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Capítulo 14. Sasuke enamorado. Cruzando la línea.
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Sakura levantó la mirada y se pasó la mano apresurada por el rostro para apartar sus lágrimas.
— Hola, Sasuke —sonrió—. No te he oído entrar.
— Hola —dijo él, acercándose con dos copas de vino y sentándose a su lado.
— ¿Qué tal con la camarera?
— ¿Quién? Ah, la camarera. Tenía un marido que era cinturón negro de karate, así que me lo pensé mejor —sonrió él—. La verdad es que no pensaba hablar con ninguna camarera. Me he pasado la noche haciendo números.
— Pobre Sasuke. Deberías haberte quedado con nosotros.
— ¿Cómo se lo ha tomado Rock?
— Bien. Es un chico muy bueno.
— Es que está enamorado de ti. Cree que todo lo que haces es perfecto.
— Exactamente al contrario que tú, ¿no? Tú crees que todo lo que hago es un crimen y no me perdonas ni una.
— Bueno, eso era antes. Ahora entiendo muchas cosas.
— ¿Qué es lo que entiendes? —preguntó ella, intentando encontrar su voz.
— Me he dado cuenta de que no eres feliz y ahora sé por qué. Deberías habérmelo contado, Sakura. Me duele que no lo hayas hecho.
— ¿Qué… qué es lo que sabes? —preguntó ella, moviendo los troncos.
— Rock me ha contado algo, pero el resto lo he imaginado yo mismo. De repente, todo tiene sentido. ¿Cómo he podido vivir todas estas semanas contigo sin darme cuenta de lo que estaba pasando? Sakura, deberías habérmelo contado.
Sakura lo miraba como si no creyera lo que estaba oyendo.
— ¿Hubieras querido que te lo dijera? —susurró ella.
— Claro que sí. Creí que confiabas en mí.
— No es algo fácil de decir.
— Lo sé —dijo él, acariciando su pelo—. Nunca es fácil hablar de las cosas que uno lleva en el corazón, pero a veces hay que encontrar valor.
Ella volvió la cabeza para rozar su mejilla contra su mano. Era tan preciosa como una flor y Sasuke hubiera deseado besarla, pero se obligó a sí mismo a no hacerlo. Sakura necesitaba amistad, no la clase de pasión que él deseaba en aquel momento.
— No sabía qué dirías —susurró ella—. Me daba vergüenza contártelo.
— Soy tu amigo. Puedes contármelo todo, Sakura.
— Oh, Sasuke…
Sakura levantó la cabeza y él vio que sus ojos brillaban. ¿Cómo podían brillar por aquel cerdo que la maltrataba?, pensaba con una punzada de celos.
— Quiero saberlo todo sobre ese hombre.
— ¿Qué?
— El hombre al que conociste en Montreal y no has podido olvidar. A Rock le hablaste de él.
De repente, los ojos de Sakura habían dejado de brillar.
— Tú has dicho que te has imaginado el resto.
— Bueno, supongo que lo conociste en Montreal y fuiste a Konoha para olvidarte de él. Pobre Sakura. ¿Es Sasori?
Un escalofrío la recorrió entera y tuvo que cubrirse los ojos. Negó con la cabeza.
— No quiero hablar de esto aquí —Dijo mirado hacía las escaleras por si alguien bajaba— ¿Podemos ir a otro lado?
Sasuke asintió mientras le colocaba un brazo sobre los hombros, no tardaron mucho en cruzar los metros que los separaban de la pequeña casa de invitados en la que, horas antes, Sakura había cenado con Rock Lee.
Una vez dentro, Sakura se deshizo del agarre y empezó a prender el fuego de la chimenea.
— ¿y bien? —Preguntó Sasuke con la voz más calmada que logró conseguir.
— Nunca lo olvidaré —dijo ella con voz ronca—. Nunca.
— ¿A tu edad? Claro que lo olvidarás, Sakura. Y encontrarás a alguien mucho mejor.
— Pero es que yo sólo le quiero a él. Nunca podré enamorarme de nadie más —dijo ella. La frase melodramática le recordaba a la antigua Sakura y tuvo que sonreír—. No te rías de mí.
— No me estaba riendo. Es que siempre has sido muy intensa. Para ti todo es una cuestión de vida o muerte.
— Algunas cosas son cuestiones de vida o muerte. ¿Es que no te das cuenta?
— Cuéntame quién es.
— No quiero decir su nombre. Pero lo he querido desde que lo conocí. Ese día me di cuenta de que era el hombre al que amaría toda mi vida.
— Pero si cuando te fuiste a Canadá eras casi una niña.
— Eso no importa. Él es especial. Es como si mi corazón hubiera decidido por su cuenta.
— Sí. Es el Corazón el que decide —murmuró él, mirándola a la luz de la chimenea. Sakura levantó los ojos y después los apartó, como si hubiera visto algo que no se atrevía a mirar—. Siempre has sido muy impulsiva…
— No. Era más que eso. Lo supe desde el primer momento.
— Amor a primera vista —dijo él—. Pero eso no dura, Sakura. No es más que una ilusión.
— Tú te enamoraste de Iris a primera vista y tu amor no ha muerto todavía.
— No creo que debamos hablar de ella —dijo él, incómodo.
— No, claro. Pero entiendes lo que quiero decir.
— ¿Conoces bien a ese hombre?
— En realidad, no. Siempre estábamos discutiendo. Sólo entonces se fijaba en mí.
— No parece que te haya hecho muy feliz.
Una sonrisa apareció en los labios de Sakura. Era una sonrisa llena de tristeza y, sin embargo, contenía una especie de nostalgia de alegría. De la que había vivido o de la que había soñado poseer.
— Me hacía feliz estar con él. Y, además, podía soñar —dijo, con voz temblorosa—. Pero él nunca…
De repente, ella se puso las manos en la cara y empezó a llorar.
— Sakura. Por favor, no llores.
— No puedo evitarlo —sollozó ella—. Él nunca me querrá.
— Entonces, es un idiota —dijo Sasuke, tomándola en sus brazos—. No llores, Sakura. Pasará, ya verás.
— No puedo seguir viviendo de sueños, pero es lo único que tengo. Sasuke, me duele tanto…
El dolor de ella parecía atravesarlo. Sasuke la apretaba con fuerza, acariciando su pelo, murmurando palabras de consuelo.
— No llores, Sakura, por favor —suplicó—. Ya verás como todo se arregla.
— No es verdad. He sido una estúpida. Creí que podría hacer que me quisiera, pero no es así…
Sasuke se sentía lleno de confusión. Había visto a Sakura feliz, cansada, deprimida o enfadada, pero nunca antes la había visto tan desolada como en aquel momento y la ternura lo desbordaba. Le hubiera gustado protegerla de todo y de todos. Si aquel desconocido amante hubiera entrado en la habitación, Sasuke le habría ordenado que amase a Sakura, amenazándolo de muerte.
— Estoy aquí —susurró él—. Sé que yo no soy el hombre que quieres, pero estoy aquí contigo, Sakura.
— Abrázame, Sasuke —dijo ella—. No me sueltes.
— Claro que sí, cariño —Sasuke no había querido decir aquella palabra, pero no lo había podido evitar. Sakura se abrazaba a él como si fuera su última esperanza y él inclinó la cabeza para besar su pelo.
No sabía cómo había ocurrido. Quizá ella había levantado la cara en ese momento, pero sus labios se habían rozado y, en lugar de apartarse, se había quedado quieta. Sasuke sabía que no debía hacerlo, pero nada en la tierra le hubiera obligado a abandonar aquella delicia. Podía sentir su cuerpo a través de la seda del albornoz. Estaba temblando entre sus brazos y, poco después, se dio cuenta de que él también estaba temblando.
Sasuke inclinó los labios sobre los de ella, acariciando su boca dulcemente drogado por su dulzura. Al principio, no estaba seguro de lo que iba a hacer, pero de repente, ella enredó los brazos alrededor de su cuello, para devolverle el beso.
Sasuke no sabía qué le estaba pasando, qué locura lo había poseído. Sólo sabía que aquel era el momento más hermoso que había vivido nunca.
Aquello no debería estar pasando, pero se sentía indefenso contra el poder del deseo que lo atenazaba. Lo único que hubiera podido pararlo en aquel momento hubiera sido el rechazo de Sakura, pero en lugar de hacerlo, ella se apretaba contra él. Y tampoco protestó cuando él desató el cinturón del albornoz, descubriendo sus pechos desnudos y empezó a acariciarlos reverentemente con los labios y con la lengua, disfrutando de la respuesta femenina. Ella era cálida e invitadora y antes de que se diera cuenta de lo que hacía le había quitado el albornoz y se había quitado de un tirón su propia camisa.
En ese momento se dio cuenta de cuánto deseaba estar desnudo a su lado. Mientras se tumbaban uno junto al otro sobre los almohadones, Sasuke se sentía invadido de deseo, de amor y de la urgencia de hacerla suya para siempre. Los labios de Sakura respondían ansiosamente a sus besos y todo su cuerpo era una llama.
Sasuke sentía las manos de Sakura acariciándolo, primero tentativamente, como si no pudiera creer lo que estaba pasando y después con alegría, con el placer de explorar el cuerpo masculino. Acariciaba su piel delicadamente, besándolo entre caricias, a veces parándose para mirarlo con sorpresa. La inocencia de sus ojos inflamaba aún más su deseo, pero sus movimientos eran cada vez más tiernos, como si no quisiera romper su delicada belleza.
— ¿Estás bien? —susurró.
— Sasuke… Sasuke…
— Sujétate a mí, cariño.
— Cariño…
Mientras se movían hacia la unión total, ella lo esperaba, como si fuera algo que siempre hubiera deseado. Rodeaba su cuello con los brazos mientras él la hacía suya y gemía.
Sakura olía a madera y a flores del bosque y sabía a miel. A pesar de su inocencia, había algo en ella tan sensual como si fuera un animal joven. Sasuke disfrutaba de su piel, bebiendo su aroma y volviéndose loco al oírla gemir.
Sakura respondía a su ardor con todo su cuerpo, no sólo las piernas y los brazos, sino con los dedos, con su piel, su aliento, sus maravillosos ojos. Él decía su nombre, incrédulo ante el milagro que estaba viviendo.
Cuando por fin atravesó la barrera que convertiría a la pelirrosa en toda una mujer, Sasuke experimentó un cumulo de sensaciones en su pecho. Ella seguía siendo virgen –O al menos, lo había sido hasta hace unos segundos- y eso era como una revelación casi divina.
Era el primer hombre.
— Sakura —murmuraba, adorándola—. Sakura… Sakura.
Ella no decía su nombre, pero lo besaba ardorosamente apretándose fuertemente contra él. Cuando llegó el momento final, Sasuke puso todo su corazón en ello, sintiéndola temblar bajo su cuerpo.
Después, tumbado al lado de Sakura, con la cabeza de ella sobre su pecho, sentía que había llegado a casa. Su corazón estaba suficientemente cerca para oír cómo sus latidos iban poco a poco encontrando el ritmo normal, igual que el suyo. Ella era suya y él era suyo y nada más importaba en la vida.
Pero cuando se quedó dormido, era Iris quien invadió sus sueños, acusándolo. Le había pedido que protegiera a su hermana pequeña y, en lugar de eso, se aprovechaba de ella. Peor, la había seducido sabiendo que ella amaba a otro hombre. Su única excusa era que aquel sentimiento lo había tomado por sorpresa. Se sentía avergonzado.
—Lo siento —murmuró en sueños—. Lo siento, Iris —repitió. Entonces se dio cuenta de algo. No estaba disculpándose por traicionar la confianza que Iris había puesto en él, sino por el hecho de que Sakura había ocupado su sitio en su corazón. Sakura era su verdadero amor y no había sitio para ninguna otra mujer—. Lo siento, Iris.
X.
Sakura no dormía en absoluto. Estaba tumbada sobre él, intentando entender lo que había pasado. Cuando le oyó murmurar en sueños, escuchó con el corazón en un puño.
— Lo siento, Iris —había susurrado él.
Sakura se apartó y se quedó mirando al techo, con los ojos llenos de lágrimas. Pero, un segundo más tarde, se secó las lágrimas y levantó la barbilla, orgullosa.
X.
El sol despertó a Sasuke a la mañana siguiente. Con sorpresa, descubrió que estaba tumbado sobre unos almohadones frente a la chimenea apagada. Y entonces lo recordó todo.
Sakura.
Le había hecho el amor a Sakura.
Ella había estado en sus brazos, con los ojos brillantes... entregada y maravillosa.
Alegremente, se dio la vuelta para abrazarla y hablarle de amor, pero ella no estaba.
Sasuke se puso de pie de un salto y miró alrededor. La botella de vino y las copas seguían en la chimenea, recordándole cómo había empezado todo.
Se preguntaba si Sakura estaría enfadada. Tendría todo el derecho a estarlo, pero no podía olvidar los recuerdos de su calor y su entrega.
Subió la escalera, llamándola, deseando volver a verla, pero no había rastro de ella. Cuando volvió a la cocina, vestido, encontró una nota en la que sólo decía que se había ido a montar a caballo.
Pero algo no cuadraba. La nota era demasiado escueta, demasiado seca. Aún así, salió de la casa para dirigirse a los establos.
Un minuto más tarde estaba montado sobre Sharingan, un caballo negro que solo él solía usar y cabalgaba en la dirección que solían tomar. Un rato más tarde la vio delante de él, galopando a toda velocidad, con el cabello al viento. Aquella imagen hizo que su corazón se llenara de alegría.
Ella lo saludó en la distancia y redujo el galope.
— Buenos días —sonrió—. Es una mañana preciosa, ¿verdad?
— Maravillosa —asintió él.
— No hay nada como el ejercicio para sentirse bien.
Sakura estaba sonriendo y, sin embargo, había algo raro. Su sonrisa era demasiado amplia. Sasuke quería besarla, pero aquel despliegue de alegría parecía apartarlo.
— Pareces muy contenta esta mañana —aventuró.
— Nunca me he sentido mejor. ¿Te apetece galopar?
— Sakura, espera. Tenemos…
— Primero, vamos a correr un poco.
— No —dijo él—. Tenemos que hablar.
— ¿De qué?
— ¿De qué? De lo que pasó anoche…
— Ah, eso —lo interrumpió ella, como sin darle importancia. Sasuke la miraba, perplejo—. Sasuke, estuvo muy bien, de verdad, pero no ha significado nada. Los dos estábamos solos y un poco tristes y… bueno, nos consolamos mutuamente —sonrió—. No hay que darle más vueltas.
Después de eso, ella lanzó a su caballo al galope. Sasuke intentaba seguirla, pero su caballo era más viejo y no podía hacerlo. Sakura siempre galopaba a toda velocidad, pero aquella mañana lo hacía de forma salvaje, como si no le importaran las consecuencias. Sasuke la miraba aterrado, esperando que cayera de un momento a otro y, por fin, ocurrió.
Aterrorizado, espoleó a su caballo, pero cuando estaba llegando a su lado, ella se había levantado de un salto.
— ¡Sakura! —exclamó, bajando del caballo e intenta tomarla en sus brazos. Para su sorpresa, ella se apartó.
— No ha pasado nada, Sasuke. De verdad. Lo único que espero es que mi caballo no se haya hecho daño.
— A mí sólo me preocupas tú —dijo él con voz ronca—. Ven aquí —añadió, tomándola del brazo.
Aquella vez ella se apartó de golpe, mirándolo con los ojos brillantes de furia.
— No ha pasado nada —insistió ella, con un tono de voz que Sasuke no conocía—. Estoy bien. Mira—añadió, subiendo de un salto a la silla—. Será mejor que vuelva al establo para que le echen un vistazo al caballo —dijo, acariciando el cuello del animal—. Pobrecito. Ha sido culpa mía.
Durante el camino de vuelta, Sakura iba al trote y Sasuke podría haber cabalgado a su lado, pero iba detrás, desolado por la forma en que su sueño se había roto en pedazos. No había error posible; Sakura le había dicho que lo de la noche anterior no había significado nada para ella, mientras que para él había sido una revelación. Sabía que no había habido otro hombre antes que él. La había obligado a entregarle algo que sólo le pertenecía al hombre al que amaba y ella no podía soportar que la tocase. Lo odiaba y tenía derecho a hacerlo.
Cuando el veterinario comprobó que el caballo no se había hecho daño, volvieron a la casa en silencio. Sakura estaba muy pálida y Sasuke no sabía qué decir.
— Creo que lo mejor es que salgamos a despejarnos un rato. ¿Quieres que lo hagamos esta tarde?
— No, gracias —dijo ella. Sasuke sentía que su corazón se rompía en pedazos. — Faltan solo unos días para la boda, prefiero estar ayudando a mi prima. ¿Podemos regresar a casa?
Durante el viaje de vuelta, Sakura había insistido en sentarse en el asiento trasero, alegando que estaba muy cansada. A través del retrovisor, Sasuke podía verla tumbada con los ojos cerrados. Parecía que hubiera llorado.
Sasuke hizo un último esfuerzo cuando llegaron a la casa principal de la hacienda.
— Lo siento, Sakura, de verdad —dijo en la puerta.
— No tienes que pedir disculpas.
— Tú sabes que sí. No sabes cómo siento lo de anoche. No debería haber ocurrido, yo no quería y si supieras cuánto lo siento…
— Lo sé, Sasuke. Dejémoslo estar. Buenas tardes —dijo ella, con frialdad, subiendo las escalera antes de que él pudiera contestar.
X.
Los días que faltaban para la boda llegaron a su fin, y en el transcurso de todos ellos, Sakura había hecho hasta lo imposible por ignorarlo. Sasuke, sin fuerzas para seguir insistiendo, había volcado toda su atención pasando el tiempo con los hombres de la casa mientras, a la distancia, observaba a Sakura sonreír mientras ultimaba detalles con las mujeres.
Era la mañana del día de la boda, había gente entrando y saliendo, corriendo con arreglos florales hacía el extenso terreno del patio donde una gran y elegante carpa blanca había sido montada junto a una elegante pista de baile, sillas comenzaban a ser acomodadas y todos parecían concentrados en sus tareas.
Llamó a Karin, sabiendo que tenía que hablar con ella, pero ella era una mujer muy lista. Cuando dejó el tercer mensaje en el contestador y ella no devolvía ninguna de sus llamadas, empezó a entender lo que pasaba.
No insistió más y fue así como ella desapareció de su vida.
Se enteraba de lo que Sakura hacía por medio de Naruto y, a pesar de que había decidido no insistir más, la opresión de su pecho parecía no querer desaparecer y tenía que encontrar la manera de sacarlo.
Ya se había bañado y se encontraba arreglándose el moño de su traje, en unas cuantas horas comenzaría la boda religiosa en la iglesia del pueblo y tanto él, como los demás hombres, habían tomado la casa de invitados para arreglarse y así impedir que los novios se vieran.
— Tío Sasuke —Asuka entró a la habitación donde todos se encontraban cambiándose, se veía realmente preciosa con su vestido blanco con flores y su cabello rizado adornado con moños a los lados— ¿Puedes venir un momento?
— ¡Qué bonita estás, Su! —Exclamó Naruto, con su sonrisa radiante.
— Preciosa —Apoyó Neji, sonriendo a su sobrina.
La pequeña se sonrojó.
— Gracias. —Dirigió su mirada al pelinegro— ¿Tío Sasuke?
— Sí, ¿Qué sucede?
— Mamá dice que si puedes venir un momento a la casa principal —Respondió— Ella y la abuela quieren que las ayudes a subir unas flores para la iglesia.
— Yo también puedo ir, Su.
— No, papá. Mamá dijo que si no consigues que Kaname-chan quede presentable con su traje, dormirás en el sofá —Dijo, viendo con una sonrisa como su hermanito se removía e intentaba quitarse el traje. Itachi suspiró y bajó la cabeza, derrotado.
Sasuke siguió a su sobrina hasta la casa principal, cuando entró fijó su vista en Sakura quien, en una esponjosa y gruesa bata, preparada té en la cocina. Estaba recién bañada y Sasuke sintió su cuerpo tensarse al saber que bajo la tela, estaba completamente desnuda.
— Asuka, adelántate. Enseguida voy.
— Claro.
Se acercó a Sakura y tomó aire antes de colocarse al otro lado de la meseta. Cuando intentó hablar con ella, ella respondió alegremente, pero negándose a hablar sobre sí misma. Parecía decidida a mantenerlo a distancia y Sasuke no sabía cómo romper esa barrera. Pero él mismo había sido quien la había levantado con su comportamiento y nunca podría perdonarse a sí mismo.
— Sakura, no podemos seguir así —rogó él—. Tenemos que hablar.
— No sé para qué.
— Porque no podemos dejar las cosas así. Siento mucho lo que pasó la otra noche, pero…
— ¿Pasó algo? Ah, sí, claro. Ya me acuerdo.
— No digas eso. Si me odias por hacerte el amor, al menos dímelo. Lo siento. Haré todo lo que quieras para que me perdones, pero no me odies, Sakura.
— ¿Odiarte? —Repitió Sakura, incrédula—. ¿Odiarte?
La amaba tanto que hubiera deseado tomarla en sus brazos y suplicarla que lo amase. Entonces, vio algo en su rostro que hizo que su corazón latiera con fuerza.
— ¡Eso es! —exclamó—. Ahora lo entiendo. Siempre ha estado ahí, pero no me había dado cuenta.
— ¿De qué estás hablando?
— Ahora sé por qué siempre me has recordado a Iris.
— ¡Por favor! —exclamó ella, furiosa—. Siempre Iris. Sigues enamorado de ella, pero no es más que un fantasma que sólo existe en tu imaginación.
— Cariño, deja que te explique…
— No me llames cariño. No lo soy y no lo seré nunca. Nada de lo que digas significa nada para mí.
— No quería hacerte daño —dijo él, humildemente—. Intenta perdonarme, aunque yo nunca podré perdonarme a mí mismo.
— Tú no sabes cuándo le haces daño a la gente, Sasuke. No te das ni cuenta. Vete y déjame en paz. No quiero volver a hablar de esto. No queda nada que puedas… —pero no pudo terminar la frase porque se le atragantaron las lágrimas.
— Sakura… —susurró él, acercándose, pero ella lo apartó.
— ¡No! —exclamó ella, tomando en manos la bandeja con varias tazas de té— Es el día de Hinata y Naruto y no quiero hacer nada que los disguste. Así que no te acerques a mí en lo que resta del día, es más, no te acerques a mí en lo que te queda de vida. Si me disculpas, hay una boda que celebrar.
La observó salir de la cocina refrenando sus impulsos por seguirla, besarla, y demostrarle lo que sentía por ella.
Sasuke sabía que ella no querría escucharlo. Nunca había visto tanta tristeza en el rostro de nadie y era él quien la había causado.
Después de tantos años había encontrado a su amor, el auténtico amor de su vida y tenía que enfrentarse con la verdad que lo había perdido en el mismo momento de encontrarlo.
Qué ironía.
X.
Fin de capítulo 14
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X.x.X
¡Penúltimo capítulo!
¿Qué les pareció? Al fin Sasukito ha caído en las garras del amor y le toca sufrir aunque sea un poco. En el próximo capítulo será ya la boda donde Sasuke tendrá que enfrentar todo lo que Sakura ha guardado en este tiempo, también se sabrá la historia tras el tatuaje de Sakura (¿Lo recuerdan?) igualmente sabremos cómo fue cuando estos dos se conocieron por primera vez, y alguna que otra cosilla que hará que de una vez Sasuke sepa cuan equivocado está.
El próximo será el final y, por lo tanto, algo más largo que éste y solamente faltará el epilogo.
Espero sus comentarios.
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Dios los bendiga.
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¿Me sonreirías?
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