-¿Quedarme contigo?-preguntó el escocés, más para sí mismo que para el canadiense. Este último asintió con la cabeza. El pelirrojo quitó las llaves y se bajó del auto. El rubio lo imitó, y avanzó hasta la casa para destrancar la puerta. Una vez realizada la tarea, giró el picaporte e hizo señas hacia el mayor para que entrara. El de ojos verdes no vaciló e ingresó a la pequeña pero acogedora casa de Matthew.

El europeo se quitó la chaqueta. Dentro de la casa, la temperatura era mayor que en el auto.

El rubio fue hacia el rincón de la sala en el cuál Kumajiro solía descansar. El pequeño animal entreabrió los ojos y movió un poco la cabeza para darle a entender a su amo que se encontraba bien. Pocos instantes después, volvió a conciliar el sueño.

-Kumajiro creció bastante-comentó la voz del británico a espaldas del norteamericano. El dueño de la casa asintió con la cabeza y fue a sentarse en el sillón. Su invitado lo imitó.

Ambos se quedaron sentados en silencio. El mayor rodeó los hombros de Matthew con uno de sus brazos, y lo atrajo hacia sí. El menor recostó la cabeza en el hombro del otro, mientras entrelazaba sus dedos con los de la mano libre de Escocia. Ahora ambos se encontraban más cómodos. El mayor besó la coronilla del rubio y acarició el hombro del canadiense de un modo reconfortante. Canadá había pensado en encender la televisión, pero cerró los ojos y descartó la idea. No necesitaba nada más en ese momento.

Scott deseaba con todo su ser poder probar los labios del norteamericano. Aunque se aguantó, para no arruinar el momento. El de cabellos dorados parecía estar tan a gusto en ese momento que no se veía capaz de interrumpirlo. Si Canadá quisiera, Escocia se quedaría toda la noche así. Aunque no era que le molestara demasiado. Sólo tenía que controlarse un poco. La mano que estaba posada en el hombro el rubio viajó hasta los cabellos dorados. El canadiense se acomodó sobre el pecho del europeo.

Pasó un rato, y el británico observó el rostro de Matthew. Éste se encontraba profundamente dormido, con una de sus manos entrelazada con la de Scott y la otra descansando sobre el pecho del más alto. Los cabellos desordenados por las constantes caricias del pelirrojo. Los lentes estaban un poco torcidos y los labios entreabiertos.

Todo un espectáculo a los ojos del escocés.

Sin poder reprimir una sonrisa un tanto boba, dejó de acariciar el cabello de Canadá y posicionó su mano libre sobre la mejilla del menor. Acarició con sus dedos la suave piel del rubio, y también le quitó los lentes.

Inconscientemente, sus dedos viajaron hacia los finos labios del canadiense. Todo en el menor era hermoso para el escocés. La suave textura hacía que el europeo acercara el rostro del norteamericano al suyo. Casi podía sentir sus narices rozándose. Luego cayó en la cuenta de lo que estaba haciendo. No quería que el primer beso que se dieran fuera con uno de ellos durmiendo.

Depositó un beso en la mejilla del canadiense. El menor abrió los ojos un poco desorientado. Los ojos azules (esta vez sin anteojos) se encontraron con los verdes. El corazón de Canadá latió más rápido cuando sintió la cercanía del rostro de su invitado.

El británico soltó la mano que todavía se mantenía unida a la del dueño de la casa, y tomó el rostro del norteamericano con ambas manos. Matthew sintió una extraña sensación en su interior al ver los ojos esmeraldas del otro con un brillo indescriptible. El mayor acercó más su rostro al del más bajo. El aliento del joven de cabellos dorados se mezclaba con el suyo, y sólo quería poder apoderarse de esos labios. Scott casi podía saborear la gloria. Sin dar más rodeos, rozó sus labios con los del otro. El de ojos azules se estremeció durante una milésima de segundo, pero luego cerró sus ojos y buscó a tientas los labios del pelirrojo.

Cuando Escocia sintió ese contacto más profundo que un simple roce, apretó más firmemente las mejillas de Canadá. Correspondió al beso con rapidez. Sus labios encajaban perfectamente con los del canadiense. Los leves movimientos de los labios de ambos armonizaban a la perfección entre sí. El de ojos azulados se separó un poco.

-Scott…-fue lo único que pudo decir.

-Matthew-dijo el otro, y quitó las manos de los cachetes del canadiense para llevarlos a la cintura de éste. Acercó su boca al oído del canadiense –Te amo.- susurró.

El otro se estremeció al sentirlo tan cerca. Quiso decirle que él también lo amaba. Pero sólo pudo sujetarlo del cabello y volver a unir sus labios con Escocia. Fue un beso similar al otro. Canadá separó leventemente sus labios de los del otro y respondió con un Je t'aime. Y así, volvió a atrapar los labios del de ojos verdes.

Pasaron un buen rato entre besos y caricias. Pero el canadiense necesitaba profundizar más el contacto. En un arrebato de lujuria, lo besó con fiereza. El pelirrojo sujetó con más fuerza la cintura del otro. La boca de Canadá depositaba suaves mordidas en el labio inferior del británico, apretaba su cuerpo más cerca del mayor, acariciaba sus cabellos rojizos desesperadamente. Scott, sucumbiendo ante las mordidas de Matthew, entreabrió la boca, y la lengua del menor se adentró tímidamente en la cavidad bucal del otro. Escocia reconoció el dulce sabor a miel de maple. El norteamericano pudo percibir cierto toque de menta. Las lenguas de ambos exploraban la boca del otro, se rozaban. El rubio volvía a morder los labios del escocés. El de ojos verdes estaba algo sorprendido por la repentina conducta de la ex-colonia de Inglaterra. Sintió a Canadá pegarse más a él. Lo sentía demasiado cerca, la boca aprisionando la suya, una de sus manos sujetando sus cabellos, la otra rodeando sus hombros. Las manos del europeo se colaron bajo la camisa del otro y acariciaron la piel desnuda en torno a la cintura del norteamericano.

Matthew creía que estaba casi en el paraíso. Todo era como un sueño. Pero era real. Los brazos de Scott, sus labios, sus caricias, todo su cuerpo era real. Era lo único real en ese momento.

Pero algo en su interior lo hizo parar. Sentía que las cosas estaban yendo demasiado lejos.

Muy a su pesar, Canadá se separó de Escocia. Se quedaron mirándose en silencio, todavía jadeando, y con el deseo todavía presente en sus respectivas miradas.

-Lo siento-se disculpó Scott –Fui yo quien inició todo esto.

Canadá negó con la cabeza. Había sido él quién descontroló la situación. Vio a Escocia, con los labios húmedos y un poco hinchados, la camisa arrugada, la corbata deshecha, los cabellos rojos desordenados. Condenadamente sexy. Se puso de pie y se vio al espejo que descansaba cerca de ellos. Él no se encontraba muy distinto: Los labios en las mismas condiciones, los cabellos dorados despeinados, sin anteojos, la camisa un poco levantada. Se volteó a ver al escocés. Parecía algo apenado, aunque mantenía la mirada ausente. Seguramente repasaba lo que aconteció momentos antes. El rubio se acercó al más alto. Se colocó los lentes y tomó una de sus manos.

-No te disculpes. Fue sólo un pequeño desliz-dijo amablemente para soltar una risita nerviosa-Todo está bien. ¿Quieres algo de comer?

Si se lo hubiera preguntado en medio de aquella sesión de besos, Scott hubiera respondido "Te quiero a ti". Pero no era el momento apropiado, por lo que simplemente se incorporó, sin soltar la mano del canadiense, y ambos fueron a la cocina.

Lo sé, soy mala (? No podía dejar que se descontrolaran tan fácilmente. Su primera vez debe ser más mejor xD. Tuve que dormir a Kumajiro, lo siento por las fans de él, pero un oso no era apropiado en esta situación. Las más atentas se habrán dado cuenta que el rating subió. Bueno, espero que el capítulo haya sido de su agrado :D. Sigan amando esta pareja y dejen reviews :3. Hasta la próxima.