Scott llegó a su casa sumamente enojado. Esta vez sus hermanos sí que lo habían sacado de quicio. Subió las escaleras mientras iba tirando prendas de ropa por doquier. Botas, chaqueta, corbata, camisa. Menos mal que vivía solo. Entró al baño completamente desnudo, dispuesto a darse una ducha.
El agua caliente lo hacía relajarse completamente. Cerró los ojos. Se le venía a la cabeza todo lo que había hecho en el día, desde la estúpida reunión hasta la conversación con sus hermanos de ese día. Pero lo único que hacía presencia en su mente y no se iba era la imagen del canadiense.
Sonrió cuando pensó en el rápido cruce de miradas en la reunión. El pequeño había apartado la mirada algo avergonzado, pero aún así, Escocia todavía sentía esa extraña sensación en la boca del estómago. Era extraña pero agradable. Sólo Matthew podía hacerlo sentir así. Con sus ojos brillantes, del tono de azul más hermoso que podría haber visto en su vida.
Su sonrisa se ensanchó al recordar esa dulce voz saludándolo. Ese tono de voz tan suave era como música para sus oídos. Adoraba la voz y el acento del canadiense, a pesar de los toques ingleses. Para el escocés, todo en Canadá era perfecto. Ese cabello dorado que caía de una forma jodidamente perfecta a ambos lados de su cara; adornado por ese extraño rulo. La pequeña sonrisa que siempre llevaba en sus labios. Esos labios, ¡cuánto daría Escocia por poder besarlos! Fantaseaba con tener al rubio entre sus brazos.
Scott abrió los ojos. La temperatura del agua había bajado un poco; llevaba bastante tiempo bajo la ducha y apenas se había enjabonado. Terminó rápidamente de bañarse y se vistió. Luego fue hasta la sala a relajarse, algo que estaba deseando desde que la reunión había acabado. Sirvió un vaso de whisky escocés y puso música. Se acostó en su cómodo y mullido sofá. Bebió aquella bebida, y el líquido le brindó ese ya conocido calor en sus entrañas. Pensó nuevamente en Matthew, y estaba seguro de que el pequeño sería todavía más reconfortante que esa bebida.
Así como se encontraba en ese momento era casi la perfección. Sólo faltaba que Canadá este de verdad allí, y no sólo en los pensamientos de Escocia.
Abrió los ojos súbitamente y miró un reloj de pared que marcaba las diez de la mañana. Al parecer, Scott se quedó dormido toda la noche. El vaso (vacío) de whisky se encontraba en un rincón del sillón. ¿Qué lo había despertado? El sonido del teléfono, sin duda. Le costó reaccionar antes de atenderlo.
Se incorporó, y levantándose del sillón con parsimonia, extendió la mano para tomar el teléfono. Gruñó algo ininteligible a modo de saludo.
-Hola… ¿eres tú, Escocia?-saludó una voz al otro lado de la línea.
Al dueño de la casa se le cayó el alma a los pies. Era Canadá. Carraspeó, pero aún así, la voz extremadamente ronca de recién levantado fue imposible de disimular.
-Sí, soy yo-contestó mientras asentía con la cabeza, como si el otro pudiera verlo.
-Perdona si te acabas de levantar… llamaré en otro momen…
-¡Nooo!- exclamó el escocés, alargando la "o" de manera que un extraño sonido grueso y a la vez desafinado salió de su garganta. Se reprendió mentalmente. Maldita voz matutina. Pudo escuchar que Canadá, desde el otro lado de la línea, lanzaba una melodiosa risa. A Escocia sintió como la sangre se acumulaba en sus mejillas, pero no sabía si era por haber hecho el ridículo o si era a causa de la preciosa risa del canadiense.
-¿Sucede algo?-preguntó el mayor en cuanto las risas cesaron.
-Más o menos…-dijo el norteamericano-En realidad me sentí muy mal al no acompañarte ayer-esto último lo balbuceó un poco. Scott hizo una mueca. No le gustaba que le tengan pena o lástima. Y más si era Williams.
-No importa. No te molestes, en serio, no pasa nada-lo tranquilizó Escocia mientras pensaba "en realidad, pasa de todo".
-No, no, hablo en serio Scotland. En verdad, a mí me gustaría pasar un rato contigo-Canadá se ruborizó completamente desde el otro lado de la línea, mientras se cubría la boca con la mano. ¿Cómo se le pudo haber escapado eso?
Scott sonrió.
-La próxima semana la reunión será en casa de tu hermano, América, en New York, ¿no es así?
-Sí-confirmó el canadiense
-Entonces nos veremos allí. Y luego tomaremos algo.
-De acuerdo… esto… Scotland…
-Scott-corrigió Escocia.
-Yo… bueno… me alegré mucho de hablar contigo ayer… estaba muy feliz- el canadiense se percató de lo que había dicho-¡Argh! ¡No debí haber dicho eso!… etto… ¡Lo siento mucho! ¡Adiós!
La llamada finalizó. El pitido de que habían cortado quedó sonando en el teléfono de Escocia. Pero lo que había en su cabeza eran las palabras de Canadá.
Devolvió en teléfono a su lugar, mientras se dirigía a preparar un desayuno. Ese día estaría un poco menos gruñón que los demás. Con suerte, le duraría lo que quedaba de la semana, así hasta ver a Canadá.
Unos cuántos kilómetros más allá, Canadá tenía la cabeza enterrada en el almohadón. Su oso mascota, Kumajiro, lo miró atentamente.
-¿Qué ha sucedido?-preguntó el animal
-Se me escapó algo que no debía. Qué vergüenza- contestó es canadiense avergonzado.
-Ah. Esto, ¿y tú quién eres?
-Soy Canadá. Estoy enamorado de Escocia. Y al parecer, se me escapan cosas sobre mis sentimientos que él no debería saber.
-… Eres un poco raro-le dijo el oso, para luego seguir comiendo.
La semana pasó sin muchos acontecimientos. Excepto claro, el buen humor de Scott a medida que pasaban los días. Los primeros en darse cuenta de eso habían sido sus hermanos.
Gales, después de hacerle una broma de mal gusto acerca de las faldas escocesas, sólo recibió un hermoso gesto (véase levantar el dedo medio). Nada de un insulto o una tomada de pelo mil veces peor. Deian casi se desmayaba.
Inglaterra se quedó de boca abierta cuando su hermano le dijo que esperaba impacientemente la próxima reunión de los países. ¡Eso que el escocés era uno de los que más las odiaba!
Irlanda sufrió un shock. Escocia era de lo más celoso, y no le había dicho nada a Francia cuando se acercó con intenciones nada inocentes a Cian. Esto alarmó al menor. Eso y el francés, claro.
No cabía duda. El mayor estaba sumamente extraño. Aunque el día de la reunión en casa de Estados Unidos recuperó levemente su humor de siempre.
Los británicos fueron de los primeros en llegar. El estadounidense los recibió con su buen humor de siempre. A medida que los demás países iban llegando, Escocia buscaba con la mirada desesperadamente a Matthew. El menor no aparecía por ningún lado. ¿Acaso ahora era invisible también a los ojos de Scott? Era imposible, el escocés se sentía como la última persona en ignorar a Canadá.
De pronto la puerta se abrió. Obviamente, la mayoría de la gente ni se inmutó o sólo vieron un espacio vacío. Pero el de cabello rojo suspiró aliviado. Su amado rubio acababa de entrar.
La reunión no tardó mucho en empezar. Estados Unidos comenzó con su discurso acerca de que esa sería la última reunión en una buena temporada. Escocia maldijo internamente. No tendría más excusas de estúpidas reuniones para ver a Williams. Dirigió su mirada hacia éste. Sus ojos esmeraldas se encontraron con los zafiros de Matthew. El rubio pequeño se sonrojó de sobremanera e intento fijar su vista en el heroico discurso de su hermano mayor. Pero no podía evitar dejar de mirar a Escocia. El mayor le estaba dirigiendo una sonrisa. Canadá se sonrojó aún más, e intentaba despegar la mirada de Scott, pero fallaba en el intento. No podía dejar de mirarlo. Era ridículo. Todavía estaba muerto de vergüenza por aquello que le había dicho por teléfono. Y no ayudaba el hecho de que al terminar la reunión, ambos irían a quién sabe dónde a hacer quién sabe qué. ¿Sería acaso una cita? El canadiense estaba que se moría de la vergüenza.
Escocia también sentiría que moriría, pero de una terriblemente cursi ataque de ternura. Matthew se veían tan tierno que le daban ganas de abrazarlo con todas sus fuerzas. De besarle el rostro cientos de veces, especialmente esas mejillas completamente rojas, o sus preciosos labios. O millones veces mejor, llevárselo de esa estúpida reunión, llegar a su casa, y hacerle eso y mil cosas más.
El resto de la reunión continuó con las mismas discusiones de siempre entre las mismas naciones de siempre. También con disimuladas miradas entre un escocés y un canadiense. Y no ignoremos a Francia, que (cuando no se encontraba peleando con Inglaterra) le susurraba cosas en el oído a un muy sonrojado Irlanda.
Scott golpeaba el piso con el pie de forma sistemática. Esperaba impaciente que Jones avisara que la reunión se había terminado. Canadá jugaba con sus dedos. Él no sabría qué hacer después de que su hermano mayor diera por finalizada la junta. ¿Debía esperar sentado a Irlanda, o acaso debía levantarse y buscarlo? ¿Tenía que estrecharle la mano, abrazarlo, darle un beso en la mejilla o simplemente decirle "hola"? ¿De qué hablarían? Hablar sobre la reunión no parecía ser un tema de interés para el escocés. ¿Y hablar del clima? Eso sólo significaría que la cita iba en camino a ser un fiasco total y… ¿Desde cuándo comenzó a referirse a eso como una cita? Canadá se cacheteó mentalmente. Sus dramas acabaron cuando Alfred gritó "¡Construiré un héroe gigante y salvaré al planeta! ¡Y hasta aquí por el momento! ¡No nos veremos en un largo tiempo!". Eso último fue celebrado por aplausos, vítores y exclamaciones de júbilo por parte de aquellos que no soportaban más escuchar al americano hablar sobre héroes. Es decir, de parte de casi todos.
Escocia se levantó rápidamente y fue hasta el asiento de Matthew. Le sacudió el hombro izquierdo levemente. El rubio se sobresaltó y miró asustado hacia atrás, encontrándose con los profundos ojos verdes del mayor. Esa mirada tranquilizó al menor, que se puso de pie y buscó con la mirada al estadounidense para poder despedirse. El norteamericano mayor parecía estar muy ocupado molestando a Inglaterra, así que en canadiense simplemente caminó junto con Scott hacia la salida.
El de ojos azules miró al mayor, que se encontraba a su izquierda y se estaba quitando los guantes. Ambos salían del edificio rumbo a… ¿dónde?
-Esto… Scotland…
-Scott-corrigió el mayor.
-¿A dónde vamos?-preguntó el rubio. El otro se encogió de hombros -¿No tienes ideas?- preguntó el canadiense algo alarmado.
-No-contestó restándole importancia. De repente, con su mano derecha estrechó la del canadiense. El norteamericano se ruborizó y miró como el europeo sonreía.
-Scotland...
-Scott-corrigió nuevamente.
-¿Por qué… haces esto?
-Porque me gusta estar contigo. Aunque no sepa hacia dónde vamos.
Las mejillas de Canadá enrojecieron aún más. Y la sonrisa del escocés se ensanchó aún más. Se había sacado los guantes.
Y el contacto con la pequeña, cálida y suave mano de Matthew era la sensación más linda hasta el momento.
Y esto es todo por hoy. Muchas gracias por sus reviews, aunque ya lo saben dado que contesto todos los reviews no anónimos.
Creo que el capítulo que viene o el otro subiré el rating a T (Seguramente el siguiente), eso significa que Scott tendrá sus hormonas un tanto descontroladas kesesese.
Bueno, espero que les haya gustado! No olviden dejar su review, que me inspiran a seguir~ Y gracias por todo, nuevamente! ~
