Matthew comenzó a revisar la heladera para buscar algo de comida para él y el escocés. También algo para Kumajiro no le vendría mal. Fue hacia la sala a alimentar a su mascota, siendo seguido por la mirada esmeralda del otro. Los ojos de Scott no pudieron evitar posarse en aquel lugar dónde la espalda baja deja de ser llamada como tal. El pelirrojo se mordió el labio inferior y desvió la mirada hacia otro lado. No quería que Canadá lo descubriera observando con lujuria deseo ese redondo y bien formado trasero. Todavía estaba aturdido a causa de aquel beso tan pasional. Se preguntó hasta que punto podrían haber llegado. Sin duda a más. ¿Pero hubiera sido él capaz de parar al norteamericano? Seguramente sí. Scott no sería capaz de tener sexo con él así como así en ese sofá. Era demasiado apresurado. Pero aún así… se había quedado un poco excitado.
Canadá no tardó en volver a la cocina. Agradeció a los cielos que Kumajiro no se había percatado de lo que había sucedido en el sofá a sus espaldas. Tomó una bandeja de sándwiches que había en la heladera (Un regalo de Alfred, "por asistir a la reunión como hermano del héroe", había dicho después de la reunión de la semana anterior).
Scott se llevó un sándwich a la boca y comenzó a masticar distraídamente. Observó la habitación. A pesar de que la casa no era muy grande, la cocina era bastante espaciosa. ¿Sería porque le gustaba cocinar? Podría decirse que sí. Matthew fue colonia de Francia durante un tiempo, por lo que podría haber heredado el gusto por la cocina de éste (¿Cómo habría hecho para soportar la comida de Inglaterra?).
-Esto… Scott-lo llamó el canadiense. El aludido le prestó atención-¿Dónde quieres dormir esta noche?
Escocia lo miró algo sorprendido. Cuando el rubio le había dicho que quería que esa noche se quedara con él, no pensó mucho, creyó que sería un rato. Tragó saliva algo nervioso.
-Me da igual. Dormiré en el sofá –De haber sido Pinocho, a Scott le hubiera crecido la nariz con ese comentario. Era obvio que no le daba simplemente igual. Quería dormir con Matthew en sus brazos, de preferencia en la cama del canadiense. ¿Pero aguantaría así como si nada la cercanía del canadiense sin hacer algo aparte de dormir?
-No te dejaré dormir en el sofá-dijo el rubio, mientras entrelazaba su mano con la del escocés. El mayor sintió un cosquilleo en su interior ante el contacto repentino. El otro se sonrojó un poco. Quería decirle a Escocia que deseaba dormir con él esa noche. ¿Cómo se lo tomaría? Decidió arriesgarse, y tomó aire antes de sugerirle la idea –Quiero que duermas conmigo.
Fue el turno del británico para sonrojarse. Canadá realmente lo sorprendía cada vez más a medida que ese día transcurría. Asintió levemente con la cabeza, algo anonado por lo que el canadiense le había dicho. El norteamericano le dio una tímida sonrisa en respuesta.
Ambos quedaron un rato en silencio, comiendo tranquilamente. Todo esto se vio interrumpido por fuertes golpes contra la puerta. Mathew se alarmó, ¿quién golpearía así la puerta, en la noche?
-BROTHER-gritó alguien del otro lado. Canadá reconoció esa voz enseguida. Se trataba, ni más ni menos, que de Alfred. Matthew suspiró y, susurrándole un "lo siento" a Escocia, fue a abrirle la puerta a su desesperado hermano mayor.
Al girar el picaporte, el estadounidense cayó cuan largo era sobre el suelo. Se acomodó los anteojos torcidos, y con los ojos azules centelleando, paseó la mirada por toda la casa.
-¿Dónde está?-preguntó con un tono de voz espeluznante.
-¿Dónde está qué?
-ESCOCIA-exclamó Estados Unidos, y giró hacia Matthew, para tomarlo de los hombros y comenzar a zarandearlo – ¡Dime dónde rayos está ese pervertido! ¡Y no digas que se fue del país, que vi su auto estacionado cuando llegué!
-El pervertido, se encuentra aquí. Y deja de sacudir tanto a Matthew-dijo el escocés, apareciendo de la puerta de la cocina, con un tomo algo amargo.
-Tú-dijo entre dientes el norteamericano mayor, soltando a Canadá –Iggy me lo contó todo.
-¿Iggy?-preguntó Escocia confundido.
-Tu hermano, Inglaterra. Me dijo que estabas enamorado… –hizo una pausa para señalar al canadiense, que posaba su mirada en Alfred y en Scott como si estuviera viendo un partido de tenis –…de mi hermano.
Canadá enrojeció. Pero lo hizo aún más cuando escuchó la respuesta de Escocia.
-Pues el estúpido Inglaterra no te mintió. ¿Tienes algún problema con eso?
Estados Unidos abrió mucho sus ojos azules. No esperaba que el mayor de los Kirkland admitiera las cosas así como así. En realidad, ¿qué estaba esperando Alfred? Pues, nada en concreto, sólo quería asegurarse de que el escocés gruñón no obligara a su dulce e inocente hermano a hacer cosas indebidas en contra de la voluntad del norteamericano menor. Creyó que los descubriría en una situación comprometedora, así como en las películas que a él tanto le gustaban.
El autoproclamado héroe entrecerró los ojos tras las gafas, y, haciéndole señas amenazantes a Scott, se fue por dónde había entrado. Canadá alzó la mano para saludarlo, pero el estadounidense salió furioso sin saludar y se metió en el auto enfurruñando.
Mientras el menor cerraba la puerta, el pelirrojo no pudo evitar sentirse un poco identificado con el estadounidense. Él hubiera hecho lo mismo si algún otro país tuviera intenciones amorosas con alguno de sus hermanos menores. Como por ejemplo, el francés que tanto perseguía a Irlanda. Sí, él también podía llegar a ser así de celoso, aunque no hubiera golpeado la puerta, sólo la hubiera derribado, como buen macho que era, sin darles tiempo a ocultar nada.
Un momento.
¿Alfred acababa de referirse a Arthur bajo el diminutivo "Iggy"?
Hubiera corrido desesperadamente tras el estadounidense si no fuera porque Matthew volvió a agarrar su mano. El rubio parecía haberse percatado de la repentina cara de asesino psicópata que había adoptado el rostro de Scott (Y también sospechaba la causa). Escocia dejó que Matthew lo guiara escaleras arriba, sin soltar su mano en ningún momento. El dueño de la casa abrió la puerta de una habitación que el escocés reconoció como el cuarto de Canadá.
-Tú entra. Yo debo ir al baño-le avisó Canadá mientras iba a la habitación de al lado. El pelirrojo ingresó al cuarto observando todo a su alrededor. Era bastante simple. Colores como el blanco y el marrón predominaban allí, y entre los muebles había una cama de dos plazas, un armario, mesas de luz y un pequeño escritorio que daba a una ventana. Ésta última tenía una preciosa vista a un sector de la ciudad. Escocia inspeccionó los papeles que descansaban sobre el escritorio, pero no vio nada interesante. Pero en la mesa de luz había algo que llamó un poco su atención. Junto con una pequeña lámpara y un reloj despertador, había un portarretratos con una foto de Canadá y Estados Unidos cuando eran un poco más jóvenes, ambos sonriendo a la cámara. Sonrió ante lo lindo que había quedado Matthew. Abrió uno de los cajones. Ahí encontró más fotos, pero se encontraban sueltas. Algunas eran del norteamericano junto con Francia o Inglaterra. También había fotos con su mascota o con su hermano Alfred. Incluso encontró varias junto a él o sus hermanos, Gales e Irlanda. Su sonrisa se ensanchó. Y después él se creía sentimental al tener guardada su foto favorita de Canadá en el auto. Dejó las cosas como estaban y fue hacia abajo para buscar su chaqueta.
Al agarrarla, se enfrentó al dilema mental de si fumar o no uno de los cigarrillos que tenía allí guardados. Disculpándose mentalmente con el rubio, se dijo que sólo sería un ratito. Salió afuera. El jardín trasero del canadiense contaba con una pequeña barbacoa, y un lindo banco bajo un montón de árboles de roble. Se fue a sentar allí, mientras encendía su amado cigarro. No debía preocuparse mucho por su salud, dado que como nación no moriría por ese tipo de cosas. Se quedó observando el acogedor paisaje. Adoraba la casa de Canadá. Se sentía muy cómodo, como si se tratara de su segundo hogar.
Vio la puerta trasera abrirse. Matthew lo observaba parado en el umbral. Escocia se quitó el cigarro de la boca para excusarse.
-Lo siento. Debí avisarte que saldría un rato.
El canadiense fue hasta dónde el escocés. Traía consigo una manta que parecía abrigada. Tomó asiento junto al fumador y lo cubrió con una manta.
-Supuse que estarías aquí. Te vi por la ventana-admitió Canadá-Y aunque no es invierno, hace bastante frío para estar afuera.
-Esto… ¿no te molesta?-preguntó Escocia, refiriéndose al humo del cigarrillo. Matthew negó con la cabeza.
-La verdad no. No es que me guste, pero tampoco me disgusta-luego de decir eso, se recostó contra el hombro del escocés. El mayor dio otra calada a su cigarro, para luego cubrir también a Canadá con la manta.
-Matthew-lo llamó el mayor.
-¿Qué sucede?-le preguntó el rubio. Escocia lo abrazó por debajo de la manta.
-Significas todo para mí-le dijo el pelirrojo cuando sus miradas se cruzaron –Me vuelves loco, Matthew-admitió, sin despegar la mirada de los ojos azules del otro. El norteamericano se incorporó un poco para besar la mejilla del británico.
-Te diría que te amo, pero creo que ya usamos mucho esa frase por hoy. Aún así, lo volveré a decir. I love you, Scott Kirkland.
Ante esas palabras, especialmente las últimas, una sensación mil veces mejor que la de su cigarrillo inundó al escocés. Apagó el dichoso cigarro, y al tener su otra mano libre, rodeó a Canadá con los dos brazos y lo atrajo hacia su cuerpo. Algunos cabellos le hacían cosquillas en el rostro. El rubio correspondió al abrazo, apegándose al cuerpo del mayor y escuchando los latidos acompasados de su corazón.
-Todo esto es un poco nuevo para mí-dijo Scott por lo bajo-pero no sería ninguna molestia acostumbrarme.
Canadá soltó una risita. Para él, esas sensaciones también eran completamente nuevas. Se despegó un poco del escocés, y le hizo tímidas señas con la cabeza para que entraran a la casa. El más alto asintió con la cabeza, recogió la manta y ambos se adentraron en la casa.
Escocia se metió en el baño. Metió las manos bajo la canilla, y se humedeció la cara y el pelo. Se relajó para lo que vendría después. Le hubiera gustado tomar un baño, pero no quería abusar de la hospitalidad de Canadá. Pero no se veía capaz de soportar toda la noche en la misma cama del canadiense sin haberse relajado antes. Suspiró y entreabrió la puerta del baño.
-Matthew…-lo llamó. El aludido se asomó por la habitación -¿No es mucha molestia si… tomo un baño?-preguntó finalmente el escocés. El canadiense negó con la cabeza, y buscó una toalla para darle a Escocia. El europeo la tomó dándole las gracias con un beso en la frente.
Cerró la puerta del baño y comenzó a quitarse la ropa. Se metió en la bañera, aunque no quería llenarla, por lo que sólo utilizó la ducha para darse un baño rápido. Eres un maldito abusador de hospitalidades canadienses dijo una vocecita algo irritante en su interior. Algo enojado consigo mismo, terminó de bañarse rápido y se enfrentó al dilema de con qué ropa dormiría. Si fuera por él, se metería en la cama sólo con ropa interior o completamente desnudo. Suspirando, se puso su bóxer y sus pantalones. Que lo disculpara el canadiense, pero dormiría con el torso desnudo. Esa camisa blanca era demasiado incómoda. Se secó apenas con la toalla, y luego la colgó. Fue con su ropa hasta la habitación de Canadá.
Cuando Matthew vio a Scott aparecer desnudo de la cintura para arriba, con pequeñas gotas de agua en diversos lugares del torso, tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no abalanzarse sobre el escocés. Sobre su musculoso, bien formado y jodidamente perfecto torso digno de un dios griego.
El escocés dejó su ropa sobre una silla y se sentó junto al rubio. Éste último traía un simple pijama de color celeste. Se quitó los lentes, dejándolos junto a la mesita de luz, y luego se metió en la cama. Escocia no tardó en imitarlo. Una vez tapados, el mayor no tardó en abrazar al canadiense. Este último se encontraba de espaldas al británico. Se dio cuenta de que el canadiense también se había bañado, seguramente antes de su encuentro con él en el jardín. Con esa ropa tan suave que el canadiense traía puesta, era como abrazar un osito de peluche. Uno un poco grande, pero sería el favorito de Scott, por lejos.
Canadá sintió los brazos desnudos del europeo rodearlo. Cerró los ojos, y bostezó. Se acurrucó más contra el mayor.
Definitivamente, en ese día pasaron muchas cosas.
Holaaaaaaa :3 Espero que les haya gustado! Últimamente estuve viendo Junjou Romántica, y me hace vomitar arcoíris. Ese arcoíris es todo el fluff que se encuentran leyendo D: Me inspira a escribir estas cosas hiper tiernas, cursis y románticas xD. Bueno, hasta aquí por hoy :D Muchas gracias a ustedes, que siempre dejan comentarios. Y sé que hay otros que leen, agregan a favoritos y no comentan è_e "Traffic Stats" nunca miente LOL. No tengan miedo, que el botón de postear review no miente ;3
