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Capítulo 13. Sakura enamorada: Enfrentando la realidad
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Sasuke se levantó temprano por la mañana y decidió ir caminando al pueblo para tomar aire antes de que todos se levantaran y comenzara de nuevo el desfile de los preparativos de la boda. Cuando asomó la cabeza en el dormitorio de Sakura, la encontró profundamente dormida y le dejó una nota diciéndole que había ido al pueblo. Su coche estaba arreglado y, cuando volvió a la casa, todas las mujeres estaban reunidas en el jardín ultimando detalles y los hombres se encontraban en el mini-bar del salón de juegos de la hacienda pero Sakura había desaparecido. Dejo una nota en su cuarto, justo al lado de la que él había dejado, que decía que había salido a montar a caballo y le pedía que se reuniera con ella. Sasuke se preparó algo de comer y estaba a punto de salir cuando alguien llamó a la puerta. Al abrir, se encontró a una joven con un enorme ramo de rosas rojas.
— Para la señorita Haruno.
— Muy bien. Démelas —dijo él, sorprendido. Cuando estaba colocando las rosas sobre la mesa, la nota que había en el ramo cayó al suelo. Era una nota con el logo del hotel Shinobi en el pueblo de Nettlesworth, a unos treinta kilómetros de allí. Sasuke sintió que se enfurecía al leer: Vayas donde vayas, te encontraré. R.L. —. Por Dios bendito, tiene espías que le informan de todos sus movimientos —murmuro entre dientes—. Muy bien, ha llegado el momento de que este Lee y yo tengamos unas palabras.
— ¡Hey, hermanito! —Gritó Itachi con una cerveza en mano— Estamos por empezar a jugar a las cartas. ¿No vienes?
Sasuke negó colocándose su chaqueta.
— Ahora no, tengo que salir. —Y, sin esperar a que su hermano le respondiera, salió de la casa.
Tirando el ramo de flores sobre el asiento trasero del coche, se dirigió a Nettlesworth. El hotel Shinobi era el más caro de la zona; un sitio elegante y lujoso.
— ¿Cuál es la habitación del señor Lee? —preguntó en recepción, con el ramo de flores en la mano.
Se sentía incómodo frente a la mirada sorprendida de la recepcionista y se dio cuenta demasiado tarde de la impresión que debía dar con aquel ramo de rosas en la mano.
— El señor Lee se aloja en la suite del primer piso —dijo la mujer—. Quizá su secretario…
— No, gracias. Quiero hablar con el propio Lee —la interrumpió él, dirigiéndose a la escalera. Al volverse, vio por el rabillo del ojo que la recepcionista tomaba el teléfono.
Sasuke subió las escaleras de dos en dos y llamó a la puerta marcada ampulosamente como: suite real. La puerta fue abierta inmediatamente por un hombre joven de cejas pobladas y con cara de susto. Sasuke pasó a su lado casi sin mirarlo y tiró las rosas sobre una mesa.
— Veo que su jefe no es suficientemente hombre como para enfrentarse conmigo. Pero dígale que no pienso irme hasta que hable con él.
— ¿Perdone? —preguntó el joven, sorprendido.
Tenía acento americano y una voz profunda que contrastaba con su apariencia frágil. Estupefacto, Sasuke recordó que había oído aquella voz antes…
— ¡Usted es Rock Lee!
— Pues sí. ¿Por qué parece tan sorprendido?
— La recepcionista me habló de un secretario…
— Sí, lo contraté cuando llegué aquí. No puedo dejar de trabajar, vaya donde vaya. Mi padre es difícil de complacer —contestó el joven, mirando las flores con angustia—. Veo que a Sakura no le han gustado. ¿Le ha molestado que le enviara rosas rojas? Ah, bueno, claro. Ha debido pensar que yo daba por hecho… Debería haberle enviado rosas blancas o crisantemos. Pero es que no le gustan los crisantemos.
Sasuke no sabía qué pensar. Aquel chico tímido no podía ser el Rock Lee de sus pesadillas.
— Creo que tenemos que hablar.
— ¿Quiere tomar algo? —ofreció Rock con amabilidad.
— Café, por favor. Solo y con azúcar.
Rock llamó al servicio de habitaciones y pidió café con el tono de alguien que está acostumbrado a que lo sirvan. Pero sólo eso. Por lo demás, tenía unos ojos negros enormes, como los de un cachorro y su tono de voz era pausado.
— Sakura debe de estar muy enfadada para devolverme las flores —suspiró.
— Sakura no las ha visto. Yo soy el que está enfadado. He venido a decirle que la deje en paz, que no la siga por todas partes. Sakura está angustiada y nerviosa.
— ¿Angustiada y nerviosa? —repitió Rock Lee, horrorizado—. No lo sabía. La verdad es que siempre se ríe de mí. He intentado ser el hombre que busca…
— Mire, —lo interrumpió Sasuke— aquí hay un malentendido. Por cierto, no me he presentado. Me llamo Sasuke Uchiha.
— Estaba deseando conocerlo, señor Uchiha —dijo Rock, estrechando su mano.
— ¿Me conoce?
— Sí, Sakura me ha hablado de usted. Me ha dicho que es el hermano de su cuñado y que está cuidando de ella mientras está en Japón.
En ese momento, llegó el café y Rock actuó como anfitrión. Parecía un hombre educado e inofensivo.
— No puede ser usted el hombre con el que he hablado por teléfono. El hombre que llamaba era un tirano y usted es… —pero no terminó la frase.
— Sólo puedo hacerlo por teléfono —explico Rock—. Cuando tengo a alguien enfrente, no me atrevo. ¿Me he pasado con el tono dominante?
— Desde luego.
— ¡Ay, Dios! Lo siento. Mire, dejemos de hablar de mí. ¿Sakura se encuentra bien?
— Perfectamente. Había salido a cabalgar cuando me marché.
— Pero usted ha dicho que está asustada. ¿No ha ido nadie con ella por si sufre una caída?
Sasuke miró al joven con simpatía.
— Está loco por ella, ¿verdad?
— Es muy fácil enamorarse de Sakura —sonrió el joven—. Es inevitable. Consigue que uno quiera hacer cualquier cosa por ella.
— Y ella lo sabe —murmuró Sasuke.
— ¿Usted también…?
— No —contestó él rápidamente—. Sakura se dedica a hacerme la vida imposible. Es su gran diversión.
— No creo que eso sea verdad —protestó Rock suavemente—. Sakura es una chica de gran corazón.
— Se dedica a destrozarme la vida, se lo aseguro.
Sasuke había hablado en broma, pero no había humor en la expresión de Rock.
— Estoy seguro de que está equivocado. Sakura es una mujer generosa, dulce y…
— Ya sé que es todas esas cosas, pero también es una pequeña bruja y una lianta. Mire, no la estoy criticando. Sólo estoy explicándole por qué no estoy enamorado de ella.
— ¿Seguro que no lo está?
— Claro que no. No todos los hombres están enamorados de Sakura.
— Todos los que yo conozco, sí.
— Pues no debería dejárselo tan claro. En lugar de tirarse a sus pies, ¿por qué no se hace el duro para ver si funciona?
— ¿Para qué voy a hacerme el duro si no le intereso lo más mínimo?
Sasuke no sabía qué contestar y, simplemente, se tomó su café. Cuando dejó la taza sobre la mesa, Rock le sirvió otro amablemente.
— ¿Usted no toma café?
— Nunca tomo estimulantes. Pero la verdad es que necesito algo —dijo, abriendo la nevera y tomando una botella de agua mineral.
— Parece que sabe cuidarse —dijo Sasuke, señalando la nevera, llena hasta los topes.
— Mi yogur favorito no se encuentra en todas partes, así que viajo con él —explicó Rock—. Pero en el hotel han sido muy amables y me han buscado un queso bajo en calorías. Bueno, ya sé que soy un poco extravagante.
— En absoluto —dijo Sasuke.
— Señor…
— Por favor, llámame de tú —dijo Sasuke—. Haces que me sienta como un anciano.
— Lo siento. Es que, como cuida de Sakura, yo le miro como a un padre.
— ¿No me digas? Pues no soy su padre.
— Quiero decir que, como es usted mayor…
— Tengo veintidós años —interrumpió Sasuke, irritado.
— Quiero decir que es usted una figura paterna, una autoridad en la que ella puede buscar refugio.
— Rock, será mejor que no le hables a Sakura de mi supuesta autoridad porque si lo haces, te dará una patada en la espinilla.
— Es una chica llena de energía, ¿verdad?
— Desde luego.
— Por eso es tan emocionante estar con ella.
— Es agotador estar con ella —corrigió Sasuke—. Y seguirla desde Canadá no ha sido buena idea.
— No he venido a Inglaterra sólo por Sakura. Mi padre tiene negocios aquí y alguien tenía que atenderlos. Aunque admito que me ofrecí voluntario.
— ¿Cómo te enteraste de que estábamos aquí?
— Les seguí desde Konoha. No era fácil mantener la distancia para que no se dieran cuenta, pero lo conseguí.
Sasuke lo miró con simpatía.
— ¿Cuántos años tienes, Rock?
— Veinte.
— Hazme caso y olvídate de Sakura. Ella es demasiado para ti.
— Lo siento, señor pero usted no comprende lo que siento.
— Claro que lo comprendo —dijo Sasuke suavemente—. Yo también tuve veinte años y estaba enamorado de una mujer que… Bueno, el caso es que yo intentaba ser la clase de hombre que ella quería que fuera. Y al final, la perdí porque apareció un hombre con una enorme sonrisa.
— Pero… una mujer tiene que apreciar a un hombre que intenta superarse para ella. ¿No cree?
— Por supuesto, pero si sólo es eso lo que hay entre los dos, no vale para nada. Tiene que haber magia, tiene que haber algo. Si no lo hay, es una pérdida de tiempo. No puedes enamorarte de alguien sólo porque esa persona esté enamorada de ti, ni puedes dejar de amar a alguien porque no te ame —explicó, sorprendiéndose a sí mismo. Y tampoco podía enamorarse de una mujer porque fuera elegante, distinguida y una esposa adecuada, se decía a sí mismo. Si no había magia, se encontraría casado con la primera y soñando con una cría de ojos alegres y un perverso sentido del humor. Porque ella sí era mágica. También era irritante e insoportable. Podía hacer que uno se subiera por las paredes. Pero era mágica—. ¿Por qué no cenas con nosotros esta noche?
— ¿Lo dice de verdad? —preguntó el joven, con los ojos brillantes.
— Tanta perseverancia se merece una recompensa. Pero yo creo que es hora de que empieces a olvidarte de ella. Eres demasiado bueno para Sakura.
— Ningún hombre es demasiado bueno para Sakura —la defendió el chico apasionadamente.
— Rock, tú eres un buen muchacho, pero Sakura no es una diosa. Es una bruja, un bicho que disfruta volviendo loco a todo el mundo.
— Sí, es verdad. Es inolvidable.
— Y tú eres imposible —suspiró Sasuke—. Bueno, pon las flores en agua y así podrás dárselas esta noche.
— ¿Darle flores que no sean frescas? — Preguntó, como si fuera un insulto—. No podría hacerlo. Le compraré un ramo nuevo, el mejor que encuentre.
No había esperanzas para aquel chico, pensaba Sasuke.
X.
Sakura volvió a la casa por la tarde. Había cabalgado durante horas y, al final solo se había reunido con las demás mujeres para dar su opinión sobre los pisos del pastel y la ubicación de las mesas. Para su alivio, Hinata parecía tenerlo todo bajo control. Solo faltaba asegurarse de que los novios estuvieran frente al altar, había bromeado Ino.
Se dirigió a la casa pero no había ni rastro de Sasuke, decidió que quizás podría estar refugiado en la pequeña casa de invitados que había a unos metros de la casa principal, y alejada de todo el revoloteo que la boda podía suponer. Tampoco lo encontró, pero lo que vio en el salón la dejó parada en la puerta. Había una mesa puesta para dos, con la mejor vajilla, copas de cristal y servilletas inmaculadas a cada lado de los platos. Un aroma delicioso llegaba de la cocina y oía a Sasuke canturreando.
Una sonrisa gigante se extendió por la cara de Sakura. Le brillaban los ojos mientras observaba cada detalle de la mesa, preparada para pasar una velada romántica.
— Sasuke —llamó alegremente, dirigiéndose a la cocina—. Sasuke…
Se encontraron en la puerta de la cocina, de donde él salía con una ensaladera y una servilleta como mandil.
— Vaya, por fin has llegado.
— Sí, lo siento. Me he perdido. Si hubiera sabido que ibas a preparar…
— No lo sabía hasta hace unas horas —dijo él, dejando la ensaladera sobre la mesa—. Pero ha pasado una cosa que me ha hecho cambiar de planes.
— ¿Qué?
— He conocido a Rock Lee —dijo él, mirándola a los ojos.
— ¿Has conocido a… Rock? —preguntó Sakura, pálida.
— Sí. Te había enviado un ramo de rosas y yo me enfadé y fui a devolvérselas —contestó él, cruzándose de brazos. Por una vez, tenía la satisfacción de ver a Sakura Haruno quedarse sin palabras—. No sé cómo puedes mirarme a la cara. Rock Lee es un pobre chico que, por razones inexplicables para mí, cree que tú eres la octava maravilla del mundo. Me hiciste creer que era una especie de monstruo…
— Yo nunca he dicho eso.
— Quizá nunca has usado esas palabras, pero me hiciste creer que lo era. Iba a preguntarte por qué lo has hecho, pero creo que conozco la respuesta.
— ¿Ah, sí? —preguntó ella, sin voz.
— Por supuesto. Es parte de tu plan para hacer que me sienta ridículo. Pero esta vez, te he ganado la partida. Lo he invitado a cenar.
— ¿Quieres decir que todo esto es… por él? —preguntó Sakura, señalando la mesa.
— Eso es. Vas a cenar con Rock Lee y vas a ser muy, muy amable con él. Te traerá un ramo de flores nuevas porque no ha querido ni oír hablar de venir con las mismas que había enviado esta mañana y tú le dedicarás toda tu atención.
— ¿Y qué vas a hacer tú?
— Estaré en el bar del pueblo —la informó él—. Charlando con la camarera. Muy, muy lejos de las palabras traje, brindis y pastel.
Rock llegó en un taxi, explicando que le había prestado el coche a su secretario. Por su expresión angustiada, Sasuke asumió que no había sido idea suya.
Sasuke había creído que Sakura no sabría qué hacer, pero se había equivocado. Se había vestido y maquillado con tal esmero que estaba más guapa que nunca y casi se arrepentía de haber dicho que los dejaría solos. Pero no podía echarse atrás.
El chico parecía estar en el séptimo cielo, especialmente cuando vio la mesa en la que iba a cenar con su diosa.
— No deberías haberte molestado —le dijo a Sakura. Y ella tuvo la gracia de ponerse colorada.
Satisfecho con el aspecto de las cosas, Sasuke tomó su coche y se dirigió al pueblo, prometiendo antes ir a buscar a Rock para llevarlo de vuelta al hotel. Como hubiera hecho un padre.
X.
Iris miró a través de la ventana de la casa principal mientras distraídamente terminaba de colocarle un lazo a un recuerdo.
— ¿Qué demonios...?
— ¿Sucede algo, cariño? —Itachi se acercó a ella.
— No, bueno, no lo sé. —Frunció el ceño— Quizás todo el ajetreo de la boda me ha afectado o realmente Rock Lee esta en la casa de invitados con Sakura.
Itachi observó por la ventana.
— ¿Y en presencia de Sasuke? ¿Qué tendría que hacer el aquí?
— Eso es lo que no me explico. —Iris suspiró— Saku está jugando con fuego.
— O quizás sea Sasuke —Agregó Ino desde la mesa, donde todos estaban sentados ayudando con los recuerdos. — Esos dos son tan estúpidos.
— Me preocupan.
— Descuida, corazón —Habló Mebuki con una sonrisa mientras trabajaba en un recuerdo— Es solo el destino haciendo su trabajo, ya lo verás.
X.
Para Rock, era como estar en el cielo. Sakura había decido portarse como un ángel con él y, mientras servía la cena vegetariana que Sasuke había preparado, sonreía y charlaba alegremente.
Parte de esa felicidad, sin embargo, desapareció cuando Sakura le devolvió el colgante.
— No puedo aceptarlo, Rock. Es precioso, pero demasiado caro.
— Por favor —suplicó él—. Consérvalo como un regalo de despedida. Ahora sé la verdad.
— ¿Qué quieres decir? —preguntó ella.
— He estado engañándome a mí mismo y molestándote. No volveré a hacerlo.
— Oh, Rock —dijo Sakura, con lágrimas en los ojos.
— Consérvalo, por favor —insistió él, apretando el colgante en sus manos—. Me hará feliz pensar que te lo pones de vez en cuando y piensas en mí con cariño.
— Siempre pensaré en ti con cariño, Rock —dijo ella, con sinceridad—. Pero me lo quedaré, si insistes.
— He estado hablando con Sasuke y me ha hecho ver las cosas con claridad.
— Supongo que habrá dicho cosas horribles sobre mí —sonrió ella.
— Una o dos, pero eso es sólo hacia fuera. Yo creo que, en realidad, él…
— ¿Sí? —preguntó ella, sin aliento.
— Pues, yo creo que te quiere mucho. Como un padre.
— Sí, claro. Como un padre —asintió ella.
— Ha sido muy amable conmigo. Me ha contado que estuvo enamorado de una mujer a mi edad y que la perdió.
— Sí, de mi hermana Iris.
— Pues yo creo que sigue enamorado de ella.
— ¿Te lo ha dicho él? —preguntó Sakura, sin mirarlo.
— No, pero hablaba de ella como si fuera la única mujer de su vida. Dijo también que si no había magia entre dos personas, no había nada que hacer. Y que no se podía dejar de amar a una persona sólo porque ella no estuviera enamorada de ti.
— Sí —suspiró Sakura—. Eso es verdad.
X.
Karin bajó de aquella estúpida carreta y sus zapatos de tacón pisaron la tierra de ese olvidado pueblo.
Hecha un manojo de frustración, tenía el pelo revuelto, la piel seca y áspera y estaba completamente segura de que ya no tenía ni una sola gota de maquillaje en el rostro. ¿Podía todo aquello ser peor?
No solamente había tardado lo que a ella le había parecido una eternidad en llegar al pueblo si no que, cuando había preguntado en la comisaria por la hacienda, le habían dicho que la única forma viable de poder llegar hasta ahí era por medio de una carreta. Tal parecía que la gente no conocía los medios de transporte en ese lugar.
Soltando un bufido de resignación, se alisó la parte baja de su ropa y se subió los lentes a la cabeza para admirar el edificio que tenía en frente.
— Nada mal —murmuró al ver la imponente y elegante hacienda. Prueba irrefutable de que pertenecía a gente de dinero. Sonrió. — Yo he ganado la partida, rosadita de cuarta.
Se acercó a la puerta y tocó el timbre. A los pocos minutos le abrió un hombre que probablemente rondaba su edad, con un extraño cabello entre blanco y plateado y unos hinoptizantes ojos violetas. Sus extraños dientes puntiagudos provocaron un escalofrío en la Columba vertebral de Karin.
Se aclaró la garganta.
— Soy Karin Kawada, la prometida de Sasuke. ¿Podrías informarle que estoy aquí?
El hombre alzó una ceja, divertido.
— Mucho gusto... Karin —Dijo mirándola de pies a cabeza— Pero me temo que no sé quién es ese Sasuke del que hablas.
Los ojos de la pelirroja de afilaron.
— Mira, no estoy para bromas. He recorrido un largo camino para llegar hasta la hacienda de los Uchiha, así que... ¡Oye! ¡Mis ojos están aquí, idiota! —Gritó al ver que el hombre no apartaba la mirada de su escote.
Él rió.
— Lo siento, cariño. Pero no se porque ustedes las mujeres tienen la extraña idea de que si se ponen esos escotes nosotros nos fijaremos solamente en sus ojos —Le hizo un gruño antes de continuar— Y te repito, estás equivocada. La hacienda Uchiha está en Sacriston, a muchos pueblos de aquí. Está hacienda le pertenece a la familia Hozuki desde hace mucho tiempo.
La cara de Karin era un auténtico poema.
— ¡No me jodas!
— No lo estoy haciendo, aunque... no es mala idea.
Karin se sonrojó ante la doble intención de ese comentario.
— ¡Soy una mujer comprometida! Además, nunca tendría algo con un imbécil como tú.
Él sonrió y se cruzó de brazos apoyándose en la puerta.
— Dame diez minutos y te haré cambiar de opinión, cariño. —Se apartó haciéndole ademán de que pasará— Si sigues ahí te dará insolación.
— ¡No voy a ir contigo a ningún lado! —Protestó cuando el extraño la tomó de la mano. — ¡Tengo un prometido y se llama Sasuke!
Soltó una carcajada mientras la arrastraba hacia adentro.
— Mi nombre es Suigetsu pero tú puedes llamarme como quieras, cariño.
X.
Sasuke volvió horas más tarde y miró de uno a otro. Al menos, no había habido ninguna escena, se decía, porque los dos parecían muy calmados.
— Te esperaré en el coche —le dijo a Rock, dejándolos solos.
Rock miraba con tristeza a su diosa.
— No te preocupes, Sakura. No volveré a molestarte.
— Ojala pudiera enamorarme de ti, Rock. De verdad.
— Pero estás enamorada de otro, ¿verdad?
— ¿Por qué dices eso?
— No sé cómo se llama, pero siempre he sabido que había otro hombre. Es como si tu corazón estuviera en otra parte. ¿Me equivoco?
— No —admitió Sakura—. He intentado no amarlo, lo he intentado durante años, pero no puedo evitarlo —añadió, cerrando los ojos—. Oh, Rock, es horrible amar a alguien con todo tu corazón y que a él no le importes en absoluto.
— Lo sé —dijo él suavemente.
— Ah, claro es verdad. Lo siento.
— No lo sientas. Al menos, hemos tenido esta noche.
— Sí, los dos perseguimos algo imposible…
— No llores, Sakura —dijo él, tomándola en sus brazos—. Quizá tú lo consigas.
— Es posible —intentó reír ella—. Cuando las ranas críen pelo.
— Y lo harán. Tú consigues todo lo que te propones…
X.
Rock hablaba sin parar de Sakura durante todo el camino hacia el hotel y Sasuke lo soportaba con estoicismo. Le caía bien Rock, pero estaba empezando a encontrar su conversación un poco repetitiva. Pero fue al llegar al hotel cuando Rock soltó la bomba:
— Secretamente, siempre he sabido que no tenía nada que hacer ante el hombre del que Sakura está enamorado. Supongo que usted lo sabía.
— No sabía nada —dijo Sasuke, sorprendido.
— Creo que es alguien que conoció en Canadá.
— ¿Tú crees?
— Sí, tiene que ser alguien que conoció hace tiempo. Ha intentado olvidarlo, pero no puede. Él debe de haberla tratado muy mal, pero Sakura sigue enamorada. Pensé que usted lo sabría.
— No tenía ni idea de que Sakura estaba enamorada —dijo Sasuke con voz ronca y con una opresión en el pecho al mismo tiempo que en su cerebro se formaba la imagen de Sasori y Sakura, juntos.
— Nadie más tiene sitio en el corazón de Sakura. Es muy descorazonador, ¿verdad?
— Sí —murmuró Sasuke.
— Esta noche me ha hablado sobre él y se ha echado a llorar. ¿Cómo puede ser tan estúpido? Ser amado por Sakura tiene que ser algo maravilloso y ese hombre… bueno, no sé.
Afortunadamente, habían llegado al hotel en aquel momento y Sasuke no tenía que contestar. Se despidió de Rock amablemente y tomó el camino de vuelta a casa, perdido en sus pensamientos.
Estaba sorprendido y un poco decepcionado. Sakura le había abierto su corazón, o eso había creído él, pero no le había contado su secreto. Sasuke no quería analizar lo que sentía, pero se parecía mucho a los celos.
No podía ver a Sakura en aquel momento. No podía hablar con ella come si nada hubiera pasado. Necesitaba tiempo para pensar y tranquilizarse. En lugar de dirigirse a la casa, subió por una carretera estrecha hasta una colina desde la que podían verse las olas estrellándose contra la playa. Allí, salió del coche y se sentó, intentando ordenar sus pensamientos.
¡Sakura, enamorada! Desesperada por alguien que no la amaba. Siempre había pensado en ella como en una niña y, sin embargo, era una mujer que había entregado su corazón a otro hombre. Posiblemente uno de cabello rojo y ojos ámbar.
Y sólo en ese momento, Sasuke se dio cuenta de cómo hubiera deseado ser él. De repente, no podía imaginarse la vida sin ella. Si Sakura se marchara, se sentiría desolado.
Y ese otro hombre, ese imbécil que era demasiado orgulloso o estúpido para entender que tenía un tesoro… Con una resolución repentina, Sasuke volvió a subir al coche y condujo hasta la hacienda, como si tuviera miedo de que Sakura desapareciera. La casa estaba a oscuras y pensó que todos habrían ido a dormir. Pero cuando entró, la encontró sentada frente a la chimenea. Se había puesto un albornoz de seda de colores y su cabello caía sobre sus hombros. La luz de las llamas iluminaba las lágrimas que corrían por sus mejillas.
Ella no le oyó entrar, perdida en sus pensamientos. Por un momento, Sasuke se preguntó si debía subir a su habitación sin molestarla, pero se quedó como clavado allí, mirándola.
Sakura suspiró y apoyó la barbilla en una mano. Estaba pensando en él, se decía y la expresión en su rostro confirmaba todo lo que Rock le había dicho. Aquel no era un amor ordinario. Había sobrevivido al tiempo y a la indiferencia, con una fidelidad desesperada.
Sasuke sentía que le dolía el corazón. Ella estaba tan cerca y, sin embargo, tan lejos.
Le hubiera gustado decir algo, pero sólo podía quedarse allí, mirándola como un tonto, abrumado de anhelo.
El corazón de Sakura le pertenecía ya alguien.
Y ese alguien no era él.
Fin del capítulo 13
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X.x.X
¡Hola!
Ya estamos en el capítulo 13 y he hecho mis cuentas y, sí todo sale como he planeado, estimo que esta historia tundra 16 capítulos contando el Epilogo (Podría dejarlo en 15, pero ya saben, detesto los números impares ) así que el final ya está cerca.
¿Qué les pareció éste capítulo?
Parece ser que Sasuke ya ha despertado a su realidad y, nuestra pobre Saku, tiene una lastimosa y fuerte batalla interna. En el próximo capítulo les tengo una agradable sorpresa SasuSaku :D y también comenzarán a salir a la luz algunas cosas del pasado de nuestros protagonistas que hacen que Saku tenga esta extraña actitud bipolar y que Sasuke con el tiempo parece que ha olvidado.
Drama y recuerdos es lo que se avecina.
Mil gracias a todos los que se toman el tiempo de dejarme sus comentarios en mis historias (Pese a que está vez, uno fue totalmente desagradable para mí. Pero ya lo comentaré en Padre por Acuerdo, que fue donde me dejaron este...insulto de comentario)
Aprecio sus palabras, sus consejos, opiniones y ánimos para seguir.
Nos leemos el próximo fin de semana con el Epilogo de la primera temporada de Padre Por Acuerdo. (¡Oh! Nostalgia)
Dios los bendiga.
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Un review es una sonrisa.
¿Me sonreirías?
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