"La decisión del primer beso es la más crucial en cualquier historia de amor, porque contiene dentro de sí la rendición"


CAPITULO 12

En cuanto el sol se oculto tras las aguas griegas, la luna hizo su aparición en el cielo casi nocturno, luciendo más grande de lo normal y por lo mismo, más luminosa; como si de una señal se tratase, una gran multitud de jóvenes ansiosos de amor y diversión salieron de los hostales y hoteles locales, inundando las calles griegas hermosamente decoradas con flores, cintas y linternas. Las risas y pláticas amenas resonaban en la escena mientras los jóvenes llegaban, transmitiendo a los demás sus ansias de divertirse y pasar una hermosa fiesta.

Francis quien después de mucho pensarlo, decidió asistir a dicho lugar y abandonando el hotel, se interno entre la multitud esperando que tal vez, si tenía un poco de suerte, se encontraría con Kirkland ya que, si lo pensaba bien, no comprendía porque no querían verse entre ellos –razones faltan- suspiro.

Arthur por su parte, ya se encontraba paseando en el muelle, en busca de su amor verdadero y olvidando por completo que seguramente Bonnefoy se encontraría haciendo lo mismo. Vio su reloj, notando que apenas eran las nueve de la noche –aun hay tiempo- se dijo, observando los cientos de chicas quienes deseaban buscarse un buen partido para el vals que ocurriría dentro de tres horas.

Los dos rubios, intentando aprovechar la oportunidad tan preciada, hostigaron chicas solteras, casadas, viudas, divorciadas, menores de edad, incluso travestis, bisexuales y demás que se le atravesase en su camino pero sin éxito aparente. Al caer las diez para las once y con sus ánimos por el suelo, la suerte les sonrió, mostrándole un encantador chico finlandés para Arthur y una exuberante tigrera latina para Francis.

Agradecidos con el ser supremo por el gran regalo, trataron estupendamente a sus citas, diciéndoles cumplidos, haciéndolos sentir bien, inclusive comportarse como idiotas (más de lo que ya deporsi se estaban comportando) con tal que continuaran con ellos hasta la media noche. Al final, a las once y cuarto, cada pareja eligió dirigirse hacia un pequeño montículo de alrededor de cuatro metros de diámetro donde se podía apreciar de manera extraordinaria las luces y decoraciones de la fiesta, además de que se veía que era un lugar ideal para ponerse cariñosos.

-no se ve seguro ahí- menciono el finlandés al ver lo poco iluminado del lugar así como también, lo alejado que se encontraba de la fiesta.

-no te preocupes, es seguro- aseguro el de ojos jade, intentando convencer al otro –si quieres me adelanto y te corroboro que así es- propuso.

El pequeño finlandés lo pensó por algunos minutos –está bien- acepto por fin y rápidamente Kirkland corrió hacia el montículo, intentando demostrarle que era seguro para ambos.

Por su parte, el francés se encontraba en la misma situación, su acompañante, la hermosa latina, se negaba a ir a un lugar tan poco iluminado y más con alguien que acababa de conocer en una fiesta de pueblo turístico.

-te demostrare que no te pasara nada ma chèrie- insistió, empezando a avanzar por su cuenta entre el camino de arena mojada que había –encenderé una fogata para que te sientas segura- agrego, apurando el paso y dejándola atrás.

En cuanto pisaron el pequeño montículo arenoso, ambos sonrieron -¡te dije que es seguro!- dijeron al mismo tiempo, percatándose que no estaban solos en dicho lugar. Del otro lado, sus respectivas parejas brincaban y hacían señas para llamar la atención no obstante, la impresión de haberse encontrado con la persona que no esperaban ver era más fuerte, dejándolos sin habla y con un gran nudo en la garganta.

Ambos parpadearon, viéndose fijamente, no creyendo que se encontraban uno frente al otro pero rápidamente recapacitaron, no dejarían que el otro le arruinara la noche y volteando a ver a sus respectivas parejas, se percataron de las múltiples señas que estos realizaban. Preocupados que algo malo hubiese sucedido, los dos pusieron un pie fuera del montículo, intentando regresar con sus respectivas citas, sin embargo, algo frio y húmedo les hizo desistir de aquello.

-eau!- exclamo horrorizado el francés.

El ingles retrocedió un paso y se agacho, palpando el liquido ahora oscuro debido a la noche –no me digas que…- detuvo sus palabras, no creyendo lo grande de su mala suerte –esto es una isla- murmuro entre dientes mientras su sangre se drenaba por completo de su cuerpo.

-¡iremos a rescatarlos, no teman!- se escucharon las voces del finlandés y la latina para posteriormente desaparecer en la espesura de la noche.

Los dos rubios se sentaron en la arena, siendo acompañados únicamente por la presencia del otro y una pequeña palmera que prometía buena sombra pero inútil en esa noche de luna llena. Sin decir palabra alguna, tomaron posesión de partes contrarias de la ahora isla y guardaron silencio, silencio que por primera vez se sentía incomodo y sofocante.

-once cincuenta- murmuro el de ojos jade al ver la hora, faltaban diez minutos para la media noche y al parecer su noble anhelo de bailar con el amor de su vida no se le cumpliría. Por su parte, del otro lado del montículo, el francés suspiraba, no es que tuviera la intención de atar a alguien en especial a su persona gracias a un simple vals pero, si tenía el anhelo de por lo menos pasar una linda velada para cerrar con broche de oro sus maravillosas vacaciones.

Las luces de la gran fiesta se asomaban hasta la pequeña isla e inclusive se podía escuchar la música tan viva y alegre junto a la risa de las parejas que se encontraban bailando y disfrutando de lo que sería una noche inolvidable. Colores rosas, azules, rojos y amarillos acariciaban el cielo estrellado, haciéndole competencia a la luna tan brillante y destellante y causando de paso, el odio por parte de los dos al no ser capaz de estar disfrutando de aquellos instantes con sus respectivas citas.

Francis miro su reloj, percatándose que faltaban cinco minutos para la media noche y remembrando las palabras de las italianas, decidió que si quería estar unido a alguien ¿Por qué no con Kirkland?, después de todo, no se especifico de qué tipo de unión se trataba y para él, tener al ingles cerca significaba mucho ya que lo consideraba mucho más que un amigo, se había convertido en su mejor amigo y confidente de lo que había sido hasta ahora, un largo historial de mala suerte en el amor.

Cerrando sus ojos, medito por un segundo la decisión que planeaba tomar y arrojando todo formalismo a la basura, se puso de pie y atravesó la línea invisible que lo separaba del otro. Arthur no tuvo tiempo de reaccionar al ver al otro invadir su territorio –¿pe-pe-pero qu-que haces?- le cuestiono muy nervioso. El otro, ignorando las preguntas que el menor realizaba, lo tomo de la muñeca, obligándolo a ponerse de pie mientras una sonrisa picara se asomaba a través de sus labios.

-bailemos- ordeno, acercándolo y aprisionándolo a través de la cintura. Kirkland se rehusaba rotundamente a bailar y haciendo grandes esfuerzos, empezaron a moverse lenta y pausadamente, siendo acompañados por la música tan romántica de fondo y las estrellas.

En todo el vals, el de ojos jade no le dirigió la mirada, al contrario, enterró su rostro en el hombro del francés, intentando ocultar lo que parecía ser su vergüenza, molestia, pena y demás sentimientos de la misma índole. El vals continúo igual de lento y pausado, dejando a ambos disfrutarlo mientras que en el cielo, fuegos artificiales opacaban finalmente a las luces de colores, a las estrellas y a la mismísima luna.

Ahora pequeñas chispas se esparcían por el cielo, juntándose y recreando hermosas figuras que se expandían más y más; el sonido de la pólvora al explotar acompañaba el espectáculo, tensando a los espectadores, haciéndolos abrazarse fuertemente, llamando la atención de los incautos y asombrando a otros más. Finalmente, las campanadas empezaron a sonar, una tras otra de manera pausada, dejando grandes intervalos entre ellas mientras que la canción continuaba sonando, una canción demasiado vieja, casi de los cincuentas, inclusive se podía palpar lo antaño en ella.

Las parejas que no soportaron tanta distracción, una a una se fueron separando mientras que otras se rehusaban a desperdiciar la oportunidad de sus vidas. En la pequeña isla, los dos rubios continuaban bailando, no se detenían, el francés no lo permitía, su egoísmo era enorme, tanto que por mas lucha que el ingles daba, más fuerza ejercía –solo unas campanadas mas- le susurro dulcemente al oído.

Al finalizar las doce campanadas, los fuegos artificiales dejaron de surcar el firmamento, dejándole el resto del espectáculo al cielo estrellado. Francis soltó a su pareja y este rápido se separo, tonando una distancia prudente.

-¿te das cuenta de lo que acabas de hacer?- exclamo Kirkland no muy alto.

-eso creo…- respondió el otro no estando seguro de su respuesta –pero no tiene nada de malo- agrego sin darle gran importancia al asunto.

El de ojos esmeraldas apretó fuertemente sus puños y dejo salir algunas lagrimas que se encontraba conteniendo desde que lo habían forzado a bailar ese bendito vals -¡¿Cómo que no tiene nada de malo?- repitió mas fuerte las palabras del otro -¡lo que hiciste solo lo hacen las personas que están enamoradas de otras y viceversa!- explico, haciendo que sus mejillas se pusieran rojas, no tanto de la vergüenza, sino también por culpa del llanto que amenazaba en soltarse -¡los que bailen el vals juntos están destinados a convertirse en el amor de la vida del otro! ¿No entiendes Bonnefoy?- .

Nuevamente un silencio se hizo entre los dos, ahora Francis entendía la renuencia del otro al bailar y también, finalmente comprendió las palabras de aquellas chicas, al decir que estaría unido a esa persona significaba convertirse en el amor de la vida de esta. Por un instante su razón quiso darle una gran cachetada no obstante, se detuvo al surgirle una gran incógnita: ¿Por qué Kirkland no se podía convertir en el amor de su vida? ¿Por qué no podía entablar una relación con él? ¡¿Por qué?.

Y ahí estaban los dos, atrapados en una isla, esperando a que la marea bajara o a que fueran rescatados; Kirkland moqueaba mientras que Bonnefoy aclaraba sus ideas y asimilaba lo que acababa de hacer. Ahora no había vuelta atrás, lo hecho, hecho estaba y se necesitaba dar el siguiente paso.

-Arthur…- susurro finalmente, llamando la atención del otro, haciéndolo voltear.

-¡¿Qué?- exclamo, no imaginando para que era llamado.

Y la respuesta del francés nunca llego, en cambio, los labios de este sí, labios que fueron posados en los del ingles, haciendo una dulce fricción, provocando que millones de mariposas intentaran liberarse de sus respectivos estómagos, haciéndolos sentir como dos tortolos dando su primer beso y los únicos testigos de todo aquello era la noche, la música y aquella palmera enana.


¡La palmera enana Rulz!. Mil disculpas por no haber subido el capitulo el dia que prometi, generalmente los viernes no tengo nada que hacer pero me cambiaron la jugada y para colmo Fanfiction tenia error T_T. Pero bueno, regresando al punto, he de decir que este capitulo es el que mas me gusta porque ya llegamos al nudo de la historia y bueno, me gusto la escena, muy romantica en cierto modo. Por cierto, tengo malas noticias, la historia ya casi alcanza hasta donde habia escrito y bueno, si llegase a pasar eso tendre que dejarla en suspencion hasta que tenga suficientes capitulos. La proxima actualizacion sera el dia Domingo 10 de Abril porque es un hecho que 8 y 9 de plano no podre u.u. Saludooos y gracias por sus comentarios.