Matthew abrió los ojos con pereza. Bostezó y se acomodó en la cama. Los recuerdos de la noche anterior acudieron a su mente de golpe, haciendo que un pequeño sonrojo inundara sus mejillas. Buscó el cuerpo de Escocia para abrazarlo. Pero su novio no estaba ahí. El rubio paseó la mirada por todos lados, pero el escocés no se encontraba en la habitación.

A pesar de que sentía que había dormido mucho, su cuerpo se encontraba bastante dolorido. Suspirando, cerró sus ojos de vuelta. Enterró la cabeza en la almohada, y el aroma del británico, al cual se había acostumbrado bastante, inundó sus sentidos. El lugar donde Scott debería haber estado durmiendo todavía estaba tibio, por lo que debía haberse levantado de la cama hace no mucho rato. Pero eso alarmaba al canadiense, ¡A su novio le costaba horrores levantarse! Era el rubio el que solía despertar primero. ¿Tanto había dormido?

Se levantó al baño que había en el interior de la habitación. Ni se miró en el espejo, estaba demasiado dormido. Después de atender sus necesidades mañaneras (Véase orinar), volvió a meterse entre las sábanas del escocés. La tela suave le acarició la piel. Estaba sólo con su ropa interior blanca. El estómago gruñó un poco a causa del hambre, pero el rubio ni se inmutó, y cerró los ojos con pesadez. Esa cama era una maldita tentación, le era imposible levantarse de allí. No sólo por la suavidad de la tela y la comodidad, sino también por la cantidad de cosas que habían pasado allí, y el constante aroma del escocés. Matthew se abrazó más a la almohada. Prefería que Scott estuviera allí, en vez de tener que aspirar como drogadicto las sábanas.

Estaba a punto de conciliar el sueño nuevamente, pero un ruido lo hizo incorporarse torpemente.

-Good morning, Matthew –saludó Scott, que cargaba con una bandeja de desayuno. Canadá se puso los lentes para ver mejor. Parpadeó, somnoliento y algo atónito. ¿Escocia le estaba llevando el desayuno a la cama?

-… ¿Scott?-preguntó con parsimonia el canadiense. El europeo sonrió en respuesta, y dejando la bandeja en las piernas del menor, acomodó una almohada tras la espalda de éste. El rubio recorrió con la mirada lo que había frente a él. Panqueques con miel de maple y un café. Por último, un Lirio completando el combo.

El más bajo comenzó a comer, lentamente, todavía algo atontado. Escocia simplemente se quedó mirándolo como si fuera la cosa más interesante del mundo.

-¿Sucede algo?-preguntó el canadiense, tragando la comida. Scott negó con la cabeza, y sonriendo, retiró con su dedo un poco de miel de maple que resbalaba de la comisura de los labios del norteamericano. Este último se sonrojó bastante, se sentía un poco avergonzado de haberse manchado. Apenas el pelirrojo retiró la mano de su cara, comenzó a atragantarse con panqueques para disimular un poco. Pero Escocia lo seguía viendo de esa forma que le generaba un cosquilleo en el estómago. Bajó la mirada. El británico se rió entre dientes, y esperó a que Matthew terminara su desayuno. Retiró la bandeja y la dejó sobre la cómoda. Antes de que Canadá pudiera levantarse de la cama, el de ojos verdes se subió rápidamente a ésta y apresó al menor contra el colchón.

El más bajo abrió los ojos azules con sorpresa. Estaba boca arriba, con el cuerpo del escocés en cuatro patas arriba suyo, mirándolo como si fuera una golosina.

Scott se inclinó hacia abajo para besar a su pareja. Los labios de Canadá tenían ese sabor tan característico de él. Y dulces por la miel. El rubio posó sus manos en la nuca del pelirrojo, acercando más el rostro del mayor. Éste había apoyado su cuerpo más contra el del norteamericano, por mayor comodidad.

El rubio alejó levemente el rostro del mayor. Acarició suavemente los labios del mayor. Escocia sonrió juguetonamente y lamió con la punta de la lengua uno de los dedos del canadiense. El menor los apartó rápidamente.

-Eres dulce Mattie. Literalmente-le susurró al oído. El más bajo apartó la vista completamente sonrojado, y susurrándole que no dijera ese tipo de cosas. Se escabulló de allí para poder salir de la habitación, pero al pasar por el espejo de cuerpo completo que tenía el escocés en el cuarto, se quedó de boca abierta al verse el cuerpo.

Dejando de lado el hecho de que todavía tenía esos calzoncillos blancos que no dejaban nada a la imaginación, abrió sus ojos azules sorprendido al ver las marcas rojas que Scott le había dejado la noche anterior. La mayoría estaban en el cuello, pero también tenía algunas en el pecho (sobre todo en el área en torno a los pezones). Miró a su novio con mala cara. El mayor simplemente se encogió de hombros y le señaló el cuello. Él también tenía algunas marcas allí, aunque no tantas como el rubio.

-No puedes competir con eso-dijo Canadá, mientras pasaba una mano por las marcas. En respuesta, el pelirrojo se quitó la remera y se le dio la espalda. Tenía algunos arañazos en la parte alta de la espalda.

-Estamos a mano-dijo divertido el pelirrojo.

-Scott… lo siento, no debí haber hecho eso-se disculpó avergonzado el canadiense. Pasó la mano suavemente por la espalda del escocés. Un escalofrío agradable recorrió la columna del mayor. Escocia besó suavemente el cuello de Matthew. No lo hacía con el propósito de excitarlo o dejarle otra marca, sólo fue una muestra de cariño. El rubio se sonrojó un poco, pero rodeó como pudo la ancha espalda del mayor, abrazándolo tímidamente. El pelirrojo no tardó en abrazarlo por la cintura. Se quedaron parados, meciéndose al ritmo de una melodía inexistente.

-Con este talento para bailar, deberíamos postularnos a algún concurso-murmuró Scott, arrancándole a Canadá una pequeña risita. El más alto le besó la coronilla.

-Debo ir a ponerme ropa-dijo el norteamericano.

-Te espero abajo.

Escocia estaba ordenando tranquilamente las cosas de la noche anterior, cuando se topó con la carta que le había escrito al canadiense. La guardó junto con las pertenencias de Matthew, y siguió limpiando. Fantaseaba con el trasero del norteamericano tras ese bóxer blanco (Era un maldito regalo de los dioses), pero el sonido del timbre lo sacó de sus pensamientos.

Abrió la puerta, y no le sorprendió para nada ver a dos de sus hermanos menores, Gales e Irlanda, acompañados de Francia.

-Mon ami. ¿Qué tal has pasado la noche?-preguntó el francés, obviamente con doble sentido. A Escocia no le dio tiempo de contestar, debido a que el galés interrumpió.

-A juzgar por el chupón que tiene en el cuello, yo diría que bien.

El escocés sintió que sus mejillas comenzaron a hacer juego con su cabello.

-¿Dónde se encuentra mon petit Matthieu?-preguntó Francis, mirando hacia adentro de la casa. Scott suspiró, y le hizo un ademán a esos tres para que entraran a la casa. Entraron y se sentaron en la sala. El británico mayor movió de lugar las cosas de Matthew. No quería que vieran la carta. Era algo exclusivo entre el canadiense y él.

-Scott…-una tímida voz de alguien que venía bajando las escaleras lo hizo voltear hacia arriba. Canadá venía bajando las escaleras, refregándose los ojos, aunque paró en seco al ver a sus cuñados y a su ex-tutor.

Matthieu!-saludó emocionado el francés, agitando un pañuelo rosado con su mano.

-Bonjour France-saludó también el canadiense, algo tímido-Buenos días a ustedes también, Ireland and Wales.

-Siempre tan adorable-dijo Gales mirando a Canadá –Tú eres de los que no cambian nunca. ¡Es tan tierno que me dan ganas de comerlo!

-Mío-refunfuñó el escocés de forma posesiva, mirando a su hermano menor con cara de asesino psicópata.

-Tranquilo hombre, ¡que lo decía en broma!-lo tranquilizó Deian.

Nadie hablaba. Un silencio incómodo inundó el recinto.

-Esto… -comenzó Irlanda-Qué lástima que hace tanto frío…

La mayoría de los presentes se golpearon la frente con la palma de la mano.

-Mon amour Irlande, ¡No puedo creer que hables del clima!-lo regañó Francis.

-Era mi último recurso-murmuró el irlandés, bajando la mirada. El francés se enterneció y abrazó al de cabellos naranjas mientras le susurraba algo al oído que ninguno escuchó. Excepto Gales, que estaba muy cerca. Puso una cara de horror total, y sonrojado, se tapaba los oídos y cantaba muy fuerte "Lalala, no los oigo, lalala". Cian también estaba bastante sonrojado, y le dio un empujón al rubio para quitárselo de encima.

-¡Sólo estaba demostrando amour!-lloriqueó falsa y dramáticamente el francés.

-Debo ir a terapia-musitó Gales, con un tic en el ojo.

-Una típica reunión familiar-susurró Scott divertido, aunque le intrigaba lo que Francia le habría dicho a su hermano menor.

Pero, viendo como había terminado Gales, era mejor no saberlo.

…..

Un capítulo muy tranquilo y con poca acción comparado con el anterior xD. Muchas gracias por los reviews del capítulo anterior, y espero que este les haya gustado :3