"La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz. Proverbio escocés"
CAPITULO 4
Posterior a aquel reencuentro, los dos rubios dejaron de verse, cada quien se había sumergido en su incesante búsqueda del amor y solo un mensaje ocasional por lo menos una vez a la semana los mantenía informados uno del otro, comentando de sus avances con alguna chica o intercambiando tips para conquistar.
Francis esperaba sentado en la banca del parque a su cita numero ochocientos trece, no es necesario preguntar por las otras, solo digamos que no llegaron siquiera a la hora de la cena. Con sus ojos posados en la feliz pareja de enfrente, empezó a sentir el gusanito de los celos, si, le daba celos ver a una hermosa pareja riendo y compartiendo gratos momentos cuando en su caso ni a gratos se le acercaban.
Su celular sonó, pero no era el que usaba para las chicas, era el otro, su número autentico y mirando la pantalla, noto que tenía un mensaje de Kirkland. Acercando el aparato aun mas a su rostro, empezó a leer en silencio lo que parecía ser una invitación "personal" a la fiesta que la familia de este daría la próxima semana para celebrar el aniversario del Sr. y la Sra. Kirkland–no faltes- susurro, sonriendo casi de inmediato –claro que no pienso faltar mon ami- dijo con la misma sonrisa.
-hmp hmp- se escuchó la garganta de alguien al ser aclarada, haciendo que el joven prestara su atención de dónde provenía –oh clarisse, ma chérie- le saludo afectuosamente, poniéndose de pie casi al instante.
La chica entorno sus ojos, mirando al chico -¿Quién era? ¿Me estas engañando?- pregunto, denotando unos celos terribles.
Sudor frio recorrió la nuca del francés –non non ma chérie, es solo un amigo- le explico, guardando el teléfono en su bolsillo.
-mas te vale- siseo, tomando posesivamente la mano de este –ven, quiero que me lleves a comer- ordeno, jalándolo –y luego quiero que me hagas una sesión fotográfica para mi portafolio- .
-lo que digas- se limito a contestar mientras era arrastrado hacia un restaurant seguramente muy lujoso como para pagarlo con el pseudo sueldo de su pseudo vida.
Por otro lado, Arthur Kirkland se encontraba en una sala de cine, viendo una película americana poco interesante junto a su cita numero… numero… digamos que había perdido la cuenta; esta vez se trataba de un joven dos años menor que él, de hermosa piel tostada y ojos oscuros que había conocido hacia unas horas atrás, después de haber sido abandonado por su anterior cita.
De reojo miraba al chico quien lucía fascinado por la película y poniendo en práctica el tip de su amigo el francés, fingió bostezar, alzando sus brazos e intentando rodear al chico –ni te atrevas- se escucho el susurro mordaz de este. El inglés suspiro derrotado y regreso su brazo a la silla, el tip de su amigo había fallado completamente, al parecer no surtía efecto frente a seres del sexo masculino.
Al finalizar la película, los dos salieron caminando lentamente -¿te gustaría ir a tomar un té o algo por el estilo?- sugirió, intentando alargar un poco más la salida.
-sería perfecto pero no puedo- se disculpo el chico –mi perro cumple años hoy y no quiero faltar a la celebración- mintió descaradamente, era obvio que no quería ir a ninguna parte con él.
-¡pero si es un perro!, puedes llegar a felicitarlo más tarde- objeto, intentando hacerlo entrar en razón.
El de ojos oscuros los cerro, dejando ver sus tostados parpados –lo siento pero no- le rechazo y posteriormente empezó a caminar, alejándose del otro –gracias por la invitación a ver la película, estuvo buena- dijo antes de mezclarse entre la multitud.
Arthur suspiro, por lo menos le habían dado las gracias y eso era un punto bueno. Metiendo ambas manos a los bolsillos, empezó a caminar de regreso a casa, hoy quería llegar a descansar para variar.
Finalmente, el día de la fiesta había llegado y el de ojos esmeraldas lucia un poco mas entusiasmado por eso de lo normal, todo esto debido a que su amigo llegaría.
-¡pero qué emocionado hermanito!- dijo burlonamente el pelirrojo quien se encontraba supervisando las decoraciones.
-¡n-no lo estoy!- objeto poniéndose nervioso –so-solo qu-que es un gran día para mom and dad, no todos los años celebras tus bodas de plata- se explico.
Ian rodo los ojos mientras una sonrisa burlona se dibujaba en sus labios –lo que diga mi tonto hermanito- dijo antes de regresar a lo suyo.
Y cuando la hora del evento llego, enormes limosinas desfilaban desde la entrada principal de su hogar, todas con los miembros más importantes de la sociedad, seres habidos de prestigio y reconocimiento. Ambos hermanos se encontraban parados en la puerta, recibiendo como buenos anfitriones a cada familia que llegaba –buenas noches, pasen- decían al unisonó.
Una limosina blanca con el escudo de la familia Bonnefoy se estaciono en la entrada principal, haciendo que el corazón del rubio se sobresaltase de expectación al querer ver a su amigo. De las grandes puertas salieron tres personas, es decir, el Sr. y la Sra. Bonnefoy y tras estos, el hijo único de la familia.
De inmediato un gran sentimiento de emoción surgió del corazón de Arthur, corriendo casi al instante en busca del francés -¡bienvenidos!- exclamo con una gran sonrisa, dejando mostrar sus aperlados dientes.
Los señores Bonnefoy sonrieron felices de ser recibidos tan cálidamente –excelente recibimiento de nuestros amigos los Kirkland- dijo el señor Bonnefoy mientras avanzaba hacia la puerta principal. Francis rio por lo bajo –deberías reír más seguido jeune homme- tarareo, haciendo que las mejillas del menor se tiñeran de rosa.
Dentro de la mansión, una pomposa fiesta se estaba desarrollando, la gente era servida por elegantes meseros quienes cargaban grandes bandejas de sidra y vino para la ocasión mientras otros ofrecían a cada invitado un aperitivo hecho de caviar, bacalao u otra cosa. Música en vivo era tocada por la orquesta de la ciudad la cual fue contratada especialmente para la ocasión, además de que no podían negarse a asistir, la familia era uno de los mayores benefactores.
Francis se aparto inmediatamente de sus padres luego de haber saludado a sus anfitriones y situándose junto a una gran mesa donde enormes y hermosamente decorados platos de comida se encontraban colocados, observaba a las damas que si bien eran hermosas, poseían grandes títulos y fortuna, no podrían satisfacer sus necesidades románticas.
-hermosa noche, ¿no es verdad joven Bonnefoy?- se escucho la voz de una elegante dama que llegaba casi a sus treinta, hija de un lord ingles de buena reputación. El francés asintió, meneando elegantemente la copa de vino que minutos atrás había tomado de una bandeja –pero dígame, ¿Qué se encuentra haciendo aquí tan solo y alejado de la multitud?¿acaso su novia no pudo venirlo a acompañar?- pregunto, acercándose aun mas a este.
-no tengo novia- respondió educadamente, después de todo, la educación y la galantería francesa estaba primero. La chica sonrió, afilando sus ojos de paso -¿no le gustaría que fuera su acompañante por esta noche?- se ofreció, denotando sus intenciones ocultas.
-disculpe hermosa dama pero tengo que llevarme a su galante caballero- irrumpió Arthur, salvando al otro. La dama giro su rostro para encontrarse con la sonrisa hipócrita del menor de los Kirkland y frunciendo levemente el ceño al saber que su oportunidad se le había escapado, se retiro de la escena mientras los otros dos hacían lo mismo.
-merci, me has salvado- dijo el de ojos azules.
-no hay porque, ahora ven conmigo- sonrió el otro, haciendo un ademan con su mano.
Los dos chicos subieron al segundo piso donde podían apreciar con lujo de detalle la elegante fiesta que se encontraba en auge. Arthur quien se encontraba recargado de frente al barandal, reía al ver como las chicas se acercaban a su medio hermano en un vano intento de conquistarlo –pierden el tiempo lindas- dijo divertido, sabiendo que su hermano tenia cero intereses románticos hacia ellas, después de todo, ser viudo a una edad tan temprana le dejaba a uno sin ganas de volver a casarse. A su lado, el francés reía también, le causaba enorme gracia verlas aventarse como perros hambrientos a uno de los pocos "solteros" del lugar.
Algunos minutos más tarde, cuando se cansaron de reírse de las mujeres de la fiesta, los dos guardaron silencio –hpm hpm- se aclaró la garganta el de ojos jade, intentando llamar la atención del otro –F-Fr-Francis- tartamudeo un poco, ni siquiera se explicaba el porqué, solo lo hacía con las chicas o chicos que le gustasen –r-re-respecto a lo hace rato…. Lo de sonreír…- intento explicarse, sintiendo sus mejillas arder.
El francés sonrió al recordar el comentario que le había hecho al llegar y acercándose al otro, poso sus dedos índices en las comisuras de los labios de este. jalándolos hacia arriba –sonríe- le dijo, mostrando su propia sonrisa –es tu mejor atributo- agrego.
El ingles aparto de su boca las manos del otro –eso lo sé perfectamente- dijo y acomodándose en el barandal, dejo que sus ojos se perdieran en el frenesí de baile que se encontraba en su punto –idiot-. A su lado, el otro se coloco, dando la espalda al barandal, tarareando la marsellesa, canción que solo tarareaba cuando algo bueno le pasaba.
Primero que nada, una gran disculpa, dije que actualizaria los viernes pero saldre de la ciudad de imprevisto y bueno, decidi subirlo hoy de una vez... no tenia mucho avanzado en cuanto a correcciones, espero no se vea tan mal el capitulo. Adoro la relacion amistosa de esos dos, Arthur no es tsundere y Francis no es tan pervertido ~ supongo que si existiese un mundo alterno, ellos serian los mejores amigos... bueno, eso quiero imaginar jejeje.
Gracias por los comentarios, los aprecio mucho y bueno, esta es mi ultima actualizacion del año, de aqui hasta el viernes de la semana que viene, espero pasen lindas fiestas, disfruten con sus seres queridos y gozen mucho si Francis los ataca por la espalda xD. Bye~ Bye~.
