"No existe la casualidad y lo que nos parece un mero accidente, surge de las más profunda fuente del destino."
CAPITULO 3
Semanas posteriores a aquel grato encuentro, ambos chicos no se habían vuelto a ver, no obstante, mantenían una estrecha comunicación a base de llamadas telefónicas y mensajes de texto; el saber uno del otro les causaba cierta felicidad enfermiza y dependiente.
Arthur miro una última vez su celular, antes que su nueva cita llegara –no hay mensajes- murmuró soltando un suspiro y alzando la mirada, se topó con los ojos miel de su acompañante, una chica morena de clase media -¿lista preciosa?- dijo con una sonrisa. La joven asintió y tomando del brazo a su acompañante, emprendieron el paso.
Por otro lado, Francis se encontraba sentado en una mesa para dos, esperando y mirando la silla vacía de su conquista número ochocientos diez quien hacía doce minutos se había retirado, excusándose que tenía que empolvarse la nariz.
-señor, ¿quiere que le entreguemos la cuenta?- preguntó uno de los meseros al verlo completamente solo.
-non, espero a que regrese mi cita- comentó, clavando sus ojos azules en el asiento vacío de enfrente.
El joven asintió y pidiendo disculpas, se retiro del lugar, dejando al francés solo nuevamente –no me hagas esto ma chérie- se mordió levemente el labio, todo indicaba que la chica había huido antes de finalizar la cena, algo que rompía el record ya que generalmente lo rechazaban al terminar de pagar la cuenta.
En el restaurant de frente, un lugar humilde pero cálido atendido por una pareja de ancianos, se encontraba el de ojos jade disfrutando de lo que parecía ser una cita exitosa después de las ultimas quince que no lo habían sido -¿y a que te dedicas linda?- preguntó con su encantadora sonrisa.
La joven sorbió un poco de café, haciendo un ruido desagradable y poco femenino –soy modelo para catálogos de ropa- contestó antes de volver a darle otro sorbo a su bebida -¿y tú?- preguntó, imaginando que el chico era una especie de playboy con mucho dinero, todo esto debido a su elegante porte.
Ignorando el horrible sonido que hacia la chica al sorber el café, apoyó su cabeza sobre sus palmas al tiempo que mostraba una amplia y encantadora sonrisa -soy oficinista- respondió como si se tratase del empleo mas glamoroso de todo el planeta, dejando ver sus perlados dientes –más bien, soy como el archivero del lugar- agregó, desilusionando aun mas a la chica y ampliando mas su encanto natural.
-oh, ya veo- dijo decepcionada y buscando una excusa, miró su reloj –¡oh pero mira qué hora es!, ya es tarde- comentó al tiempo que se ponía de pie –fue un gusto haberte conocido- agregó, tomando su bolso y colocándoselo bajo el brazo.
-¿pero porque? Nos la estábamos pasando tan bien- dijo el inglés, intentando ponerse de pie -¿nos volveremos a ver?- preguntó.
La chica sonrió nerviosa –mi agenda está llena hasta el otro año- se excusó, huyendo del lugar y dejando al chico solo y con la cuenta a pagar.
Por otro lado, el francés se había dado por vencido, la bella dama había huido sin siquiera haberle permitido cortejarla correctamente – ¿me pregunto qué hago mal?- se dijo mientras esperaba a que le regresaran su tarjeta de crédito –digo, las lleno de regalos que un trabajador de clase media pueda comprar, palabras hermosas, les doy mi amour y ellas, ellas solo están interesadas en casarse con un ricachón- bufó.
Al finalizar su monologo, el mesero regresó con su tarjeta y la cuenta –esperó haya disfrutado de su velada señor- dijo como despedida y Francis solo sonrió pesadamente, realmente si la había disfrutado pero solo hasta cuando su cita se retiro al baño.
Los dos rubios salieron al mismo tiempo de sus respectivos restaurantes y suspirando, se dieron cuenta que se habían encontrado -¡tú!- dijeron al unisonó, casi señalándose y sin darse cuenta, se echaron a reír, vaya ironía de la vida.
-¿otro fracaso?- preguntó Arthur, cruzando la acera para reencontrarse con su nuevo amigo.
-lo mismo te pregunto- dijo con una sonrisa al tiempo que revolvía los cabellos de su amigo -¿hasta donde llegaron?- preguntó interesado.
-hasta el café- respondió, encogiéndose de hombros y empezando a caminar -¿y tú?-
-digamos que no aguanto hasta el postre- se rio como si de un chiste demasiado gracioso se tratase.
Los dos continuaron caminando en silencio, pareciera que este conformara lo que era su relación de amistad, una amistad demasiada peculiar y que solo se basaba en las significativas similitudes que habían en cuanto a vida amorosa se trataba.
Y sin darse cuenta, los dos se encontraban de pie frente al bar donde se conocieron -¿pasamos?- preguntó el de ojos azules. Sin rechistar, el inglés cruzó la puerta –pues si ya estamos aquí, ¿Por qué no?- cuestionó.
El barman y dueño del local dirigió su mirada hacia la puerta, viendo como los dos rubios entraban –veo que se hicieron amigos- comentó con una sonrisa, le agradaba saber que su cliente predilecto tenía una amistad sana con alguien que le comprendía.
Los dos chicos se sentaron frente a la barra –lo de siempre- dijeron al unisonó, haciendo que el barman riera.
-últimamente mis citas no pasan del café- suspiró el más bajo de los dos.
-lo mismo digo mon ami- se unió rápidamente a la conversación el otro –hasta empiezo a pensar que lo mejor sería casarme con la primer mujer que mi padre me ponga frente a mis ojos- dijo desilusionado.
-¡no!- exclamo tajantemente el inglés, clavando sus orbes verdes centelleantes en los azules depresivos de su amigo -¡no te des por vencido, incluso si eres rechazado por todas las mujeres de mi país!- declaro, intentando darle ánimos a su manera.
Por unos instantes Francis se quedo sin habla, no imagino que el comentario hecho al aire tuviera tanta importancia para el otro –no, no me daré por vencido- dijo con una pequeña y casi impercibible sonrisa –pero solo si me dices la razón por la que te exaltaste cuando dije eso-.
Arthur desvió la mirada, enfocándola en el reflejo que se mostraba tras el estante de las botellas –porque si te das por vencido, sentiré que no tengo esperanza alguna de encontrar el verdadero amor- confeso.
"Tierno" fue la palabra que en esos momentos describía al chico inglés, realmente nunca imagino a alguien de la alta sociedad que aun intentara buscar lo que era el amor verdadero y puro en un mundo tan podrido como en el que se desenvolvían ambos –eres adorable chéri- declaro, ensanchando su sonrisa y revolviendo aun mas los cabellos de este.
El de ojos esmeraldas fingió seriedad –búrlate si quieres pero sé que ahí afuera hay alguien esperándome, mi amor verdadero- declaro, sonrojándose por lo que decía.
-pero que romántico- comento el de cabellos semi ondulados –descuida, yo también siento lo mismo, sé que hay alguien para mí- dijo mientras sus ojos despedían chispas de anhelo.
Y con aquellas breves palabras, cortaron la conversación, centrándose en sus respectivas bebidas las cuales les ayudaban a pasar el momentáneo trago amargo del día.
Al finalizar la noche y con el bar ya cerrado, ambos decidieron retornar a sus hogares –hasta cuando nos volvamos a encontrar mon ami- se despidió el francés, agitando elegantemente su mano libre.
El de ojos jade asintió y lentamente se retiro del lugar así como el otro. Ambos en sus adentros agradecían haberse encontrado con el otro porque de no haber sido así, seguramente en esos momentos estarían deprimidos en un rincón, penando su mala suerte amorosa.
Primero que nada.. ¡FELIIIIIIIIIZ NAVIDAAAAAAAD!, pasen una linda noche buena con su familia y a ls que cumplen años hoy o mañana pues ¡FELICIDADES!.
Gracias por sus comentarios, me alegra saber que continue teniendo lectores y lectoras habidas de mas sobre este par jejeje. Respondiendo a una preguntilla de por ahi, Antonio es primo lejano de Francis pero no se muestra ya que la historia se basa principalmente de ese par y sus desventuras y bueno, graciaaaaas por continuar leyendome, oficialmente subire cada viernes, asi que nos vemos hasta el proximo viernes :).
