25 de Diciembre. Oficialmente, Navidad. Después de aquella Nochebuena (Literalmente, fue una noche muy buena), muchas naciones se sentían completamente destrozadas. Escocia y Canadá pertenecían a ese grupo, ya que ambos sentían que les había pasado un camión por arriba. El despertar fue completamente lento y sin ganas. Se habían atragantado a comida y a whisky. Oh sí, el whisky. Al bajar a la cocina vieron las botellas tiradas y los recuerdos de la noche anterior se reprodujeron en sus mentes como si fueran una película. Una de sus películas favoritas.
Un sonrojo se apoderó de las mejillas del canadiense. Todavía no terminaba de creer lo que había sucedido. Le daban ganas de hacer un pozo en el patio trasero y enterrarse, a causa de la vergüenza que sentía. Pero lo peor de todo era que el pelirrojo lo miraba con esa mirada de "Qué tierno te ves sonrojado".
Se quedaron parados en la cocina, como dos zombis. Ninguno de los dos parecía tomar la iniciativa para hacer algo. Era como si la vagancia se hubiera apoderado de sus cuerpos, impidiéndoles mover un músculo para satisfacer los estómagos que rugían de hambre.
Por primera vez en su vida, Scott alabó el sonido del timbre. Sí, alguien comenzó a tocar el timbre insistentemente. Eso activó medianamente la mente del escocés, que fue a abrir. No se sorprendió mucho de ver a sus hermanos ahí. Pero ninguno de los tres estaba con su pareja o interés amoroso.
-Merry Christmas! –saludó alegremente Irlanda.
-¿Qué hacen aquí?-preguntó el dueño de la casa, más por costumbre que por curiosidad.
-Lo mismo que hacemos todas las mañanas, Scott.
-¿Venir a molestar a su amable hermano mayor?
-Venir a saludar a nuestro gruñón hermano mayor-corrigió el irlandés.
-¡Cuánto espíritu navideño!-comentó sarcástico Inglaterra. Escocia hizo una seña desagradable con el dedo, pero abrió la puerta para dejarlos pasar. Vieron al canadiense en la cocina, que cabeceaba por el sueño sobre la mesa de la cocina. Irlanda silbó, llamando la atención del americano, el cual se incorporó sobresaltado.
-¡Buenos días!-saludó el de cabellos naranjas, mientras el rubio menor sonreía amablemente y le devolvía el saludo.
-Por fin alguien amable-comentó el inglés.
-Mira quién habla-murmuró Scott.
-¿Qué tal terminaron la noche?-preguntó el irlandés, con doble intención. El canadiense se sonrojó al instante. Escocia gritó un insulto. Inglaterra miró a la joven pareja de forma sospechosa. Y Gales simplemente sonreía mientras oprimía las teclas de su celular.
-¿Qué me perdí?-preguntó Arthur.
-No importa-balbuceó Canadá, pero los otros dos Kirkland lo ignoraron.
-¿Terminaste lo que empezaron en el auto?-preguntó maliciosamente Cian.
-¿Qué empezaron en el auto? ¡Qué alguien me explique!-se quejó el rubio inglés.
-Nada que les importe- los calló el escocés –Hablando de eso, ¿qué tal tu noche, Cian?
El de cabello naranja se sonrojó, e Inglaterra comenzó a hablar con él.
-¿Además de besuquearse y manosearse con el wine bastard encima de uno de mis sillones favoritos? Casi follarse en ese sillón.
-¡No exageres!-se quejó Irlanda -¡A ti nadie te dijo nada cuando el yankee se tiró encima de ti a hacerte cosas pervertidas!
-¡Al menos lo hago en mi propia casa, y no en casas ajenas!-se defendió Inglaterra.
-¡Traumaste al pobre Nueva Zelanda!
-¿Quién mencionó a Andrew?-habló por primera vez Gales.
-Oh sí, de eso te queríamos hablar-comentó maliciosamente el irlandés –Scott, ¿no te gustaría saber cómo pasó la noche nuestro dear Deian?
Scott sonrió divertido, mientras observaba los nervios de Gales. Entendía por qué sus hermanos disfrutaban tanto el ir a acosarlo para saber detalles de su relación. La cara nerviosa del galés no tenía igualación.
-No hice nada, ¡malditos pervertidos! –Balbuceó el castaño -¡Olviden eso, mejor vamos a desayunar con Scotland and Canada, que me muero de hambre!
-Por esta vez te perdono que cambies de tema, pero sólo por qué me muero de hambre-dijo Irlanda.
-¿Vinieron a mi casa a abusar de mi hospitalidad y comida?-gruñó Scott.
-Vinimos a tu casa a abusar de tu hospitalidad, pero no de tu comida, porque de eso sí que no tienes una mierda-corrigió el pelirrojo menor.
-Por eso hemos traído nuestra comida-Inglaterra sacó de su bolso sus delicias culinarias, hechas por él mismo. Nadie se alarmó, excepto Matthew, que una vez que se independizó del inglés se había acostumbrado a comida un poco más… comestible. Se dijo a sí mismo que si sobrevivió casi toda su niñez con eso, podría superar ese desayuno. Podía… ¿verdad?
Los hermanos Kirkland comenzaron a hablar acerca de la noche anterior, pero Canadá no los escuchaba, estaba más ocupado en intentar tragar los scones de Inglaterra.
Alguien golpeó la puerta frenéticamente.
-¿Quién es?-gritó Escocia a pleno pulmón.
-¡Soy yo! –respondió una voz masculina.
-¡Amigo de toda la vida!-saludó sarcásticamente el dueño de la casa -¡Di de una vez quién eres!
-Soy el país del amour~
Scott resopló y fue a abrirle la puerta a su visitante. La cara de enfado de Arthur no tenía precedentes. Cian se había ruborizado. Deian volvió a su celular, y una sonrisa boba se hizo presente nuevamente en su cara. Y Matthew agradeció a los cielos que Francis llegó a salvar su desayuno.
-Bonjour-saludó con voz seductora el francés, posando su vista en Irlanda, que intentaba esconderse (sin éxito) detrás del inglés gruñón.
-Frog-saludó simpáticamente Inglaterra.
-¿Qué está haciendo mon ami Gales?-preguntó Francis interesado, mientras comenzaba a preparar algo medianamente comestible. Escocia resoplaba y decía "¿Tienen que venir a usurpar mi casa de esta forma?".
-No lo sé. Lleva así un buen rato-comentó Arthur. Irlanda intentó ver lo que su hermano hacía, pero el castaño tapaba la pantalla.
-¿Porqué tienen que ser tan chismosos?-se quejó el galés.
-¡Bienvenido a mi mundo!-exclamó Scott. Deian lo miró con una sonrisa.
-Sabía que te pondrías de mi lado… -le agradeció el castaño.
-Ni loco. Ahora vas a saber lo que se siente-dijo el escocés maliciosamente, y sujetó a su hermano fuertemente, mientras el rubio inglés le quitaba el celular. Inglaterra comenzó a leer los mensajes, y levantaba una ceja a medida que revisaba la bandeja de entrada.
-¡Deja eso ya mismo!-farfullaba el castaño, intentando escapar, pero el de cabello rojo era demasiado fuerte.
-Dios, vomitaría corazoncitos si sigo leyendo esto-dijo Arthur mientras le pasaba el celular a un muy curioso irlandés de cabellos naranjas –No creí que New Zealand y tú sean tan… cursis.
-Shit, son todavía más cursis que Francis-comentó Cian, y le mostró el celular a Scott, que seguía sujetando a Deian para que no escapara.
-¡Te recuerdo que estoy aquí, mon amour Irlande!-se quejó el francés falsamente dolido.
-Oh mierda, ¡son incluso más cursis que Matthew y yo!-opinó el escocés un poco perturbado.
-¡Ya basta!-exclamó furioso Gales, y le dio un codazo a su hermano mayor para zafarse. En un movimiento rápido le quitó el celular al irlandés.
-Ahora sabes qué se siente, hermanito-se burló Scott.
-¡Y yo quería ver lo que decían esos mensajes!-lloriqueó Francia.
-Jódete wine bastard, eran asuntos familiares –dijo maliciosamente el inglés.
-Stupide Angleterre.
-Frog.
-¡Ex-vándalo!
-¡Adicto al sexo!
-¡Es amour! ¡Y tú eres un ex vándalo, pero nadie te dice nada!
-Ya cállense, los dos-los regañó el escocés, algo irritado por la estupidez de ambos.
-¡Cállate tú!-se quejaron la nación inglesa y la francesa a la misma vez. Escocia, iba a gritarles una sarta de insultos que harían que los oídos de los presentes sangraran. Matthew posó una mano sobre su hombro, no de forma brusca, pero sí algo firme.
-Déjalos pelear. Ya se cansarán –intentó tranquilizarlo el canadiense.
-Sí, los dejaré pelear-aceptó Scott. Canadá sonrió –Pero primero los echo a patadas de mi casa.
Y dicho y hecho, Francia e Inglaterra salieron sobándose los lugares dónde el escocés les había pateado. Pero siguieron discutiendo. Los vecinos que pasaban por allí se quedaban mirando a los dos rubios, que discutían acaloradamente y parecían estar a punto de agarrarse a golpes.
-Wales-llamó Irlanda a su hermano –Si te estás escribiendo con Nueva Zelanda, ¿porqué él no vino?
-Es que cuando salí de mi casa estaba dormido. ¡Y no podía despertarlo! ¡Se veía tan tierno durmiendo en mi cama! –contestó el castaño, con una sonrisa bobalicona ante eso último.
-¿En tu cama?-preguntó pícaramente el irlandés.
-Ya sabes, un buen caballero inglés…
-… Eres galés.
-… un buen caballero siempre brinda la máxima hospitalidad.
-¿Qué clase de estupidez es esa?-preguntó Irlanda mientras soltaba un bufido.
Deian iba a contestarle, pero un extraño sonido los hizo girarse. Un sonido de… ¿un beso muy ruidoso? Vieron al escocés prácticamente encima del canadiense. El rubio seguía sentado en la silla, pero completamente rojo. Y Scott sonreía. Los ojos verdes de los Kirkland menores viajaron hacia el cuello de Matthew, dónde se notaba una leve mancha rojiza.
-¿Qué mierda? ¿Tan urgido estás, que te comes a Matthew sin importar que nosotros, tus inocentes hermanos menores, estemos en la misma habitación?-preguntó Cian con falsa indignación.
-Parece que alguien estaba demasiado borracho ayer. En el sillón favorito de Arthur. Con Francia. ¿Te suena, hermanito? –le dijo el escocés, todavía sin separarse del cuerpo del norteamericano. El irlandés se sonrojó, e iba a replicar, pero Scott besó en los labios al rubio menor.
-¡No comas enfrente de los pobres!-se quejó Gales.
-¡Tú tienes a Andrew en tu cama, imbécil, no estás tan solo!-lo reprendió el irlandés.
-Pero no nos besamos… -admitió un poco melancólico Deian.
-Tú… eres un poco subnormal. En serio, hombre. ¿Ni un beso?-el castaño negó con la cabeza-¡Estás mintiendo!
-Que no miento, ¡mierda! ¡Es que no puedo!
-Pero… durmiendo con él en la misma cama…
-No dormí con él en la misma cama.
Se hizo un súbito silencio, sólo interrumpido por los ruidos que Scott y Matthew hacían mientras se besaban. El pelirrojo había posicionado al rubio sobre la mesada, y seguía besándolo apasionadamente. Irlanda los ignoró, y entrecerró los ojos, sin apartar la vista del galés.
-Gales…
-¿Sí?
-Dormiste en el sofá-no era una pregunta, era una afirmación.
-Sí.
-Subnormal.
Deian iba a decirle algo a su hermano, pero un gemido del canadiense los hizo girarse a ver como el mayor de los Kirkland besaba el cuello del americano y colaba una mano por debajo de la camisa del menor.
-He pasado el tiempo suficiente con Francis, y sé cómo va a terminar esto-murmuró Irlanda, mientras arrastraba a Gales fuera de la cocina -¡Nos vamos!
Cuando escuchó la puerta cerrarse, el escocés se apartó del norteamericano.
-Genial. Se fueron. Mi plan dio resultado-dijo algo feliz el pelirrojo. Canadá intentó normalizar su respiración agitada, y mientras, ató cabos.
-¡Tú!-exclamó entre jadeos el rubio, mientras le daba golpes al pecho de Escocia -¡Sólo me usaste para hacer que tus hermanos se vayan!
-Eso no es del todo verdad, y lo sabes. Quería que se vayan –el americano lo miró con reproche –Pero tenía ganas de hacer eso en serio. Y si lograba que se fueran mientras hacía algo que me moría de ganas de hacer… supongo que valió la pena.
-Supones bien.
-Lo sé. Admítelo, era el mejor plan.
-Claro. Eres uno de los mejores planeadores del mundo.
-Lo soy.
-Era sarcasmo.
-… Bajo esa cara tierna, puedes ser un poco cruel.
-¿Eh? ¡Lo siento! ¡No quería hacerte sentir mal!-se alarmó el canadiense.
-Me equivoqué. Es imposible que puedas tener crueldad alguna en tu interior.
-Me sobreestimas.
-Pues te lo mereces, por inspirarme tanta ternura –Canadá se sonrojó -¿Lo ves? ¡Lo estás haciendo de nuevo!
-¡Yo no hago nada!
-¡Me estás tentando con esos malditos sonrojos!-confesó Scott, y volvió a apresar al canadiense con los brazos.
-Me estás apretando demasiado –el escocés aflojó el agarre al decir eso, pero subió a Matthew a caballito, en su espalda.
-¿En qué nos habíamos quedado? Ah sí, tenía la mano debajo de tu camisa.
-No lo digas en voz alta-se quejó el canadiense. ¿Por qué su novio tenía que ser tan directo?
-Puedo decirte otras cosas-comentó mientras se dirigía con el americano a cuestas hacia su habitación.
-Mejor no-susurró el menor, haciéndose una idea de las "otras cosas" que podría decirle Scott. Éste parecía haber adivinado los pensamientos del norteamericano.
-Eres un pequeño pervertido-dijo, mientras negaba divertido con la cabeza-No sé qué creías que íbamos a hacer, pero yo pensaba en volver a dormir –esto último fue dicho con un tono de falsa inocencia.
-… Eres malo-murmuró un Canadá muy sonrojado, y ocultó la cabeza tras la nuca de Scott. El mayor sonrió mientras abría la puerta de su cuarto. Hasta el momento habían sido unas muy felices navidades.
…..
Otra vez empecé a divagar xD. Sí, ya terminó navidad. No tengo idea de cuántos capítulos más quedan, pero serán más o menos 3 (Tal vez, según mi nivel de inspiración). Espero que les haya gustado, aunque fue un poco random xD. Me estoy quedando sin inspiración de a ratos (Eso es malo D:) así que seguramente tarde un poco más de lo normal en actualizar. I'm sorry D:!
