Advertencias: Escenas muy subidas de tono sexualmente. No llega a lemon, pero pueden ser incómodas si no leen con cuidado. Se los advierto, escribí sólo una vez algo tipo Lime y fue hace años. Espero que no esté tan mal D:
…
Scott se sentó en el sofá. Y se paró para mirar por la ventana. Volvió a sentarse en el mismo sofá. Miró el reloj y golpeó el piso impacientemente con su zapato, mientras se mordía el labio. Y volvía a posar su vista en la ventana.
-Mierda. ¿Por qué se tarda tanto?-dijo en voz baja.
Desde que leyó el mensaje, los días habían pasado de forma muy lenta y aburrida para el escocés. El pelirrojo simplemente iba al trabajo, volvía a su casa a tomar whisky, escuchaba las protestas de Irlanda a causa de los moretones que le habían dejado a Francia, molestaba a Inglaterra, era molestado por Gales, etc. Y esperaba pacientemente al canadiense. El rubio parecía no llegar más a su casa. Su mente no tardó en alterarse. ¿Si le había sucedido algo malo en el trayecto? ¿Tal vez Canadá se hubiera arrepentido de querer visitarlo y cortaría todo el contacto? ¿Y si simplemente todo lo sucedido había sido un sueño? Sacudió la cabeza ante eso último. No era un sueño, ¿verdad?
Incluso había preparado de todo para la ocasión. ¡Había limpiado su casa! Lo que era mucho decir, dado que limpia dos veces al año su habitación, y la casa sólo una vez en todo el año. Y se cansaba y solía dejar el trabajo por la mitad (o menos).
Otra cosa muy alarmante, era que había cocinado. ¿La horrible comida británica atacaba? Oh no, muy a su pesar, Scott cocinó algo más extranjero. Hizo algo italiano, pasta. Podría haber hecho comida francesa, pero en ese momento le había aplicado la ley del hielo a Francia. Y Escocia nunca se echaba para atrás después de aplicar la dichosa ley. Ni aunque fuera el fin del mundo. Su mirada viajó hasta la cocina, donde se había esforzado poniendo la mesa. Es decir, tuvo que moverse un poco durante unos minutos para poner platos, cubiertos, copas, y una flor arrancada del jardín en un florero muy poco masculino que le había regalado Polonia.
Sí todo estaba en orden. Escocia había dado lo mejor de sí… en la parte de limpiar la casa, eso lo había dejado muy cansado como para poder hacer algo perfecto con la comida. Sacó el vino de la heladera. En su país acostumbraban a cenar más temprano, pero la noche pasaba y Canadá no venía.
Estuvo a punto de maldecir a los cuatro vientos, cuando alguien tocó tímidamente la puerta. Conocía bien esos golpes suaves, y se apresuró a abrir la puerta. Al abrir, cualquiera hubiera jurado que no había nada ni nadie allí. Pero el escocés sonrió al ver al canadiense.
-Lamento la demora. Lo que pasó fue que…-Canadá comenzó a explicarle su retraso a Escocia, pero éste no lo escuchaba. Sólo veía los finos labios del rubio, que se movían mientras hablaba. Apenas pudo rescatar palabras como "tránsito", "lluvia" y "taxi". Sin importarle el interrumpir a Matthew, tomó el mentón del canadiense, y agachando la cabeza, juntó los labios de ambos en un beso un poco brusco.
El norteamericano abrió los ojos con sorpresa. Se disponía a cerrar los ojos y disfrutar del beso, pero el británico se separó. Con los ojos verdes resplandeciendo, Escocia arrastró a Canadá dentro de la casa, mientras le decía "No me importa porque tardaste, sólo me alegra que estés aquí". Matthew fue arrastrado hacia la cocina, llevando a duras penas su maleta, donde el escocés lo sentó en una silla junto a la mesa. El pelirrojo le sirvió un plato humeante de pasta, y descorchó un vino. Mientras le servía al canadiense, este último todavía se había quedado un poco anonado por el improvisado beso de Escocia.
El pelirrojo tomó asiento frente al rubio. Empezaron a comer, mientras hablaban sobre lo que pasaron esos días, sobre todo de la pequeña y amigable discusión de los británicos con Francia, y se terminaban el vino.
-Eso estuvo muy rico. ¿Lo cocinaste tú?-preguntó Canadá, que si bien no estaba muy afectado por el alcohol, estaba un poco más animado de lo usual.
-Sí, por supuesto-dijo el escocés muy orgulloso de sí mismo. Después de todo, él puso a hervir el agua, y sirvió la pasta en los platos. Le sonrió al norteamericano -¿Te gustó el vino?-El canadiense asintió con la cabeza, mientras ayudaba a Escocia a levantar los platos.
-Merci-dijo Matthew por lo bajo, mientras una enigmática sonrisa cruzaba por su rostro. Scott se tensó. La última vez que el rubio había hablado en francés fue cuando comenzaron a besarse apasionadamente en casa del menor.
Y la experiencia pasada le dejó una enseñanza muy valiosa: Si Matthew hablaba en francés, era porque las cosas terminarían como un sueño húmedo.
-Matthew-comenzó a decir Escocia, sentándose en una silla-¿Estás bien?
-Oui-le respondió mientras se sentaba frente al escocés, en otra silla.
Scott quedó mirando fijo a Canadá. Deseó que sus conclusiones de la velada anterior no fueran acertadas y que el canadiense sólo estuviera hablando francés por pura casualidad, no porque sus alocadas hormonas le provocaran hacerlo. Al pelirrojo se le antojaba un whisky en ese momento. Se levantó a buscarlo, aunque su sentido común le decía "No lo hagas, no lo hagas". Ignorándolo (como muchas otras veces), tomó dos vasos y vertió generosas cantidades de líquido en ambos, además de hielo. Le dio uno al canadiense, mientras su parte sensata volvía a repetirle "Detente ya, si Matthew se pone así de cachondo estando sobrio, no querrás saber lo que será de él estando ebrio". Y Scott volvió a ignorar eso. Él podría cuidar perfectamente de Canadá, dado que un solo vaso de whisky sólo lo pondría un poquito alegre. Ni siquiera creía que el rubio disfrutara de una bebida tan fuerte…
Se equivocó. Canadá disfrutaba tanto del buen vino como de un fuerte whisky. Los contenidos de ambos vasos no tardaron en desaparecer en cuestión de poco rato. El de ojos azules pestañeó un poco. No es que nunca tomara whisky, pero no lo hacía con tanta frecuencia, y aunque era más resistente al alcohol que cierto inglés cejón, estaba un poquito mareadito. Pero se le pasó en cuestión de segundos. En ese momento lo único que ocupaba su mente (y campo de visión) era el sexy pelirrojo de ojos verdes, sentado con las piernas levemente abiertas, y las manos detrás de la nuca. ¡Era una maldita invitación para comérselo entero!
Decidido, se puso de pie y fue hasta donde estaba el escocés. Éste parpadeó atónito, ¿Qué significaba esa seductora sonrisa que cruzaba los labios del más bajo? Los ojos azules de Matthew tenían cierto brillo encantador que impedía que los ojos verdes de Scott se despegaran de éste. Canadá se sentó encima de Escocia, pasando los brazos por el cuello del mayor, de tal forma que quedaron cara a cara. Scott apenas podía reaccionar. Debió haber pensado más racionalmente. El canadiense y el whisky eran una muy mala combinación.
El norteamericano juntó su frente con la del europeo. Las respiraciones de ambos chocaron. Y el rubio acercó su boca lentamente hacia la del otro. Scott se tensó al sentir los suaves labios de Canadá rozando los suyos. No aguantaba un segundo más. Sus manos, que anteriormente descansaban bajo su nuca, se trasladaron a la cintura del canadiense. Canadá, al sentir el firme toque del escocés, lo besó. No era como el beso del británico cuando el menor golpeó su puerta, era como aquél día en la casa del más bajo. Los labios de ambos se juntaban de forma lenta y suave, pero a un ritmo que aceleraba entre cada pausa que hacían para tomar un poco de aire. El rubio acarició los hombros y el pecho de Scott, pasando sus manos sobre la fina tela blanca de la camisa. Escocia sujetaba con más fuerza la cintura de Matthew.
El escocés comenzó a avivar el beso más. Mordisqueó con suavidad los labios del canadiense. El norteamericano sujetó con fuerza los cabellos rojos del otro. Escocia lamió los labios ajenos, intentando profundizar el beso todavía más. Canadá abrió la boca, y la lengua del británico comenzó a jugar con la suya. El rubio se sentía increíblemente. Se apretó más contra el otro. El mayor bajó las manos hacia las caderas del menor, y acarició la piel, levantándole poco a poco la camisa que tenía puesta. Las manos de Scott, recorriendo desesperadamente su cintura, vientre y espalda baja, hacían que Matthew deseara sentir a Escocia más cerca de él. No era suficiente. Apretó sus piernas a ambos costados del escocés, y comenzó a besarle el cuello. El pelirrojo era aún más susceptible a ese contacto que aquella vez que se encontraba dormido. Dejando escapar suspiros de satisfacción, levantó a Matthew de las caderas y lo sentó más cerca, algo que hizo que sus miembros se rozaran. El pelirrojo sintió que comenzaba a excitarse bastante. La cálida boca de Matthew, besando, lamiendo y mordisqueando la piel de su cuello lo volvía loco. Llevó sus manos al redondo y bien formado trasero del menor. Un pequeño rubor cubrió las mejillas de Canadá al sentir el lugar en el cual el escocés había puesto las manos. Éste dio un apretón en una nalga. El canadiense no aguantó, y olvidándose de que estaban en una simple silla, comenzó a desabrochar la camisa de Escocia, dejando el bien formado pecho al desnudo. No se molestó en quitarle la prenda del todo, simplemente volvió a besarle los labios de forma desesperada y deslizar sus manos por todo el torso.
Una vocecita impertinente y aguafiestas en el interior de Scott le dijo que si seguía adelante tal vez se arrepentiría. Que arriba de la silla del comedor no era el lugar. Pero el escocés mandó todo eso a la mierda. Simplemente quería sentir a Canadá como nunca antes. Él imitó la acción del canadiense y se deshizo de la camisa del rubio en cuestión de segundos, arrojándola hacia algún lugar de la cocina. No tardó en deshacerse de la suya tampoco. Acarició el pecho y la espalda de Matthew. Se separó un poco del rubio, dejando el húmedo beso por la mitad, parar poder admirar la belleza de su acompañante. Los ojos azules brillando; los labios entreabiertos, rojos e hinchados, mojados; la respiración agitada, las mejillas encendidas, los mechones de cabello dorado despeinados, su cuerpo tan cerca de él. Era jodidamente hermoso.
Y se dio cuenta que, por más que deseara eso con todas sus fuerzas, Matthew no se merecía una primera vez así. Sí, Scott estaba pensando en los demás. Completamente urgido y excitado, pero al fin y al cabo, preocupado por su canadiense.
El rubio lo miró un poco extrañado. ¿Qué pensaba Escocia? ¿Por qué hacía detenido el momento? Se sintió mal ¿Y si él se había excedido y lo puso demasiado incómodo? No creyó que estuviera incómoda, dado las ganas con las que le había agarrado el trasero y rozado sus órganos reproductivos. Respirando agitadamente, le preguntó.
-¿Qué sucede?
-No puedo hacerlo-respondió serio el pelirrojo, también entre jadeos –No en esta situación. No en una silla en la cocina. No si tal vez estás actuando bajo efectos del alcohol. No soy capaz… de hacerte el amor así-completó, fijando su mirada esmeralda en los ojos azules del menor.
A Matthew se le hizo un nudo en la garganta. Sintió ganas de llorar. Scott lo había conmovido. Podría ser una estupidez, pero teniendo en cuenta la situación y las ganas inmensas que ambos tenían, para Canadá significó mucho. Levantándose de arriba del escocés, se puso de pie y recogió las camisas de ambos. Le tendió la blanca a Escocia.
-Matthew…-le dijo él, mientras tomaba la camisa. El rubio sólo sonrió.
-Descuida. No sucede nada. Lo siento. Es difícil para mí no pasarme de la raya, teniendo en cuenta lo bueno que estás-Oh dios, ¿Canadá había dicho eso en voz alta? El menor quiso que se lo tragara la tierra en ese mismo momento. El pelirrojo sólo lo miró algo sorprendido, aunque luego reaccionó y besó la mejilla del norteamericano.
-Debo ir al baño-le dijo, mientras se dirigía escaleras arriba-Si necesitas uno, también hay uno aquí abajo.
El pelirrojo cerró la puerta del baño. Dirigió su mirada a su pene algo erecto. Hizo una mueca. Deseó para sus adentros que Canadá no se hubiera percatado de ese detalle. Se bajó el cierre de los pantalones, que lo apretaban bastante. Se los quitó al igual que los zapatos. El bóxer azul acentuaba todavía más su problemita. Suspirando, tomó una toalla y la mordió. No le gustaría poner a Matthew en la incómoda situación de oírlo gemir mientras se masturbaba. ¿Y si su francés interior salía a luz y lo terminaba violando? Scott no quería ser violado por el rubio (aunque tal vez alguna vez se dejaría), él era quién quería penetrar por detrás a Matthew y… esos pensamientos lo ponían más loco aún. Se tendría que bajar la manito. Tomó el miembro entre sus manos y comenzó a tocarlo de arriba abajo. Se sentía como un imbécil. ¿Cuándo había sido la última vez que había hecho eso? Hacía meses. Su vida sexual era prácticamente nula. Había besado a unas cuantas personas, pero nunca llegó a desvirgarse. Era un poco vergonzoso admitirlo, pero es que la única persona con la que tenía pensado hacer ese tipo de cosas era Matthew. La única persona que ocupaba su mente en momentos de ese tipo. Lo único que ocupaba su mente en esos momentos.
Un rato después, finalmente se corrió. Gimió tan alto que, de no haber sido por la toalla, el canadiense lo hubiera tomado como un gran necesitado. Se lavó las manos hasta sacarse todo el líquido blanquecino. Se ruborizó. No le hubiera gustado que nadie lo viera en esa situación. Él, que podría tener a cualquier mujer a sus pies, masturbándose en el baño, cuando tenía al bombón de todas sus fantasías en una habitación cercana. Eso daba pena, comparado con lo que podría hacerle el canadiense.
Poniendo la ropa a lavar, y vistiéndose con algo más cómodo, bajó de vuelta hasta donde estaba Canadá, sentado en el sofá de la casa. Éste al parecer se había bañado. Sí, el rubio había optado por darse una ducha de agua helada para calmar un pequeño problema bastante parecido al del escocés.
El británico tomó asiento al lado del rubio. El menor le dirigió una mirada de reproche, como si dijera "Sé lo que estuviste haciendo en el baño". Scott intentó no pensar en eso, y encendió la televisión. Estaban pasando una de esas películas de comedia hollywoodense que al escocés no le hacían ni gracia, aunque el canadiense a veces soltara pequeñas risas ante las situaciones en las cuales se veía envuelto el protagonista. Sólo por eso soportó la película, aunque lo que menos hizo fue verla. Se dedicó a maravillarse con el sonido de las risas del canadiense, abrazar su cuerpo, jugar con su pelo, o simplemente mirarlo como si fuera lo más hermoso del mundo.
La película terminó. Escocia apagó el televisor apenas empezaron los créditos. Canadá bostezó, de forma adorable a ojos del escocés.
-Parece que alguien tiene sueño-dijo el pelirrojo. Subió al rubio a su espalda, y subiendo las escaleras con él a caballito, lo dejó en su cama.
Esa noche no harían nada. Canadá se abrazó a una almohada, mientras Escocia se acostaba a su lado, quitándole la almohada de las manos y poniéndosela bajo la cabeza al menor.
Matthew lo miró y le dio un pequeño beso en los labios. Scott lo abrazó como si fuera un oso de peluche, al igual que la última noche que habían pasado juntos. Después de ese día, había extrañado el tener al rubio entre sus brazos. Canadá se apretó contra el cuerpo de Escocia y apoyó la cabeza en su pecho. El mayor le pasó una mano por el pelo, y extendió su mano para apagar la pequeña lámpara que había cerca de la cama.
Cerró los ojos, aspirando ese aroma tan agradable que tenía Matthew, y se dio cuenta que nunca antes hubiera imaginado la cantidad de sensaciones que aquel canadiense le generaba.
…
Bueno, espero que mis momentos subidos de tono no hayan sido muy sosos o desagradables Dx. Aunque es entretenido escribir a Canadá afrancesado xD. Espero sus reviews. Háganme feliz :3
