitación, se encontraron a la señora Williams de pie y profundamente abatida hasta que vio a la niña.

— No puedo creerlo —dijo tomando a su hija en brazos—. Nunca le han gustado los extraños, pero parece muy apegada a usted.

— Es que las dos nos llamamos Sakura —sonrió ella—. Y eso es muy importante, ¿verdad, Sakura?

La pequeña asintió con la cabeza, sonriendo.

— Ha sido muy amable, de verdad. No sabe cómo se lo agradezco.

— No se preocupe. Espero que lo suyo no sea nada importante.

— No es nada —sonrió la mujer, tocándose el vientre—. Es que estoy embarazada y me ha dado un mareo. Espero que tenga usted muchos niños, porque veo que se le dan muy bien.

De repente, Sakura se puso colorada. Era la primera vez que Sasuke la veía reaccionar de aquella forma y tuvo que sonreír.

— Tenemos que irnos —dijo la sargento—. Me alegro de que no haya sido nada.

Sakura acarició la cara de la niña, que alargó los bracitos hacia ella. La señora Williams las miraba con los ojos humedecidos.

— Su mujer es una persona muy especial —le dijo a Sasuke—. Es usted un hombre de suerte.

—Sí… es verdad —contestó él, mirando a Sakura.

La sargento volvió a Sacriston, pero ellos decidieron quedarse donde estaban y explorar.

— ¿Dónde vamos?

— Sasuke, no sabes cómo siento lo de la feria. Después de ponerme tan pesada, no hemos podido ir. Debes estar harto de mí.

— No cambiaría nada de lo que hemos hecho hoy —dijo él, con sinceridad—. Eres maravillosa.

— ¿Qué vamos a hacer ahora?

En ese momento, se acercaba a ellos un autobús con un letrero que decía A Edmonsley y Sasuke tuvo un impulso irrefrenable.

— Vamos a subir a ese autobús.

— Pero, ¿qué hay en Edmonsley?

— No tengo ni idea —contestó él, tomándola de la mano y corriendo hasta el autobús, que tomaron de milagro, riendo.

— ¿Dónde van? —preguntó el conductor.

— A cualquier sitio —contestó Sasuke, alborozado.

— Este autobús para en Crosianne, Daleside y Edmonsley.

— Denos dos billetes para cualquier sitio.

El conductor le dio dos billetes para Edmonsley, mirándolos con suspicacia.

— Pero si no sabemos lo que hay allí —protestó ella.

— Nos enteraremos cuando lleguemos… si llegamos. Puede que nos volvamos locos y nos bajemos en Daleside o en Crosianne. Vivamos peligrosamente.

— Pero si tú eres un hombre metódico —dijo ella, sorprendida.

— ¡A la porra con eso! Estoy de vacaciones.


X.

Quien viera a Karin por primera vez, no tardaría en darse cuenta de lo mucho que desentonaba con un pueblo tan tranquilo como Sacriston. Ahí, con sus zapatos de punta de aguja –De marca, por supuesto- con ese corto vestido rojo entallado a sus provocativas curvas, una abrigo largo color blanco, manos enfundadas en guantes y unos nada sutiles lentes de sol aunado a su maleta rosa chillón de ruedas y su bolso de piel color rojo quemado era la turista más llamativa entre los habitantes del pueblo.

Karin dejó su maleta un momento para sacar el mapa de su bolso.

A duras apenas había logrado hacer que una de las secretarías suplentes de Neji escupiera la ubicación del hogar de Sasuke. Aunque lo más que había logrado era saber el nombre del país y del pueblo. Según de boca de aquella muchachilla que había revelado todo tras varias amenazas de ser despedida, tanto la hacienda Haruno como la Uchiha se encontraban en aquel pueblo pero muy pocos conocían la ubicación por el hecho de que eran zonas privadas y ambas, siendo familias conocidas e influyentes en el mundo de los negocios amaban su privacidad.

Al menos estaba cerca, pensó la mujer.

Aún no podía creer que Sasuke hubiera llegado a tal grado de no informarle que se iba de viaje, que no la hubiera llevado a un evento familiar –puesto que, claro, ella ya era de la familia- y aún más imperdonable que la poca cosa de Haruno estuviera con él.

Extendió el papel sin comprenderlo, aquel maldito pueblo era demasiado confuso.

Una mujer, que esperaba el camión en esa misma parada, se acercó al notar la cara de confusión de Karin.

— Excuse me. Are you all right? (Disculpe, ¿Está bien?)

Karina apretó los dientes antes de intentar acomodar su cerebro.

— Demonios —Susurró.

El inglés definitivamente, no era su fuerte.


X.

Asuka rió ante un chiste que le contó Anne Watson, su mejor amiga de toda la vida y con la que, gracias a ese adelanto de grados, por fin podía estar en el mismo salón. La conocía porque era su vecina. La zona donde los Uchiha-Haruno vivían quedaba muy cerca de la hacienda y era igualmente una zona residencial privada por lo que todos los vecinos se conocían de siempre y además, los abuelos de la pequeña Anne tenían igualmente una hacienda a unos kilómetros de la Haruno y la Uchiha.

Ahora mismo se encontraban de regreso a casa bajo el cuidado de la hermana mayor de su amiga, Sofie.

La pelinegra Uchiha dejó de sonreír al enfocar su mirada al frente y ver a una persona no grata ante ella.

— ¿Qué hace ella aquí? —Susurró entre dientes. Observando a Karin en la parada e intentando articular con sus manos palabras hacia una señora— Cuando no es uno, es otro.

— Is there something wrong, Su? (¿hay algún problema ,Su?) —Preguntó Anne, de cabello castaño y ojos azules.

Asuka chasqueó.

— Maybe... (Quizás...) —Y como siempre, su cerebro Uchiha se activo en un lapsus momentáneo. Sonrió y tiró del vestido de la joven de dieciocho años que las acompañaba— Hey, Sofie. Can you do a little thing for me? (Hey, sofie. ¿Puedes hacer una pequeña cosa por mí?)

La adolescente sonrió.

— Sure. What I have to do? (Claro. ¿Qué tengo que hacer?) —Preguntó al tiempo que se ponía de cuclillas.

— Do you see that woman? She is japanese (¿Ves a esa mujer? Es japonesa) —Asuka amplió su sonrisa al ver el brillo en los ojos de Sofie. Ella conocía perfectamente la obsesión de la joven por la cultura japonesa. No por nada siempre que podía pasaba por su casa e interrogaba a sus padres o pedía permiso para pasar a la amplia biblioteca aunada también a la fascinación que tuvo cuando se enteró que su hermanita tenía de mejor amiga a una pequeña de descendencia japonesa. Y desde hacía un año asistía a clases de japonés. — I need that you say her a few things. Can you? (Necesito que le digas unas cuantas cosas. ¿Puedes?)

— Of course. I need to practice my japanese. What I need to tell her? (Por supuesto. Necesito practicar mi japonés. ¿Qué tengo que decirle?)

Asuka le hizo una seña para que se acercará y le susurró al oído.

— First... (Primero...)


X.

Karin se sentó de mala gana en la banca cuando la señora se fue. Por más que intentó no logró hacer que le dijera como llegar a la Hacienda. ¿Será que había alguna fuerza poderosa tras su mala suerte? Seguramente sí, pensó. Y tenía cabello rosa y ojos verdes.

— Disculpa, ¿Necesitas ayuda?

La mujer de lentes casi lloró de alegría al escuchar a alguien dirigirse a ella en japonés.

— ¡Sí! ¡Gracias! Al fin alguien que me comprenderá. —Se puso de pie y miró a la joven— Necesito que me digas como llegar a la Hacienda Uchiha.

La joven arrugó el ceño.

— La hacienda de los Uchiha está en una zona privada. ¿Tiene asuntos ahí?

— Por supuesto —echó su cabello para atrás con un gesto de sofisticación— Es la boda del mejor amigo de mi prometido, mi amigo también —Agregó con una sonrisa fría— Soy abogada, sabes. Y tenía unos asuntos muy urgentes por lo que mi prometido se vio en la triste situación de venir antes. Me ha dado la dirección pero temo que la he perdido y ha olvidado su celular. ¿Qué cosas, no? Seguro lo conoces es Sasuke Uchiha.

Sofie sonrió.

— Sí, claro. ¿Me permite su mapa?

Karin se lo entregó y observó mientras sacaba una pluma y le apuntaba algo en el papel.

— Tengo que advertirle que está muy lejos de aquí. Espero traiga suficiente dinero.

— Traigo mis tarjetas.

— Oh no, me temo que no servirán. En Sacriston y sus alrededores sigue siendo todo como en los viejos tiempos, ¿Sabe? Tendría que ir como a tres pueblos de distancia hasta encontrar un cajero. Y he de decir también, que solo se acepta el efectivo. Pueblos negados a la modernidad, usted sabe. ¿Tiene dinero suelto?

— 20 libras esterlinas.

Sofie le volvió a sonreír.

— Perfecto. Es justo lo que necesita para llegar hasta ahí. Aunque me temo que quizás no para regresar.

Karin soltó una carcajada nada molesta.

— No seas tonta niña, soy prácticamente una Uchiha. Me quedaré en la hacienda y regresaré a Japón en el avión privado de mi novio, por supuesto.

— Por supuesto —Apoyó la muchacha— Bien, primero tiene que tomar un autobús que diga Nettlesworth, cuando llegue ahí tomará otro camión que diga Plawsworth y seguidamente uno que diga Kimblesworth cuando llegue ahí pregunte en la estación por la Hacienda Marlot, que es el nombre de la Hacienda de los Uchiha. Aunque usted, siendo la prometida, ya lo sabe. ¿Cierto?

Karin tragó saliva por unos segundos y luego chasqueó quitándose los guantes.

— Por supuesto que sé que la hacienda de mi prometido se llama Marlot.

— Bien, entonces es todo. Oh, miré. Ahí viene el autobús rumbo a Nettlesworth —Mencionó entregándole el mapa mientras el autobús hacia parada. Karin agarró su maleta y sin ni siquiera decir gracias se subió a el con tanta elegancia como si estuviera abordando una limosina. Cuando el autobús estuvo a unos metros de distancia, dos pequeñas salieron de detrás de una columna y se acercaron a la joven, muertas de risa.

— You are the best, Su. (Eres la mejor, Su) —Alabó Anne a su amiga sin poder dejar de reír.

Asuka dejó las carcajadas para remplazarlas con una sonrisa mientras veía el autobús a la distancia.

— ¿Llegarás hasta Kimblesworth sin darte cuenta que estabas en el lugar correcto desde el principio? —Susurró y se cruzó de brazos— Disfruta el recorrido, Karin-San.


X.

El autobús subía por una carretera rodeada de árboles hasta llegar a un altozano desde el que podían ver kilómetros de campos iluminados por sol.

— Esto es Delaside —dijo el conductor. Parecía esperar lo que iba a ocurrir: sus dos pasajeros decidieron en ese momento que aquél era precisamente el sitio en el que querían bajarse.

Delaside era un pueblo aún más pequeño que Sacriston. Sólo tenía una tienda en la que se vendía de todo y Sakura compró bocadillos, refrescos y dos pasteles de crema.

— ¿Qué quieres, convertirme en una foca? —preguntó Sasuke.

— Eso se soluciona con un buen gimnasio —rió ella. Después, preguntaron a un hombre qué podían visitar y él les explicó que había unos hermosos bosques a un lado de la carretera. Dándole las gracias, tomaron alegremente un camino de tierra y, un poco más tarde, saltaron una verja para entrar en un prado—. ¿Qué es eso? A mí me parece que son muy grandes para ser vacas.

— Yo creo que son novillos. Y dicen que son muy cariñosos.

— Ese que está al lado de la verja nos está mirando con cara de malas pulgas.

— Será mejor que volvamos.

Pero el novillo con aspecto de pocos amigos se había colocado frente a la verja que tenían que saltar de nuevo.

— Tendremos que desafiarlo —dijo Sasuke.

— Vamos a correr los dos juntos —dijo ella, tomando su mano—. A la vez.

— ¡Venga, vamos! —dijo él. Corrieron hacia la verja y, cuando ya estaban al otro lado, miraron al novillo y le sacaron la lengua, muertos de risa. El animal lanzó un mugido de irritación, pero Sasuke y Sakura estaban a salvo—. Te dije que no eran peligrosos.

— Ya. Pero tenías tanto miedo como yo.

— Más —aseguró él—. Mucho más.

El bosque parecía encantado, con árboles por todas partes, caminos de hierba y un arroyuelo cristalino, a orillas del cual se sentaron para tomar la merienda.

— ¿Te das cuenta de que nadie en el mundo sabe dónde estamos? —preguntó Sakura.

— Sí —contestó él, alegremente—. Y eso es precisamente lo que me gusta. Estaba a punto de golpear a alguien si me seguían tomando medidas.

— ¿Qué ha pasado con el bucanero de los negocios?

— El bucanero tiene el móvil apagado. Y así se va a quedar.

— Pero estás contento con tu nuevo puesto, ¿no?

— Estoy abrumado. La verdad es que tengo que pellizcarme para creer que es verdad. Por fin he conseguido algo que no me ha heredado mi familia.

— Vamos, tú siempre has sabido muy bien lo que querías y cómo conseguirlo.

— Eso es sólo de cara a los demás. Siempre he pensado que era un segundón.

— ¿Por Itachi? —preguntó ella.

— ¿Tan obvio es?

— No, me lo he imaginado. Itachi es un hombre guapísimo.

— Sí, siempre lo ha sido. Incluso de pequeño. Las amigas de mi madre se quedaban embobadas con él y a mí ni me miraban. Como yo era el listo de la casa, decidí que lo único que podía hacer era estudiar para ponerlo celoso.

— No me imagino a Itachi celoso.

— Tienes razón. Todo lo contrario. Se sentía orgulloso de mí y era el primero en contarle a todo el mundo lo listo que era su hermano.

— Es un hombre encantador —dijo Sakura.

— El día que le dieron el trofeo de fútbol, sus compañeros del instituto se volvieron locos de alegría. Todo el mundo lo quiere. Ese es su gran don y no hay forma de competir con él.

— ¿De verdad no has seguido compitiendo con él? —preguntó Sakura.

— ¿Para qué? Me ha ganado siempre —contestó Sasuke. No mencionaban a Iris, pero era ella de quien estaban hablando—. Pero Itachi no sabía que estábamos compitiendo.

— ¿Tanto te importa? —preguntó Sakura suavemente—. ¿Ni siquiera ahora puedes olvidarte?

— No lo sé. Me he acostumbrado a pensar en… pero ahora mismo parece que…

No encontraba las palabras, pero se dio cuenta de que Sakura lo entendía. Sus ojos tenían un brillo de inteligencia y su sonrisa era tan acariciadora como la que le había ofrecido a la pequeña.

Sasuke empezó a hablar y, por una vez, no pensaba las cosas antes de decirlas. Y siguió hablando, sobre cosas que nunca le habían contado a nadie, miedos que le había dado vergüenza admitir, sentimientos que no había querido examinar hasta aquel momento.

Sakura sabía escuchar sin interrumpirlo, excepto para hacer preguntas llenas de empatía. Sabía que su mente y la de ella estaban en perfecta armonía y se sentía liberado.

De repente, allí estaba otra vez, ese algo intangible que tenía en común con Iris. Sasuke se preguntaba si sería porque Iris también sabía escuchar, pero había algo más, algo indefinible… un misterio que debía ser revelado.

— Sasuke, ¿qué te pasa?

— Nada. Estaba pensando… pero ya lo averiguaré.

— ¿Qué?

— No importa —rió él, de repente—. Míranos, hablando como si fuéramos los mejores amigos del mundo. ¿Recuerdas cómo éramos?

— Siempre a la disputa.

— ¿Por qué siempre te metías conmigo, Sakura? Creía que no querías que Iris se casara con nadie, pero Itachi te gustó enseguida. Y tu idea de la diversión era poner pieles de plátano en mi camino.

— Nunca las veías hasta que era demasiado tarde —rió ella—. Por eso era tan tentador. Pero yo era insoportable, ¿verdad?

— Sí, sobre todo el día que me metiste una araña en la camisa.

— Y tú te la quitaste y la metiste en mi camisa —recordó ella.

— Y tú te pusiste a gritar como una posesa.

— ¡Casi me muero de asco!

— Pero si empezaste tú… Sólo quiero saber por qué me odiabas tanto.

— No te odiaba. Pero siempre te hacías el importante y a mí era como si no me vieras.

— Ino tenía razón. Un día me dijo que los hombres se sienten importantes a los dieciocho años porque creen que tienen derecho a ser respetados. Tú nunca me has respetado en absoluto.

— Pobre Sasuke —dijo ella, con ojos tiernos—. Yo estaba pasando por una edad difícil y me vengaba en ti.

— No sé por qué te molestabas. A los quince años deberías haber estado saliendo con chicos.

— ¿Con el aspecto que tenía? —rió ella.

— No estabas tan mal.

— Era un bicho. Y lo único que quería era ser guapa. Soñaba con tener una figura voluptuosa —explicó ella, marcando un busto exagerado sobre su delicada figura—. Para que todos los chicos me persiguieran. Pero me trataban como si fuera uno más.

— Bueno, eso ha cambiado.

— Sí, supongo que ahora no estoy mal.

— No seas tonta —sonrió él—. Tú sabes muy bien que eres una mujer preciosa —añadió. Como respuesta, Sakura se limitó a sonreír. Era una sonrisa gloriosa y mareante y le hacía entender por qué Lee y Akasuna seguían persiguiéndola. Aquello le recordó algo—. Sakura, ¿sabes por qué te he traído aquí?

— ¿Para pasar unas vacaciones y disfrutar de la boda de mi prima con tu mejor amigo?

— Eso también, pero hay otra cosa… algo sobre lo que no hemos hablado hasta ahora.

— ¿Y qué es? —preguntó ella. Sasuke estaba demasiado ocupado observando cómo el sol se reflejaba en el cabello de Sakura como para darse cuenta de que la voz de la joven estaba llena de esperanza.

— Quería apartarte de ese Rock Lee hasta que decidiéramos qué hacer con él.

— ¿Lee? ¿Por eso me has…?

— Sí. Aunque a veces me pregunto si he hecho bien. Quizá debería haber—hablado con él seriamente. Pero entonces nos hubiéramos perdido todo esto y sería una pena. Supongo que Rock Lee puede esperar, pero creo que en algún momento tendré que enfrentarme con él.

— Por favor, no quiero hablar de Lee en este momento.

— Claro que no. Hemos venido aquí para olvidarnos de él —dijo él tomando su mano—. No pongas esa cara, Sakura. Yo estoy aquí para cuidar de ti.

— Lo sé —dijo ella suavemente, apretando su mano.

Sasuke miró su reloj.

— ¡Mira qué hora es! ¿Cuándo pasa el último autobús?

— No lo sé.

— ¿Y ahora qué hacemos?

— No tengo ni idea.

Los dos salieron corriendo de la mano, observados de forma impasible por el grupo de novillos, pero cuando llegaron a la parada, vieron que el autobús se alejaba. Los dueños de la tienda les dijeron que aquel era el último autobús y que el único taxi de la ciudad no estaba disponible.

— Vamos —dijo Sasuke, tomándola de la mano.

— ¿Qué vamos a hacer?

— Ir andando —sugirió él.

Habían caminado dos kilómetros cuando oyeron un sonido tras ellos. Había oscurecido y lo único que podían ver eran dos luces que se acercaban.

— Yo creo que es un camión. A lo mejor tenemos suerte.

Y la tuvieron. El camión, cargado con paja, paró al ver que le hacían señas y el conductor sacó la cabeza por la ventanilla.

— Han perdido el último autobús, ¿verdad?

El hombre iba a descargar la paja a un kilómetro de la hacienda y accedió a llevarlos hasta allí. Los dos saltaron alegremente a la parte trasera del camión y se tumbaron sobre la fragante carga.

— Tendré que ir por el coche mañana —dijo Sasuke. Había muchas cosas que quería decir, pero no encontraba las palabras. En lugar de eso, tomó la mano de Sakura y se quedó allí tumbado mirando las estrellas mientras el camión iba dando tumbos por la estrecha carretera. Cuando bajaron, dieron las gracias al hombre y se dirigieron hacia la casa, iluminada por la luna. Los dos estaban agotados, dieron gracias que la casa estaba en silencio, prueba irrefutable de que todos se encontraban en sus habitaciones. Ya tendrían energías mañana para sobrellevar la sarta de reclamos por parte de la entusiasta novia y las histéricas madres. Entraron a la cocina y Sasuke preparó un poco de cacao caliente, que Sakura aceptó con una sonrisa. El sonreía para sus adentros, con una alegría interior desconocida para él hasta aquel momento—Sakura —llamó, cuando ella se dirigía a la escalera.

— ¿Sí?

— Nada —contestó Sasuke, después de unos segundos—. Buenas noches.

Quería estar solo para ordenar sus confusos pensamientos. Aquel día había visto tantas caras desconocidas de Sakura que la cabeza le daba vueltas. Nunca era la misma persona de un minuto al otro y él no podía seguirla.

Una vez había sido una mocosa que había convertido su vida en un infierno, pero los años la habían transformado en una mujer bellísima a quien podía confiar sus pensamientos más íntimos. Sasuke se fue a dormir pensando en lo curiosa que era la vida… ¡Pero estaba a punto de descubrir que la molestia Haruno no había muerto!


Fin del capítulo 12

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X.x.X

Y el capitulo 12 ha sido leído por ustedes.

¿Qué tal les pareció? Como ven, nuestro querido Sasuke, va descubriendo que Sakura no aquella niña que conoció y que es una mujer con virtudes y misterios. ¿Ustedes creen que logre olvidar a Iris de una vez por todas? Después de todo un nuevo Sasuke sale a flote cuando está con la pequeña Sakura.

¿Cuáles son sus opiniones?

Hasta ahora mis cálculos me dicen que faltan, al menos, unos cuatro capítulos para terminar. Una vez que llegué a la boda de Naruto y Hinata estaremos en la recta final.

Muchas gracias a todos lo que me felicitaron por mi cumpleaños, y a quienes me dejan sus hermosos comentarios. ¡Ustedes me motivan para seguir y me dan ideas! Mil gracias. Así como, gracias a ustedes esta historia está por llegar a los 200 reviews. ¡Impresionante!

Nota:

Quiero hacer esté paréntesis para hacer, más que un reclamo o como quieran decirle, pedir un favor a cierta persona. Verán, estaba checando mis reviews (Hermosos, por cierto) cuando me tope con uno que me hizo experimentar una sensación extraña internamente. No me gusta decir esto por este medio, preferiría que fuera en privado pero puesto que no tiene cuenta, tendré que hacerlo aquí. No diré quién puesto que sabrá quién es y no quiero señalar.

El caso es que, yo sé que no soy perfecta. (Que me den hígado de comer si alguien en este mundo lo es) cometo errores ortográficos muchísimas veces e incluso me atrevería a decir que en cada capítulo he de tener entr errores en mi escritura y, por lo mismo de que no soy perfecta, no soy la reina del buen escribir ni un diccionario andante. Y también se que, ustedes, mis queridos lectores, dan su opinión para hacerme mejorar como escritora (Lo cual les agradezco profundamente) lo que me causo mala sensación fue la forma en el que la "opinión" fue expresada.

Esa opinión, corrigiéndome en una palabra de uno de los primeros capítulos, me hizo sentir un poco boba si puedo mencionar e incluso como alguien ignorante. No me intento justificar pero, cuando hice los primeros capítulos ciertamente mi ortografía apestaba más que ahora. No pido que no me corrijan, están en su derecho de hacerlo pero yo también estoy en mi derecho de pedir que, si me van a corregir, al menos lo hagan con palabras que no me hagan sentir como una niña de primaria que no sabe ni que es un diccionario. Así como escriben reviews usando palabras amables y cordiales para expresarme que lo continúe o que les gusta mi historia de igual forma les pido que me escriban cuando me van a corregir en alguna palabra o contexto.

Porque sí, es algo desconcertante para un escritor hallar solo cordialidad cuando desean decirnos que les gusto un capítulo y luego hallar poco tacto o signos de exclamación o ciertas palabras reclamando cuando no escribimos algo bien.

¿Ustedes nunca se han equivocado al escribir algo?

Yo se que sí.

En fin, espero no lo tomen como algo extremista de mi parte ni que tampoco esa persona lo tome a mal. Solo es un punto de vista y expreso el cómo me sentí.

Independientemente yo amo una y cada una de las palabras que escriben y de las cuales hacen uso de sus valiosos minutos de su tiempo.

Dios los bendiga.

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Un review es una sonrisa.

¿Me sonreirías?

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