Los rayos de sol se filtraban por la ventana de la habitación de Canadá. El dueño de la habitación entreabrió los ojos. Se removió un poco sobre la cama. Por alguna razón que en ese momento no se le venía a la mente, se sentía más cómodo que muchas otras mañanas. Al estar recién despierto, le costó un poco reconocer un par de fuertes brazos que le rodeaban el cuerpo. Sus mejillas se colorearon un poco, y sonrió levemente al sentir la respiración fuerte y acompasada de cierto pelirrojo que estaba a sus espaldas. Despertó en la misma posición en la que se había dormido, ya que por la noche habían caído rendidos. El rubio se acomodó más contra el pecho de Escocia. Podría quedarse a dormir un rato más, pero una vez que se despertaba por las mañanas era difícil que se volviera a dormir. Aunque no le pareció mala idea darse la vuelta para quedar cara a cara con Scott. El mayor estaba profundamente dormido. Los mechones de cabello rojo caían sobre su frente. Tenía la mitad de la cara aplastada contra la almohada. Matthew sonrió y lo quedó mirando. El europeo era increíblemente guapo.

Después de un rato de observarlo dormir sin que Escocia se moviera ni un ápice, el norteamericano le dio unos golpecitos en la cara, pero el británico seguía durmiendo. Sin duda era de sueño pesado. Lo golpeó un poco más fuerte. El pelirrojo se removió un poco. Canadá volvió a repetir la misma acción, con la misma fuerza. Esa vez, Scott gruñó algo que era imposible de entender y que sonaba agresivo, pero aún así siguió durmiendo. El rubio le dio un pequeño beso en el cuello. El escocés ronroneó como un gato. Matthew aguantó la risa, aunque le fue imposible disimular su sonrisa. Se maravillaba con las distintas formas de reaccionar que tenía el escocés mientras dormía.

Volvió a darle un beso en el cuello, esta vez un poco más largo. Scott se removió de una manera un poco brusca y volvió a ronronear, aunque un poco más salvaje. Y lo mismo un par de veces más, hasta que Canadá sintió los brazos del británico presionarle un poco más la cintura. Decidió parar o el escocés dormido lo terminaría violando. Aunque no es que no lo quisiera. Se sonrojó ante el pensamiento. Mordiéndose el labio inferior, intentó alejar esos pensamientos de su mente. ¿Escocia querría? Matthew nunca había tenido su primera vez, de hecho, la única persona con la que pensó que podría hacer el amor, se trataba del escocés a su lado. Pero no quería apresurar demasiado las cosas.

Los brazos del mayor aflojaron un poco el agarre. Al canadiense le hubiera gustado seguir experimentando, pero los ojos de Scott comenzaron a abrirse. Al principio los entreabrió un poco, dejando entrever un poco su color verde. Los volvió a cerrar al instante, mientras se los frotaba con la mano.

-¿Qué hora es?-preguntó con los ojos cerrados con fuerza a causa de la luz, y con la voz muy ronca. El canadiense miró el reloj de la mesa de luz.

-Son las 9:30.

-¿De la mañana?-Canadá casi golpeaba a Scott por hacer tal pregunta, pero se contuvo. Alfred podía ser peor, y además, las neuronas del escocés parecían trabajar lentamente cuando se levantaba. Simplemente asintió con la cabeza. Se colocó los lentes, y fue al baño, dejando a Escocia en la cama para que se levante a su ritmo.

Al volver, creyó que se encontraría con Escocia vistiéndose. Pero esos cinco minutos que había estado ausente, el pelirrojo los usó para acomodarse de vuelta en la cama y volver a dormir. Se encontraba bocarriba, despatarrado en la cama de dos plazas. El rubio lo miró atónito, nunca se hubiera imaginado que el británico fuera tan perezoso por las mañanas. Todavía con su piyama puesto (Pero más despierto que Escocia, sin duda), se subió a la cama, y se acostó encima del escocés. No es que Matthew fuera pesado, pero su masa corporal si contaba. El más alto hizo una mueca ante el peso extra sobre él. Intentó quitárselo de encima, pero el canadiense se aferraba fuertemente a su cuerpo, con brazos y piernas.

El pelirrojo abrazó de la misma forma a Canadá, y lo giró para quedar posicionado encima de él. Su expresión todavía estaba un poco grogui, pero estaba un poco más consiente. El norteamericano se sonrojó un poco e intentó apartar a Escocia de encima de él. El mayor no lo dejó. Acercó su cuerpo más al del rubio y se quedó encima de él. Cerró los ojos.

-¿Eh? ¡Scott!-balbuceó el canadiense-¡Me aplastas! ¡Y no te duermas!

Con una sonrisa maliciosa en el rostro, el pelirrojo no movió su cuerpo de encima de Canadá. Este último seguía dando empujoncitos, tratando de quitarse al británico de encima. Scott podría haberse dormido así, pero prefería ser él quien tuviera al canadiense entre los brazos, y además, parecía que su peso era bastantes molesto para Canadá. Se movió de encima de Matthew para acostarse a su lado. El rubio respiró aliviado y buscó la mirada del británico. Esbozó una sonrisa que, a los ojos del otro, iluminaba más la habitación que la luz que entraba por la ventana.

-Buenos días-le dijo a Escocia. El mayor también sonrió y le revolvió los dorados cabellos.

-Good morning- saludó en respuesta Scott. Aún con pereza, se incorporó de la cama y comenzó a vestirse.

-Iré a preparar el desayuno-le avisó Canadá.

Scott fue hasta el baño. Se peinó un poco su rebelde cabello, y se lavó la cara. Alguien debía darle una felicitación desde el cielo, dado que no había hecho nada indebido con el canadiense. Pero no fue tan difícil como pensaba. Aunque una parte de él se moría de ganas de hacer suyo a Matthew, otra disfrutaba de los inocentes momentos juntos. Aún así, había algo que todavía no le cuadraba. Alguien le besaba el cuello mientras dormía. Sabía que debía ser Canadá, ¿pero porqué? Tampoco se excedió, no tenía ninguna marca de ningún tipo. ¿Acaso tan urgido estaba que se lo había imaginado? Esos labios suaves se sentían tan bien contra su piel. Se acomodó la camisa y salió del baño.

Bajó las escaleras y entró a la cocina. Se encontró con el rubio, todavía en piyama y con pantuflas, dándole de comer a su mascota. Dos tazas de café y varias tostadas recién hechas se encontraban en la mesa. Tomó asiento y se quedó observando al rubio. Kumajiro lo miró algo curioso, pero no le dio mucha importancia al extraño invitado.

El dueño de la casa tomó asiento frente a su invitado. Comenzaron a comer tranquilamente. El teléfono del canadiense comenzó a sonar. El rubio se disculpó con Escocia y fue a atender. Una voz muy chillona casi le rompió el tímpano al gritar "Brother!"

-Hola, Alfred-contestó amablemente el canadiense.

-¿Estás bien? ¿No perdiste nada, no es así?

-No, ¿porqué?-preguntó extrañado

-Me refiero a si ese escocés pervertido te robó algo...

-¿Eh?

-Ya sabes, como tu virginidad

-¡Por supuesto que no!-exclamó Canadá, algo sonrojado -

-Eso espero. Sabes que no me fío de Escocia, por más que sea mi cuñado

-No le digas cuñado, no somos novios formalmente…

-No, por supuesto que no. Lo digo por Inglaterra-

Como si hubiera estado escuchando lo que decía el estadounidense, Escocia se tensó. Algo le decía que debía hablar seriamente con su hermano menor.

-Ah… bueno Alfred… si era sólo eso…

-Por supuesto que no. Yo, el héroe, debo asegurarme que estés en condiciones. ¿Qué estabas haciendo?

-Desayunando.

-Uy, me has hecho recordar que yo también debo desayunar. Y más teniendo en cuenta la noche tan movida que tuve con Iggy ayer…

-¡No quiero saber las cosas que haces con él!-exclamó Canadá, irritado, y colgó el teléfono, dejando a Alfred contar con todo detalle su noche movida con Arthur. Escocia lo miró levantando la ceja. Sospechaba lo que Estados Unidos podría haberle dicho al canadiense. Y no le gustaba nada. Matthew le sonrió y le aseguró que todo estaba bien. Pero parecía que su tiempo juntos no iba a durar mucho más, dado que el jefe del escocés lo llamó, avisándole que tenía mucho trabajo pendiente. El europeo maldijo internamente, y se despidió de Canadá, agradeciéndole de corazón toda la hospitalidad brindada. Matthew sólo se sonrojó y le dijo que no había problemas. Y luego le preguntó tímidamente algo.

-¿Cuándo volverás?

-Muy pronto-le respondió Escocia, besándole la frente, mientras rodeaba su cintura y lo atraía hacia él para juntar sus cuerpos –Pero antes debes ir tú a mi casa.

-De acuerdo. Iré en cuando pueda-dijo el canadiense, al mismo tiempo que se ponía de puntas de pie para besar los labios del escocés.

El británico correspondió al beso instantáneamente. Ambos sabían que extrañarían mucho al otro. El norteamericano acarició la espalda del más alto al separarse de Escocia, mientras apoyaba la cabeza en su pecho. Se quedaron un rato así, hasta que el grito de un viejo gruñón que decía "¡búsquense un hotel!" los hizo mirarlo con mala cara, pero al fin y al cabo, separarse.

-Hasta pronto-le dijo Canadá, dándole un último beso en la mejilla. Escocia sonrió, algo triste, pero sonrió.

-Te estaré esperando, Matthew-dijo, para luego subirse a su auto y ver como el canadiense lo saludaba desde lejos.