Advertencias:Lo de siempre y Franceses. Es un capítulo navideño (Fluff navideño LOL). Me inspira la navidad. ¡Debe ser por el Finlandia que llevo dentro!

Se utilizan los nombres humanos de Australia y Nueva Zelanda. Los inventé, así que Aus se llama Jack Smith, y NZ es Andrew Smith. No, no llevan el apellido de Arthur (La autora se prepara para que la golpeen por lo mal que elige nombres xD).

La navidad no tardó en llegar. Los villancicos, árboles de navidad, Santa Claus por doquier, ofertas de pavos, centros comerciales llenos a reventar, fiestas estadounidenses, maratones de películas infantiles, lencería navideña, regalos, caramelos, dulces, leche y galletas. Pero absolutamente nada de fantasías sexuales cumplidas.

Escocia se quería dar la cabeza contra la pared. Después de aquella charla las cosas habían seguido igual. Excepto porque no habían vuelto a hacer el amor. ¿Acaso la habría cagado? Una vez leyó una revista que Francia tenía en su casa, en la cual había un artículo escrito por un famoso sexólogo (Un tal Dr. Bonnefoy. Sí, Scott estaba seguro que se trataba de su cuñado francés). En la dichosa revista decía que podía ser beneficioso para la pareja el llevar las fantasías a la realidad.

Aunque tal vez lo había arruinado al contarlo.

El pelirrojo pagó sus compras. Se encontraba en el centro comercial comprando regalos de navidad. El día antes de navidad. Si se suma esto, nos da como resultado un horrible espacio cerrado a reventar de gente, del cual Scott quería salir a toda costa.

Apenas puso un pie en el exterior, respiró profundo. Aunque apenas podía, dada la cantidad bolsas con las que cargaba. Se metió en el auto, y antes de arrancar, revisó su móvil para ver si había un mensaje nuevo. Sólo uno de Matthew, que decía "Nos vemos mañana en casa de Arthur. Love U".

En efecto, el hermano mayor del canadiense había dejado una invitación bastante improvisada bajo la puerta, informando que el inglés haría una reunión la noche de navidad. En realidad Estados Unidos simplemente fue a avisarle a Matthew. Scott se enteró después, en una dramática escena familiar en la que Irlanda y Gales creyeron que el alien de Alfred había modificado la personalidad de Inglaterra. Por la simple razón de que era alarmante el hecho de que Arthur celebrara algo. Y que los invitara, era aún más raro. Les quedaba el consuelo de que el rubio seguía siendo el mismo cuando se negó a que Cian invitara a Francis. Pero después de muchas palabrotas en inglés e irlandés, caras de tierno perrito abandonado y cejas fruncidas, Inglaterra desistió. La pervertida presencia del francés los acompañaría. Y Escocia lo mataría por haber mentido en la revista. Con eso no se bromeaba. Ahora veía tan lejana la posibilidad de realizar sus fantasías más ocultas… que no eran tan ocultas, dado que su pareja las conocía.

Y ahí estaba él, leyendo el mensaje del rubio, cargado de regalos para sus hermanos y cuñados, pensando en cigarros, y en cómo hacer para recibir de regalo un canadiense bañado en whisky durante esa Nochebuena.

Después de quedarse un buen rato sin hacer nada, fumar un cigarro, estar sin hacer nada, darse un baño, volver a hacer nada, y vestirse, subió los regalos al auto (un par de botellas de alcohol también). Todavía no se explicaba porque había bajado las cosas, si luego debía subirlas de vuelta, pero en fin, el extrañar a Matthew lo ponía un poco imbécil. Condujo hasta la casa de Inglaterra, tratando de estacionarse entre los autos que había allí. ¿Por qué Arthur no previó eso? Ni modo, la próxima vez estacionaba arriba de las flores del jardín.

El caos le dio la bienvenida al llegar. Bueno, no exactamente el caos, más bien una reprimenda de Inglaterra por llegar tarde y un abrazo de oso por parte de Canadá. Eso último compensaba cualquier regaño inglés.

Al ir al comedor llegó el irritante momento de saludar a todo el mundo. No es que odiara a todos ellos, pero era mortalmente aburrido y cliché saludar uno por uno a todos. Era una suerte que reinara el caos. Francia, que sostenía una copa de vino, intentaba meterle mano a Irlanda por debajo de la mesa. Cian estaba sonrojado, e intentaba apartarse sin derramar una gota de su cerveza. Al otro lado de la mesa, Gales charlaba tranquilamente con Nueva Zelanda acerca de ovejas. Estados Unidos le decía Australia que los Guns and Roses eran mil veces mejor que AC/DC, cosa que ponía al australiano de los nervios.

Una preciosa reunión de británicos y ex colonias inglesas… y Francis.

-Bueno, ahora sí estamos todos-dijo Inglaterra en voz alta, llamando la atención de todos –Creo que podemos…

-¡Scott!-cortó Irlanda -¿Traes alcohol?-el escocés levantó una botella de whisky que tenía en sus manos -¡Eso es, deartháir!

-Controla lo que bebes, Cian-lo regañó el inglés.

-No seas aguafiestas Angleterre. Estamos en navidad, deja que la mon amour Irlande se divierta un rato-dijo Francis, intentando relajar a Arthur.

-Tú lo que quieres es meterle mano sin que se resista-murmuró el rubio británico por lo bajo, mientras los demás abrían el whisky escocés.

-England, ¿cuándo vamos a comer? ¡Tengo hambre!-protestó Australia, dejando la discusión musical con Estados Unidos.

-Eso, la gente tiene hambre, Iggy.

-No me digas Iggy.

-Iggy, dime que no cocinaste tú-imploró el estadounidense, sin hacerle caso.

-¡Qué no me digas así, Fuck!-exclamó Inglaterra enojado –Fue el wine bastard quién cocinó.

Todos los presentes giraron a ver al francés como si fuera un dios. Un dios que acababa de salvar sus estómagos de la malvada comida inglesa.

Se sentaron a comer como una gran familia normal. Las discusiones sobre música, alcohol y pervertidos franceses persistían, pero con una paz relativa, teniendo en cuenta las personas que se encontraban sentadas en la mesa.

Canadá tocó levemente la rodilla de Escocia para llamar su atención. Lo tenía al costado.

-¿Qué sucede?-preguntó el pelirrojo.

-Nada. Sólo que con toda esta gente…

-Sólo somos nueve personas.

-… No pude decirte que te extrañé mucho-finalizó el canadiense, con un sonrojo en las mejillas.

-Eres tan tierno que enamoras-susurró Escocia, y luego le dio un pequeño beso en los labios.

-¡Arthuuuuuuuuur! ¡Scott está intercambiando saliva con Canadá en tu mesa!-exclamó Irlanda exageradamente, aunque nadie le hizo mucho caso, dado que cada uno estaba en lo suyo.

-Fue sólo un pequeño beso-se quejó el escocés.

-Un pequeño beso prolongado y con lengua. Te conozco, pervertido francés.

-Creo que te equivocaste de persona.

-No, no. Lo primero era para ti. Lo último va para Francis, que me está tocando mis… ¡Las manos dónde pueda verlas, rubio! –gritó enfurruñado el irlandés, mientras el Francis apartaba las manos de Cian.

-Pero mon amour Irlande, ahora que Angleterre no está viendo…

-¿Qué se supone que no estoy viendo, frog?-interrumpió el inglés, sospechando las intenciones de su principal enemigo.

-Nada de qué preocuparse-respondió Francis, efusivamente. Arthur le dirigió una mirada que indicaba que no le creía ni un poco. No le dio mucha importancia, dado que en alcohol comenzaba a hacer efecto en su organismo. Poniéndose de pie, llamó la atención te todos en la mesa. Se aclaró la garganta antes de hablar.

-Me alegro mucho que todos estén aquí. También me tranquiliza el hecho de que no se ha roto nada… excepto un vaso-dijo, mirando con reproche al australiano –En fin, de verdad, gracias por venir. Quería decirles que el día de hoy…

-¡Bonitas piernas Iggy! ¿Cuándo abren? –exclamó Estados Unidos un poco pasado de copas. No muchos le hicieron caso, estaban prestando atención al inglés. Pero Escocia, con los celos de hermano mayor activados, pegó una patada hacia adelante, dado que el americano estaba en frente suyo. Con suerte le quebraría un hueso. Pero no, el alcohol lo engañó y pegó en algo suavecito. Gales pegó un grito de demonio poseído mientras llevaba su mano a sus partes bajas. Sí, la pierna de Scott fue a parar con todas sus fuerzas a la entrepierna del galés. Deian se retorcía en su silla con pequeñas lágrimas en sus ojos.

-Sorry Brother! ¡No iba para ti!-se disculpó el mayor de los Kirkland.

-… Así que espero que sigan disfrutando de la noche. Y bueno, ¡quiero proponer un brindis! ¡Por nuestra gran familia! Aunque la mitad de ustedes me dejaron. Maldito 4 de Julio…

-¡No empieces con ataques depresivos!-lo regañó Gales, todavía lagrimeando.

-Como sea, a pesar de todo, deben saber que los quiero mucho. Sí, a ti también Francia. Aunque lo que quiero es matarte. Ignora eso último. Es el maldito whisky de Scott.

Todos miraron divertidos a Arthur. El alcohol sí que lo afectaba.

-Las cosas estas se suelen hacer en año nuevo, ¡pero qué más da! ¡Yo no vuelvo a hacer reuniones navideñas en mi casa hasta dentro de tres siglos! –prosiguió el inglés.

-Hasta que nos casemos-corrigió Alfred.

-Bueno, sí, hasta que nos casemos… ¿Qué mierda acabas de decir? ¡Mocoso insolente! ¡Traidor independiente! ¡Cuatro de julio…!

-¡Entonces, un brindis por nuestra gran familia!-cortó Francis, evitando nuevamente una catástrofe navideña. Todos levantaron sus copas.

-¡Hagamos la cuenta regresiva para la medianoche!-exclamó el estadounidense feliz.

-La única cuenta regresiva que haré será para le cuatro de ju…

-¡Inglaterra!-exclamaron todos, regañándolo. El rubio se llevó un gran vaso de cerveza a la boca, intentando no pensar en matar a Estados Unidos.

-No hagas cuenta regresiva, si falta como media hora…-le avisó Australia.

-¿Y si abrimos regalos?-exclamó Irlanda, cuyo niño interior había despertado con el consumo excesivo de cervezas –No voy a esperar a que llegue Finlandia.

-¿Qué te hace pensar que alguien aquí compró regalos? Porque yo no he comprado nada-dijo Arthur. Todos tosieron-¿En serio? ¿Todos ustedes compraron regalos?

-Mon ami, no sé qué imagen tienes de nosotros como para sorprenderte por eso…

-¿Imagen tuya? Una muy pervertida-murmuraron unos cuantos.

-¡Como sea! ¡Quiero regalos!-insistió el irlandés.

La casa del anfitrión no tardó de llenarse de bolsas y envoltorios de regalos. Arthur estaba un poco deprimido debido a que se olvidó de comprar regalos, pero juró por la reina y Harry Potter que les daría una compensación aunque fuera lo último que hiciera.

-¡Bueno! ¡Esto es bastante divertido!-exclamó felizmente el estadounidense, que tenía unas orejitas de conejo (Cortesía de la nación francesa). Sería incorrecto decir que a él le había despertado el niño interior… porque él lo tenía despierto las veinticuatro horas del día, la mayoría de los días de su vida.

Escocia estaba bastante feliz. Todos le habían regalado botellas de sus whiskies preferidos. Buscó con la mirada a Matthew, que estaba con Australia, hablando acerca de un libro que Jack le había regalado.

Iba a ir hacia él, pero un chillido emocionado de cierto estadounidense hiperactivo desvió su atención.

-Fireworks!

Como si alguien hubiera dicho que había un incendio en la casa, las naciones salieron al patio, para poder así observar el bello espectáculo que reinaba en el cielo nocturno.

Tomó la mano del distraído Matthew. El norteamericano menor se volvió hacia él. El escocés, olvidándose de las demás personas de allí, abrazó al menor, estrechándolo contra su pecho. Ambos miraban el cielo. Cerca de ahí, Alfred y Cian cantaban un tradicional villancico con voces realmente desafinadas. Australia los grababa, mientras reía a carcajadas. Deian y Andrew hablaban tranquilamente, y les faltaban centímetros y agallas para terminar como Canadá y Escocia. El galés llevaba un suéter algo grande que la ex colonia le había regalado. Más atrás, Francia y Arthur discutían acerca de que nación tenía los fuegos artificiales más bonitos.

Sí, era una noche muy bonita. A pesar de la nieve, se quedaron allí un buen rato. Aunque Jack y Andrew parecían no aguantar mucho, debido a la falta de costumbre. Gales rodeó a la isla menor con sus brazos, causando un sonrojo en las mejillas de Nueva Zelanda.

-¿Y Finlandia?-rompieron el silencio a la vez el estadounidense y el irlandés.

-Vendrá luego. Tiene que hacer muchas cosas-les explicó Arthur, como si fueran dos niños pequeños.

-Volvamos adentro. Me está entrando frío. –se quejó Australia. Aunque cierto par de parejas no parecía estar muy de acuerdo con él, entraron a la casa. Todos excepto Matthew y Scott que se quedaron un rato admirando el paisaje.

-¿Scott?-lo llamó tímidamente el canadiense.

-Dime.

-¿Te gustó tu regalo?-

Escocia sonrió ante eso. El collage con fotos de ellos dos que había hecho el rubio, era algo espectacular.

-A mi me encantó. Pero el regalo más lindo es estar aquí contigo. Por cierto, ¿te gustó lo que yo te regalé?

Canadá se sonrojó bastante, pero asintió con la cabeza.

-No me esperaba que me regalaras un pijama con la silueta de Nessie.

-Es original.

-Debo preguntar… ¿porqué un pijama?

-Porque te ves jodidamente adorable en pijama. Lo juro, tú con algo así puesto, y nunca en la vida necesitaré de un oso de peluche.

-Así que necesitas oso de peluche…

-Ignora esa última parte.

-… A veces creo que exageras un poco con mi ternura, ¿sabes? Soy sólo perfil bajo y un poco tímido, eso es todo.

-Pero es la verdad. Para mí eres lo más tierno y hermoso de este planeta-dijo mientras posaba las manos en sus mejillas, las cuales estaban bastante heladas a causa del frío. Lo besó. Los labios de ambos estaban muy fríos, pero el interior de sus bocas se encontraba cálido. El contraste de temperaturas les provocó a ambos cierto cosquilleo ya familiar en el cuerpo.

-Scott…-susurró Matthew, separándose –Debo decirte algo –el pelirrojo lo miró asustado –No, no es nada grave. Sólo debo confesarte que ese no era tu único regalo de navidad.

-¿No? ¿Y cuál es el otro?

-Luego te cuento. Mejor entremos, que estoy bastante congelado.

Ambos entraron al interior de la casa. Francis y Cian estaban en un sofá de la sala, tan abrazados, que la única forma de distinguir los brazos de cada uno, era fijándose si presentaban pequeñas pecas, lo que indicaría que en ese caso pertenecían a Irlanda. Los demás estaban enfrascados en una conversación.

-¿Cómo que vas ahora mismo hacia Asia? –preguntó Inglaterra.

-Así mi casa quedará a mitad de camino. Además, allá todavía siguen festejando-se excusó el australiano.

-Te recuerdo que en China festejan mucho el año nuevo, no sé si le dan la misma importancia a la navidad.

-Nunca mencioné a China. Yo me voy más al este, a bailar el Gangnam Style con South Korea.

-¡Pero allá ya es de día!

-¡Que les den, yo hago fiesta hasta el amanecer! Oigan, eso rimó.

-Tú sí que sabes disfrutar la Nochebuena-mencionó Arthur con cierto sarcasmo -¿Y tú que harás, New Zealand?

-Yo me quedaré aquí. Conseguiré un hotel, o algo así –contestó Andrew.

-Sabes que siempre eres bienvenido aquí.

-Quédate en mi casa-dijo el galés, aunque parecía más una orden que una sugerencia.

-De acuerdo…

-¡Percibo un nuevo amor!-canturreó Francis desde el sillón.

-¡Cállate Francia!-siseó Deian, mientras la apasionada pareja se reían entre besos.

-Supongo que nosotros nos vamos-comenzó Escocia, cargando los regalos. Tuvieron que hacer varios viajes, pero finalmente, el asiento del auto quedó plagado de botellas de miel de maple y de whisky.

-Oye, déjame conducir a mí. Tú has bebido bastante-pidió Matthew, después de despedirse de los demás. Scott no se quejó, y subió en el asiento de acompañante. No estaba tan mal, pero si podía marearse un poco. Reparó en el hecho de que era la primera vez que iría en su auto como copiloto. Dejó escapar una risotada. Antes de que Canadá girara las llaves, el pelirrojo lo tomó suavemente de la muñeca.

-Oye, no me has dicho cuál es mi segundo regalo.

-Oh, eso. Adivina-dijo el canadiense algo divertido. El mayor pensó, pero nada iba a su cabeza

–Dame pistas-pidió el británico.

El rubio no pudo evitar que una sonrisa surcara su rostro.

-Lo siento, es que no puedo aguantar las ganas de decírtelo. No quiero perderme tu cara.

Después de decir eso, el de ojos azules miró fijamente a Scott. Con la sonrisa sin desaparecer, habló firmemente.

-¿Te suena algo sobre tener sexo en la ducha?

Al escocés le costó reaccionar. Primero abrió los ojos sorprendido, sin creerlo. Luego una sonrisa traviesa surcó su rostro. Y se ensanchó cuando otro pensamiento se presentó en su mente.

-Sí. De hecho, ¿sabes que más sé?

-¿Qué cosa?

-Tengo mucho whisky… y tú estás muy sexy. ¿Te suena a algo sobre tener sexo mientras tú estás bañado en eso?

Matthew se sonrojó al instante. Antes de que pudiera decir que no, el mayor ya lo tenía contra la puerta del asiento del conductor, besándolo con fiereza. El pelirrojo pasó una mano por debajo de la camisa del canadiense, acariciando los pezones. ¿Ya empezaba tan rápido? El rubio emitió un gemido entrecortado.

Un golpe en el vidrio de la puerta donde estaba recostado Matthew hizo que los dos se dieran uno de los mayores sustos de su vida. Unas conocidas carcajadas irlandesas se colaron por sus oídos.

-¡Parece que alguien no puede esperar a llegar a casa!-se carcajeó Cian.

-Mierda. Estúpido Irlanda-masculló Escocia, mientras se alejaba del norteamericano. Canadá encendió el auto, completamente rojo, y se dirigieron a casa del canadiense.

La mano de Scott posada en su muslo le indicaba que su novio no daría el brazo a torcer con respecto al tema del whisky.

….

Un capítulo navideño. Sé que falta para Navidad, pero bueno, escribí por adelantado acerca de los británicos (Tengo uno de año nuevo para los nórdicos, pero lo subiré más sobre la fecha… si no se acaba el mundo antes, claro). En fin, espero que les haya gustado el Fluff navideño y la nueva parejita (me la recomendó una lectora del fic, y después de ver imágenes muy lindas de ellos como que me enamoré de esos dos). Y sí, ladies, el capítulo siguiente habrá Lemmon, uno muy francés por cierto (?). Gracias por leer, y espero que hayan disfrutado. Felices Fiestas híper-adelantadas :D!