"Sólo tu puedes ser el juez final en la determinación de lo que es correcto para ti."


CAPITULO 8

Era la mañana del veinticuatro de Diciembre, una mañana muy helada por cierto, el termómetro marcaba menos trece grados bajo cero y las chimeneas luchaban por brindar calor a las casas de sus dueños. Las personas, emocionadas debido a que en pocas horas seria navidad, corrían de un lado al otro, comprando regalos de último minuto y dando los toques finales para la gran y maravillosa cena que se llevaría a cabo por la noche, todos menos uno…. Arthur Kirkland.

Desde su habitación en su casa a las afueras de Cambridge, el ingles penaba su mala suerte, era veinticuatro y el aun no tenía una cita para la noche pese a sus increíbles esfuerzos; con tristeza bostezo, dejando salir algunas lagrimas de sus ojos –que patético- se dijo a sí mismo.

-sí, que patético- se escucho una voz desde la puerta de la habitación, era Ian su medio hermano quien se encontraba recargado en esta –deja de lamentarte hermanito y ríndete, es obvio que a estas alturas no encontraras pareja para esta noche- dijo, aumentando el pesimismo de este.

-¡me niego!- exclamo el otro, no quería aceptar aquella posibilidad; poniéndose de pie y colocándose su abrigo, salió corriendo de la habitación, empujando a su hermano de paso -¡vas a ver qué encontrare con quien pasar la noche buena!- agrego.

El pelirrojo al quedar solo, se giro y corrió al barandal de la escalera para ver como su hermano se marchaba -¡si tienes tanto miedo de pasar solo el veinticuatro vete con tu AMIGUITO Bonnefoy!- grito -¡tal vez y con suerte terminen acostándose!- agrego, riéndose burlonamente y haciendo que las sirvientas se sonrojaran.

Arthur detuvo sus pasos frente a la gran puerta de caoba, el comentario que había hecho Ian le congelo la sangre y sus mejillas se tiñeron de color carmín, por mas broma que fuera lo que había dicho su hermano, la idea de llegar a ese punto con su amigo aun le era algo inconcebible –shut up Ian!- se quejo, alzando su dedo medio al aire en señal de cariñosa despedida y saliendo de la mansión.

Contrario a la situación del ingles, Bonnefoy disfrutaba de una maravillosa suerte, pasaría la noche del veinticuatro con la hermosa camarera de cabellos marrones. Su corazón latía de regocijo al no sentirse solo para las vísperas de navidad pero pronto, su alegría se corto al llegar a su mente una duda y era la de si el chico ingles había conseguido una cita para esa noche. En su mano tenía su celular, podía hacerle una simple llamada para preguntar o podía darlo por sentado y eligiendo lo último, decidió llamar a su cita para confirmar.

Al llegar la noche, el francés se encontró con la mesera de cabellos marrones cerca de la zona universitaria – ¡hermosa, luces hermosa!- le saludo, alabando la belleza de esta al verla vestida de manera diferente a la que solía apreciar -¿Qué desea esta hermosa dama hacer esta noche?- pregunto, besando la mano izquierda de esta.

La caballerosidad de este hizo que la chica se sonrojara pero rápidamente se recompuso –¿qué te parece si caminamos?- propuso –eso si tu lo quieres así- agrego.

-me parece una esplendida idea ma chèrie- dijo sin rechistar, no estaría bien contradecir a una linda dama –a caminar entonces- dijo, alzando su brazo para que esta lo tomase.

La pareja camino alrededor de las concurridas calles de Cambridge las cuales se encontraban llenas de parejas, adolescentes y estudiantes que decidieron pasar las fechas en la tan conocida ciudad universitaria. Francis se sentía en el cielo no obstante, aquello fue opacado por lo que sus ojos lograron ver; varios metros adelante, en la acera contraria, se encontraba Kirkland con un rostro lleno de desesperación e intranquilidad, algo que demostraba que aun no había conseguido pareja.

-¿ocurre algo Francis?- pregunto la chica, notando la mueca de preocupación del otro así como la poca atención que le estaba poniendo.

Rápidamente negó con la cabeza –nada ma chèrie, no es nada- dijo, intentando tranquilizarla y tranquilizarse, no tenia porque sentirse mal que su amigo no tuviera cita para esa noche, no tenia porque…

Kirkland continuaba buscando con quien pasar la noche, pese a sus esfuerzos, toda chica que invitaba, toda chica que lo rechazaba –maldición- murmuro, mordiéndose el labio inferior de paso, no daba crédito a su infortunio. Cerrando sus ojos, recordó la escena tan vivida en su cabeza, el francés junto a esa chica de cabellos marrones caminando amenamente en la acera contraria –me das envidia Bonnefoy- murmuro, no obstante, el verlo con esa hermosa chica le hizo sentir el ser más desafortunado del planeta.

La velada romántica entre el ojiazul y la peli marrón continúo de la manera más majestuosa, por insistencia del francés, optaron por cenar en un mesón local. Dentro, ambos continuaron charlando, pareciendo que tenían cosas en común, no obstante, por más absorbente que fuera la charla, la imagen de Arthur caminando solo cruzaba una y otra vez por su cabeza, haciéndolo a veces llegar a perder el hilo de la conversación y molestando de paso a su acompañante.

-¿seguro que te encuentras bien?- pregunto está insistiendo en saber la verdadera razón tras el comportamiento del otro.

-perfectamente, nada de qué preocuparse- sonrió débilmente mientras un suspiro ahogado se escapaba por sus labios –no es…nada-

Pese a no estar completamente convencida, la joven sonrió ampliamente –es hora del postre, ¿Qué deseas pedir?- pregunto curiosa.

Agarrando la carta, empezó a revisar la lista de postres para ver uno que le llamase la atención y, fijándose al final del menú, un postre hizo aquello –pudin- cito, recordando que ese había sido el postre que el ingles había pedido aquella vez que cenaron juntos.

-¿pudin?- repitió escéptica la otra -¿estás seguro?- pregunto inquieta no imaginando porque aquel joven de porte elegante había elegido algo tan simple.

Nuevamente su mente le jugaba una treta, ¿Por qué tenía que recordar a su amigo en ese momento?, era la pregunta que no podía responder y le atormentaba porque frente a sus ojos se encontraba una chica que desde hace tiempo le imploraba una salida, la persona que seguramente sería su mujer ideal, alguien que no lo abandono antes ni seguramente lo hará después del postre, alguien con puntos en común, aunque claro, no tantos como Kirkland.

-¿Me disculpas?, tengo que ir al baño- dijo, levantándose del asiento y alejándose de la mesa, necesitaba aclarar sus pensamientos y borrar la escena melancólica de su amigo caminando solo por la ciudad ahora llena de parejas.

Por otro lado, el de ojos jade se había dado por vencido, ya eran las diez de la noche y aun no hallaba con quien celebrar aquella fecha –me rindo, celebrare con mis padres y su fastuosa cena llena de gente hipócrita- dijo molesto y ajustándose su bufanda verde, empezó a caminar a su casa que se encontraba a casi un kilometro de distancia, no deseaba tomar transporte, después de todo, no tenía prisa para llegar.

-Tranquilízate Francis, no tienes porque sentirte mal porque Kirkland no haya encontrado cita- se repitió al menos tres veces de frente al espejo del baño de caballeros, llamando la atención de algunos que pasaban a lavarse las manos –concéntrate, estas en una cena con una dama que te espera ansiosa, estas pasando acompañado la noche buena, estas disfrutándolo, no tienes porque sentirte mal por ese ingles- insistía y mojándose el rostro con el agua helada, intento dispersar aquel sentimiento de inquietud hacia el otro.

Sintiéndose un poco mejor, regreso a su asiento –pardon por la tardanza- dijo con una sonrisa y enmarcando su acento el cual volvía locas a las chicas -¿ya llegaron con el postre?- pregunto interesado.

La chica negó –en unos minutos mas- comento e inclinándose, clavo sus ojos en los azules del otro –te noto un tanto preocupado desde hace un rato, ¿hay algo de lo que quieras comentar?- pregunto, mostrando un semblante suave y comprensible –sabes que soy toda oídos- agrego, tomando la mano del otro y acariciándola, intentando infringirle confianza.

Francis sonrió ante el lindo gesto y dándole un revés al asunto, tomo la mano de esta y la beso –te dije que no es nada ma chèrie- insistió con una sonrisa.

El mesero llego con un carrito de postres y señorialmente le sirvió a cada quien el suyo, el francés vio lo que le habían traído, era pudin y por extraño que parecía, el rostro del de ojos jade se reflejo en este –una promesa- se escucho la voz de este, haciendo que empezara a sentirse que estaba enloqueciendo.

Dejando a un lado el postre, cerro sus ojos, un sentimiento de remordimiento y otro no que no podía explicar bien inundo su ser, tenía que ver a Kirkland, acompañarlo y estar a su lado – no me gustaría pasar solo la víspera de navidad- cito las palabras que semanas atrás este le había dicho y por primera vez desde que llevaba saliendo con chica tras chica y chico tras chico, se encontró con una gran encrucijada: continuar la velada tan hermosa y en un futuro casarse con la chica que se mostraba ante sus ojos o dejarla para posiblemente perderla para siempre y correr tras Kirkland.

Y por alguna extraña razón, su corazón ya había elegido una opción mientras su cerebro había elegido otra diferente pero ¿Cual era la que el escogería?..


Y con esto termina el capitulo 8 de una saga de 2 capitulos y medio. El proximo capitulo lo subire el viernes 11 de Febrero, asi que no se preocupen. Gracias por sus comenarios y por darme animos de continuar con este bello FRUK. Debo decir que me hubiera gustado subir estos capitulos en las fechas navideñas pero por desgracia no se pudo, aun asi, espero sientan los sentimientos de ese par. Saludooos~