Escocia apretó un poco la mano de Canadá. El sentir la pequeña mano del canadiense contra la suya se sentía espectacular. Caminó con su acompañante hasta su auto (*). Escocia encendió el motor y pasaron el camino hablando sobre cómo iban los asuntos del canadiense. Scott quería hacerlo sentir lo más cómodo posible. Llegaron a una cafetería bastante poco concurrida. Iba a ir a buscar un par de cafés, pero el menor se le adelantó y fue a pedirlos a un mostrador. Scott se dejó caer en una silla y contempló su mano. Su mirada viajó hasta el canadiense, que en ese momento estaba de espaldas. El mayor sintió un cosquilleo en el estómago.

Al poco rato, Matthew tomó asiento en frente al de ojos verdes. Escocia extendió la mano para tomar su café, y rozó sus dedos con los de Canadá. El menor, al sentir el ya familiar cosquilleo en el estómago que le daba cuando estaba con Scott, apartó rápidamente su mano con su bebida.

Ambos comenzaron a beber tranquilamente. El norteamericano no soportaba mucho el silencio, por lo que intentó sacar tema de conversación.

-Esto… La reunión se hizo un poco larga, ¿no crees?-Escocia simplemente asintió con la cabeza. Canadá suspiró. Su acompañante no se lo ponía nada fácil –Fue la última. No habrá otra hasta dentro de mucho tiempo…

El pelirrojo chasqueó la lengua. No le gustaba esa perspectiva, la de tener que inventar excusas ingeniosas para estar con el rubio sin que éste sospechara nada.

Canadá tragó saliva. El escocés era muy especial para él, pero de verdad le costaba bastante hablar con él. Inhaló aire e intentó preguntarle aquello que tanto quería saber.

-Entonces… ¿nos volveremos a ver pronto o… dentro de mucho tiempo?

Scott casi se atragantó son su café. Miró sorprendido al canadiense. ¿Acaso era una simple pregunta o le estaba diciendo indirectamente que le gustaría que se volvieran a ver? ¿Cómo debía interpretar esa frase? Suspiró. Se arriesgaría por la segunda opción. Tal vez si tuviera alguna esperanza con el rubio…

-Podemos vernos aunque no haya reuniones-Scott hizo una pausa-Si tú quieres, claro.

Matthew enrojeció. Justo cuando había logrado tranquilizarse un poco, el mayor saltaba con esas. Aunque no podía culparlo, él había sacado tema de conversación…

Ambos se sentían como dos adolescentes de película de Hollywood que están enamorados y se encuentran en una cita.

El tiempo pasaba. Canadá comenzó a hablar sobre temas un tanto triviales, hasta que de pronto vio el reloj. Consideró que debía irse. Se puso de pie, y miró al escocés.

-Debería irme.

-¿Eh?-balbuceó Scott preocupado – ¿Ya?-Canadá asintió con la cabeza ante la expresión decepcionada del otro.

-Además debes ir a tu casa. Queda bastante lejos de aquí, ¿lo sabes, verdad?

-Me las arreglaré. Si quieres puedo llevarte a tu casa.

Matthew asintió con la cabeza, susurrando un "gracias". Se sentó en el asiento de acompañante del gran vehículo del escocés.

-No creí que tu vehículo fuera una marca inglesa-comentó el canadiense.

-Fue un regalo de Inglaterra-contestó Escocia, con una mueca en el rostro. No admitiría que le encantó el regalo de su hermano menor.

Canadá miró por la ventana. A medida que el mayor conducía, el paisaje estadounidense se hacía cada vez más lejano. Avanzaban rápidamente…

-Wait!-exclamó súbitamente Canadá, completamente asustado- ¡Vas a una velocidad muy alta! -

El escocés bufó un poco, pero disminuyó la velocidad. A pesar de que odiaba manejar lento, no quería que Matthew la pasara mal. Y menos por su culpa.

-¿Mejor?-refunfuñó Scott.

-Ah... sí-tartamudeó un poco el otro. No quería que Escocia se enojara, pero de verdad le costaba estar tranquilo en un auto si el conductor iba rápido. Además, el escocés manejaba como una bestia. Canadá abrió la guantera del automóvil. Sabía que era algo muy maleducado de su parte, pero era un chico muy curioso.

Scott lo miró alzando una ceja. No creía que el canadiense hallara algo interesante. Sólo tenía algunos papeles del auto y otros sin importancia, un montón de paquetes de cigarrillos vacíos, una foto del canadiense cuando era pequeño, la cual estaba a punto de encontrarse con las manos del canadiense…

Escocia reaccionó y se desvió de la carretera para frenar a la sombra de un árbol. El canadiense dejó su tarea por un segundo para mirar confuso al escocés por el motivo de esa repentina pausa. El mayor coló su mano entre las del canadiense para agarrar la foto antes de que los ojos azules del rubio repararan en ella.

-¿Qué era eso?-preguntó curioso el menor.

-Nada.

Canadá suspiró. Escocia mantenía la foto dada vuelta contra su pecho. El más bajo se dio cuenta de que no debió haber revisado tan repentinamente las pertenencias del escocés. Uno nunca sabía lo que podría haber en el auto de alguien. Aún así, lo que sea que fuera ese papel, lo traía bastante curioso.

-Scott…-comenzó el canadiense, llamándolo por su nombre por primera vez. El aludido lo miró algo sorprendido. No se esperó que el pequeño lo llamara por su nombre de pila.

Le encantó.

-Lo lamento. No debí haber revisado eso-siguió Canadá avergonzado, pero hablando con claridad.

-No pasa nada. Sólo que me tomó por sorpresa.

Escocia sonrió. Matthew se ruborizó, aunque su vista se volvió a posar en lo que en escocés sostenía entre sus manos.

-¿Me muestras eso?-preguntó tímidamente el menor.

Scott suspiró, y apagó el motor del auto. No podía no mostrarle al canadiense esa hermosa foto. Y seguramente su acompañante pediría respuestas o lo que sea. Le extendió el papel. El rubio lo volteó.

Un niño de pelo claro y lacio, con un pequeño rulo saliendo de su cabeza, sonreía a la cámara con sus ojos azules brillando de felicidad. El norteamericano se reconoció en aquella fotografía. Incluso recordaba el momento en el que fue tomada. Fue durante la última vez que, viviendo en casa de Inglaterra como una colonia, se encontró con Escocia. Aunque ninguno de los dos sabía que ese era el fin de las visitas vespertinas del pelirrojo a casa de Arthur.

-Canadá… te sacaré una foto. Pero quiero que sonrías…

-¿Por qué?-contestaba el niño.

- Porque te ves más lindo cuando sonríes. Sonríe para mí.

Y Canadá obedeció. Le regaló la sonrisa más sincera y hermosa, aquella que el mayor de los Kirkland tanto amaba.

En el auto, los ojos azulados se encontraron con los verdes. El más pequeño le devolvió al escocés. Le sorprendió un poco el hecho de que el escocés tuviera esa foto. Abrió la boca para comenzar con la sarta de preguntas que se le habían aparecido en la cabeza. ¿Qué hacía esa foto ahí? ¿Qué significaría el hecho de que Escocia la tuviera? ¿Era casualidad? ¿El escocés la sacaría para mirarla alguna vez? En lugar de eso, sólo pudo hacer una casa luego de guardar la foto en el lugar donde lo encontró.

Inclinándose por encima de la palanca de cambios, rodeó con sus brazos el torso del más alto y apoyó la cabeza entre el cuello y el hombro del europeo.

El británico sintió algo similar a un choque eléctrico cuando sintió los delgados brazos rodearlo. Era una posición un tanto incómoda, dentro del vehículo, pero no le importó nada. Era casi perfecto. Hizo acopio de su gran fuerza y arrastró el cuerpo del canadiense para sentarlo en sus rodillas. Los pies del más bajo quedaron sobre el asiento de acompañante, mientras que las piernas pasaban por encima de la palanca de cambios. El rubio se sonrojó al darse cuenta que estaba sentado sobre las piernas del escocés. No duró mucho, ya que los fuertes brazos del pelirrojo lo rodearon, brindándole una calidez que sin duda no cambiaría por nada en el mundo.

Así como estaban, abrazados y en silencio, Escocia se dio cuenta que no podría existir nada que lo hiciera más feliz. Bueno, un par de besos y algo más, pero no importaba nada más en ese momento. Tener al rubio entre sus brazos, sintiendo la tibieza de aquel esbelto cuerpo, oler su cabello y que el aroma a miel de maple nuble tus sentidos; todo eso sentía extremadamente bien.

Llevó una mano hacia la cabeza del menor para acariciar el lacio cabello. Era completamente suave. Las finas hebras le daban leves cosquillas entre los dedos.

El de ojos azules no habría tenido ningún tipo de problema en dormirse allí mismo. Una de las manos de Scott acariciándole el cabello, y la otra sujetando su cintura. El escocés le generaba las sensaciones más lindas. Y viceversa.

No querían acabar con el silencio. No deseaban perder el contacto con el cuerpo del otro. Era lo mejor que habían sentido en ese momento.

Pero no todo dura para siempre.

La atmósfera se vio destruida cuando el celular del más bajo comenzó a sonar. El dueño del auto soltó un par de groserías y su acompañante atendió. Se trataba de Alfred.

-Brother. Where are youuuuuuuuu? ¡Te llamé a tu casa y no estabas!-exclamó Jones del otro lado de la línea.

-Lo siento. Estoy en camino. ¿Qué pasó?

-Oh sí. Es que no pude despedirme de ti en la reunión. Cuando te busqué, Gales comenzó a reírse y dijo que seguramente estabas con Escocia. ¿Estás con Escocia? ¿Por qué se rió Gales?

-Estoy con él… esto…

-Bah, no importa. No es como te encuentres en su auto que irónicamente se trata de una merca inglesa, que te encuentres sentado arriba de él, abrazándolo como un oso de peluche, etcétera -dijo el estadounidense desinteresadamente. Su hermano menor sintió que los colores se le subían a la cara -¿Por qué no contestas Matthew? ¿Canadá? ¿CANADÁ? ¿POR QUÉ NO CONTESTAS? ¿QUÉ RAYOS ESTÁS HACIENDO CON ESE ESCOCÉS? ¿EH? ¡RESPÓNDEME YA MISM…!-El norteamericano menor cortó la llamada. Luego hablaría con su hermano mayor sobre eso.

Escocia lo miró divertido. Nunca se imaginó al muy educado canadiense dejando colgado a alguien, y menos al rubio mayor.

-Lo siento mucho-se disculpó el menor, que todavía seguía sentado sobre las piernas del otro. Se disponía a volver a su asiento, pero Scott lo mantuvo firmemente sujeto de la cintura.

-Sabes que no tienes que disculparte. El que debe disculparse soy yo. Parezco un maldito acosador, guardando una foto tuya ahí.

-No es acoso… esto… yo creo que es muy tierno de tu parte-balbuceó Canadá –y tampoco es que te quiera lejos pero… debería volver a mi asiento y así poder seguir camino. Estamos bastante cerca de casa.

Muy a su pesar, el mayor le dio la razón y dejó que el canadiense se sentara en el asiento de al lado. Siguió manejando hacia la casa del norteamericano. Aunque no por eso dejó de hablar con él.

-Así que…-comenzó a decir Escocia-… ¿Crees que soy tierno?

-Ah… yo… bueno, sí lo creo.

Se hizo silencio. El mayor disminuyó la velocidad y se giró para mirar a Canadá a los ojos. Era en ese momento o nunca.

-Matthew, no tienes idea de cuánto te amo.

De haber estado bebiendo o comiendo algo, el rubio se hubiera atragantado.

-¿Lo dices en serio?-preguntó un poco desconfiado.

-Yo no miento-respondió el escocés con una seria mirada en su rostro.

El norteamericano se sentía feliz, pero algo abrumado. Demasiadas cosas estaban sucediendo ese día. Pero no podía quejarse. Siempre deseó que eso sucediera. Sus ojos azules buscaron lo verdes del europeo hasta que los encontró.

-Scott- el aludido se estremeció levemente por la mención de su nombre saliendo de esos labios, y por el suave, pero claro y firme, tono de voz que usó Canadá –También… te amo. Te amo.

Escocia creyó que perdería el control del vehículo de un momento a otro, pero de puro milagro logro mantenerse estable. Hasta que estacionó en la entrada a la casa del canadiense.

-Hemos llegado-anunció el conductor.

Canadá no quería bajarse del auto. No quería estar lejos del británico justo en esos momentos. Consiguió alcanzar la llave y apagó el motor. Tomó una de las manos del mayor y tironeó un poco de ella.

-Ven conmigo-le pidió, aunque sonó un poco demandante.

-¿Seguro?-preguntó el pelirrojo.

-Ya sé que suena egoísta pero… -el canadiense hizo una pausa para tomar aire con un poco de pesadez –quiero que te quedes conmigo esta noche.


(*)Si quieren saber cuál es el auto de Escocia, es un Aston Martin DB9, color gris. Vi por ahí que es Made in Inglaterra, por eso puse que fue un regalo de Iggy.

Perdón si destruí muchas de sus románticas fantasías (¿?) pero estos dos van lento D: Pero el capítulo siguiente tratará de la segunda parte de esta cita, es decir lo que sucede esa noche en casa de Canadá. Muchas gracias por sus comentarios :D! Espero que este capítulo les halla gustado. Saludos a todos~