Advertencias: Nuevamente, cosas francesas.

Escocia sabía que pasaría la semana algo ocupado. Además de realizar sus necesidades básicas, como por ejemplo comer, dormir, ir al baño, fumar y tomar whisky (Sí, los últimos puntos eran necesidades básicas para el escocés); y además de trabajar, se dedicaría a seguir los consejos románticos de Francia. Y a hablar con Canadá por teléfono, por supuesto.

En realidad, el consejo principal consistía en crear un ambiente románticamente cursi, y luego realizar el acto. Para eso, realizó una lista de cosas que debía hacer o conseguir.

Y comenzó.

·Compartir la noche especial con quien amas.

Scott marcó el teléfono de Canadá. Lo llamaba casi siempre una vez al día (dos si lo extrañaba más de lo normal, tres si tenía demasiado tiempo libre). El rubio atendía con su buen humor de siempre, y charlaban un rato. Pero esta vez, Escocia tenía algo más que decir, además de lo poco que soportaba a su jefe:

-Oye Matthew… ¿tienes libre este fin de semana?

-Sabes que sí. ¿Quieres que nos veamos? Puedes venir…

-No, no. Prefiero que tú vengas. Confía en mí. Será especial-dijo Escocia. Del otro lado de la línea, Canadá se sonrojó un poco.

-Ok… confío en ti.

-Te estaré esperando. El sábado. I miss you~-le dijo, y colgó.

·Cama en perfecto estado. Almohadas y almohadones suaves, sábanas delicadas y un colchón súper cómodo.

Las almohadas que tenía estaban bien. Tuvo que ir de compras a conseguir algunos almohadones, y a comprar un par de sábanas nuevas. Aunque Deian lo acompañó, ya que lo descubrió con la lista y lo quiso ayudar en el tema, dado que se consideraba un experto en telas.

Dejó las sábanas en su habitación, el día que Canadá fuera, tendería la cama con ellas. Eran blancas y de seda. No es que el supiera de eso, fue su hermano experto en telas el que lo forzó a comprarlas.

Se tiró encima de su colchón. Estaba en buen estado, dado que lo cambiaba regularmente. Llenó la cama con almohadones de color rojo.

Otro punto de su lista completado.

·Luz tenue. Velas.

Se inclinó por las velas. Compró tantas que el señor de la tienda creyó que haría magia negra o algo estilo Arthur. Las desparramó por la sala, el comedor-cocina, algunas en la escalera y el pasillo que llevaba a su habitación, otras en los baños, y por supuesto, algunas en su habitación. Cuando llegara el sábado las encendería.

·Casa limpia y ordenada.

No era muy difícil, dado que hace poco había limpiado, pero haría otra más sobre la fecha.

Odiaba limpiar, pero haría lo que sea para que la noche sea inolvidable.

·Flores.

Si a Canadá le preguntaran "Tu planta favorita", seguramente el rubio contestaría "Hoja de Maple". Pero eso no calificaba como flor. Y por más que Scott tenga los cardos como flor nacional, no lo veía muy romántico. No usaría rosas rojas, era demasiado francés. ¿Y probar otro color, como el blanco? Las rosas seguían siendo algo demasiado francés para su gusto. Para cosas francesas, ya tenía el 90% de la velada, y como no, las hormonas de Matthew.

Se arriesgaría.

Se sintió como un estúpido entrando en la florería. Las mujeres que pasaban por allí lo miraban con una risita. El hombre que atendió lo miró atentamente.

-¿Qué necesitas, joven?-preguntó.

-Flores para una noche especial. Con mi pareja-contestó Scott.

-Oh, has acertado, a las mujeres les encanta eso-el pelirrojo prefirió no especificar el sexo, y simplemente asintió con la cabeza.

-Pero que no sean rosas.

-Cansado de lo tradicional, ¿eh? Bueno, te mostraré algo original-Escocia asintió. Por fin alguien que lo entendía -¿Qué tal los tulipanes? Te recomiendo el rojo. Dicen que es el símbolo del amor apasionado.

Scott negó con la cabeza. Los tulipanes le recordaban a Holanda, y sabía que éste se llevaba bastante bien con Matthew, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial. No, no quería que las flores le recordaran a una de las personas que más le podría dar celos.

-¿Margaritas? Simbolizan amistad, energía y lealtad- explicó el dueño de la tienda. Y el escocés volvió a negar. Eran demasiado alegres para la ocasión.

-¿Orquídeas? Nunca fallan. Son de las flores más bellas y delicadas que hay.

-Interesantes. Pero, aún así, no me convencen del todo-dijo Escocia.

-Así que un cliente difícil. No te preocupes, encontraremos la flor perfecta. ¿Qué hay de los claveles?-Scott volvió a negar con la cabeza-¿Jazmines?

-No. Lo siento.

-Bueno, lo tuyo es complicado chico. Pero no nos rendiremos.

El hombre siguió nombrándole flores. Camelias, Gardenias, pero ninguna llamaba la atención de Scott. Sabía que ninguna flor se comparaba al canadiense. Pero quería encontrar la que él consideraba más especial.

Una elegante flor blanca llamó su atención.

-Oiga, ¿Qué hay de esa?-preguntó el pelirrojo, señalándola.

-Oh. Así que por fin te decidiste. Eso, joven, es una flor de Lis, o Lirio, como prefieras.

-¿Y qué representa?

-La belleza perfecta. Regálasela a alguien que creas que tiene todo aquello que amas en una persona. El color blanco, en concreto, sería para una persona tierna, a la que quieres y en la cual confías.

-Decidido. Serán unos cuántos Lirios.

En ese momento, no sabía que la flor de Lirio era la flor nacional de Francia.

·La mesa perfecta. Esto incluye: Comida y bebida de excelente calidad. Buen mantel. Servilletas de tela. Las flores, por supuesto. Y los cubiertos, y demás.

No tenía ganas de comprar un mantel, por lo que le pidió prestado (Es decir, le robó) a Inglaterra un lindo mantel azul oscuro. El inglés no notaría que le faltaba uno de sus cuarenta y cinco manteles. También aprovechó para quitarle servilletas de tela, dado que en el mundo moderno en el que vivían, las servilletas de papel eran mil veces más útiles.

No se haría mucho problema por los platos y cubiertos.

El verdadero dilema era qué comer.

De bebida le serviría champagne. Otra cosa francesa, pero una buena fuente (¿Francis?) le dijo que el canadiense adoraba esa bebida.

Y se arriesgó completamente con la comida.

Damas y caballeros, niños y niñas, Scott Kirkland cocinaría.

Lo haría ese mismo día. Mientras tanto, se conformaba con rezarles a los dioses para que no permitan que se prenda fuego la cocina.

·Música tenue para la cena. Y ya que es invierno, recordar encender la estufa.

Decidió pedirle a Inglaterra un CD con canciones románticas en inglés.

-Oye… por casualidad, ¿no has visto mi mantel azul oscuro?-preguntó Arthur mientras le entregaba el CD a su hermano.

-No estaba ni enterado de que tenías un mantel azul-contestó Scott, haciéndose el desentendido.

-Pues sí lo tenía. Y también me faltan algunas servilletas. Me pregunto dónde estarán…

·Atuendo adecuado. Tanto la ropa interior como lo demás.

Revisó completamente su armario. No se pondría traje y corbata, pero tampoco podía ponerse su camisa blanca y su chaqueta azul de todos los días. Lo único que encontró fue un pantalón claro que casi nunca usaba dado que se le marcaba demasiado el trasero.

Era perfecto.

Pero necesitaba algo más, por más sexy que fuera, no estaría toda la cena mostrando los abdominales. Finalmente, en los estantes de arriba, escondida entre los adornos de navidad que usaba una vez al año (con suerte, encontró una camisa de seda negra. ¿Cómo había llegado eso ahí? Había sido un regalo de sus hermanos, pero jamás la usó. Suspiró. Tendría que lavar y planchar, pero valdría la pena.

La ropa interior era otro tema. ¿No podía usar sus bóxer negros/grises/azules de toda la vida? Pero no, Francis insistía en que si usaba bóxer debía ser de algún color sexy, como rojo o blanco. Y si no, que se pusiera algo más revelador. Pero Escocia no estaba dispuesto a usar tangas o algo así. Lo que más lo perturbaba de aquello era que seguramente el francés debía tener muchas de esas en su casa. Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos.

Tuvo que ir hasta el centro comercial para comprar la ropa interior recomendada por Francis. No tenía muchas opciones, y maldijo, ya que estaba seguro de que había más variedad en lencería femenina que en la de hombre.

Eligió unos bóxer rojos (no usaría blanco, no parecía favorecerle mucho, y además, el rojo combinaba con su cabello).

Otro punto de la lista conseguido exitosamente.

·Un regalo.

Francia había dicho que debía darle un regalo. Escocia le había dicho que las flores eran el regalo, pero Francis negó alterado con la cabeza, y, después de decirle que no tenía sentido de romanticismo, le dijo que un lindo regalo sorpresa era lo mejor.

Ese podría ser el punto más difícil de la lista. Scott era muy malo eligiendo los regalos para los demás. Bueno, en realidad era malo eligiendo regalos originales. Solía regalar las cosas típicas, pero si se trataba de algo más personal para la persona, era terrible escogiendo.

Él quería darle a Canadá algo especial.

Se frotó las sienes, ¿qué rayos podía comprarle?

¿Un libro? No, no era muy lindo. ¿Ropa interior sexy? Ya le había dado demasiados dolores de cabeza. ¿Whisky? Era el típico regalo que Scott hacía. ¿Joyas? Demasiado apresurado, lo único que le compraría al canadiense de ese tipo de cosas sería un anillo de compromiso, y todavía no era el momento. ¿Perfume? No era bueno eligiendo perfumes. ¿Tal vez algo relacionado con el hockey? No, Canadá debía tener mil cosas de ese tipo. ¿Qué más le gustaba a Canadá?

Pensó y pensó.

¿Y si en vez de comprarle algo, hacía algo él mismo?

No haría una canción o tocaría un instrumento, no era su estilo. No dibujaba como los dioses, así que eso también se descartaba.

Podría escribirle una carta. Sí, él se expresaba bastante bien escribiendo, aún mejor que hablando. Podría decirle cosas que rara vez salieran de su boca.

Escribiría una carta.

·Asegurarse que nadie moleste.

Eso, era más difícil. Sus hermanos siempre molestaban. También el hermano de Canadá. Y tenía la desagradable sensación de que Francia estaría constantemente acechando, intentando averiguar si ya se habrían demostrado amor o no.

¿Pero cómo alejaría a sus hermanos?

Si no les decía nada, tal vez se presentarían en la casa.

Y si les decía, se presentarían de todas formas, a averiguar que estaban haciendo.

Era complicado.

Sabía cómo matar dos pájaros de un tiro. Llamó a Alfred, y lo convenció de que se llevara a Arthur a Estados Unidos. Y ni siquiera tuvo que contarle lo de la cita.

Podría haber hecho lo mismo con Francis y Cian, pero era distinto, ya que el francés conocía el plan, y seguramente se lo contaría al irlandés, y entonces ambos serían un dolor de cabeza más.

Bueno, eso sólo lo dejaría a la suerte. Con que Alfred no estuviera, era feliz. Sí, era algo cruel, pero el estadounidense sería bastante molesto, y no se creía capaz de convencerlo de dejarlos en paz. Y conociendo a Gales, tendría fiesta con sus amigos ese día.

·Lubricante.

Sí, el primer punto de la lista. Ya lo tenía. Francis lo forzó a que lo compre primero, ya que de verdad no tenía que olvidarse de eso.

Ahora sólo quedaba esperar.

Aquí no hay mucho romance è_e, es una previa de lo que será el siguiente capítulo. Que por cierto, creo que será el lemmon. Les diré que tal vez tarde unos días más de lo normal en actualizar, pero quiero que quede bien. Escribir eso será todo un desafío. Pero creo que valdrá la pena. Bueno, hasta el próximo capítulo n.n